La siesta, esa costumbre tan española, y la regla de San Benito

septiembre 12, 2016

La siesta es una de las tradiciones más arraigadas en España. Aunque no está del todo claro, su nombre se debe a San Benito (Benito de Nursia), declarado en 1964 patrón de Europa por Pablo VI por su impulso al entendimiento entre los pueblos. En una de sus reglas monásticas estableció la “hora sexta”, más tarde conocida como ‘hora de la siesta’, como el momento para el descanso. Así viene reflejado en el capítulo XLVIII que habla sobre ‘El trabajo manual de cada día’:
“3. Desde Pascua hasta el catorce de septiembre, desde la mañana, al salir de Prima, hasta aproximadamente la hora cuarta, trabajen en lo que sea necesario. 4. Desde la hora cuarta hasta aproximadamente la hora de sexta, dedíquense a la lectura. 5. Después de sexta, cuando se hayan levantado de la mesa, descansen en sus camas con sumo silencio, y si tal vez alguno quiera leer, lea para sí, de modo que no moleste a nadie. 6. Nona dígase más temprano, mediada la octava hora, y luego vuelvan a trabajar en lo que haga falta hasta vísperas”.
Una vinculación que también recoge el diccionario de la RAE cuando señala que la siesta es ‘el tiempo después del mediodía en que aprieta más el calor o tiempo destinado para dormir o descansar después de comer’.

San Benito Abad 03

La ‘Regla de San Benito’ o benedictina es una regla monástica que Benito de Nursia escribió a principios del siglo VI. Dirigida a los monjes, cuando le destinaron al norte de Italia como abad, éstos no la aceptaron, incluso intentaron envenenarle. Más tarde, alrededor del año 529, se trasladó al monte Cassino situado en una colina a unos 130 km al sur de Roma, donde fundó un monasterio que sería conocido como Montecassino, célebre no solo por ser el primero de San Benito, sino también por cuatro famosas batallas que tuvieron lugar en sus inmediaciones durante la Segunda Guerra Mundial y ser destruido finalmente en 1944 tras varios ataques aéreos del ejército aliado. Hasta Montecassino le siguieron solo algunos monjes jóvenes, formando una comunidad que acató y siguió su ‘Regla’, llamada en adelante ‘Regula Sancti Benedicti’. Formada por 73 capítulos, algunos añadidos después por sus seguidores, fue acogida por la mayoría de los monasterios fundados en la Edad Media. Su principal mandato era sin duda el ‘ora et labora’ (‘reza y trabaja’), con una atención especial a la regulación del horario y al aprovechamiento de la luz solar para conseguir un equilibrio entre trabajo, meditación, oración y sueño. Una regla que daba la autoridad al abad quien a su vez tenía la obligación de consultar al resto de la comunidad sobre los temas importantes.

La ‘Regla de San Benito’ incluía la norma de guardar reposo y silencio después de la “sexta hora”, que a su vez viene de la hora sexta romana. Los romanos no dividían el día en 24 horas de 60 minutos durante todo el año, sino que repartían el tiempo de luz, ‘el día’, en doce horas de tal manera que en verano éstas resultaban más largas que en invierno. Se expresaban en números ordinales: ‘prima’,… ‘tertia’,… ‘sexta’,… La ‘prima’  era la primera (al amanecer) y la ‘duodécima’, la última, marcaba el final del día (puesta de sol). La hora sexta, de la que procede la palabra siesta, precisaba el mediodía. Por el contrario ‘la noche’ se dividía en cuatro partes llamadas vigilia: prima vigilia, secunda vigilia,… y tenían también una duración diferente según la época del año. Así pues, las horas se contaban a partir de la salida del sol, y al mediodía, cuando el calor se acentuaba, a la hora sexta, era el tiempo del almuerzo y de ‘echar’ un breve sueño antes de continuar con las actividades vespertinas. Hasta la propia Radio Vaticano en su Web en español relaciona la siesta con la regla benedictina al citar: “San Benito enseñó a los monjes a construir relojes para contar las horas. La regla del santo concretaba una serie de horas con las obligaciones, comidas, oraciones y ceremonias a realizar en cada una de ellas. Una curiosidad es que la hora sexta, dedicada en la regla benedictina al descanso, ha inmortalizado la siesta, trascendiendo al mundo asceta y monacal”.

Siesta 01‘La siesta’, óleo del pintor cubano Guillermo Collazo (1850-1896).

España no es el único lugar que incluye la siesta entre sus tradiciones. También Latinoamérica. Cada vez son más los países en que se encuentra presente. Son muchos los científicos que se aferran al reloj biológico y al bajón que se produce entre la una y las cuatro de la tarde. “Después de comer la persona tiene necesidad de dormir”, insisten. Para muchos expertos la siesta ideal es aquella que dura menos de media hora: ‘tiempo suficiente para recargar pilas, descansar cuerpo y mente, y no entrar en un sueño profundo’. Aunque algunos, como el ínclito escritor Camilo José Cela, afirman que “la siesta debe hacerse con pijama, Padrenuestro y orinal”, son mayoría los que sostienen que la siesta tiene que ser breve y a ser posible intensa. Para ello aconsejan hacerlo en un lugar donde no se escuchen ruidos. Sin embargo, sobre esto también existen discrepancias: “hay quien prefiere recostarse en un sofá y usar la monotonía del ruido como fondo placentero, y otros que cuando se acuestan… lo hacen de verdad y con todas las consecuencias”. Eso sí, todos insisten en que ‘lo importante es descansar’. Ahora bien: ¿es necesario dormir la siesta? Aquí es donde casi todos los expertos coinciden: “la siesta está llena de ventajas, pero no es imprescindible”.El aumento del rendimiento de las personas, y también del optimismo, son algunas de las razones que justifican ‘echarse una buena siesta’. Lo que ocurre es que por el trabajo habitual de cada cual son pocos los que pueden disfrutarla. Aún así siempre se puede encontrar un pequeño hueco.

Una muestra de la ‘importancia’ que algunos dan a la siesta (en este caso en sentido negativo) es la noticia que hace unos años publicaba a toda página el semanario ‘Der Spiegel’ cuando afirmaba: “La siesta ya no existe en España”. La revista alemana señalaba que el Gobierno español, en plena crisis económica, había eliminado esta práctica porque nuestro país “ya no podía permitirse ‘holgazanear’ en medio de la bancarrota nacional”. “La siesta no existe en España desde el año 2012”, aseguraba. Al parecer, decía, a raíz del rescate bancario, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI habían exigido al Gobierno poner fin a esta práctica tan habitual entre los españoles. Explicaba que “durante siglos, los habitantes de los países del sur de Europa” habían llevado esta costumbre y los trabajadores abandonaban las oficinas y se iban “a casa a descansar para evitar el estrés”. De hecho, seguía diciendo que esta práctica había sido sagrada durante siglos pero ahora la situación ‘idílica’ ha terminado. Según el semanario, para más ‘inri’ y sorpresa de todos los españoles, “en el año 2005, el gobierno del entonces presidente Zapatero ‘eliminó la siesta para los funcionarios públicos’ con el objetivo de invertir ese tiempo ‘de manera más productiva’”. El resultado final de la supuesta prohibición era, según ‘Der Spiegel’, unos ciudadanos que han cambiado “su arte de disfrutar la vida por más trabajo y más consumo”, puntualizando además que “muchos protestaron’ contra la medida pero…‘había sido en vano’. Fue una noticia que corrió como la pólvora por todo el país a la que nadie daba crédito. ¡Y con razón! Está claro que los alemanes están en todo su derecho de criticar libremente a la siesta. Es su problema. Ahora bien, cada vez son más los estudios que confirman que tiene grandes beneficios, aunque, eso si, debe ser breve. Más de 30 minutos ya supone desventajas, pues llegar a las fases profundas del sueño suele conducir a un despertar incómodo.

