El lenguaje simbólico y la metáfora de la rana hervida

El lenguaje simbólico ayuda mucho a transmitir ideas, sobre todo si se apela a métodos sencillos fáciles de entender. Precisamente la simpleza es una de sus ventajas, si se opta por lo complejo pierde su principal función. Basta recordar las alegorías de Platón, las fábulas de La Fontaine, o los cuentos populares para darnos cuenta de su importancia.

En esa línea, Olivier Clerc, en su obra más conocida: “La rana que no sabía que estaba hervida”, nos invita  a una reflexión acerca del modo de vida actual y sus posibles consecuencias.

RESUMEN FÁBULA
Una cacerola llena de agua fría en la que una pequeña rana está nadando.
Se enciende un pequeño fuego que va calentando el agua lentamente.

Poco a poco, el agua se va poniendo tibia.
La rana encuentra la situación muy agradable y sigue nadando muy a gusto.

La temperatura del agua va subiendo…, empieza a estar caliente,…. bastante caliente.
La rana ya no goza como antes, se siente un poco cansada, pero no por eso se asusta.

La temperatura sigue subiendo…. cada vez más…., está muy caliente.
La rana comienza a encontrar la situación desagradable, pero está tan débil que decide seguir aguantando sin hacer nada.

La temperatura continúa subiendo aún más, mucho más,….
Hasta que llega un momento en que la rana termina….. cocinándose y muriendo.

CONCLUSIONES
Olivier Clerc pretende transmitir que cuando un cambio se realiza de forma lenta escapa a la conciencia, y la mayoría de las veces no provoca respuesta por nuestra parte, hasta que….. o bien se reacciona cuando aún se está a tiempo o no tienen remedio sus consecuencias.

Si una rana salta a una olla de agua hirviendo, sale enseguida porque siente el peligro. Pero si lo hace a una olla con agua tibia que se calienta lentamente, se queda dentro y no se mueve. Seguirá ahí, aunque la temperatura siga subiendo y subiendo. Se quedará ahí hasta ser rescatada o… muerta.
¡¡Es muy importante rescatar a la rana antes de que sea demasiado tarde!!


Parábola de la rana hirviendo y Al Gore

“La rana que no sabía que estaba hervida” es una fábula rica en enseñanzas que se puede utilizar en los más variados contextos. Muestra como un deterioro, si es lento, pasa inadvertido sin suscitar reacción alguna la mayoría de las veces. Fue utilizada por Al Gore, vicepresidente de EEUU con Bill Clinton, en su famoso documental “Una verdad incómoda”– (“An Inconvenient Truth) que trata sobre la degradación del planeta y nos pone en alerta sobre un posible cambio climático irreversible. En una de sus secuencias hace referencia al “síndrome de la rana hervida” (“boiled frog syndrome”) como símbolo de lo que nos puede suceder si no corregimos el calentamiento global que estamos sufriendo. Un tema que provoca fuertes discrepancias como ya hemos explicado en otro post de este blog: “Cambio climático: realidad o controversia”.

Una fábula que también nos debería servir para reflexionar sobre el como y por qué hemos llegado a la situación actual de grave crisis económica, y si aún estamos a tiempo de salir antes de estar del todo “cocidos”.  Una situación de la que todos somos responsables, sobre todo los políticos que con sus “malas prácticas”, por llamarlo de una manera suave, han “disparado” con lo que es del bien común y lo que es peor sin apenas consecuencias. Algo que el resto de ciudadanos se verán obligados a subsanar incluso a costa de su propio bienestar.

La salud es otro ejemplo al que se puede aplicar la fábula de la rana. Sabemos que se deteriora de una forma lenta, sin embargo nos acomodamos y no reaccionamos a tiempo para intentar mejorarla. Muchas enfermedades son consecuencia de nuestros malos hábitos: mala alimentación, falta de ejercicio, estrés continuado,….. y tardan años en aparecer. Nuestro organismo resiste pero no es eterno. Sin darnos cuenta los pequeños malestares van ejerciendo un efecto que consideramos “normal”, hasta que de improviso surgen patologías más profundas, a veces muy difíciles de tratar.

Algunas de las cosas que hoy consideramos “normales”, hace años habrían sido impensables; se han ido banalizando de tal manera que apenas nos preocupan o nos dejan indiferentes. El progreso es bueno, muy bueno, pero hay ocasiones que en su nombre, o en el de la ciencia, se realizan continuos ataques a las libertades individuales, a la dignidad, a la naturaleza,…. Lentamente, sí, pero implacables….. si no le ponemos pronto remedio.

Una de las pocas controversias habidas sobre la metáfora de “la rana hervida” fue acerca de si era cierto o no su mensaje; es decir, si era verdad que la rana se quedaba quieta mientras el agua se iba calentando poco a poco en la cacerola. Porque a una metáfora se le debe exigir que lo que cuente sea real. Durante un tiempo hubo opiniones para todos los gustos: para unos era una farsa, para otros no ofrecía ninguna duda. Se sabía de experimentos científicos contradictorios. Después de algunas controversias, en 1988 se resolvió que:

Si la velocidad de calentamiento de la temperatura del agua es menor de 0,02 º/minuto la rana se queda quieta y se muere al final de la cocción. Mientras que a mayor velocidad la rana salta y escapa.

CONCLUSIÓN: “La rana no intenta escapar si la velocidad de calentamiento del agua es suficientemente lenta”

Olivier Clerc es un escritor y filósofo francés, nacido en Ginebra en 1961. En sus obras, que incluyen disciplinas que de una u otra forma afectan a las personas, se caracteriza por usar un lenguaje sencillo con un solo objetivo: contribuir al equilibrio personal. En “La rana que no sabía que estaba hervida” plantea un problema extrapolable a cualquier ámbito: en qué medida los cambios a veces no influyen en nuestro subconsciente. O lo que es lo mismo: si los cambios se realizan de forma lenta y paulatina pueden llegar a pasar inadvertidos hasta el punto que si no actuamos con antelación nos obligan a un viaje sin retorno.

Como dice Olivier Clerc:

En nombre del progreso,
de la ciencia, y del aprovechamiento,
se efectúan continuos ataques
a las libertades individuales, a la dignidad,
a la integridad de la naturaleza,
a la belleza y a la felicidad de vivir.
Lenta, pero inexorablemente,
con la constante complicidad
de las víctimas, inconscientes,
o quizás incapaces de defenderse.

“Hoy es el MAÑANA que AYER tanto te preocupaba” es una frase que invita a no preocuparnos en exceso por aquello que no ha ocurrido y solo está en nuestra mente. Sin embargo, esta fábula es una de sus pocas excepciones, porque…. lo que parecía tan lejano AYER, pensando en el MAÑANA, sin apenas darnos cuenta ya es HOY. La diferencia está en que la frase se aplica a contextos imaginarios y en la fábula son muy reales. No conviene olvidar una de las máximas de la teoría del caos: “Hasta el suave aleteo de una mariposa puede desencadenar un huracán al otro lado del mundo”. Los pequeños cambios siempre preceden a los grandes. Por eso es tan importante reaccionar a tiempo y no dejarse “cocer a fuego lento”. Una fábula muy real.

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