“La promesa”. Harlan Coben

marzo 23, 2017

la-promesa-01No había leído nada de Harlan Coben, considerado uno de los grandes escritores de novela negra. Ha sido toda una sorpresa. En “La promesa”, entretenida novela que va elevando su interés de forma ágil a medida que transcurre su lectura, construye los diálogos de manera tan fácil que solo necesita de frases cortas para adentrarse por sus distintos vericuetos. Incluso llega a desconcertar. Cuando parece que el ‘nudo’ está a punto de resolverse un nuevo giro lo cambia de dirección. Aunque no es su mejor obra, deja su sello más personal con sus giros trepidantes.

Sinopsis
Han pasado seis años desde que el agente Myron Bolitar hizo de superhéroe. En seis años no ha dado ni un puñetazo. No ha tenido en la mano, y mucho menos disparado, una pistola. No ha llamado a su amigo Win, el hombre más temible que conoce, para que le ayude o para que le saque de algún lío. Todo eso está a punto de cambiar… debido a una promesa.

El año académico está llegando al final. Las familias esperan con ansia noticias de las universidades. En esos últimos momentos de tensión del instituto, algunos chicos cometen el muy común y muy peligroso error de beber y conducir. Pero Myron está decidido a ayudar a los hijos de sus amigos a mantenerse a salvo, y hace que dos chicas del vecindario le hagan una promesa: si alguna vez están en un apuro pero temen llamar a sus padres, le llamarán a él.

Unas noches después, recibe una llamada a las dos de la madrugada, y fiel a su palabra, Myron recoge a una de las chicas en el centro de Manhattan y la lleva a una apacible calle sin salida de Nueva Jersey donde ella dice que vive su amiga. Al día siguiente, los padres de la chica descubren que su hija ha desaparecido. Y que Myron fue la última persona que la vio.

Desesperado por cumplir una promesa bien intencionada convertida en pesadilla, Myron se esfuerza por localizar a la chica antes de que desaparezca para siempre. Pero su pasado no es tan fácil de enterrar, porque los problemas siempre le han perseguido. Ahora Myron debe decidir de una vez por todas quien es y a que va a enfrentarse si quiere conservar la esperanza de salvar la vida de una jovencita.

harlan-coben-01Harlan Coben (Nueva Jersey, 1962) es un autor estadounidense de novelas de misterio y suspense. Dos de sus series de libros suceden alrededor de Nueva York y Nueva Jersey. Fue en el último año de universidad cuando se dio cuenta que quería ser escritor. Tras unos primeros pasos donde llegó a publicar tres novelas, se decide por un cambio de rumbo comenzando por una serie con su personaje Myron Bolitar como protagonista principal, un exjugador de baloncesto y agente deportivo convertido accidentalmente en detective que se ve envuelto a menudo en la investigación de los asesinatos. “La promesa” (2006) es una de ellas.

Ganador de reconocidos premios, en el año 2010 recibe el Premio Internacional de Novela Negra de RBA, el mejor dotado de la categoría (125.000 euros), por su novela ‘Alta tensión’ (‘Live Wire’) protagonizada también por Bolitar. En una entrevista concedida al diario El País señalaba Coben que sus novelas siempre surgen de hechos cotidianos, y en concreto hacía referencia a la trama de ‘Alta tensión’ diciendo que se le ocurrió al día siguiente de ver que unos amigos habían publicado en Facebook una foto de la ecografía de su futuro bebé: “Me pareció extraño y fascinante. Me pregunté: ¿qué pasaría si alguien escribiera debajo de la ecografía que el niño no es suyo?, ¿qué grado de sinceridad puedes tener con tu mujer?” Ha sido el primer autor en conseguir los tres galardones más prestigiosos de novela negra: Edgar, Shamus y Anthony.

“La promesa” es una obra que en principio le cuesta enganchar. Sin embargo, tras varios capítulos de puesta en situación, y una vez centrada la historia, no hay manera de parar. Novela con buenos diálogos, de trama ágil, nunca decae. Entretenida.


La edad y el tiempo según Galileo y Saramago, una interesante reflexión

marzo 13, 2017

La edad y el tiempo, dos conceptos en cierto modo complementarios, a veces pueden parecer contrapuestos. Una extraña paradoja. Decimos esto porque hay quien defiende, la mayoría, que: “La edad se puede medir o definir como el tiempo ya vivido”, mientras que otros, los menos, piensan que: “La edad debe ajustarse al tiempo que nos queda por vivir”.

sin-titulo-1Entre los partidarios de medir la edad “según el tiempo que queda de vida y no por el tiempo vivido” dicen que se encuentra Galileo Galilei (1564-1642), célebre astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano. O al menos así lo cuenta Daniel Martínez (argentino, conductor del programa de radio ‘Buenas Compañías’) en su audio-libro “Entre tú (vos) y yo” donde dice:

En cierta ocasión alguien preguntó a Galileo Galilei: ¿Cuántos años tiene el señor?, 8 a 10 respondió Galileo en evidente contradicción con su barba blanca. Todos se miraron como asombrados por la edad que había dicho que tenía, pero él al darse cuenta les explicó:
“Tengo en efecto queridos amigos los años que me quedan de vida, los vividos ya no los tengo como no se tiene las monedas que se han gastado”.

Una respuesta de Galileo a la que Daniel Martínez acompaña con una reflexión:
“Es asombrosa esta respuesta de Galileo. En realidad yo quería preguntarte a ti: ¿Cuántos años tienes? Pero que me respondas como Galileo, no los que has vivido, porque esos los has gastado como el dinero que pasó por tu bolsillo.
¿Cuántos años tienes? ¿Cuántos crees que tienes por vivir? ¿Cuánto de tu vida activa? ¿Cuánto de tu vida pasiva? ¿Cuánto de tu sexo pleno? ¿Cuántos te quedan?
Y entonces…, ahora que en tu mente estás como esbozando una respuesta te digo… ¿Qué es lo que haces con ellos? ¿Qué haces con los días, los minutos y las horas que son los únicos e irrepetibles que te quedan en cada momento? ¿Cómo los gastas? ¿Cómo los utilizas? Vanamente los hombres a veces creen que el tiempo pasa… sin darse cuenta que los que pasan… son ellos.
Aprovecha el hoy… deja el ayer… no esperes el mañana que quizás nunca llegue, se realista, elegí el aquí y ahora y de ahí toma lo mejor para vos, y para los demás también, no lastimes ni te lastimes, no pierdas tu vida…”.