Siesta 02

El propio Camilo José Cela definió a la siesta como ‘el yoga ibérico’. Una costumbre a la que han acabado sucumbiendo personalidades tan importantes como Albert Einstein: “Las siestas son recomendables para refrescar la mente y ser más creativo”, Thomas Edison: “Soy capaz de dormir como un insecto en un barril de morfina a la luz del día”, Winston Churchill: “Hay que dormir en algún momento entre el almuerzo y la cena, y hay que hacerlo a pierna suelta: quitándose la ropa y tumbándose en la cama. Es lo que yo siempre hago. Es de ingenuos pensar que porque uno duerme durante el día trabaja menos. Después de la siesta, se rinde mucho más. Es como disfrutar de dos días en uno, o al menos de un día y medio”, y hasta el mismo Napoleón. Se cree que la ‘hora sexta’ dedicada al descanso en la regla de San Benito ha inmortalizado a la siesta.

silos-01PD.-
Hace poco he estado en el monasterio de Santo Domingo de Silos y en una de sus entradas ahí sigue la regla de San Benito como el gran lema de la orden.


El trasplante de médula ósea, ese gran desconocido

enero 29, 2014

La médula ósea es un tejido esponjoso que llena las cavidades de los huesos. En ella se crean y desarrollan las llamadas  células madre, conocidas en el lenguaje técnico por progenitores hematopoyéticos, a partir de las cuales se generan las células de la sangre a lo largo de nuestra vida. Éstas como es Medula ósea 01sabido están compuestas por: a) glóbulos blancos o leucocitos (defienden al organismo de las infecciones), b) glóbulos rojos o hematíes (transportan el oxígeno de los pulmones a los tejidos), y c) plaquetas (se encargan de prevenir y controlar las hemorragias provocadas por lesiones en los vasos sanguíneos).

En la mayoría de los casos, para la curación de determinadas enfermedades de la sangre se precisa eliminar todas las células “anormales” (cancerosas o que no funcionan bien) mediante la aplicación de fuertes sesiones de quimioterapia. Sin embargo, este tipo de tratamiento tiene un gran inconveniente: no solo elimina de la médula ósea las células cancerosas sino también las sanas, lo que pone en grave peligro la vida de las personas. De ahí que tras la obligada quimioterapia, y con el fin de de recomponer esa función tan necesaria, sea preciso suministrar células madre al paciente capaces de producir su regeneración por un procedimiento conocido como trasplante de médula ósea. Se aplica normalmente en procesos cancerosos como la leucemia y otro tipo de enfermedades congénitas. Debido a que durante muchos años las células madre se obtenían de la médula ósea de otro paciente se utiliza el término de “trasplante”, nombre muy controvertido porque muchas personas lo relacionan con el trasplante de médula espinal con el que no tiene nada que ver.

Según el tipo de donante se distinguen dos tipos de trasplante de médula ósea:
          Alogénico.- Cuando procede de otro individuo compatible. Ofrece muchas posibilidades de curación en determinado tipo de enfermedades y suele estar restringido a pacientes jóvenes ya que a partir de cierta edad los riesgos son elevados, y
          Autólogo o Autogénico.- No se trata de un trasplante en sí. Las células proceden del mismo paciente y por tanto es un procedimiento mucho más sencillo que el anterior y con menos complicaciones. Su principal inconveniente es que el riesgo de reaparición de la enfermedad es mayor. Se realiza tras haber respondido a un tratamiento previo que recibe el nombre de “acondicionamiento”
y que consiste fundamentalmente en sesiones de quimioterapia, amén de otros fármacos auxiliares.

Trasplante médula ósea 02

La elección entre uno y otro tipo será función de varios factores a valorar por el equipo médico según los condicionantes de cada paciente. En el caso del trasplante alogénico depende en gran medida del grado de compatibilidad entre donante y receptor. Éste será determinado por el análisis de una sencilla muestra de la sangre de ambos, y más en concreto de unas proteínas situadas en la superficie de las células llamadas antígenos leucocitarios humanos. Al heredar cada persona la mitad de esos antígenos de su padre y la otra mitad de su madre, la probabilidad de encontrar un donante será mayor entre hermanos y familiares directos. De no poder ser así, habría que acudir al grupo de donantes voluntarios registrados a nivel mundial, que en el caso de España se canaliza a través del Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO) creado en 1991 por la Fundación Josep Carreras.

Una vez decidido el donante compatible, como ya hemos dicho las células madre o progenitores hematopoyéticos se pueden obtener directamente de su médula ósea. Para ello será necesario realizar una serie de punciones en los huesos de la parte posterior de la cadera (crestas ilíacas) a través de dos únicos orificios en la piel, normalmente bajo anestesia general, aunque a veces sirve la epidural. Se trata del procedimiento más cómodo tanto para el paciente como para el equipo médico. La duración habitual de una “aspiración” de médula ósea oscila entre 2 y 3 horas. En la mayoría de los casos parte del volumen de sangre extraído del donante se suele reponer en el mismo proceso mediante una autotrasfusión con sangre aportada días antes por el propio donante. Los efectos secundarios habituales en un proceso de trasplante o donación de médula ósea son un pequeño dolor en la zona donde se hace la punción, que suele desaparecer a las 24 horas y se controla fácil con analgésicos, y la necesidad de recibir componentes de hierro por vía oral durante un par de meses.

España es un país líder en donación de sangre y en muchos tipos de órganos, sin embargo no ocurre así con la médula ósea. La pregunta que muchos se hacen es ¿por qué no en este caso? Una respuesta fácil y difícil a la vez: ¡¡por miedo!! Debido a una información insuficiente o no del todo correcta, incluso por falta de ella, la mayoría de las personas confunden (cuando lo oyen) el trasplante de médula ósea con el de médula espinal. Por fortuna se está corrigiendo poco a poco. No cabe duda que las campañas particulares que tanto éxito están teniendo en los medios de comunicación han contribuido a “popularizar” el término. Algo que por otra parte se debiera haber hecho con más intensidad y con un lenguaje sencillo por los poderes públicos responsables. Sin embargo, la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) se encuentra en contra de esas campañas. Es más, sigue insistiendo (lo ha hecho recientemente, incluso “amenazando” con su prohibición) en que no suponen ninguna ventaja adicional para el paciente: “El trabajo del REDMO se realiza con la misma diligencia y profesionalidad, con independencia de los llamamientos que hagan las familias de los enfermos”, concluye.

Médula ósea y médula espinal

Encontrar una médula ósea compatible no es fácil, se estima en 1 entre 100000 la probabilidad de lograrlo. Ni siquiera los familiares directos lo pueden hacer posible (por ejemplo los hermanos directos solo son compatibles en un 20 % de los casos). De ahí que lo más normal sea acudir al Banco Mundial de donantes a través del REDMO. Ahora bien, si esa posibilidad aumenta a medida que lo hace el número de donantes, no se entiende muy bien, o tan solo en parte, la prohibición de la ONT para campañas nominadas con un único receptor. Aparte de otras connotaciones discutibles, se ampara en que la probabilidad de encontrar un donante específico por medio de llamamientos masivos en las redes sociales y otros medios de comunicación es muy pequeña, y que cuando un enfermo necesita un trasplante de médula es el REDMO (Registro Español de Donantes de Médula Ósea), con más de 22 millones de donantes potenciales en todo el mundo, quien a petición del equipo médico debe iniciar esa búsqueda. Todo eso es cierto. Pero no lo es menos que esas campañas han contribuido, no hay más que ver sus resultados, a que el número de donantes haya crecido en España de manera exponencial. ¡¡Nadie está quitando competencias a nadie!! Si algunos entes públicos tienen limitaciones en potenciar sus posibilidades, o desconocen como hacerlo mejor, es importante y de agradecer que la sociedad vaya por delante con este tipo de iniciativas que solo buscan el bien común. ¡¡Que es de lo que se trata!!

Una de esas campañas tan exitosas ha sido “Una médula para Mateo”, un bebé de pocos meses cuando se le diagnosticó la enfermedad, a la que contribuyeron famosos deportistas, y por tanto grandes “vehículos” de información, como el tenista Rafael Nadal, el baloncestista Pau Gasol, los futbolistas Fernando Torres y Juan Mata, y otros nombres muy conocidos, con la que se quiso exponer de manera fácil, gráfica y comprensible para la mayoría de las personas en que consiste un trasplante de médula ósea. O lo que es lo mismo, como se realiza, donde dirigirse para ser donante, y sobre todo hacer ver como con una simple analítica de sangre se puede salvar una vida con tan solo pasar sus datos al Banco Mundial de Donantes a través del REDMO español.

