La cultura de bar y la transversalidad

febrero 20, 2017

El concepto transversal o transversalidad es un calificativo que designa a todo aquello que atraviese, que corte algo por alguna de sus secciones o campos. Una idea que procede de las ciencias exactas. Por ejemplo, en la geometría cuando hablamos de una línea o de un elemento geométrico que se cruza con otro y lo divide en varias partes. La idea de transversalidad sin-titulo-1se ha extendido de tal manera que en la vida real se utiliza para casi todo. Ha pasado a ser aplicada en los más diversos órdenes: desde el científico donde proviene hasta lo más práctico de nuestro ámbito cotidiano.

Uno de los problemas con este tipo de conceptos, si se convierten en ‘universales’, es cuando llegan al campo de la política. Sobre todo si se transforman en corrientes ideológicas que solo buscan fines electorales. Palabras o frases que algunos partidos convierten en su ‘maná’, que suenan muy bien, pero que en muchas ocasiones están vacías de contenido. Son proyectos que trascienden la división entre derecha e izquierda apostando por una nueva ideología que intenta no vincularse con ideas preconcebidas. Movimientos que en su plataforma reivindicativa incorporan tendencias de ambos lados del espectro político tradicional y que dicen defender lo que es más beneficioso para la sociedad sin importar el origen ideológico de sus propuestas.

En la política actual está de moda decir… “¡nosotros somos transversales!” En especial por aquellos partidos que se autodenominan ‘nuevos’ y que, últimamente, conseguidos parte de sus objetivos cada vez se parecen más… a los ‘clásicos’. Casi todos los expertos coinciden arriba-y-abajo-01en que la transversalidad la mayoría de las veces es beneficiosa,… excepto cuando se transforma en ideología. Bastantes ‘politólogos’ la están criticando con dureza al darse cuenta que, transcurrido un tiempo y sus propias contradicciones, en ocasiones solo se trata de una estrategia para atrapar votos a costa de difuminar su verdadero posicionamiento ideológico. Para ello suelen ampararse en el atractivo slogan: “¡De esa manera se toman las propuestas más beneficiosas para la sociedad y los ciudadanos de uno y otro lado del espectro ‘clásico’!” El problema se presenta cuando al enfrentarse con la dura realidad no las pueden llevar a la práctica.

Sin embargo hay que decir que, bajo un punto de vista neutral, la transversalidad tiene amplia aceptación cuando se reivindican aspectos concretos sin que las medidas necesarias para llevarlos a la práctica tengan por qué atribuirse a nadie en particular. Como por ejemplo el ecologismo. Y aún así, todavía existen partidos políticos que, en base a su populismo y a costa de ganar votos, lo siguen incluyendo como uno de los ejes de su programa. Esta estrategia puede resultar útil electoralmente a corto plazo, pero parece complicado recurrir a ella de continuo porque al final el tiempo siempre pone a cada uno en su sitio. Está demostrado.

Por fortuna, todavía quedan ámbitos de nuestra vida cotidiana en los que se da la transversalidad sin ningún tipo de ‘interferencia’. Uno sin duda es la ‘cultura de bar’, referencia por antonomasia en la sociedad de nuestro país. ¡El bar es el lugar de encuentro que mejor representa la transversalidad! Allí se puede hablar de todo y con todos sin necesidad de sacar a relucir diferencias insalvables. Un sitio de contraste de opiniones en pro de la diversidad que tanto bien hace a la amistad y también a la cultura.

sidreria-marcelino-01Sidrería Marcelino en Oviedo.

Los bares representan un punto de encuentro para personas de toda clase y condición, un espacio para quedar, desconectar, comer o beber, leer la prensa, ver la televisión, jugar a las cartas,… hasta para conectarse a Internet. Los hay por todas partes y tendencias. No es un tópico. España es uno de los países con más bares por habitante donde persiste un enorme aprecio por su cultura. Hay quien dice, con mucha razón, que los españoles son muy sociables. Expertos en sociología afirman que la densidad de bares es uno de sus indicativos. Manuel Delgado, doctor en Antropología y licenciado en Historia del Arte, con trabajos reconocidos sobre la construcción de identidades colectivas en contextos urbanos, señala: “Cuantos más bares, más vida social; cuanto más vida social, más bares”. Es de los que reivindica la vida urbana, la calle, como objeto de investigación científica. Piensa que el espacio público es un lugar de encuentro. Sitios en que uno se topa con gente desconocida, donde puede ocurrir cualquier cosa en cualquier momento. Opina que: “La calle funciona como un sistema social, que nos da claves fundamentales para entender el funcionamiento global”. Un especialista en temas urbanos como él cree que los lugares donde no hay bares son lo más parecido a “determinados complejos en los que la gente suele salir poco y la actividad se limita a espacios cerrados al exterior” con todo lo que conlleva de carencia de vida social.

Solo o acompañado, la ‘vida’ en los bares adquiere formas de todos los colores. Desde pasar un rato para tomarse un café, a quedar con los amigos o conocidos para hablar de lo que se tercie. La tertulia de bar es un buen ejemplo de transversalidad. Suele ser espontánea y diaria para regocijo de todos los presentes. Y aunque se procuran evitar, los temas ideológicos ni se eluden ni suelen pasar a mayores. Con gentes de todo tipo, personas que llegan una detrás de otra o a veces en oleadas, cada una con su tema, ¡el bar representa muy bien la transversalidad real! De estratos sociales muy diferentes, si se pone un poco de atención se pueden escuchar opiniones distintas que se suelen respetar, aunque en ocasiones sean objeto de acalorados debates. Muchas veces enconados. El bar es un lugar para ‘ponerse al día’, de darse cuenta de lo que le interesa a la gente.

bar-04Bar-Cafetería Romero (“El Romero”) en Lodosa.