Hay estudios que sugieren que factores como la salud y la capacidad del individuo se deben tener en cuenta para determinar si una persona se tiene que considerar o no ‘vieja’ recomendando evaluar la edad, y por tanto el tiempo que queda de vida, en esa línea en contraposición a lo considerado ‘normal’ en la sociedad actual que lo establece al cumplir 65 años, finalizada la etapa laboral de la persona y su paso a la situación de jubilación. Son ya muchos los investigadores que afirman que la vejez en realidad es un estado de ánimo y que, felizmente, el aumento en la esperanza de vida gracias a los adelantos de la medicina y que las personas siguen modos más saludables son un proceso que las hace más capaces y en muchos casos más ‘jóvenes’ en diferentes aspectos. sin-titulo-2Algunos organismos internacionales se están empezando a plantear nuevas formas de medir el envejecimiento, en especial para realizar extrapolaciones de población más allá del año 2050.

A este respecto, José Saramago (1922-2010), escritor y poeta portugués, premio Nobel de Literatura 1998, en un espléndido poema nos habla de sus sentimientos sobre la edad y el tiempo. Dice así:

¿Qué cuántos años tengo?/ ¡Qué importa eso!/ ¡Tengo la edad que quiero y siento!/ La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo,/ sin miedo al fracaso o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos/ y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!/ ¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo/ otros “que estoy en el apogeo”.
Pero no es la edad que tengo,/ ni lo que la gente dice,/ sino lo que mi corazón siente/ y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios/ para gritar lo que pienso,/ para hacer lo que quiero,/ para reconocer yerros viejos,/ rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir:/ ¡Estás muy joven, no lo lograrás…/ ¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!…
Tengo la edad en que las cosas/ se miran con más calma,/ pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños,/ se empiezan a acariciar con los dedos,/ las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor,/ a veces es una loca llamarada,/ ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada/ y otras… es un remanso de paz,/ como el atardecer en la playa…
¿Qué cuántos años tengo?/ No necesito marcarlos con un número,/ pues mis anhelos alcanzados,/ mis triunfos obtenidos,/ las lágrimas que por el camino derramé/ al ver mis ilusiones truncadas…
¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta,/ sesenta o más! Pues lo que importa:/ ¡es la edad que siento! Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.

Este pensamiento de Saramago nos invita en cierta manera a preparar esa etapa de la vida de la que hasta no hace mucho se decía… ‘envejecer’. Una lección de ilusión para llegado el momento. Toda una oportunidad para valorar otros aspectos que ofrece la vida: nuevas costumbres, personas, sociedad,… Algo muy importante para no entrar en lo que Azorín definió como… “La vejez es la pérdida de la curiosidad”.

edad-04Las medidas tradicionales sobre la edad clasifican a la gente simplemente como ‘vieja’ a una edad determinada. A menudo al cumplir los 65 años. Sin embargo, Sergei Scherbov, reconocido especialista en análisis demográfico y proyección de la población, líder del World Population Program (POP) (Programa Mundial de la Población) en IIASA (Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados), afirma que: “Lo que consideramos viejo ha cambiado con el tiempo, y tendrá que seguir cambiando en el futuro a medida que la gente viva vidas más largas y saludables. Alguien que tiene 60 años hoy, yo diría que es de mediana edad. Hace 200 años, un hombre de 60 años de edad sería una persona muy vieja”. Asimismo, Warren Sanderson, profesor de Economía e Historia de la Universidad Stony Brook, colaborador también del programa POP en IIASA, mantiene que: “El comienzo de la vejez es importante porque se utiliza a menudo como un indicador del aumento de la discapacidad y la dependencia, y la disminución de la tasa de actividad. Ajustando lo que consideramos que es el comienzo de la vejez cuando estudiamos diferentes países y períodos de tiempo es crucial tanto para la comprensión científica del envejecimiento de la población como para la formulación de políticas coherentes con nuestra situación demográfica”. El propio Scherbov, en una nota de prensa de IIASA, dijo: “Cuanto más rápido es el aumento de la esperanza de vida menor es el envejecimiento que está sucediendo en la realidad”. Algo que investigaciones anteriores ya habían demostrado al incidir en que la definición tradicional pone a muchas personas en la categoría de ‘viejas’ en una determinada edad cuando en realidad tienen las características de personas mucho más jóvenes.

Como alguien dijo acerca de la edad y el tiempo según lo expresado por Galileo Galilei:
“Crecemos en sabiduría si valoramos el tiempo como Galileo. Decimos con asombro: ¡Cómo pasa el tiempo! Pero en realidad somos nosotros los que pasamos. El astrónomo italiano sabía que acá estamos de paso. Somos peregrinos y es bueno pensar en la meta que nos espera. La certeza de que nuestro caminar terreno tiene un final, es el mejor recurso para valorar más cada minuto. Así podemos aprovechar lo único que tenemos: ¡El presente!

¿Cuántos años tienes? y ¿Qué vas a hacer con ellos?
Disfruta cada día como si fuera el último. El ayer ya se fue y el mañana no ha llegado. Aprovecha el hoy.


El truelo y una extraña paradoja

marzo 3, 2017

Estamos familiarizados con la palabra ‘duelo’ para aludir a un reto o combate dialéctico o de otro tipo entre dos equipos o personas, pero no así con ‘truelo’ cuando nos referimos al enfrentamiento entre tres partes. Pues bien, este es el caso a continuación planteado:

sin-titulo-1“Supongamos un truelo entre tres contendientes (A, B, C), en el que ganar significa eliminar a las otras dos, situadas en los vértices de un triángulo equilátero como muestra la figura.