Llegados aquí, es preciso resaltar que si el futuro donante resultara compatible con alguna persona su donación sería anónima y universal mediante un procedimiento que consta de dos partes: una, la extracción de sangre, un proceso que suele durar cuatro horas (separar las células madre para trasplantar al enfermo), y otra, una punción lumbar, con sedación previa por anestesia general o epidural. Lo normal es que esa misma tarde, o bien al día siguiente, el donante se pueda marchar a su casa con la satisfacción de haber podido salvar una vida. Donar médula ósea es así de fácil. No existe mayor riesgo que el de la anestesia, que es muy bajo. En cuanto a la extracción de sangre tan sólo puede aparecer un leve dolor residual en la cadera que desaparece a los pocos días. Aún existe mucho miedo, mucho tabú, a su alrededor, que poco a poco está disminuyendo gracias en gran parte al apoyo recibido de muchos personajes relevantes que han prestado su imagen para las campañas de sensibilización: donar médula ósea consiste en proporcionar al enfermo las células madre (glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas) de la sangre procedente de un donante sano, extraídas en una pequeña cantidad mediante una jeringa del hueso de su cadera. No deja secuelas de ningún tipo, la médula del donante se regenera a los pocos días y la estancia en el hospital suele durar 24 horas.

Sin título-1

Cuando se dona médula ósea no se hace para una persona en concreto, se dona para todos. Todo enfermo de cualquier parte del mundo puede resultar beneficiado si sus necesidades encajan con las del donante. A pesar de lo sugerido por la ONT, creemos que las campañas de sensibilización, aunque sean particulares, son importantes y más si están apadrinadas por personajes conocidos, pues en ningún caso omiten el fin perseguido: ¡¡médula para todos!! En el caso concreto de “Una médula para Mateo” en poco más de 4 meses se alcanzaron casi 10000 donantes nuevos, una cifra impensable cuando el año anterior esa misma cantidad fue la total obtenida a nivel nacional. Aún así España se encuentra todavía a la cola de Europa en donantes de médula ósea. Se necesitan muchos más. Por eso bienvenidas sean todas las iniciativas, incluidas las personales o familiares. Todas van de la mano porque saben que cada donante nuevo que obtengan, o si solo sirven para concienciar, va en el beneficio común. Aunque tengan un nombre de referencia, la realidad es que son campañas “para todos”.

Otro caso reciente muy publicitado ha sido el de Iván López de Calle, futbolista del Alavés que ahora juega en el Haro. Asumido el “golpe” inicial, al día siguiente de ser diagnosticado de leucemia empezó a luchar con todas sus fuerzas frente a esta grave enfermedad con una frase en una red social que lo dice todo: “Será duro y largo, queda luchar día a día y a partir de mañana me toca ‘golear’”. Se estaba refiriendo a las duras e inmediatas sesiones de quimioterapia con las que comenzaba su tratamiento de “acondicionamiento” previo. Su ejemplo adquirió también una gran relevancia social al ser retwitteado su mensaje por Xabi Alonso, conocido futbolista del Real Madrid, al que le siguieron otros muchos apoyos como el de la cadena SER en su programa deportivo “El Larguero”.

Una de las últimas campañas realizadas para dar a conocer el trasplante de médula ósea ha sido la protagonizada recién finalizado el año 2013 por un grupo de niños del Hospital de Valdecilla de Santander. Su servicio de Hematología es uno de los más activos a nivel nacional en este tipo de trasplantes, con más del 70 % de tipo alogénico. Hace un par de meses una niña propuso grabar un vídeo con los propios enfermos para sensibilizar a las personas sobre la donación de médula ósea, siguiendo el ejemplo realizado por el cantante Macaco con un grupo de pacientes de los servicios de Oncología y Hematología de un hospital de Barcelona, aunque en esta ocasión fue para captar fondos con destino a la investigación del cáncer infantil. Lejos estaban de imaginar que “Baile con el porvenir”, así se llama el vídeo grabado, llegaría a ser un éxito tan rotundo en Internet con decenas de miles de visualizaciones, y que está contribuyendo como una idea más a “perder el miedo” a este tipo de donaciones. Tanto o más gratificante fue comprobar como en apenas quince días el registro medio semanal de nuevos donantes se multiplicó por cuatro. Un vídeo musical en el que todo es ilusión y sonrisas y cuya historia empieza en Mario San Miguel, cantante cántabro que se prestó a colaborar y ceder una de sus canciones para el proyecto: “Una canción positiva, pegadiza y alegre”, como el mismo dice, y que contó con la colaboración, además del propio hospital Valdecilla, de la Fundación Josep Carreras y la asociación “Alma Fotografía Solidaria”.


“Regala porvenir. Dona Médula”. Vídeo grabado por los niños pacientes de la sección de Hematología del Hospital de Valdecilla- Santander

Cuando oímos la frase “donación de médula” quizás nos asustamos porque lo primero que nos viene a la mente es que nos van a extraer no se sabe muy bien que. Por eso se necesitan más y mejores campañas de sensibilización, en especial de los poderes públicos. Se calcula que cada año unas 300 personas no pueden recibir un trasplante de médula ósea. A diferencia de otros, en este tipo de trasplantes el donante no “pierde” nada y puede seguir con su vida “normal”. De ahí que uno de sus lemas más extendidos sea: “Hay que donar vida en vida”. O lo que es lo mismo: “Hay que donar “médula para todos’”.


Síndromes, síntomas y causas y algunos nombres curiosos- Moncloa, Estocolmo,…

enero 2, 2014

Síndrome es un término médico cuyas connotaciones estuvieron claras durante mucho tiempo (más o menos los dos últimos milenios). Sin embargo, desde hace años, el desgaste sufrido por un uso incorrecto ha llevado a que se aplique a cualquier estado patológico más o menos complejo, y si está provisto de cierta notoriedad… mejor. Es lo que ha ocurrido por ejemplo con el mal llamado “síndrome de la Moncloa”, que desde que se implantó la democracia en 1977 “ataca” a la mayoría de nuestros presidentes de Gobierno.

El síndrome de la Moncloa 02Cuentan que a casi todos les cambia el carácter. Según los “entendidos” por el aislamiento que “sufren” al vivir “encerrados” en su nueva residencia del palacio de la Moncloa; algo que no ocurre en otros países donde sus gobernantes mantienen domicilio y lugar de trabajo en ambientes muy distintos. Si la solución fuera tan fácil: ¡¡que cambien de residencia!! Ya está bien de aplicar algo tan serio como es padecer un síndrome a situaciones más bien grotescas.

La que sucede en realidad con la mayoría de líderes de gobierno no tiene nada que ver con el “síndrome de la Moncloa”, sino más bien con el mejor llamado “síndrome de Hubris” (héroe griego, quién ensoberbecido por el poder se aleja de la realidad) descrito con acierto por Lord David Owen, neurólogo de profesión, en su libro “En el poder y la enfermedad”, donde tras de su paso por el gobierno británico interrelaciona la política y la medicina y explica como la causa principal de ese cambio de comportamiento radica sobre todo en la soledad. Son los presidentes de los gobiernos quienes en los momentos más delicados tienen que tomar las últimas decisiones y además lo hacen convencidos de que son los “únicos” que pueden, porque “tan solo ellos” conocen todos los pormenores. En ningún momento Owen lo relaciona con el sitio en que viven, ni con nada que se parezca. Menciona, eso sí, la “enfermedad” y un poco la “locura” que provoca el poder. Algunos hasta se creen invencibles y ver enemigos por todas partes suele ser bastante común. Llegan al cargo con la convicción de haber alcanzado una meta colectiva, pero también personal. Condenados a no equivocarse, incluso creen que aciertan cuando no lo hacen. ¡¡Casi todo lo envuelven en una burbuja!! Tanto es así que al final se acaban aislando del entorno para el que gobiernan, y por el que han sido elegidos, y optan por una simplificación de la realidad. Además, nunca les faltan asesores que elogien sus tropiezos, ni tampoco quienes los fomenten. ¡¡Están solos y no lo saben!!