Además de su función lúdica, muchos bares han estado vinculados al mundo cultural y creativo. Grandes figuras de la literatura encontraron inspiración en ellos. Como Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura, que pasaba sus horas en el Café Iruña de Pamplona. También fueron famosas sus tertulias como la del Café Pombo, cercano a la Puerta del Sol de Madrid, celebrada cada sábado por el conocido escritor Ramón Gómez de la Serna con sus famosas greguerías, textos breves de una frase en una sola línea que expresan de forma aguda y original pensamientos de todo tipo. O la del Café Gijón, en Recoletos, formada en sus inicios por escritores y artistas de la posguerra civil española. Se puede decir que las tertulias literarias marcaron la primera mitad del siglo XX en muchos bares de España.

Los bares se parecen mucho a los foros de opinión. Espacios de encuentro y convivencia abiertos a todo tipo de clientes. “La densidad de bares indica la sociabilidad de una ciudad” señala el antropólogo Manuel Delgado. Con una clientela fija que en muchos casos supera el 80 %, los camareros son casi como alguien más de la familia. Se les llama por su nombre. Igual que a un amigo. De ahí la confianza mutua.  A diferencia de otros países, en España los bares son el reflejo de un estilo de vida sobre todo familiar y social. Lugares donde uno se siente como en casa sin estarlo. Allí conocemos a otras gentes, nos reunimos con los amigos, con la familia, reímos nuestras anécdotas, nos divertimos,… Son también el punto de partida de cualquier noche de fiesta: “Quedamos en el bar…y luego ya veremos lo que hacemos”. “Salir de bares” es algo que nunca sabes ni como ni a qué hora puede terminar.   La cultura del bar en realidad no es más que el reflejo de una sociedad transversal.


Canciones con historia: “We shall overcome”. Joan Báez. Pete Seeger

febrero 10, 2017

“We shall overcome” (‘Venceremos’), canción errante entonada en los primeros años del siglo XIX sobre todo por el Sur de EEUU, conocida por muchos, de autor desconocido, cambiante en sus estrofas, pero constante en su melodía y su mensaje, su principal característica es que siempre ofrece una promesa de victoria. Su melodía parece que se remonta a la Europa del siglo XVIII y, al igual que otras, cruzó el océano Atlántico hasta acabar en las plantaciones sureñas para convertirse en el himno ‘I’ll be all right’. Así lo refleja Dorian Lynskey en su libro: ‘33 revoluciones por minuto’, una documentada historia sobre la canción ‘protesta’ de las últimas décadas. we-shall-overcome-01El resto de su evolución es bastante confuso. Tras pasar por diversas iglesias batistas y metodistas, son muchos los que ponen el foco en un himno cuyas estrofas fueron escritas por el predicador Charles Albert Tindley (1851-1953), pastor de la iglesia metodista de Filadelfia, prolífico compositor, quien a principios del siglo XX adaptó su contenido a la canción gospel para el coro de su congregación bajo el título de ‘I will overcome someday’, que al final quedó en ‘I will overcome’. Otra de las teorías sobre su origen fue la propuesta por Wesley Milgate (1916-1999), reconocida experta australiana en el estudio de himnos, que sostiene está basada en un espiritual negro derivado de “The sicilian mariner’s hymn to the Virgin” (‘Himno del marinero siciliano a la Virgen’) que los esclavos venidos a EEUU podrían haber escuchado a los marineros durante el viaje desde la lejana África hasta América.

En su posterior desarrollo no ocurre nada reseñable hasta 1945 en que los empleados de American Tobacco Company, Charleston, Carolina del Sur, principalmente las mujeres afroamericanas, se animan con cánticos de protesta durante una huelga. Es entonces cuando Lucille Simons, perteneciente a un coro batista, convierte la palabra inicial ‘I’ por la más plural ‘We’. Más tarde, en 1947, la propia Simons y otro huelguista, tras aceptar una invitación de la escuela de folk Hihglander, se la cantan a la directora del coro Zilphia Horton, pionera en la lucha por los derechos civiles, que al poco tiempo se la transmite a Pete Seeger. A éste le fascinó tanto la canción que dijo: “Es el genio de la simplicidad. Cualquier necio puede resultar complicado. Me gusta compararlo con el tablero del baloncesto. Tus experiencias vitales te vuelven de rebote y adquieren un nuevo sentido”, al tiempo que le añadía dos versos más: ‘We shall walk hand in hand’ (‘Caminaremos de la mano’) y ‘The whole wide World around’ (‘El ancho mundo alrededor’), y cambiaba la palabra ‘Will’ por ‘Shall’ por entender que era más fácil su entonación. De esa manera se convertiría en el nuevo formato de un himno (todavía no definitivo) que sería luego el referente principal de la canción ‘protesta’ por su significado: ‘We’ (el poder de la comunidad), ‘Shall’ (la promesa de un futuro mejor) y ‘Overcome’ (el desafío y la resistencia).


Joan Báez cantando “We shall overcome” en 1965 (BBC Television Theatre, Londres).

“We shall overcome”
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Pete Seeger interpretando “We shall overcome” durante una actuación en Berlin en 1967.

“We shall overcome” fue una canción que llegó a obsesionar a otros dos cantantes folk americanos, Frank Hamilton y Guy Carawan, que la había conocido en 1953 durante una visita a la Highlander Folk School. En 1959, con Carawan recién nombrado director de su programa musical sustituyendo a Zilphia Horton fallecida años antes, ambos le añaden nuevos versos que van adaptando según las circunstancias a los distintos actos de protesta organizados. Más tarde se la enseñan a los líderes de la lucha por los derechos civiles que la convierten en el himno del movimiento y es a partir de entonces cuando la canción crece en intensidad como referente comunitario, pasando a través de los diferentes estados, de grupos e individuos, hombres y mujeres, negros y blancos,… Estudios recientes también centran su origen en la canción gospel “If My Jesus Wills” (‘Si mi Jesús quiere’) de Louise Shropshire (1913-1993), de la que Pete Seeger dijo en 2012: “Es muy probable que Luisa Shropshire se la enseñase a Zilphia Horton. Creo que Louise debe ser añadida a la historia de ‘We shall overcome’, aunque nadie conoce con exactitud quien escribió la canción original”.

joan-baez-01-1963Joan Báez cantando “We shall overcome” (‘Venceremos’) ante la multitud reunida durante la Marcha por los Derechos Civiles en Washington el 29 de agosto de 1963.