Se sabe que cada vez que tira A acierta el 33 % de las veces (una de cada tres), B lo hace el 66 % (dos de cada 3), y la puntería de C es infalible (acierta siempre).

Las condiciones del truelo consisten en que cada uno tire una vez empezando por A (es la ventaja que han acordado al ser el peor tirador), luego lo hará B (por ser el segundo peor) y finalmente C. Este orden se mantendrá siempre, es decir: primero A, luego B y después C.

¿Cuál sería la mejor estrategia para A como primer tirador? ¿Disparar primero a B? ¿Hacerlo con C? ¿Otra alternativa?”

Se trata de un problema que encierra una extraña paradoja y una cierta contradicción con lo que en principio se pudiera pensar. Ejemplos de truelos conocidos los tenemos en el cine, como en la película de “El bueno, el feo y el malo” donde los tres protagonistas: el ‘bueno’, un cazarrecompensas y un asesino a sueldo se disputan un botín de 100000 dólares que se encuentra enterrado en la tumba de un cementerio. También se dan cita en la vida real como la confrontación entre serbios, croatas y bosnios en la guerra de la antigua Yugoslavia.

Ver solución en “El cuadrado, el triángulo, su área y las apariencias”.

=========================================================================================

A continuación mostramos la solución al problema planteado en el post: “La rutina y la velocidad y las consecuencias de un cambio”

En primer lugar con los datos disponibles se puede afirmar que el marido y la mujer (que sale de su casa siempre a la misma hora) llegan a casa 10 minutos antes de lo habitual. Por tanto la mujer necesitó conducir 10 minutos menos que en un día normal. Es decir, 5 minutos menos en el viaje de ida y otros 5 en el de vuelta.

reloj-02Por otro lado, si la mujer recoge siempre a su marido a las 5 de la tarde y en esta ocasión lo hace 5 minutos antes, quiere decir que se encuentran a las 4 h. 55 minutos. Si además tenemos en cuenta que el marido comienza a caminar a las 4 de la tarde (su tren ha llegado 1 hora antes de lo previsto) podemos concluir diciendo:

“El marido ha estado caminando durante 55 minutos” (desde la 4h. a las 4 h. 55’)

Como se puede ver se trata de un problema sencillo… cuando se conoce la solución, que puede parecer complicado por la aparente falta de datos. En estos casos se hace necesario acostumbrar a nuestra mente a practicar el ‘pensamiento lateral’ del que ya hemos hablado otras veces.


La cultura de bar y la transversalidad

febrero 20, 2017

El concepto transversal o transversalidad es un calificativo que designa a todo aquello que atraviese, que corte algo por alguna de sus secciones o campos. Una idea que procede de las ciencias exactas. Por ejemplo, en la geometría cuando hablamos de una línea o de un elemento geométrico que se cruza con otro y lo divide en varias partes. La idea de transversalidad sin-titulo-1se ha extendido de tal manera que en la vida real se utiliza para casi todo. Ha pasado a ser aplicada en los más diversos órdenes: desde el científico donde proviene hasta lo más práctico de nuestro ámbito cotidiano.

Uno de los problemas con este tipo de conceptos, si se convierten en ‘universales’, es cuando llegan al campo de la política. Sobre todo si se transforman en corrientes ideológicas que solo buscan fines electorales. Palabras o frases que algunos partidos convierten en su ‘maná’, que suenan muy bien, pero que en muchas ocasiones están vacías de contenido. Son proyectos que trascienden la división entre derecha e izquierda apostando por una nueva ideología que intenta no vincularse con ideas preconcebidas. Movimientos que en su plataforma reivindicativa incorporan tendencias de ambos lados del espectro político tradicional y que dicen defender lo que es más beneficioso para la sociedad sin importar el origen ideológico de sus propuestas.

En la política actual está de moda decir… “¡nosotros somos transversales!” En especial por aquellos partidos que se autodenominan ‘nuevos’ y que, últimamente, conseguidos parte de sus objetivos cada vez se parecen más… a los ‘clásicos’. Casi todos los expertos coinciden arriba-y-abajo-01en que la transversalidad la mayoría de las veces es beneficiosa,… excepto cuando se transforma en ideología. Bastantes ‘politólogos’ la están criticando con dureza al darse cuenta que, transcurrido un tiempo y sus propias contradicciones, en ocasiones solo se trata de una estrategia para atrapar votos a costa de difuminar su verdadero posicionamiento ideológico. Para ello suelen ampararse en el atractivo slogan: “¡De esa manera se toman las propuestas más beneficiosas para la sociedad y los ciudadanos de uno y otro lado del espectro ‘clásico’!” El problema se presenta cuando al enfrentarse con la dura realidad no las pueden llevar a la práctica.

Sin embargo hay que decir que, bajo un punto de vista neutral, la transversalidad tiene amplia aceptación cuando se reivindican aspectos concretos sin que las medidas necesarias para llevarlos a la práctica tengan por qué atribuirse a nadie en particular. Como por ejemplo el ecologismo. Y aún así, todavía existen partidos políticos que, en base a su populismo y a costa de ganar votos, lo siguen incluyendo como uno de los ejes de su programa. Esta estrategia puede resultar útil electoralmente a corto plazo, pero parece complicado recurrir a ella de continuo porque al final el tiempo siempre pone a cada uno en su sitio. Está demostrado.

Por fortuna, todavía quedan ámbitos de nuestra vida cotidiana en los que se da la transversalidad sin ningún tipo de ‘interferencia’. Uno sin duda es la ‘cultura de bar’, referencia por antonomasia en la sociedad de nuestro país. ¡El bar es el lugar de encuentro que mejor representa la transversalidad! Allí se puede hablar de todo y con todos sin necesidad de sacar a relucir diferencias insalvables. Un sitio de contraste de opiniones en pro de la diversidad que tanto bien hace a la amistad y también a la cultura.

sidreria-marcelino-01Sidrería Marcelino en Oviedo.