En medicina, un síndrome (del griego συνδρομή, syndromé, simultaneidad) es un conjunto de síntomas observables (signos), generalmente más de tres, que suelen aparecer a la vez, en los que la causa u origen puede ser diversa y que caracterizan a una enfermedad o un trastorno físico o mental con cierto significado. Al principio, la utilización de la palabra síndrome solía tener un carácter provisional con la esperanza de que una vez confirmado se remplazaría por un término más preciso. Es uno de los términos más antiguos del vocabulario médico con mayor frecuencia utilizado y muchas veces mal empleado. Su significado apenas varió desde los tiempos de Hipócrates hasta bien avanzado el siglo XVII, cuando Thomas Sydenham, apodado el “Hipócrates inglés”, llegó a la conclusión de que síndrome y enfermedad eran sinónimos. A partir de entonces desapareció de la literatura médica, al menos de forma virtual, durante casi dos siglos por considerarse una denominación superflua. No es hasta finales del siglo XIX cuando resurge de nuevo al ver que para designar determinados estados patológicos mediante la combinación de nombres de los órganos afectados con prefijos y sufijos no era lo más adecuado para trastornos complejos.

Síndrome 04Aunque no todos los profesionales médicos del siglo XX aceptaban utilizar otra vez el término síndrome, sin embargo, varios acontecimientos vinieron a modificar su uso y significado. Uno fue la excesiva acumulación de síndromes con nombres de médicos, distintos, que tenían los mismos apellidos; otro, quizás fundamental, el argumento de que los términos descriptivos son mucho más importantes que el nombre del médico que descubre un síndrome. Esto hizo que algunas prestigiosas revistas médicas reemplazasen una práctica nominal que se estaba volviendo confusa. Bastante lógico por otra parte, pues había médicos que tenían hasta quince denominaciones con su nombre para síndromes diferentes. El cambio trajo consigo una reducción significativa en la cantidad de nombres de médicos para asignar nuevos síndromes, que en cierta manera se vio contrarrestado con otros apelativos en los que cualquiera puede ser un candidato potencial con nombres tan curiosos como apellidos de pacientes, temas de pinturas (síndrome Mona Lisa), personalidades, lugares geográficos (síndrome de Tangier), personajes bíblicos (síndrome de Job), históricos (síndrome de Diógenes)…

En todo síndrome la cuestión más importante es unir correctamente los síntomas con la causa. No siempre es fácil, aunque en algún caso como en el llamado “síndrome de Estocolmo” sea evidente. Muchos siglos antes de que éste se conociera como tal, ya las víctimas se enamoraban de sus captores, pero en nuestro afán por etiquetarlo todo tal parece como si no hubiera existido. Los “nuevos” síndromes son un reflejo de la sociedad en que vivimos y de nuestras relaciones con los demás. Desde una perspectiva psicológica, el “síndrome de Estocolmo” está considerado como una de las respuestas emocionales que puede presentar un secuestrado a causa de su extrema indefensión en un cautiverio. Debe su nombre a lo acontecido en 1973, hace ahora 40 años, durante el atraco a un banco en la capital sueca, y en el que en cierta manera se rompieron algunas de las reglas o etiquetas establecidas. Basado en la complicidad del secuestrado hacia su secuestrador, causó un gran desconcierto entre los psicólogos que entonces acuñaron un nuevo término en su lenguaje.

Era un 23 de agosto cuando el banco Kreditbanken, en pleno centro de Estocolmo, fue asaltado por Jan-Erik Olsson, un preso en libertad condicional. Armado con una pistola automática, al verse acorralado por la policía tomó como rehenes a tres mujeres y un hombre, exigiendo la entrega de tres millones de coronas suecas, un vehículo y dos armas, además de traerle a Clark Olofsson, uno de los criminales más peligrosos del país que en aquel momento estaba cumpliendo condena. Durante los cinco días que duró el secuestro, Suecia y el resto del mundo permanecieron pendientes de la televisión. A pesar de las amenazas contra su vida, los rehenes se identificaron hasta tal punto con sus captores que llegaron a colaborar con ellos durante las negociaciones para protegerles de la policía. Una de las rehenes, Kristin Enmark, tras su liberación manifestó que en ningún momento sintió temor por lo que Clark podía hacerles: “Confiaba plenamente en él”, declaró, al tiempo que confesaba que de quien si había tenido miedo era de la policía: “¿Ustedes comprenden? Créanme o no, aquí hemos pasado muy buenos momentos”.

La sorpresa fue mayor durante el juicio cuando los secuestrados, además de negarse a colaborar con las autoridades, defendieron a sus raptores. El término “síndrome de Estocolmo” se ha popularizado tanto desde entonces que cualquier persona que acepta una situación de violencia o sumisión puede ser tachado de sufrirlo. El psiquiatra y criminólogo Nils Bejerot, asesor de la policía sueca durante el asalto, fue quien primero definió el término para referirse a la reacción de los rehenes. Más tarde, a Frank Ochberg, una autoridad mundial en psiquiatría, primer médico en escribir un tratado clínico sobre el síndrome de estrés postraumático (secuelas que deja una experiencia extrema), le intrigó tanto el fenómeno que ayudó al FBI y Scotland Yard a desarrollar estrategias contra este tipo de incidentes con rehenes en casos de terrorismo.

Asalto al banco. Estocolmo 1973Francotiradores de la policía en la azotea situada enfrente del banco Kreditbanken de Estocolmo que intentó robar Jan-Erik Olsson el 23 de agosto de 1973

El “síndrome de Estocolmo” es una reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro, o una persona retenida contra su voluntad, desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con quien la ha secuestrado. Las víctimas interpretan la ausencia de violencia contra su persona como un acto de humanidad por parte del secuestrador. Según el FBI, alrededor del 27 % de las víctimas de secuestros experimentan esa reacción, donde los rehenes tratan de protegerse de situaciones que les resultan incontrolables procurando cumplir los deseos de sus captores. Incluso hasta los propios delincuentes se suelen presentar como sus benefactores; de ahí que pueda nacer una relación emocional de las víctimas en señal de agradecimiento.

Este síndrome se define por tres criterios: atracción, incluso amor, del rehén por su secuestrador; reciprocidad de parte de éste y finalmente desprecio de ambos por el mundo exterior. Por lo general, las tomas de rehenes comienzan de manera brutal: éstos quedan tan paralizados que solo piensan en su muerte. ”Muy pronto se les niega el derecho a hablar, a moverse, ir al baño, y a comer. Cuando luego se les ofrecen esas posibilidades, y las obtienen, experimentan lo que se siente cuando somos recién nacidos y cercanos a nuestra madre”, explica Ochberg. Aquellas personas víctimas de algún tipo de abuso, como rehenes, miembros de sectas, niños forzados psíquicamente, víctimas de incesto o prisioneros de guerra, son más vulnerables a sufrir este síndrome. Para superar el trauma, la víctima debe recibir tratamiento terapéutico, siendo el pronóstico para su recuperación generalmente bueno, aunque el tiempo varía dependiendo de la situación anterior al secuestro, el período que han permanecido encerrados, y la manera de afrontarlo.

Ha habido más casos famosos relacionados con el “síndrome de Estocolmo”. En 1974, Patricia Hearst, nieta del magnate de la comunicación estadounidense William Randolph Hearst, fue también secuestrada por el Ejército Simbiótico de Liberación, un grupo californiano que abogaba por una revolución socialista y el sexo libre. Tras cumplir con las exigencias de los secuestradores no hubo noticias suyas hasta que dos meses después fue detenida junto a otros miembros de la guerrilla cuando intentaban robar un banco. La joven había terminado enamorándose de uno de sus secuestradores y unido al grupo, participando en varios atracos armados. Este caso le dio aún más popularidad al término “síndrome de Estocolmo” al intentar ser utilizado por la defensa durante el juicio. Sin embargo, no fue aceptado y Patricia Hearst resultó condenada.