Quizás Pete Seeger y Joan Báez hayan sido los que la hayan hecho más popular en el pasado reciente. El primero por su papel crucial en la adaptación como balada folk y Joan Báez por hacerla conocida a nivel mundial (de manera especial en España) en los inicios de la canción ‘protesta’ de los años 60. De Seeger ya hemos hecho una semblanza de su carrera musical y personal (de fuerte compromiso social) en nuestro post dedicado a “Where have all flowers gone”, una de las canciones antibelicistas más famosas de la historia. En cuanto a Joan Báez merece la pena señalar que fue la intérprete folk más destacada de los años 60 y una de las artistas más influyentes en la música popular. Compositora, cantante, de voz potente, muy aguda, también activista, es una de las mayores figuras de la canción ‘protesta’ surgida durante la Guerra de Vietnam. Su amplio repertorio se extiende hasta la música tradicional, el country y el pop rock. Nacida en Nueva York en 1941, con tan solo 18 años debuta delante de trece mil personas en el Newport Folk Festival invitada por el músico Bob Gibson cantando a dúo ‘Virgin Mary Had One Son’ y ‘We Are Crossing Jordan River’. En 1960 graba su primer álbum en solitario con el título de ‘Joan Báez’, un conjunto de baladas de folk tradicional, blues y canciones ‘protesta’, que aún se recuerdan hoy como una parte importante de sus éxitos. A partir de ahí su carrera se vuelve meteórica. Graba su segundo álbum en 1961, lo convierte en disco de oro, y entra en una senda de triunfos sonados coincidiendo con su relación sentimental con un joven Bob Dylan en los inicios de su carrera. Era una época de gran idealismo donde los jóvenes americanos se vuelcan en el folk apoyando movimientos antirracistas y pacifistas de los que Joan Báez fue uno de sus máximos exponentes. Al tiempo que se implicaba en favor de los derechos civiles de la gente de color y en contra de las guerras, siempre defendió que las verdaderas canciones folk eran las de autor anónimo. En 1962 la revista Time le dedicaba su portada describiendo su voz como “clara como el aire de otoño, una soprano de grandes vibraciones, sin educar… que recuerda los blues cantados por mujeres de color, los tristes cantos de los gitanos que pedían exorcizar el pensamiento de la muerte”. Quizás su mejor época transcurre en el período 1963-64. Sin embargo, a partir de 1965, con la irrupción de The Beatles, The Rolling Stones y la música beat que arrasan con todo, desciende el interés por su música, aunque no su compromiso radical y social que siempre quedó reflejado en sus canciones. De su amplia discografía (1960-2008) quedarán para la leyenda los grandes triunfos de los años 60 como ‘House of the rising sun’, ‘La llorona’, Donna Donna’, ‘Gracias a la vida’, ‘El preso nº 9’, ‘Blowin’ in the wind’, ‘Farewell Angelina’,… Una cadena de triunfos que dura hasta hoy con sus giras y recitales.

joan-baez-03Bruce Springsteen (a la izquierda), Joan Báez y Pete Seeger (a la derecha) en el año 2009 durante la celebración del 90 cumpleaños de Seeger  en el Madison Square Garden de Nueva York.

La voz de Joan Báez tuvo su acento más rebelde en la canción ‘protesta’ junto a los grandes ídolos de entonces Bob Dylan, Pete Seeger o Barry Maguire. Sus canciones contra la guerra del Vietnam, las armas nucleares, el terror atómico, la pena de muerte o el racismo muestran muchos de los factores de la crisis de aquel tiempo como el ansia de paz, el deseo de la justicia social o la esperanza de un mundo mejor. Unas convicciones no-violentas que ella misma indicaba su origen en una entrevista concedida a la revista Triunfo durante su gira musical por España en 1966: “Tenía 15 años. Marchaba en un coche de ferrocarril. Ví a una muchacha en un tren y tuve una curiosa sensación: esta chica era yo. Una especie de empatía, de proyección,… Deseaba sufrir todo lo que ella sufría. Yo era todos aquellos que tenían mi edad… Mi madre era pacifista por instinto. Mi padre, físico, trabajaba en proyectos relacionados con la defensa nacional. Se volvió pacifista y dejó su colocación. La mayoría de la gente se dice: ‘Tengo una familia y hay que comer…’ Eligió un trabajo universitario en el que ganaba la mitad… Marchamos a Palo Alto. Tenía yo entonces 16 años. En la escuela se nos obligaba a un ejercicio de defensa pasiva: ‘Cuando suene la campana vendrán a buscaros vuestros padres. Instalaos confortablemente en vuestro refugio’. Leía las revistas científicas de mi padre sobre los cohetes y todo lo demás. El día del ejercicio me quedé yo sola en la escuela. Me condujeron hasta el cuarto del director. Dije: – ¡Look here, todo esto no es más que una siniestra farsa! A ninguno le dará tiempo a llegar a su refugio’”.

A menudo se ha asociado a “We shall overcome” con Joan Báez y Pete Seeger al haberla interpretado en gran número de marchas en favor de los derechos civiles de los negros. Tal fue el grado de identificación que alcanzó esta canción que cuando el presidente Lyndon B. Johnson anunció en 1965 la nueva ley que garantizaba el derecho al voto a los afroamericanos terminó su discurso con un “And we shall overcome” (‘Y venceremos’). Quizá una de las citas más importantes sea la realizada por Martin Luther King en su discurso durante la marcha por los Derechos Civiles en 1963 cuando de pronto la voz de una mujer, acompañada solo por su guitarra, se levantó sobre la multitud y cantó “We shall overcome” (‘Venceremos’). Enseguida fue coreada por el millón de personas que según cuentan llenaban la gran explanada del Parque Nacional de Washington repitiendo las frases de su letra original: “Venceremos algún día / en lo profundo de mi corazón creo / que venceremos algún día”. A su lado, un hombre negro, al tiempo que cantaba con ella, al finalizar, seguro de que algún día vencerían, se dirigió a la multitud y dijo: “Yo tengo un sueño…”. Ella era Joan Báez. Él, Martin Luther King. Y “We shall overcome”ese himno de hace más de 50 años siempre presente.