Los bares representan un punto de encuentro para personas de toda clase y condición, un espacio para quedar, desconectar, comer o beber, leer la prensa, ver la televisión, jugar a las cartas,… hasta para conectarse a Internet. Los hay por todas partes y tendencias. No es un tópico. España es uno de los países con más bares por habitante donde persiste un enorme aprecio por su cultura. Hay quien dice, con mucha razón, que los españoles son muy sociables. Expertos en sociología afirman que la densidad de bares es uno de sus indicativos. Manuel Delgado, doctor en Antropología y licenciado en Historia del Arte, con trabajos reconocidos sobre la construcción de identidades colectivas en contextos urbanos, señala: “Cuantos más bares, más vida social; cuanto más vida social, más bares”. Es de los que reivindica la vida urbana, la calle, como objeto de investigación científica. Piensa que el espacio público es un lugar de encuentro. Sitios en que uno se topa con gente desconocida, donde puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento. Opina que: “La calle funciona como un sistema social, que nos da claves fundamentales para entender el funcionamiento global”. Un especialista en temas urbanos como él cree que los lugares donde no hay bares son lo más parecido a “determinados complejos en los que la gente suele salir poco y la actividad se limita a espacios cerrados al exterior” con todo lo que conlleva de carencia de vida social.

Solo o acompañado, la ‘vida’ en los bares adquiere formas de todos los colores. Desde pasar un rato para tomarse un café, a quedar con los amigos o conocidos para hablar de lo que se tercie. La tertulia de bar es un buen ejemplo de transversalidad. Suele ser espontánea y diaria para regocijo de todos los presentes. Y aunque se procuran evitar, los temas ideológicos ni se eluden ni suelen pasar a mayores. Con gentes de todo tipo, personas que llegan una detrás de otra o a veces en oleadas, cada una con su tema, ¡el bar representa muy bien la transversalidad real! De estratos sociales muy diferentes, si se pone un poco de atención se pueden escuchar opiniones distintas que se suelen respetar, aunque en ocasiones sean objeto de acalorados debates. Muchas veces enconados. El bar es un lugar para ‘ponerse al día’, de darse cuenta de lo que le interesa a la gente.

bar-04Bar-Cafetería Romero (“El Romero”) en Lodosa.

Además de su función lúdica, muchos bares han estado vinculados al mundo cultural y creativo. Grandes figuras de la literatura encontraron inspiración en ellos. Como Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura, que pasaba sus horas en el Café Iruña de Pamplona. También fueron famosas sus tertulias como la del Café Pombo, cercano a la Puerta del Sol de Madrid, celebrada cada sábado por el conocido escritor Ramón Gómez de la Serna con sus famosas greguerías, textos breves de una frase en una sola línea que expresan de forma aguda y original pensamientos de todo tipo. O la del Café Gijón, en Recoletos, formada en sus inicios por escritores y artistas de la posguerra civil española. Se puede decir que las tertulias literarias marcaron la primera mitad del siglo XX en muchos bares de España.

Los bares se parecen mucho a los foros de opinión. Espacios de encuentro y convivencia abiertos a todo tipo de clientes. “La densidad de bares indica la sociabilidad de una ciudad” señala el antropólogo Manuel Delgado. Con una clientela fija que en muchos casos supera el 80 %, los camareros son casi como alguien más de la familia. Se les llama por su nombre. Igual que a un amigo. De ahí la confianza mutua.  A diferencia de otros países, en España los bares son el reflejo de un estilo de vida sobre todo familiar y social. Lugares donde uno se siente como en casa sin estarlo. Allí conocemos a otras gentes, nos reunimos con los amigos, con la familia, reímos nuestras anécdotas, nos divertimos,… Son también el punto de partida de cualquier noche de fiesta: “Quedamos en el bar…y luego ya veremos lo que hacemos”. “Salir de bares” es algo que nunca sabes ni como ni a qué hora puede terminar.   La cultura del bar en realidad no es más que el reflejo de una sociedad transversal.


Canciones con historia: “We shall overcome”. Joan Báez. Pete Seeger

febrero 10, 2017

“We shall overcome” (‘Venceremos’), canción errante entonada en los primeros años del siglo XIX sobre todo por el Sur de EEUU, conocida por muchos, de autor desconocido, cambiante en sus estrofas, pero constante en su melodía y su mensaje, su principal característica es que siempre ofrece una promesa de victoria. Su melodía parece que se remonta a la Europa del siglo XVIII y, al igual que otras, cruzó el océano Atlántico hasta acabar en las plantaciones sureñas para convertirse en el himno ‘I’ll be all right’. Así lo refleja Dorian Lynskey en su libro: ‘33 revoluciones por minuto’, una documentada historia sobre la canción ‘protesta’ de las últimas décadas. we-shall-overcome-01El resto de su evolución es bastante confuso. Tras pasar por diversas iglesias batistas y metodistas, son muchos los que ponen el foco en un himno cuyas estrofas fueron escritas por el predicador Charles Albert Tindley (1851-1953), pastor de la iglesia metodista de Filadelfia, prolífico compositor, quien a principios del siglo XX adaptó su contenido a la canción gospel para el coro de su congregación bajo el título de ‘I will overcome someday’, que al final quedó en ‘I will overcome’. Otra de las teorías sobre su origen fue la propuesta por Wesley Milgate (1916-1999), reconocida experta australiana en el estudio de himnos, que sostiene está basada en un espiritual negro derivado de “The sicilian mariner’s hymn to the Virgin” (‘Himno del marinero siciliano a la Virgen’) que los esclavos venidos a EEUU podrían haber escuchado a los marineros durante el viaje desde la lejana África hasta América.