Otro caso bastante reciente ha sido el de la austriaca Natascha Kampusch. Rescatada en el año 2006 después de permanecer retenida durante ocho años, al conocer la muerte de su captor rompió a llorar. ”Una vez liberada, la persona puede sentirse más allegada a su secuestrador que de quienes eran sus amigos y su familia antes”, comenta el psiquiatra Ochberg. Se dice que Kampush lloró cuando escuchó que había muerto y encendió una vela por él. Aún hoy, los rehenes que sufrieron el encierro en el banco de Estocolmo continúan diciendo que sintieron mucho más miedo por lo que la policía pudiera hacer que por los asaltantes del banco.

Síndrome de Estocolmo 01Desde un punto de vista psicológico, reacciones similares al “síndrome de Estocolmo” son una de las posibles respuestas emocionales que puede presentar un secuestrado. Aunque no sea la respuesta usual, es importante entenderla, sobre todo porque en ocasiones su término ha sido tan mal aplicado que se ha llegado a pensar que se trata de una “enfermedad” que padecen todas las personas en esas circunstancias, y también, equivocadamente, a creer que la persona que lo padece es un “enfermo”. Según los expertos en psiquiatría, este síndrome sólo se presenta cuando la persona se identifica inconscientemente con su agresor. Si se establece de forma consciente y voluntaria para obtener una cierta “ventaja” en su situación no hay problema. Sin embargo, es cierto que en bastantes casos se observa una especie de gratitud consciente hacia los secuestradores por haberles dejado salir con vida.

Un trabajo realizado a finales de los años noventa por el psicólogo Emilio Meluk sobre los efectos psicológicos en las víctimas (“El secuestro, una muerte suspendida”), centrado en las experiencias de ochenta personas secuestradas, revelaba que la expectativa por saber si padecían el “síndrome de Estocolmo” era una de sus mayores preocupaciones. Estaban ansiosas por conocer si su comportamiento durante el secuestro, y también después, podría ser una secuela del mismo. Los expertos aseguran que para que este síndrome se pueda desarrollar es necesario que el secuestrado no se sienta agredido. De lo contrario, el trato negativo se transforma en una barrera defensiva que hace imposible la identificación con sus raptores.

Durante un secuestro casi todas las víctimas fingen para poder sobrevivir. Basta comparar su actitud durante el cautiverio y la forma con que se refieren a sus secuestradores una vez libres. La mayoría lo hacen de un modo negativo y con rencor, lo que refleja no una identificación sino un anhelo por sobrevivir. Son conscientes del daño recibido y rechazan asumir como propias las razones de su secuestro. Sin embargo, el “síndrome de Estocolmo” sirvió para bautizar ciertas conductas que demuestran afecto entre rehenes y secuestradores en situaciones de gravedad extrema, y que durante la angustia vivida en aquel banco sueco en 1973 dio paso a sensaciones menos conocidas por los psicólogos, causando cierta sorpresa en sus teorías “etiquetadas”.


Doping en los Juegos Paralímpicos: “boosting”, el dopaje del dolor

enero 4, 2013

Meses atrás, con motivo de la celebración de los Juegos Paralímpicos 2012 en Londres, la Olimpiada para deportistas discapacitados, me llevé una sorpresa mayúscula al leer varios artículos relacionados con un dopaje bastante extendido entre algunos atletas. Era algo que no esperaba, suponía que el famoso lema: “lo importante no es ganar, sino participar” aún persistía entre esta clase de deportistas. Estaba equivocado. Seguro que son unos pocos, pero suficientes para extender una mancha en su imagen. Si malo es que se hable de una lacra tan difícil de erradicar en cualquier competición, peor parece si ocurre en personas que cuentan con un grave handicap físico. No se encuentra tan extendido como en el deporte “normal”, pero… ¿Quién podría pensar que hasta en los Juegos Paralímpicos existe el doping? ¿Merece la pena infligirse un daño físico con tal de conseguir la gloría atlética o lograr una medalla olímpica?

Carrera de maratón en silla de ruedas

Aunque en los anteriores Juegos Paralímpicos de Pekin 2008 solo se registraron tres casos positivos por dopaje con substancias prohibidas, ya el IPC (Comité Paralímpico Internacional) quedó muy preocupado con una “práctica”, el “boosting” o “dopaje del dolor”, en la que incurrieron cerca del 17 % de los cuatro mil atletas participantes. En una encuesta anónima realizada por el propio IPC, de 60 entrevistados, diez (16,7%) respondieron afirmativamente, mientras que el resto (83,3%) lo negaron. Todas las respuestas positivas fueron de deportistas hombres, la mayoría competidores del rugby en silla de ruedas (55,5%), seguidos por corredores de maratón, también en silla de ruedas, (22,2%) y corredores de larga distancia (22,2%). No se trata de un dopaje al uso, pero si de una práctica muy perjudicial para la integridad física que incrementa el rendimiento de forma artificial. Prohibido desde el año 2004, se está convirtiendo en un método peligroso, algo que alarmó bastante al inicio de los últimos Juegos de Londres.

Sabido es que el aumento de la presión arterial y el ritmo cardíaco mejoran el desarrollo competitivo y nuestro cuerpo puede soportar de forma temporal una carga mayor. Esto que en una persona no discapacitada o “normal” se consigue de forma automática con el entrenamiento, en el caso de los discapacitados, p.e. personas en sillas de ruedas, no es posible, salvo que acudan a métodos para provocar el dolor en partes del cuerpo con menor sensibilidad. En atletas con lesiones medulares las frecuencias cardiacas son normalmente inferiores a 120 y el organismo no puede realizar esa función por sí mismo. A diferencia de un individuo sin discapacidad, su cuerpo necesita un impulso para aumentar el ritmo cardíaco. Para lograrlo, aunque parezca extraño, algunos atletas parapléjicos practican el “boosting”, llegando incluso a lastimarse y causar dolor físico con tal de mejorar su rendimiento. Hay quien lo intenta con descargas eléctricas, otros se golpean con pequeños martillos o se quiebran los dedos del pie, incluso se estrangulan los testículos. Hasta corredores en silla de ruedas se ponen una espina en el respaldo para provocar la inflamación. Todo con tal que el cuerpo genere una cadena de reacciones que conduzcan finalmente a una mayor actividad cardíaca.

Los científicos descubrieron en 1994 que con la práctica del “boosting” el rendimiento aumentaba mucho. Así lo constataron en un estudio realizado a ocho atletas que se provocaron un dolor inducido a propósito. Comprobaron que corredores en sillas de ruedas mejoraban sus marcas un 10 por ciento en una distancia de 7,5 kilómetros. Una cifra que en personas sin discapacidad suponía una mejora de 12 minutos en su récord de maratón. A partir de ese año, el “boosting” quedó oficialmente prohibido y todos los atletas se deben someter a una revisión cuando así se les requiera. Sin embargo, su control es difícil, y más predecir cual debe ser la presión arterial “normal” de un atleta antes de una gran competición, sobre todo si se trata de la más importante de su vida deportiva.

Brad Zdanivsky durante una de sus escaladas

Pero el “boosting” tiene un precio: puede llegar a ser mucho más peligroso que el producido con substancias u otros medios prohibidos. Según diversos especialistas, el “dopaje del dolor” puede generar ataques al corazón o derrames cerebrales. Un ejemplo de esta práctica y sus efectos los señalaba Brad Zdanivsky, escalador tetrapléjico canadiense de 36 años, quien después de un accidente automovilístico en 1994, que destrozó su espina dorsal, recurrió al “boosting”. En ningún caso quería que su condición física le impidiera seguir con su pasión de escalar montañas. En una de sus entrevistas explicaba “sus motivos”:

“Ha habido momentos en los que me di un buena descarga eléctrica en la pierna o en un dedo”. Eso hace que mi presión sanguínea pegue un salto y pueda levantar más peso o pedalear más duro. Es efectivo”.
“Traté diferentes formas de hacerlo. Uno puede dejar que la vejiga se llene, no ir al baño por algunas horas. Alguna gente que practica deportes lo hace recurriendo a un catéter, ésa es la forma más fácil, la más común. Uno puede deshacerse rápidamente del dolor dejando salir la orina”.
“Yo fui un poco más allá, utilizando estímulos eléctricos en mi pierna, mi pie e incluso en mis testículos”.
“Uno puede tener un pico de presión que fácilmente te puede volar un vaso sanguíneo detrás del ojo o causarte una apoplejía cerebral”, admite Zdanivsky. “Puede incluso detener tu corazón. Es muy desagradable, pero los resultados son difíciles de ignorar. El dicho es que los ganadores siempre piden la pelota. Así que no importa si es desagradable, logra resultados”.