Bruce Springsteen & Little Steven cantando “We shall overcome” en el Memorial Concert de Oslo en diciembre 2012.


The Morehouse College Glee Club durante su interpretación de “We shall overcome” en los premios “Candle on the Bluff” 2009 en honor de Martin Luther King.


“El dios de la guerra”. Christian Cameron

enero 31, 2017

El dios de la guerra 01“El dios de la guerra” nos sumerge en la vida de Alejandro Magno y sus conquistas bélicas (Alejandro III de Macedonia, Pella, Babilonia, 356 a. C.- 323 a. C.). Novela interesante sobre una figura histórica, se vuelve un poco ‘pesada’ en algunos de sus pasajes. A pesar del formato elegido con abundante diálogo para hacerla más atractiva no siempre lo consigue. No obstante, llama la atención por intentar dar a conocer su personalidad a través de sus reacciones más íntimas y las razones que le empujaban a desencadenar una guerra tras otra a veces sin motivos aparentes. El exceso de personajes, que el propio autor dice ha procurado reducir al máximo, es otro de los inconvenientes para seguir de manera fácil la narración. 

Sinopsis
Las habilidades inigualables del exitoso escritor británico Christian Cameron como historiador y narrador hacen de esta novela la versión definitiva de la vida de Alejandro Magno. Un libro lleno de audacia, arrojo, vanidad y grandiosas batallas que nos revela el lado más humano y heroico de un hombre que se creía invencible. Una de las más emocionantes epopeyas históricas jamás escrita.

De niño, Alejandro soñaba con emular las gestas de Aquiles. A los dieciocho años condujo a la victoria a la caballería macedonia contra los griegos en el Quersoneso. A los veinticinco había aplastado a los persas en tres batallas legendarias y era el amo del mayor imperio que el mundo haya conocido jamás. Cuando falleció, invicto, a los treinta y dos años de edad, no quedaban más mundos por conquistar y había superado con creces las proezas de su héroe de infancia. Ahora bien, detrás de la leyenda hubo otra historia más compleja. La historia de un hombre que, impulsado por una insaciable sed de gloria, condujo a un ejército en un extraordinario viaje de diez años desde el Nilo hasta el Indo, persiguiendo un sueño: demostrar que era invencible.

Narrada por su amigo de infancia Tolomeo, esta es la historia de Alejandro en una versión inédita hasta ahora: cruda, íntima, emocionante… La historia de un coraje extraordinario y una fuerza de voluntad inimaginable. De destrucción gratuita e intrigas criminales. La tragedia épica de un hombre que aspiraba a ser más que humano.

Christian Cameron (Pittsburg, 1962) es un escritor e historiador militar. Estudió Historia Medieval en la Universidad de Rochester antes de entrar a formar parte de la Armada de los Estados Unidos, donde sirvió como aviador y oficial de inteligencia. Después de licenciarse inició su carrera literaria dentro del campo de la intriga y el espionaje. En 2008 sorprendió a las letras británicas con la publicación de la serie ‘Tirano’ ambientada en la Antigua Grecia, proyecto que nació en el departamento de Lenguas Clásicas de la Universidad de Toronto mientras cursaba estudios de doctorado. Desde entonces, y tras la publicación de series como Long War o Alan Craik y otras obras ambientadas en la Edad Media o las Guerras Médicas, Cameron se ha convertido en uno de los escritores más conocidos de novela histórica en el panorama literario internacional.

Imperio de Alejandro 01Mapa que muestra el imperio de Alejandro Magno con la ruta seguida a lo largo de sus conquistas.

Con un gran trabajo histórico, “El dios de la guerra” nos lleva por la vida de Alejandro, hijo y sucesor de Olimpia de Epiro y Filipo II de Macedonia, desde su infancia hasta su muerte, dejando solo a la ficción las partes poco conocidas. Obra bien documentada, uno de sus puntos fuertes radica en la precisa descripción del ambiente en que se mueve. Sin embargo, esa misma minuciosidad en el detalle provoca cierta pérdida del hilo conductor, siendo su lectura un poco ardua en ocasiones como también lo indica el autor al final del libro donde explica sus entresijos. Entresacamos algunos párrafos:

“Escribir una novela sobre la guerra… es un juego difícil para un historiador aficionado. Hay muchos, muchos jugadores, y muchos lugares, y, francamente, ninguno es lo bastante bueno. En primer lugar, he tenido que tomar ciertas decisiones, y muchas de ellas han tenido que ver con el hecho de limitar el número de personajes a una cantidad que el lector pudiera asimilar sin que se sintiera su inteligencia insultada. Antígono y su hijo mayor, Demetrio, se merecen su propia novela, como así también Casandra, Eumenes, Tolomeo, Seleuco, Olimpia y el resto. Cada uno de ellos podría haber recibido el tratamiento de héroe y los demás el de villanos”.

“En lo que respecta a la historia estrictamente militar, he tomado varias decisiones que los lectores versados encontrarán extrañas. Por ejemplo, ya no creo en la existencia de los cosoletes de lino, o linothorax, y los he incluido en mis novelas. Tampoco creo que una falange macedonia armada con sarissas fuera mejor que el viejo sistema griego de los hoplitas. De hecho, sospecho que era peor, como sugiere la experiencia de las tempranas artes de la guerra, según la cual cuanto más largas eran las picas, menos esperabas de tus tropas. Los jóvenes granjeros macedonios no eran hoplitas; de hecho, carecían del sistema de apoyo social y cultural que creó a estos últimos. Fueron decisivos en su día, pero hasta que punto eran mejores que el sistema antiguo… bien, más que un cambio tecnológico ello respondió a un cambio cultural, o eso me parece”.

Falange 01Falange macedonia.