En su posterior desarrollo no ocurre nada reseñable hasta 1945 en que los empleados de American Tobacco Company, Charleston, Carolina del Sur, principalmente las mujeres afroamericanas, se animan con cánticos de protesta durante una huelga. Es entonces cuando Lucille Simons, perteneciente a un coro batista, convierte la palabra inicial ‘I’ por la más plural ‘We’. Más tarde, en 1947, la propia Simons y otro huelguista, tras aceptar una invitación de la escuela de folk Hihglander, se la cantan a la directora del coro Zilphia Horton, pionera en la lucha por los derechos civiles, que al poco tiempo se la transmite a Pete Seeger. A éste le fascinó tanto la canción que dijo: “Es el genio de la simplicidad. Cualquier necio puede resultar complicado. Me gusta compararlo con el tablero del baloncesto. Tus experiencias vitales te vuelven de rebote y adquieren un nuevo sentido”, al tiempo que le añadía dos versos más: ‘We shall walk hand in hand’ (‘Caminaremos de la mano’) y ‘The whole wide World around’ (‘El ancho mundo alrededor’), y cambiaba la palabra ‘Will’ por ‘Shall’ por entender que era más fácil su entonación. De esa manera se convertiría en el nuevo formato de un himno (todavía no definitivo) que sería luego el referente principal de la canción ‘protesta’ por su significado: ‘We’ (el poder de la comunidad), ‘Shall’ (la promesa de un futuro mejor) y ‘Overcome’ (el desafío y la resistencia).


Joan Báez cantando “We shall overcome” en 1965 (BBC Television Theatre, Londres).

“We shall overcome”
sin-titulo-1


Pete Seeger interpretando “We shall overcome” durante una actuación en Berlin en 1967.

“We shall overcome” fue una canción que llegó a obsesionar a otros dos cantantes folk americanos, Frank Hamilton y Guy Carawan, que la había conocido en 1953 durante una visita a la Highlander Folk School. En 1959, con Carawan recién nombrado director de su programa musical sustituyendo a Zilphia Horton fallecida años antes, ambos le añaden nuevos versos que van adaptando según las circunstancias a los distintos actos de protesta organizados. Más tarde se la enseñan a los líderes de la lucha por los derechos civiles que la convierten en el himno del movimiento y es a partir de entonces cuando la canción crece en intensidad como referente comunitario, pasando a través de los diferentes estados, de grupos e individuos, hombres y mujeres, negros y blancos,… Estudios recientes también centran su origen en la canción gospel “If My Jesus Wills” (‘Si mi Jesús quiere’) de Louise Shropshire (1913-1993), de la que Pete Seeger dijo en 2012: “Es muy probable que Luisa Shropshire se la enseñase a Zilphia Horton. Creo que Louise debe ser añadida a la historia de ‘We shall overcome’, aunque nadie conoce con exactitud quien escribió la canción original”.

joan-baez-01-1963Joan Báez cantando “We shall overcome” (‘Venceremos’) ante la multitud reunida durante la Marcha por los Derechos Civiles en Washington el 29 de agosto de 1963.

Quizás Pete Seeger y Joan Báez hayan sido los que la hayan hecho más popular en el pasado reciente. El primero por su papel crucial en la adaptación como balada folk y Joan Báez por hacerla conocida a nivel mundial (de manera especial en España) en los inicios de la canción ‘protesta’ de los años 60. De Seeger ya hemos hecho una semblanza de su carrera musical y personal (de fuerte compromiso social) en nuestro post dedicado a “Where have all flowers gone”, una de las canciones antibelicistas más famosas de la historia. En cuanto a Joan Báez merece la pena señalar que fue la intérprete folk más destacada de los años 60 y una de las artistas más influyentes en la música popular. Compositora, cantante, de voz potente, muy aguda, también activista, es una de las mayores figuras de la canción ‘protesta’ surgida durante la Guerra de Vietnam. Su amplio repertorio se extiende hasta la música tradicional, el country y el pop rock. Nacida en Nueva York en 1941, con tan solo 18 años debuta delante de trece mil personas en el Newport Folk Festival invitada por el músico Bob Gibson cantando a dúo ‘Virgin Mary Had One Son’ y ‘We Are Crossing Jordan River’. En 1960 graba su primer álbum en solitario con el título de ‘Joan Báez’, un conjunto de baladas de folk tradicional, blues y canciones ‘protesta’, que aún se recuerdan hoy como una parte importante de sus éxitos. A partir de ahí su carrera se vuelve meteórica. Graba su segundo álbum en 1961, lo convierte en disco de oro, y entra en una senda de triunfos sonados coincidiendo con su relación sentimental con un joven Bob Dylan en los inicios de su carrera. Era una época de gran idealismo donde los jóvenes americanos se vuelcan en el folk apoyando movimientos antirracistas y pacifistas de los que Joan Báez fue uno de sus máximos exponentes. Al tiempo que se implicaba en favor de los derechos civiles de la gente de color y en contra de las guerras, siempre defendió que las verdaderas canciones folk eran las de autor anónimo. En 1962 la revista Time le dedicaba su portada describiendo su voz como “clara como el aire de otoño, una soprano de grandes vibraciones, sin educar… que recuerda los blues cantados por mujeres de color, los tristes cantos de los gitanos que pedían exorcizar el pensamiento de la muerte”. Quizás su mejor época transcurre en el período 1963-64. Sin embargo, a partir de 1965, con la irrupción de The Beatles, The Rolling Stones y la música beat que arrasan con todo, desciende el interés por su música, aunque no su compromiso radical y social que siempre quedó reflejado en sus canciones. De su amplia discografía (1960-2008) quedarán para la leyenda los grandes triunfos de los años 60 como ‘House of the rising sun’, ‘La llorona’, Donna Donna’, ‘Gracias a la vida’, ‘El preso nº 9’, ‘Blowin’ in the wind’, ‘Farewell Angelina’,… Una cadena de triunfos que dura hasta hoy con sus giras y recitales.

joan-baez-03Bruce Springsteen (a la izquierda), Joan Báez y Pete Seeger (a la derecha) en el año 2009 durante la celebración del 90 cumpleaños de Seeger  en el Madison Square Garden de Nueva York.