James Gallagher, periodista científico de la BBC, escribe:
“La presión sanguínea alta causa millones de muertes cada año en todo el mundo. Puede ser sorprendente pensar que atletas eleven la suya de forma deliberada. Pero un mayor ritmo cardíaco y una mayor presión sanguínea son ventajas durante el ejercicio, ayudan a transportar más oxígeno a los músculos, y permiten al atleta una gran mejora en su rendimiento. En la mayoría de las personas se consigue cuando la actividad física aumenta, sin embargo no es el caso de aquellos que sufren lesiones medulares, y hace que se cansen antes. En el mundo de los deportes de élite, el “boosting” puede marcar la diferencia entre ganar o perder, pero también eleva las posibilidades de sufrir un ataque cardíaco o un accidente cerebral.”

Rugby en silla de ruedas

El médico y profesor asociado Andrei Krassioukov de la Universidad de British Columbia, especializado en problemas de médula, opina que “existe todavía una desventaja entre los atletas paralímpicos que tienen una presión sanguínea normal y aquellos que no, y esto coloca a muchos en una situación inferior”. Krassioukov dice entender como médico la situación de los deportistas paralímpicos, pero afirma estar muy alarmado como científico. Para el director médico del Comité Paralímpico, Peter Van de Vliet, no existe información que apoye o desmienta lo estimado por Krassioukov cuando dice que más del 30% de atletas con lesiones medulares recurren al “boosting”. “Es una práctica inaceptable”, afirma. Durante los Juegos de Pekín, el IPC realizó cerca de 20 controles de presión sanguínea en atletas antes de las pruebas y no encontró una clara evidencia de “boosting”. Si a un deportista se le detecta una presión arterial (máxima) de 180 mmHg o superior no será autorizado a competir en esa prueba, pero no recibirá una sanción a largo plazo. Brad Zdanivsky asegura que chequeos así no serán efectivos para terminar con el “boosting”. En su opinión se necesitaría monitorear la presión sanguínea de forma regular durante un periodo suficiente para poder confirmar si se produjo o no esta práctica. “No existe una solución real, es una trampa que nadie quiere abrir ni hablar de ella”, dice. Cree que solo un suceso trágico puede sacar el tema del “boosting” a la superficie. “Un día ocurrirá que alguien sufrirá un accidente cerebrovascular en medio del estadio y entonces se tendrá que hablar de esta situación”.

De momento parece que solo los atletas en silla de ruedas usan este tipo de dopaje. Los médicos advierten contra estos métodos, pero… ¿cómo probarlos? El IPC solo tiene establecido revisiones antes de las pruebas: si se detecta una presión sanguínea alta, a través de síntomas como la famosa cara roja o sudoración excesiva, dejarán pasar diez minutos antes de someterlos a un nuevo control; si el sospechoso registra los mismos resultados, se le impedirá competir por razones de salud. Hasta ahora no se ha encontrado una solución mejor.


Diferencias entre el cerebro del hombre y la mujer

noviembre 17, 2011

Es un hecho que siempre se han gastado bromas acerca de las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres. Que si unos piensan más en el sexo y otras en el dolor de cabeza, en el deporte o en la ropa, en el mando a distancia o en los cotilleos, y así toda una retahíla. Y también, que unos tienen poca capacidad en concentrarse y otras en manejar ordenadores, poca puntería al mear o comprender chistes, etc., etc. En fin, que no solo parecen diferentes sino antagónicos. La verdad es que existe mucho de leyenda y algo de realidad.

Cierto es que el peso del cerebro es distinto en cada caso, el de la mujer es menor, una razón es porque lo es también su cuerpo. El cerebro masculino pesa alrededor de 1,25 Kg. mientras que el femenino pesa unos 100 gr. menos. Dicho éso ya podemos establecer la primera diferencia: el menor tamaño cerebral optimiza la inteligencia emocional. Al contrario, muchos estudios afirman que la mayoría de los hombres tienen coeficientes de inteligencia superiores a las mujeres. ¿Algo de esto importa mucho? ¿Será verdad? Las pruebas del CI son tan polémicas y sujetas a factores culturales que no merece la pena discutir sobre ellas. ¿Sigue importando? Pues sí, con una salvedad: es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

John Gray, escritor estadounidense, muy conocido por sus libros sobre las relaciones y el crecimiento personal, en su novela “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus”, realiza un paralelismo entre hombres y mujeres como si fuesen de planetas distintos. Dejando planetas al margen, ellas y ellos tienen muchos puntos en común y alguna importante diferencia. No viene mal una pequeña reflexión al respecto.

Por ejemplo, hombres y mujeres usan de forma distinta el cerebro para apreciar el humor. La explicación aparece muy clara en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Hay cosas que perciben en común, como puede ser un chiste dibujado, en este caso activan las mismas zonas. Tampoco existen diferencias entre lo que encuentran divertido y lo que no. Pero hay algo diferente: su respuesta externa. Las mujeres son mucho más receptivas a la emoción mientras que a los hombres les influye poco, les basta con el conocimiento. Esa diferencia es la misma que se percibe cuando uno les pregunta: ¿por donde se va a al supermercado X? La mujer suele contestar: “Vete calle abajo, hasta el comercio que hace esquina, gira a la izquierda, y verás una casa con la fachada verde, allí está”. El hombre por el contrario lo hará “midiendo en metros o en kilómetros la distancia, orientando hacia el este o el oeste, hasta llegar por fin al sitio elegido”. ¿Hay diferencia? Si.

Las mujeres suelen usar para casi todo los dos hemisferios del cerebro, mientras que los hombres usan casi siempre uno: el izquierdo para el lenguaje y el derecho para la habilidad visual. Por eso en el libro de Gray se dice que el hombre para llegar a Venus necesita planos espaciales en tanto que la mujer con simples detalles emocionales podrá ir y volver sin más. Un poco exagerado pero también realista sobre la distinta manera de percibir, algo que siempre ha despertado gran interés. A veces puede ser una fuente de conflictos, pero no debemos olvidar que “la igualdad debe ser compatible con la diferencia”. Es muy frecuente oír: “Los hombres primero piensan y luego hablan, y las mujeres primero hablan y luego piensan”. Parece excesivo.

En la  novela de Gray se incide mucho en somos distintos por ser de planetas distintos. Los hombres de Marte no saben dar pero quieren hacerlo; las mujeres de Venus no hacen otra cosa que dar y quieren recibir. Cuando los hombres ven a las venusianas se preparan para dar, y se dan cuenta, tienen bien claro, que son diferentes, pero una vez que llegan…. Gray plantea la metáfora de los marcianos y las venusianas, como se conocieron, se enamoraron, y fueron felices porque se respetaron y aceptaron sus diferencias. Luego, cuando vinieron a La Tierra, les entró la amnesia y surgieron los conflictos. Un libro interesante que explica en clave de humor las formas de ver el mundo de hombres y mujeres.