“Los elefantes no eran tanques ni un instrumento con el que se conseguían victorias como por ensalmo. A veces eran muy efectivos, y otras al contrario. He intentado mostrar ambas situaciones”.

“Lo mismo puede decirse de los arqueros a caballo. En terreno abierto, con remonta y armas ilimitadas, un arquero a caballo podía ser una pesadilla, pero unos pocos cientos de arqueros en las vastas extensiones en las que solía combatir Alejandro, no representaban más que una pequeña incomodidad. En resumidas cuentas, no creo en la historia militar. En la guerra se ven implicados aspectos económicos, religiosos, artístico, sociales: la guerra es inseparable de la cultura. En el período del que hablábamos no podías coger a un pastor egipcio e intentar convertirlo en un arquero a caballo sin cambiar su modo de vida, su estatus social y económico e incluso, quizá, su religión. Algunas cuestiones sobre tecnología militar ignoran las restricciones impuestas por la realidad de la época y la propia cultura macedonia, que en mi opinión llevaba desde el principio en su seno la semilla de su destrucción”.

“Luego está el problema de las fuentes. Cuanto más sabemos de… más advertimos que debemos ese conocimiento a unos pocos autores, ninguno de los cuales es contemporáneo. Para este libro he estudiado la vida de Alejandro. He contraído una gran deuda con Peter Greene, cuya biografía de aquel he seguido en muchos aspectos. Sin embargo, también he recurrido a fuentes tan opuestas como Arriano (a pesar de su actitud tan veneradora) y la obra de Plutarco sobre Alejandro, que no obstante su tono moralizante posee algunas gemas ocultas. Sospecho que Alejandro Magno no fue un héroe sino el Adolf Hitler de su época. Sospecho asimismo que fue al mismo tiempo un general talentoso y el beneficiario de algunos increíbles golpes de suerte”.

“Por supuesto, y dado que soy principalmente novelista y la historia es para mi solo una afición, en ocasiones las lagunas de las fuentes, e incluso los huecos y vacíos, constituyen los espacios en que se mueven mis personajes. A veces, la falta de conocimiento crea el encanto de determinado pasaje. En otras palabras, espero haber creado una versión verosímil del mundo de Alejandro”.

Con mucho diálogo, “El dios de la guerra” ayuda también a conocer a otros importantes personajes de la historia, comenzando por Aristóteles, famoso filósofo griego, maestro de excepción de Alejandro Magno, quizá la parte donde se trata en más profundidad la formación de su personalidad. Con un estilo narrativo en el que se nota la pasión de Christian Cameron por la historia militar de la Antigua Grecia, nos encontramos con descripciones de batallas demasiado técnicas. Lectura entretenida en general, tiene también sus partes espesas. La salva su acertado estilo narrativo. En ocasiones no es una novela fácil de leer, pero merece la pena.


Mirando hacia atrás sin nostalgia, las generaciones de la ‘espera’, sus ritos y sus juegos

enero 19, 2017

En “La vida con 30 años de diferencia o 30 años no es nada” hicimos mención con algunos ejemplos, irónicos en su mayor parte, en algún caso exagerados, también cáusticos, sobre la forma de reaccionar o abordar determinadas situaciones vistas desde la sociedad actual o bajo la óptica de hace 30, 40 o 50 años. Profundizando en esa diferencia, a continuación contrastaremos otras conductas de la niñez y adolescencia desde esa perspectiva histórica, porque en la educación, al igual que en muchas empresas, se hace necesario aplicar la técnica de la ‘mejora continua’ si se desea avanzar.  Esperemos que al final una de las preguntas o conclusiones sea… ¿Pero… cómo se ha llegado a este punto? ¿Se ha perdido ‘algo’ por el camino?

Sin título-2Nos estamos refiriendo a los niños y jóvenes de las generaciones de la Coca Cola, de la TV con dos canales, de calcetines hasta la rodilla,… De cuando se estaba en la calle con las bicis, las canicas o los cromos. De alguna que otra pelea, de salir en pijama a la escalera a jugar con los vecinos. ¡Qué tiempos! Los conocen bien aquellos nacidos antes de la Constitución de 1978 y que más de uno denominó generaciones de la ‘espera’ porque…
– “Después de la comida había que ‘esperar’ a hacer ‘dos horas de digestión’ antes de tomar un baño en el río, en la piscina o en el mar para no sufrir, incluso ‘morir’, de un corte de digestión”.
– “De ‘esperar’ un par de horas de siesta porque era necesario ‘descansar’ por decreto”.
“Y de… muchas ‘esperas’ más que harían esta lista interminable”.
– “Tanto es así que incluso había quien insistía en que hasta los dolores se curaban… ‘esperando’…”.
Son las generaciones que usaron pañales de tela que había que lavar después, chupetes de goma ‘marrón’ y orinales para hacer ‘pipi’. De cuando los cochecitos de bebés eran de hierro con ruedas grandes. Las que escuchaban radionovelas, a ‘Matilde, Perico y Periquín’ o a ‘Pepe Iglesias el Zorro’. Las que se pasaron horas y horas cantando la canción del Cola-Cao, disfrutaban con los tebeos de ‘El Jabato’, ‘El Guerrero del Antifaz’ o ‘El capitán Trueno’. Las que se iban dormir con la tele y la familia ‘Telerín’ cantando ‘Vamos a la cama,…’. Las de los niños del calzado ‘Gorila’, grande y que tanto duraba. Las que escuchaban música en un pick-up,…

Sin título-1Pero sobre todo fueron las generaciones de los niños que se pasaban el día jugando a… “las canicas, la peonza, la gallinita ciega, las chapas, el burro, la comba, a la una pica la mula, a pídola o salto del potro, al escondite, las tabas…”. Y ninguno o muy pocos sufrían apenas contusiones. Y eso en los juegos más ‘duros’. Por supuesto que nada de hernias ni demás complicaciones vertebrales. A unos juegos llamados ahora populares o tradicionales, que no son otros que los que ‘antes’ se practicaban en la calle o en el colegio. Aunque hoy no gozan de buena salud, entre otros motivos por la acelerada revolución tecnológica y el sedentario estilo de vida de nuestra sociedad, ningún niño debería perderse y más las generaciones actuales. Pues aparte de su valor cultural tienen gran influencia en la educación. Con ellos el niño o adolescente no sólo se divierte, sino que desarrolla su potencial físico, intelectual y social, todo muy en consonancia con lo que de forma un tanto llamativa se conoce como ‘gestión por competencias’. A decir verdad, cada día es más complicado jugar fuera de las casas familiares, de manera especial en las ciudades donde se ha ido perdiendo un espacio difícilmente recuperable. Una pena porque está demostrado que la cultura del juego en la calle enseña a respetar las normas, a organizarse sin la autoridad del adulto, tener amigos,… En definitiva, a… ¡vivir! y a… ¡educar en valores!