La voz de Joan Báez tuvo su acento más rebelde en la canción ‘protesta’ junto a los grandes ídolos de entonces Bob Dylan, Pete Seeger o Barry Maguire. Sus canciones contra la guerra del Vietnam, las armas nucleares, el terror atómico, la pena de muerte o el racismo muestran muchos de los factores de la crisis de aquel tiempo como el ansia de paz, el deseo de la justicia social o la esperanza de un mundo mejor. Unas convicciones no-violentas que ella misma indicaba su origen en una entrevista concedida a la revista Triunfo durante su gira musical por España en 1966: “Tenía 15 años. Marchaba en un coche de ferrocarril. Ví a una muchacha en un tren y tuve una curiosa sensación: esta chica era yo. Una especie de empatía, de proyección,… Deseaba sufrir todo lo que ella sufría. Yo era todos aquellos que tenían mi edad… Mi madre era pacifista por instinto. Mi padre, físico, trabajaba en proyectos relacionados con la defensa nacional. Se volvió pacifista y dejó su colocación. La mayoría de la gente se dice: ‘Tengo una familia y hay que comer…’ Eligió un trabajo universitario en el que ganaba la mitad… Marchamos a Palo Alto. Tenía yo entonces 16 años. En la escuela se nos obligaba a un ejercicio de defensa pasiva: ‘Cuando suene la campana vendrán a buscaros vuestros padres. Instalaos confortablemente en vuestro refugio’. Leía las revistas científicas de mi padre sobre los cohetes y todo lo demás. El día del ejercicio me quedé yo sola en la escuela. Me condujeron hasta el cuarto del director. Dije: – ¡Look here, todo esto no es más que una siniestra farsa! A ninguno le dará tiempo a llegar a su refugio’”.

A menudo se ha asociado a “We shall overcome” con Joan Báez y Pete Seeger al haberla interpretado en gran número de marchas en favor de los derechos civiles de los negros. Tal fue el grado de identificación que alcanzó esta canción que cuando el presidente Lyndon B. Johnson anunció en 1965 la nueva ley que garantizaba el derecho al voto a los afroamericanos terminó su discurso con un “And we shall overcome” (‘Y venceremos’). Quizá una de las citas más importantes sea la realizada por Martin Luther King en su discurso durante la marcha por los Derechos Civiles en 1963 cuando de pronto la voz de una mujer, acompañada solo por su guitarra, se levantó sobre la multitud y cantó “We shall overcome” (‘Venceremos’). Enseguida fue coreada por el millón de personas que según cuentan llenaban la gran explanada del Parque Nacional de Washington repitiendo las frases de su letra original: “Venceremos algún día / en lo profundo de mi corazón creo / que venceremos algún día”. A su lado, un hombre negro, al tiempo que cantaba con ella, al finalizar, seguro de que algún día vencerían, se dirigió a la multitud y dijo: “Yo tengo un sueño…”. Ella era Joan Báez. Él, Martin Luther King. Y “We shall overcome”ese himno de hace más de 50 años siempre presente.


Bruce Springsteen & Little Steven cantando “We shall overcome” en el Memorial Concert de Oslo en diciembre 2012.


The Morehouse College Glee Club durante su interpretación de “We shall overcome” en los premios “Candle on the Bluff” 2009 en honor de Martin Luther King.


“El dios de la guerra”. Christian Cameron

enero 31, 2017

El dios de la guerra 01“El dios de la guerra” nos sumerge en la vida de Alejandro Magno y sus conquistas bélicas (Alejandro III de Macedonia, Pella, Babilonia, 356 a. C.- 323 a. C.). Novela interesante sobre una figura histórica, se vuelve un poco ‘pesada’ en algunos de sus pasajes. A pesar del formato elegido con abundante diálogo para hacerla más atractiva no siempre lo consigue. No obstante, llama la atención por intentar dar a conocer su personalidad a través de sus reacciones más íntimas y las razones que le empujaban a desencadenar una guerra tras otra a veces sin motivos aparentes. El exceso de personajes, que el propio autor dice ha procurado reducir al máximo, es otro de los inconvenientes para seguir de manera fácil la narración. 

Sinopsis
Las habilidades inigualables del exitoso escritor británico Christian Cameron como historiador y narrador hacen de esta novela la versión definitiva de la vida de Alejandro Magno. Un libro lleno de audacia, arrojo, vanidad y grandiosas batallas que nos revela el lado más humano y heroico de un hombre que se creía invencible. Una de las más emocionantes epopeyas históricas jamás escrita.

De niño, Alejandro soñaba con emular las gestas de Aquiles. A los dieciocho años condujo a la victoria a la caballería macedonia contra los griegos en el Quersoneso. A los veinticinco había aplastado a los persas en tres batallas legendarias y era el amo del mayor imperio que el mundo haya conocido jamás. Cuando falleció, invicto, a los treinta y dos años de edad, no quedaban más mundos por conquistar y había superado con creces las proezas de su héroe de infancia. Ahora bien, detrás de la leyenda hubo otra historia más compleja. La historia de un hombre que, impulsado por una insaciable sed de gloria, condujo a un ejército en un extraordinario viaje de diez años desde el Nilo hasta el Indo, persiguiendo un sueño: demostrar que era invencible.

Narrada por su amigo de infancia Tolomeo, esta es la historia de Alejandro en una versión inédita hasta ahora: cruda, íntima, emocionante… La historia de un coraje extraordinario y una fuerza de voluntad inimaginable. De destrucción gratuita e intrigas criminales. La tragedia épica de un hombre que aspiraba a ser más que humano.

Christian Cameron (Pittsburg, 1962) es un escritor e historiador militar. Estudió Historia Medieval en la Universidad de Rochester antes de entrar a formar parte de la Armada de los Estados Unidos, donde sirvió como aviador y oficial de inteligencia. Después de licenciarse inició su carrera literaria dentro del campo de la intriga y el espionaje. En 2008 sorprendió a las letras británicas con la publicación de la serie ‘Tirano’ ambientada en la Antigua Grecia, proyecto que nació en el departamento de Lenguas Clásicas de la Universidad de Toronto mientras cursaba estudios de doctorado. Desde entonces, y tras la publicación de series como Long War o Alan Craik y otras obras ambientadas en la Edad Media o las Guerras Médicas, Cameron se ha convertido en uno de los escritores más conocidos de novela histórica en el panorama literario internacional.

Imperio de Alejandro 01Mapa que muestra el imperio de Alejandro Magno con la ruta seguida a lo largo de sus conquistas.