Otra diferencia, por ejemplo, es su forma de percibir la belleza. En otro artículo publicado en la citada revista Proceedings of the National Academy of Sciences se afirma que para decidir si algo es bello hombres y mujeres no activan las mismas regiones cerebrales. Un grupo de investigadores españoles fue quien realizó el primer estudio sobre la reacción del cerebro ante una imagen hermosa. Analizaron a 10 hombres y 10 mujeres de unos 25 años mientras contemplaban varios cuadros y fotografías. Tenían que decidir cual les parecía bello y cual no. Durante las pruebas, constataron que los hombres solo activaban el lado derecho, mientras que en la mujer se repartían por igual las dos mitades. Esto, que ya se sabía, se acabó de confirmar de forma científica. En lo que no hubo diferencia fue en su respuesta, muy rápida, para decidir si una imagen les gustaba o no. Tardaron en reaccionar entre 300 y 900 milisegundos, un retraso muy breve. Se observó también que, por su tendencia a verbalizar las situaciones, la estrategia mental de la mujer estaba más centrada en el hemisferio izquierdo, mientras que el hombre recurría una vez más a los espacios.

“Paisaje de Capri”, de Francisco Pradilla, cuadro utilizado en el estudio sobre la belleza

Muchos han sido los estudios que han intentado buscar las diferencias; se han encontrado muchas, pero no todas han podido ser objetivadas. Se trata de un puzzle con muchas piezas aún por encajar, el debate sigue muy lejos de cerrarse. En un trabajo publicado no hace mucho por Hannah Hoag en la revista New Scientist, se abría algo de luz sobre un tema que es algo más que una “guerra de sexos”. No es un secreto que los hombres y las mujeres pensamos de manera muy distinta, pero hasta ahora creía que se debía a factores hormonales o a presiones sociales que obligaban a mantener un rol determinado. Ahora ya se sugiere, y en bastantes casos está confirmado, que no tienen las mismas estructuras genéticas. Por ejemplo:

– La zona que controla la respuesta emocional, la zona límbica, es mucho más grande en el cerebro de las mujeres.

– Aunque no se conoce la razón, si es un hecho qué las mujeres son más propensas a los trastornos mentales que los hombres.También que algunos fármacos funcionan bien en los hombres y apenas tienen efecto en las mujeres. Se sabe que la diferencia está en el hipotálamo, la glándula que controla la mayoría de nuestras órdenes, entre otras, nuestro deseo sexual.

– Las mujeres son diagnosticadas con depresión dos veces más que los hombres.Se cree que puede estar relacionado con los niveles de la serotonina, substancia química que influye sobre el estado de ánimo.

-Aparte del hipotálamo, se creía que el resto del cerebro es igual entre hombres y mujeres. Hoy son muchos los que no piensan así. La corteza parietal, que procesa las señales como la percepción del espacio, se cree que es más grande en el cerebro de los hombres.

– Los hombres y las mujeres controlan el dolor de forma diferente. Aún no se sabe por qué el dolor crónico les afecta más a ellas.

Según el informe de New Scientist, estos estudios aún están en sus primeras etapas; las muestras elegidas eran poco equilibradas: había muchas menos mujeres, porque éstas no querían, que hombres. Hannah Hoag señala que los fundamentos aún son débiles.

Como dice el libro de John Gray: “Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus”, y al parecer las diferencias comienzan en el cerebro. Aunque sea un poco pronto empieza a no ser arriesgado hablar del “sexo del cerebro”. Además, sabemos que “igualdad, un concepto ético, es compatible con diversidad o diferencia”.


Viento Sur, viento loco, la salud y el efecto Foehn

septiembre 6, 2011

Los que vivimos cerca de la cordillera Cantábrica sabemos muy bien que el viento Sur es fuente de antiguas leyendas. Por algo se le conoce como el “viento loco”, el “viento de las brujas” y algún otro apelativo similar.

Quien no ha justificado a un amigo, jefe o compañero, incluso a si mismo, cuando en un día de viento Sur se desmadra su comportamiento y reacciona de manera imprevisible hasta el punto de decir: ¡¡Hay que perdonarle porque hoy está con viento Sur¡¡. Atenuantes que muchas veces no resisten un “pase” pero que obligan a mirar para otro lado si no se quiere entrar en una trifulca. Un intento de abandonar la “pelea” y echarle la culpa al viento, a veces hasta cuando no “sopla”. Todo forma parte de las “suradas” o “locuras” de un momento.

Hay un hecho cierto: el viento puede alterar el estado físico y psíquico de las personas. Antes de explicarlo veamos primero en que consiste el llamado efecto Foehn, una forma de entender su naturaleza.

Sabido es que el aire siempre lleva vapor de agua en una cantidad que varía según el lugar; por ejemplo, en un desierto habrá muy poco mientras que en una zona costera habrá mucho. El fenómeno Foehn se produce cuando una masa de aire cálido y húmedo se encuentra con la ladera de una montaña se ve obligada a subirla para salvar el obstáculo. Como la temperatura disminuye con la altura, el vapor que contiene al enfriarse a medida que asciende se transforma en nubes que pueden precipitar en forma de lluvia. Es entonces cuando el viento, ya en la cima, casi sin vapor de agua, se convierte en un viento seco, e inicia el descenso por la otra ladera provocando el fenómeno inverso. Debido al gran contraste climático, las nubes comienzan a deshacerse, el tiempo se despeja, el aire se calienta, la humedad es escasa y la temperatura va aumentando. En esto consiste el efecto o viento Foehn (nombre alemán tomado de un característico viento del norte de los Alpes), un viento seco, muy caliente, sin vapor de agua, que se mueve a velocidades muy altas y de forma brusca.

La mayoría de las veces no toda la humedad que se origina en la ladera de entrada se convierte en nubes y lluvia, sino que parte de esas nubes pasan al otro lado, se “desparraman”, y al llegar a cierta altura, cuando se supera la temperatura de rocío, terminan por desaparecer. Un observador en la distancia puede ver entonces un conjunto de nubes “estabilizadas” bordeando la cima que conforman lo que se conoce como el “efecto barrera”. En el caso de Cantabria, el efecto Foehn, bastante frecuente, ocurre con el viento Sur. La masa de aire húmedo y templado procedente del Océano Atlántico choca con su cordillera y comienza a escalar alturas de más de 2.000 m. antes de iniciar el descenso hacia la costa.

Efecto barrera en un día de viento Sur en la Sierra del Escudo de Cabuérniga (Cantabria)

Desde la antigüedad se sabe que determinados fenómenos atmosféricos afectan a la salud; en particular el viento, y de forma muy especial el efecto Foehn, uno de los fenómenos meteorológicos más interesantes de estudio por su relación con las patologías mentales. Ya en el siglo VI a.C., Hipócrates decía que “el viento Austro (Sur) entorpece los oídos, oscurece la vista, carga la cabeza y deja el cuerpo lánguido y perezoso”. Hoy en día, la mayoría de los científicos piensan que los cambios bruscos de temperatura, humedad y presión atmosférica le afectan en mayor o menor medida a una gran parte de la población. A partir de 1975 es cuando la OMS (Organización Mundial de la Salud) comienza a estudiar el efecto de estos vientos en las personas.

El científico canadiense Fred Soyka, en su trabajo de investigación “El efecto de los iones o como la electricidad del aire rige la vida y la salud”, publicado en 1977, afirma que la gran cantidad de iones positivos del “viento loco” genera en una primera fase euforia, ansiedad e hiperactividad, para a las pocas horas terminar en insomnio, agotamiento, dolores de cabeza, incluso depresión, favoreciendo la aparición de actitudes violentas y agresivas.

Se dice que el viento Sur saca “locos” a la calle, la gente se trastorna un poco, y muestra a menudo su parte violenta. Los nervios están “a flor de piel” y se “salta” al instante, a veces con más vehemencia y “mala leche” que de costumbre. Se discute, se rompen amistades, hasta el tranquilo se pone nervioso y el supuesto “moderado” acaba perdiendo los “papeles”.

Estas situaciones son más frecuentes en otoño e invierno cuando se suelen registrar temperaturas anormalmente altas llegando a alcanzar hasta 30 °C en cuestión de horas. El llamado “viento loco” o “viento de las brujas” aparece en todo el mundo: es el Sirocco, en Italia, Mistral, en Francia, Puelche, en Chile, Sharav, en Arabia e Israel, Santa Ana en California, Foenh en Alemania, Chinook, en Canadá, “Viento Norte” o Zonda, en Argentina.