Sin título-3En fin, para que continuar. Solo decir que los niños de aquellas generaciones de la ‘espera’:
– En su tiempo libre, salían de casa por la mañana, jugaban todo el día, y a veces no regresaban (aparte de a la hora de la comida) hasta poco antes del anochecer que era una condición ‘sagrada’. Si acaso, y no siempre, a por la merienda, que era ‘casi’ obligatoria. Y por supuesto nada de artilugios de ‘localización’… como ahora con los teléfonos móviles.
– Y si alguna vez había una rotura de dientes o similar no existía ninguna ley para castigar a los culpables. A veces, cuando se jugaba a la ‘guerra’ o a otros ‘divertimentos’, las pequeñas heridas, como eran… ¡cosas de niños!, se curaban con mercromina, un antiséptico para todo, o a lo sumo recibían unos ‘puntos’. Y no pasaba nada. No había culpables; a lo sumo uno mismo por no prestar atención.

Aunque no todo se reducía a la ‘espera’ o al juego. Fueron también unas épocas para recordar por otros aspectos, positivos unos, otros… no tanto. Por citar solo algunos de los más ‘curiosos’:
– Se corría en bicicleta sin casco y casi nunca había grandes magulladuras.
– Se construían patines con tablas y ruedas de rodamientos para bajar por las cuestas. Y solo al final, muy al final, del periplo, alguno se daba cuenta de que se le habían olvidado los frenos. ¡O no los tenía! Eso si,… después de caerse un par de veces ya se había aprendido a afrontar el problema.
– Se comían pasteles o bebían refrescos sin muchas restricciones, y sin embargo no había casi obesos. Como mucho alguno estaba gordo y poco más.
– Se ‘quedaba’ con los amigos para salir. Y a veces ni eso. ¡Se salía y punto!, pues se sabía que la calle era el punto de encuentro para jugar,… Ah!, y a casa de los amigos se iba andando o en bici… quien la tuviera.

Sin título-4Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, se aprendió a crecer con ello pues también se tenía libertad, fracaso, éxito, responsabilidad,… De ahí que a muchos que pertenecen a esas generaciones de la ‘espera’ no les sorprenda que ahora los niños estén a veces un poco… ‘despistados’. Si tú eres de esas generaciones, y sin querer decir que ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’, ni tampoco en ‘clave de nostalgia’… ¡enhorabuena!, porque tuviste la suerte de crecer como un niño… de los de antes. Muchos creerán tener ‘sus’ razones, opuestas en algún caso, porque… “nada es verdad, ni nada es mentira, sino que todo depende del cristal con que se mira”. Pero sin necesidad de recurrir a aquella canción que dice:“¡Que tiempo tan feliz!, que nunca olvidaré,…” no cabe duda que cada época tiene su encanto. Y aunque la nostalgia sea un bonito bálsamo para usar de cuando en cuando, siempre se debe ser consciente que el pasado quedó atrás y es el presente el que se tiene que manejar y apreciar. Eso sí, siendo críticos y a la vez esperanzados con las lecciones de la experiencia. Las distintas generaciones que conviven entre sí tienen mucho que aprender y enseñarse mutuamente.


La rutina, la velocidad y las consecuencias de un cambio

enero 9, 2017

Adrián Paenza, profesor universitario conocido por su serie “Matemáticas, ¿estás ahí?”, nos plantea en esta ocasión un problema sencillo pero profundo a la vez. Sin apenas cálculos, su solución solo requiere pensar sin desechar ningún camino. Dice así:

”Un comerciante viaja a su trabajo todos los días usando el mismo tren, que sale de la misma estación y que tiene los mismos horarios, tanto de ida como de vuelta. Para colaborar con él, su mujer lo lleva por la mañana hasta la estación y luego lo pasa a buscar a las 5 de la tarde con su coche, de manera que pueda evitar el viaje en autobús. Para el problema en si, lo importante es que su mujer lo encuentra todos los días a la misma hora, a las 5 de la tarde, y viajan juntos hasta su casa.

reloj-03Un día, el marido termina su trabajo más temprano y toma un viaje previo que lo deja en la estación a las 4 de la tarde en lugar de a las 5, como era lo normal de cada día. Como hace un día espléndido, en vez de llamar a su mujer para contarle el cambio, decide empezar a caminar por la misma calle que usa ella para ir a buscarlo. Tal y como había previsto ambos se encuentran en el trayecto. Entonces, el marido se sube al auto y regresan juntos a su domicilio, al que llegan 10 minutos antes de lo habitual.

Si uno supone la situación ideal (e irreal también) de que:
a) La mujer viaja siempre a la misma velocidad,
b) Sale siempre a la misma hora de la casa para ir a buscar a su compañero,
c) El hombre se sube al auto de forma instantánea y sin perder tiempo, y
d) No aparece nada extraño en el camino, ni semáforos que dilaten o aceleren el tránsito, etc.

¿Puede usted determinar cuánto tiempo caminó el marido cuando su esposa lo encontró?”