Con un gran trabajo histórico, “El dios de la guerra” nos lleva por la vida de Alejandro, hijo y sucesor de Olimpia de Epiro y Filipo II de Macedonia, desde su infancia hasta su muerte, dejando solo a la ficción las partes poco conocidas. Obra bien documentada, uno de sus puntos fuertes radica en la precisa descripción del ambiente en que se mueve. Sin embargo, esa misma minuciosidad en el detalle provoca cierta pérdida del hilo conductor, siendo su lectura un poco ardua en ocasiones como también lo indica el autor al final del libro donde explica sus entresijos. Entresacamos algunos párrafos:

“Escribir una novela sobre la guerra… es un juego difícil para un historiador aficionado. Hay muchos, muchos jugadores, y muchos lugares, y, francamente, ninguno es lo bastante bueno. En primer lugar, he tenido que tomar ciertas decisiones, y muchas de ellas han tenido que ver con el hecho de limitar el número de personajes a una cantidad que el lector pudiera asimilar sin que se sintiera su inteligencia insultada. Antígono y su hijo mayor, Demetrio, se merecen su propia novela, como así también Casandra, Eumenes, Tolomeo, Seleuco, Olimpia y el resto. Cada uno de ellos podría haber recibido el tratamiento de héroe y los demás el de villanos”.

“En lo que respecta a la historia estrictamente militar, he tomado varias decisiones que los lectores versados encontrarán extrañas. Por ejemplo, ya no creo en la existencia de los cosoletes de lino, o linothorax, y los he incluido en mis novelas. Tampoco creo que una falange macedonia armada con sarissas fuera mejor que el viejo sistema griego de los hoplitas. De hecho, sospecho que era peor, como sugiere la experiencia de las tempranas artes de la guerra, según la cual cuanto más largas eran las picas, menos esperabas de tus tropas. Los jóvenes granjeros macedonios no eran hoplitas; de hecho, carecían del sistema de apoyo social y cultural que creó a estos últimos. Fueron decisivos en su día, pero hasta que punto eran mejores que el sistema antiguo… bien, más que un cambio tecnológico ello respondió a un cambio cultural, o eso me parece”.

Falange 01Falange macedonia.

“Los elefantes no eran tanques ni un instrumento con el que se conseguían victorias como por ensalmo. A veces eran muy efectivos, y otras al contrario. He intentado mostrar ambas situaciones”.

“Lo mismo puede decirse de los arqueros a caballo. En terreno abierto, con remonta y armas ilimitadas, un arquero a caballo podía ser una pesadilla, pero unos pocos cientos de arqueros en las vastas extensiones en las que solía combatir Alejandro, no representaban más que una pequeña incomodidad. En resumidas cuentas, no creo en la historia militar. En la guerra se ven implicados aspectos económicos, religiosos, artístico, sociales: la guerra es inseparable de la cultura. En el período del que hablábamos no podías coger a un pastor egipcio e intentar convertirlo en un arquero a caballo sin cambiar su modo de vida, su estatus social y económico e incluso, quizá, su religión. Algunas cuestiones sobre tecnología militar ignoran las restricciones impuestas por la realidad de la época y la propia cultura macedonia, que en mi opinión llevaba desde el principio en su seno la semilla de su destrucción”.

“Luego está el problema de las fuentes. Cuanto más sabemos de… más advertimos que debemos ese conocimiento a unos pocos autores, ninguno de los cuales es contemporáneo. Para este libro he estudiado la vida de Alejandro. He contraído una gran deuda con Peter Greene, cuya biografía de aquel he seguido en muchos aspectos. Sin embargo, también he recurrido a fuentes tan opuestas como Arriano (a pesar de su actitud tan veneradora) y la obra de Plutarco sobre Alejandro, que no obstante su tono moralizante posee algunas gemas ocultas. Sospecho que Alejandro Magno no fue un héroe sino el Adolf Hitler de su época. Sospecho asimismo que fue al mismo tiempo un general talentoso y el beneficiario de algunos increíbles golpes de suerte”.

“Por supuesto, y dado que soy principalmente novelista y la historia es para mi solo una afición, en ocasiones las lagunas de las fuentes, e incluso los huecos y vacíos, constituyen los espacios en que se mueven mis personajes. A veces, la falta de conocimiento crea el encanto de determinado pasaje. En otras palabras, espero haber creado una versión verosímil del mundo de Alejandro”.

Con mucho diálogo, “El dios de la guerra” ayuda también a conocer a otros importantes personajes de la historia, comenzando por Aristóteles, famoso filósofo griego, maestro de excepción de Alejandro Magno, quizá la parte donde se trata en más profundidad la formación de su personalidad. Con un estilo narrativo en el que se nota la pasión de Christian Cameron por la historia militar de la Antigua Grecia, nos encontramos con descripciones de batallas demasiado técnicas. Lectura entretenida en general, tiene también sus partes espesas. La salva su acertado estilo narrativo. En ocasiones no es una novela fácil de leer, pero merece la pena.


Mirando hacia atrás sin nostalgia, las generaciones de la ‘espera’, sus ritos y sus juegos

enero 19, 2017

En “La vida con 30 años de diferencia o 30 años no es nada” hicimos mención con algunos ejemplos, irónicos en su mayor parte, en algún caso exagerados, también cáusticos, sobre la forma de reaccionar o abordar determinadas situaciones vistas desde la sociedad actual o bajo la óptica de hace 30, 40 o 50 años. Profundizando en esa diferencia, a continuación contrastaremos otras conductas de la niñez y adolescencia desde esa perspectiva histórica, porque en la educación, al igual que en muchas empresas, se hace necesario aplicar la técnica de la ‘mejora continua’ si se desea avanzar.  Esperemos que al final una de las preguntas o conclusiones sea… ¿Pero… cómo se ha llegado a este punto? ¿Se ha perdido ‘algo’ por el camino?