Existen multitud de anécdotas y situaciones curiosas acerca del viento Sur y sus consecuencias, unas de tiempos pasados y otras más actuales, unas ciertas y otras leyendas urbanas. Por citar algunas, recordar como en la Biblia se justifica el vil comportamiento del rey Salomón por el azote del “Hamsin”, que en árabe significa “viento venenoso”, un viento bochornoso cargado de arena; o en Suiza donde existen delitos que se ven atenuados si se producen durante el efecto Foehn; y algo más estrambótico, seguro que leyenda urbana, cuando hace tiempo se solía achacar que el Athletic de Bilbao siempre que jugaba en San Mamés con viento sur perdía o lo hacía muy mal. Luego hubo una época en que siguió pasando lo mismo y poco importaba el viento que hacía.

Entre las anécdotas más conocidas figura aquella en la que el viento Sur, a veces impredecible, servía también como excusa para desviar la atención de cosas más importantes. Son muy conocidas las “peroratas” de Miguel Ángel Revilla, expresidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria, ahora en la oposición, personaje popular y poco proclive a las tareas de gobierno, en las que arremetía contra los meteorólogos y sus predicciones. Cada vez que se acercaba un largo “puente” de vacaciones tenía la costumbre de proclamar a los cuatro vientos, nunca mejor dicho, las bondades del viento Sur, explicando de forma muy simplista, muy normal en su caso, que cuando se acerca una borrasca o frente del Sur las probabilidades de lluvia en la costa de Cantabria son mínimas a pesar de lo que digan los “expertos”. En este caso solía llevar razón y todo por el efecto Foehn.

El viento Sur es también conocido como el “viento pirómano” por su capacidad para propagar incendios. En 1941 fue el causante del mayor incendio habido en la ciudad de Santander que quedó en gran parte arrasada. Asimismo, está en el origen de grandes riadas e inundaciones por su facilidad para derretir la nieve; de ahí su nombre de “comedor de nieve”, que hace que la lluvia a su lado parezca un efecto minúsculo. A pesar de todo, el viento Sur ha sido desde siempre objeto de homenajes como el ofrecido por el poeta Gerardo Diego, nacido en Santander, quien en un poema homónimo, en el que pasa por alto sus connotaciones maléficas, dice:

No existe el aire ya. Las lejanías
están aquí al alcance de la mano.
Evidente es el mundo y tan cercana.
He aquí la densidad que apetecías.
La luz se cierne en mineralogías
tan de ardiente osatura y primer plano,
que me brota este grito sobrehumano:
Gloria al bramar de las montañas mías.
Es el viento que encrespa sus bisontes,
que en bravo alarde de torsión y ultraje
lomos restalla de olas y de montes.
El viento que me empapa de paisaje.
Sur, viento sur, enrólame en tu viaje
y ráptame en tus brazos de horizontes.

Es una pena que la sabiduría popular transmitida de boca en boca a lo largo de siglos se vaya perdiendo, y con ella nuestro conocimiento práctico de la meteorología. ¿Quién conoce hoy algo de vientos y su dirección sin mirar a la veleta? Muy pocos. Vivimos bajo una continua predicción del tiempo que va a hacer pero el conocimiento práctico de la atmósfera se está perdiendo. Cada vez son menos los que distinguen el nombre del viento que sopla y aún menos los que pueden confirmar la famosa frase: ¡¡mañana va a hacer un día espléndido porque …. lo ha dicho el pastor¡¡

Por fortuna, no a todo el mundo le afecta el viento Sur, ni tampoco en la misma medida a los que sí tienen problemas. Si viene la “surada”, por favor, que el posible involucrado cierre las ventanas, que eso si que nos afecta a todos.


Como descansar en vacaciones

agosto 2, 2011

Hace unos meses, durante las vacaciones de Navidad, publicamos un artículo sobre “El mal llamado síndrome postvacacional”. Ahora, iniciado el mes de agosto, ha llegado el momento de abordar otro tema candente: “Como descansar en vacaciones”.

Al contrario que hace años, las empresas ya no cierran por completo en el mes de agosto; se han tenido que poner las pilas si quieren subsistir, y programan las vacaciones de sus empleados a lo largo de todo el año. Sin embargo, los meses de verano siguen siendo los meses de vacaciones por excelencia.

Llega el verano y con él el deseado descanso. Unos a la playa, otros al campo, y muchos se quedarán en su propio pueblo o ciudad: ¡¡estamos en época de crisis¡¡, pero todos con un deseo: ¡¡descansar¡¡, algo que no siempre es tan sencillo, ni tan fácil. Y si no basta recordar como a nuestro regreso a veces se nos escapa la frase: ¡¡ahora lo que necesito es descansar de tanto descanso¡¡, señal de que no hemos sabido disfrutar por completo, aunque pueda parecer lo contrario.

Para comenzar con buen pie las vacaciones es muy importante tener claro lo que vamos a hacer, un pequeño programa es suficiente. Todos los entendidos, que en ocasiones no lo son tanto, recomiendan disponer, siempre que se pueda, de al menos tres semanas libres; dos para dedicarnos a hacer cosas fuera de la rutina diaria, y una tercera, que casi nunca cumplimos, para realizar aquello que por problemas de tiempo no solemos hacer el resto del año.

En la primera semana, adaptarnos a la nueva situación, olvidarse del trabajo y sus problemas, es la prioridad. Es durante la segunda semana cuando comienza de verdad el descanso de mente y cuerpo, nos encontramos relajados, las zozobras de los primeros días han pasado, y el mundo de las preocupaciones laborales disminuye hasta casi desaparecer. Y ya en la tercera, y última, si bien el relax es la tónica dominante, lo normal es que se inicie la cuenta atrás y la atención se desvíe en ocasiones hacia lo que nos espera a la vuelta.

En vacaciones las cosas se deben hacer sin prisas, ni fechas, de forma pausada y sin reglas, cosas distintas a las habituales: escuchar música, pasear, ir al cine, un buen libro, estar con los amigos, … y en general todo aquello que suponga un buen descanso sin estrés. Estar con la familia y programar actividades conjuntas es una buena idea para estas ocasiones. Actividades estimulantes, nunca excesivas, éstas suelen agotar, actividades que “ocupen”, que relajen pero no tensionen, son lo mejor para lograr un buen descanso.

Un error muy común es identificar las vacaciones con “no hacer nada”. Es la manera de que el aburrimiento, que es lo que más cansa, sea nuestra mejor compañía. El tiempo libre debe contemplar al menos: el descanso físico, el descanso psíquico y la contemplación festiva, pero nunca estar relacionado con “no hacer nada”. Tenemos que “estar ocupados” en tareas que nos conduzcan al llamado “descanso activo”. Desconectar del trabajo a veces no se nos da demasiado bien pero es necesario intentarlo. Cada uno debe encontrar su ritmo, crear expectativas realistas. Las vacaciones no obran milagros ni son la solución a todos nuestros problemas.

Cada vez es normal, a tenor del mito que se ha formado, encontrarse con personas que regresan de las vacaciones con la sensación de estar más cansadas que al comienzo y para las que el regreso a la actividad laboral supone un martirio. Son las “atacadas”, dicen, por el famoso estrés o “síndrome postvacacional”, algo muy discutible pero que no se debe ignorar y en todo caso prevenir si fuese necesario. ¡¡El mundo de las emociones y de las sensaciones nunca se debe infravalorar¡¡

En contra de lo que muchas piensan o desean, no existe la desconexión total en vacaciones. La mecánica establecida en nuestro vivir diario no puede desaparecer de pronto; solo si la reemplazamos con cosas novedosas y atractivas es posible llegar a aparcarlas.

Las vacaciones no se deben plantear con “expectativas y exigencias altas que puedan dar paso a la decepción de no poder cumplirlas”. A veces se idealizan de tal manera que hacer demasiadas cosas, tener la intención de pasar momentos perfectos, suele llevar a la frustración. Las vacaciones no sólo son necesarias para la mente y el cuerpo, son también una ocasión estimulante para disfrutar de la familia y de las cosas simples de la vida.

¡¡Es muy importante saber desconectar, disfrutar y descansar en nuestras vacaciones¡¡