Se trata de un problema que en principio puede desconcertar ante la escasez de datos para su resolución. No es así. Son suficientes. Solo hace falta pensar de un modo un poco ‘diferente’. Un buen ejemplo para poner a prueba nuestro ingenio. Como una pequeña aclaración solo añadir que no hace falta conocer ni la velocidad a la que iba el marido o de la mujer en su coche, ni tampoco la distancia entre el domicilio y la estación. Si acaso solo tener en cuenta lo señalado al final del enunciado.

La solución en un próximo post.

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A continuación mostramos la solución al problema planteado en el post: “El triángulo, su área y una pregunta capciosa”

A simple vista nuestro problema parece sencillo, pues bastaría recordar que el área de un triángulo es el resultado de multiplicar la base (10) por la altura (6) y dividir el producto por 2 (b*h/2). O lo que es lo mismo: 10*6/2= 30. Ahora bien, como muy bien dice el entrevistador, el triángulo rectángulo que nos ocupa no es posible. Y no lo es porque para un valor de la hipotenusa de 10, la altura máxima asociada la a misma nunca puede ser 6 sino 5. Una demostración sencilla.

Sabido es que el ángulo opuesto a la hipotenusa de un triángulo rectángulo es 90º, mientras que los dos ángulos restantes son complementarios entre sí. Lo que nos lleva decir que, para un determinado valor de la misma, todos los triángulos posibles son los inscritos en una circunferencia cuyo diámetro sea la hipotenusa. Tal y como muestra la figura, se puede observar entonces como la altura asociada a la hipotenusa es máxima cuando es igual al radio de la circunferencia. Por tanto, si su longitud es 10, su altura relativa como máximo es 5, y su área 25. O bien si el valor de la altura (6) fuese correcto, no lo sería el de la hipotenusa (12), y su área 36. En cualquier caso, nunca podría existir un triángulo rectángulo como el indicado en el enunciado (hipotenusa 10 y altura asociada 6).

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Canciones con historia: “Rock around the clock”. Bill Haley & His Comets

diciembre 27, 2016

“Rock around the clock” es para muchos la canción que en 1955 marcó el inicio del gran éxito del rock and roll, el género musical que revolucionó a una sociedad estadounidense con demasiados prejuicios y que a partir de entonces empezó a disfrutar de un ritmo que parecía uso exclusivo de los negros. Eran tiempos en que predominaba la música romántica y sentimental dirigida al público adulto y donde los jóvenes adolescentes no se sentían atraídos por ningún tipo en particular. Aunque las bases del rock se retrotraen a algunas grabaciones de los años 20-30 o determinados Rock Around the Clock 05temas orquestales de músicos como Louis Jordan, uno de los pioneros del jazz, la llegada de músicos blancos en la primera mitad de los años 50 con un ritmo alegre que mezclaba swing, rhythm and blues y country lo cambió todo de manera radical.

Compuesta en 1952 por Max C. Freedman y James E. Myers, “Rock around the clock” fue grabada por primera vez por el grupo Sonny Dae and His Knights pasando bastante desapercibida. Tampoco tuvo mucho éxito la primera versión realizada por Haley en 1954 para la firma Decca Records. Sin embargo, en 1955 ocurrió un hecho singular que marcó su historia para siempre. Ocurrió durante el estreno de la película “Semilla de Maldad” (‘Blackboard Jungle’) protagonizada por Glenn Ford en el papel de profesor de un colegio público a cargo de jóvenes indisciplinados dominados por un delincuente juvenil. Su argumento se centra en la rebeldía de la juventud de aquellos años y ya desde la primera escena aparecen Bill Haley & His Comets interpretando “Rock around the clock”. Cuentan que su director, Richard Brooks, se encontraba buscando una canción representativa de esa actitud rebelde para incluir en la película y que gracias al hijo adolescente de Glenn Ford, que le prestó algunos discos, la terminó eligiendo por su desenfreno y provocación. Fue tal el éxito, por inesperado, que cuando los jóvenes entraban al cine, nada más apagar las luces e iniciarse la proyección, se ponían a bailar en los pasillos al son de la primera estrofa: “One, two, three o’clock, four o´clock rock….”. No digamos nada cuando se llegaba al primer “We’re gonna rock around the clock tonight…”. Aquí el público no solo bailaba, sino que cantaba y gritaba como si estuviera en una actuación en directo. El 9 de julio de 1955 “Rock around the clock” lograba el Nº 1 en las famosas listas Billboard, la primera canción de rock que lo conseguía, convirtiéndose en el himno de toda una generación. A partir de entonces se puede decir que el rock and roll revolucionó el negocio de la música.


Bill Haley & His Comets en 1955 interpretando “Rock around the clock”.

“Rock around the clock”
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Bill Haley (1925-1981) y su banda inicial The Saddlemen editaron su primer single en 1949 gracias a una pequeña compañía (Cowboy) dirigida por Jack Howard y Dave Myers, dos personas muy influyentes a lo largo de su carrera. Sus canciones, bien acogidas por la crítica, aunque no en sus ventas, les sirvieron para firmar un contrato en 1951 con Dave Miller, propietario de la discográfica Essex, con la que grabó una versión de ‘Rocket 88’, uno de los éxitos entonces. Tampoco en esta ocasión llega a conectar con el público, ni en los singles siguientes. Sin embargo, un año más tarde, al regreso de una gira de pequeños conciertos, decide versionar el rhythm and blues ‘Rock the joint’ convirtiéndole en una composición explosiva con un sonido duro y atractivo con la que logra por fin entusiasmar al público en especial en sus actuaciones en directo. Fue su primer gran triunfo, que además le marcó su camino musical de la mano de un manager experto como Jim Ferguson cuya primera decisión, claramente de ‘imagen’, fue cambiarles su vestimenta de estilo ‘cowboy’ por un más acorde look de smokings blancos y llamativos conjuntos de chaqueta y corbata.

Bill Haley 01Bill Haley & His Comets durante una de sus actuaciones en directo. Se pueden apreciar algunas de sus ‘marcas’ personales como los trajes de etiqueta y el comportamiento enérgico sobre el escenario con Haley como estrella y su característico ‘rulo’ sobre la frente, los movimientos acrobáticos de Ambrose al tocar el saxo y otro de sus compañeros ‘cabalgando’ el contrabajo como si fuera un potro salvaje. En su tiempo fueron consideraron tan revolucionarios como The Beatles o The Rolling Stones en la década del 60.