Sin título-2Nos estamos refiriendo a los niños y jóvenes de las generaciones de la Coca Cola, de la TV con dos canales, de calcetines hasta la rodilla,… De cuando se estaba en la calle con las bicis, las canicas o los cromos. De alguna que otra pelea, de salir en pijama a la escalera a jugar con los vecinos. ¡Qué tiempos! Los conocen bien aquellos nacidos antes de la Constitución de 1978 y que más de uno denominó generaciones de la ‘espera’ porque…
– “Después de la comida había que ‘esperar’ a hacer ‘dos horas de digestión’ antes de tomar un baño en el río, en la piscina o en el mar para no sufrir, incluso ‘morir’, de un corte de digestión”.
– “De ‘esperar’ un par de horas de siesta porque era necesario ‘descansar’ por decreto”.
“Y de… muchas ‘esperas’ más que harían esta lista interminable”.
– “Tanto es así que incluso había quien insistía en que hasta los dolores se curaban… ‘esperando’…”.
Son las generaciones que usaron pañales de tela que había que lavar después, chupetes de goma ‘marrón’ y orinales para hacer ‘pipi’. De cuando los cochecitos de bebés eran de hierro con ruedas grandes. Las que escuchaban radionovelas, a ‘Matilde, Perico y Periquín’ o a ‘Pepe Iglesias el Zorro’. Las que se pasaron horas y horas cantando la canción del Cola-Cao, disfrutaban con los tebeos de ‘El Jabato’, ‘El Guerrero del Antifaz’ o ‘El capitán Trueno’. Las que se iban dormir con la tele y la familia ‘Telerín’ cantando ‘Vamos a la cama,…’. Las de los niños del calzado ‘Gorila’, grande y que tanto duraba. Las que escuchaban música en un pick-up,…

Sin título-1Pero sobre todo fueron las generaciones de los niños que se pasaban el día jugando a… “las canicas, la peonza, la gallinita ciega, las chapas, el burro, la comba, a la una pica la mula, a pídola o salto del potro, al escondite, las tabas…”. Y ninguno o muy pocos sufrían apenas contusiones. Y eso en los juegos más ‘duros’. Por supuesto que nada de hernias ni demás complicaciones vertebrales. A unos juegos llamados ahora populares o tradicionales, que no son otros que los que ‘antes’ se practicaban en la calle o en el colegio. Aunque hoy no gozan de buena salud, entre otros motivos por la acelerada revolución tecnológica y el sedentario estilo de vida de nuestra sociedad, ningún niño debería perderse y más las generaciones actuales. Pues aparte de su valor cultural tienen gran influencia en la educación. Con ellos el niño o adolescente no sólo se divierte, sino que desarrolla su potencial físico, intelectual y social, todo muy en consonancia con lo que de forma un tanto llamativa se conoce como ‘gestión por competencias’. A decir verdad, cada día es más complicado jugar fuera de las casas familiares, de manera especial en las ciudades donde se ha ido perdiendo un espacio difícilmente recuperable. Una pena porque está demostrado que la cultura del juego en la calle enseña a respetar las normas, a organizarse sin la autoridad del adulto, tener amigos,… En definitiva, a… ¡vivir! y a… ¡educar en valores!

Sin título-3En fin, para que continuar. Solo decir que los niños de aquellas generaciones de la ‘espera’:
– En su tiempo libre, salían de casa por la mañana, jugaban todo el día, y a veces no regresaban (aparte de a la hora de la comida) hasta poco antes del anochecer que era una condición ‘sagrada’. Si acaso, y no siempre, a por la merienda, que era ‘casi’ obligatoria. Y por supuesto nada de artilugios de ‘localización’… como ahora con los teléfonos móviles.
– Y si alguna vez había una rotura de dientes o similar no existía ninguna ley para castigar a los culpables. A veces, cuando se jugaba a la ‘guerra’ o a otros ‘divertimentos’, las pequeñas heridas, como eran… ¡cosas de niños!, se curaban con mercromina, un antiséptico para todo, o a lo sumo recibían unos ‘puntos’. Y no pasaba nada. No había culpables; a lo sumo uno mismo por no prestar atención.

Aunque no todo se reducía a la ‘espera’ o al juego. Fueron también unas épocas para recordar por otros aspectos, positivos unos, otros… no tanto. Por citar solo algunos de los más ‘curiosos’:
– Se corría en bicicleta sin casco y casi nunca había grandes magulladuras.
– Se construían patines con tablas y ruedas de rodamientos para bajar por las cuestas. Y solo al final, muy al final, del periplo, alguno se daba cuenta de que se le habían olvidado los frenos. ¡O no los tenía! Eso si,… después de caerse un par de veces ya se había aprendido a afrontar el problema.
– Se comían pasteles o bebían refrescos sin muchas restricciones, y sin embargo no había casi obesos. Como mucho alguno estaba gordo y poco más.
– Se ‘quedaba’ con los amigos para salir. Y a veces ni eso. ¡Se salía y punto!, pues se sabía que la calle era el punto de encuentro para jugar,… Ah!, y a casa de los amigos se iba andando o en bici… quien la tuviera.

Sin título-4Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, se aprendió a crecer con ello pues también se tenía libertad, fracaso, éxito, responsabilidad,… De ahí que a muchos que pertenecen a esas generaciones de la ‘espera’ no les sorprenda que ahora los niños estén a veces un poco… ‘despistados’. Si tú eres de esas generaciones, y sin querer decir que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, ni tampoco en ‘clave de nostalgia’… ¡enhorabuena!, porque tuviste la suerte de crecer como un niño… de los de antes. Muchos creerán tener ‘sus’ razones, opuestas en algún caso, porque… “nada es verdad, ni nada es mentira, sino que todo depende del cristal con que se mira”. Pero sin necesidad de recurrir a aquella canción que dice:“¡Que tiempo tan feliz!, que nunca olvidaré,…” no cabe duda que cada época tiene su encanto. Y aunque la nostalgia sea un bonito bálsamo para usar de cuando en cuando, siempre se debe ser consciente que el pasado quedó atrás y es el presente el que se tiene que manejar y apreciar. Eso sí, siendo críticos y a la vez esperanzados con las lecciones de la experiencia. Las distintas generaciones que conviven entre sí tienen mucho que aprender y enseñarse mutuamente.