En 1953 realizan otro cambio radical sustituyendo el nombre del grupo por Bill Haley & His Comets. Graban ‘Crazy man crazy’, una composición de Haley cuyo título toma de una frase que solía escuchar a menudo al público adolescente, con el que logran entrar por primera vez en el top ten de las listas. Además, marcó el estilo del grupo acentuando los ritmos, el sonido ‘metálico’ de las guitarras, utilizando la percusión del contrabajo que junto a la batería crearon la base sobre la que se ‘movería’ el resto de la banda, incluida la voz. Una fusión que como el propio Haley dijo resultó fruto de casualidades y de la gran influencia de la música negra. Fue también la primera canción de rock televisada por una cadena nacional al ser incorporada como banda sonora en un programa protagonizado por el célebre actor James Dean.

Aunque sus siguientes singles no llegaron despegar, serían precisamente ‘Crazy man crazy’ y ‘Rock the joint’ las canciones que le abrirían las puertas para ser contratado por la firma Decca Records. Una historia si se quiere algo rocambolesca que merece la pena contar y que forma parte de todo el entramado que implicó que al final “Rock around the clock” se convirtiese en un su mayor éxito. Su antiguo mentor Dave Myers, que en 1952 ya le había propuesto grabar un tema que era muy del agrado de Haley, no pudiendo llevarlo a cabo por su manifiesta enemistad con Miller, le allana el camino para que pueda firmar con Decca, importante discográfica que en aquel momento buscaba una figura en ciernes para sustituir a Louis Jourdan, excelente saxofonista y cantante de blues ya citado. Es entonces cuando retoma “Rock around the clock” cambiando un poco el estilo al darse cuenta que fusionado con el rythm & blues funciona de maravilla. Lo graba con su grupo formado por el pianista Johnny Grande, el guitarra ‘steel’ Billy Williamson, el saxo Joey ‘Ambrose, el bajo Marshall Pignatore y el guitarra solista Dandy Cedrone, además del batería Billy Gussack, en abril de 1954 en una ‘accidentada’ sesión de poco más de tres horas donde ocurrieron bastantes anomalías, empezando porque casi no llegan a los estudios al quedar encallado en la arena el ferry en el que viajaban, siguiendo porque durante la grabación la voz de Halley quedaba ‘disminuida’ por el sonido de los instrumentos, la batería tampoco funcionaba bien y algún otro ‘percance’ más. Aunque su éxito inicial fue modesto, mucho menor que el conseguido un par de años antes con “Crazy Man, Crazy” y con “Shake, rattle and roll” grabada a comienzos de 1954, recibió el espaldarazo definitivo en 1955 con la película ‘Semilla de maldad’, convirtiéndose en el mayor triunfo en la carrera de Bill Haley y una de las canciones más importantes de la historia del rock and roll.

Bill Haley y Elvis Presley 01Bill Haley y Elvis Presley en 1958 durante una visita que le hizo este último cuando estaba realizando su servicio militar en Alemania.

Sin embargo, Bill Haley pronto empieza a notar cierta pérdida de popularidad. Se tiene que enfrentar a una dura realidad. Sucedió entre 1956 y 1957 al verse desplazado por la imagen más sexual y salvaje de músicos como Elvis Presley, Little Richard, Jerry Lee Lewis, Ritchie Valens, Fats Domino, Buddy Holly o Chuck Berry, que dominan el panorama musical estadounidense. La banda comenzó a tener dificultades para encadenar nuevos éxitos, siendo ‘See you later, alligator’ el último tema en entrar en el top ten a principios de 1956. Viendo que el panorama musical de su país no le era favorable, en 1961 firma un contrato con la firma mejicana Orfeon Records y logra triunfar en los países de habla latina con el twist, el nuevo rimo de moda. Lanza su último disco en 1967 y a partir de ahí no vuelven a realizar ninguna grabación en los siguientes 30 años, volcándose el resto de su carrera en difundir el rock en español (Haley lo hablaba muy bien) en el mercado internacional donde continúan siendo una banda líder en las preferencias juveniles con sus actuaciones en directo.

Aunque resulta difícil determinar quien fue el o los fundadores del rock, se puede asegurar que Bill Haley & His Comets son unos auténticos pioneros del género. Los datos hablan por sí solos. John Lennon, reconocido cantante y miembro de The Beatles, en unas declaraciones a la revista Playboy en 1981 decía: “Yo no tenía idea de que la música podía ser una forma de vida hasta que el rock and roll me golpeó”A lo que entonces el entrevistador le pregunta: “¿Te acuerdas de que fue específicamente lo que te golpeó?”, que responde con esta contundente frase: “Fue ‘Rock around the clock’”. Una de las canciones más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Estandarte de una generación, era rock en estado puro.


El portal de Belén, el nacimiento de Jesús y un poco de historia

diciembre 17, 2016

Un año más se acerca la Navidad y con ella toda su historia. Se percibe en el estado de ánimo, en la iluminación festiva, las canciones que susurran los altavoces, en la gente que camina por las calles, en… ¡Es el espíritu de la Navidad! Una de las tradiciones más universales que siempre trae emociones, sentimientos, alegría, añoranzas y también esperanza.

En uno de nuestros post dedicados a la Navidad ya dijimos que la costumbre de montar el Belén o Nacimiento fue introducida por primera vez por la Iglesia en la Edad Media. nacimiento-01Según parece, se remonta hasta San Francisco de Asís cuando en la noche del 24 de diciembre de 1223 revivió el nacimiento de Jesús en la cueva de Greccio (Italia). A partir de entonces se empieza a difundir, llegando a España en el siglo XV con las estatuas de madera que hacen acto de presencia en iglesias y monasterios, y no es hasta el siglo XVII cuando irrumpe en los hogares con las figuras de barro cocido donde nobles y soberanos compiten por presumir del Belén más hermoso.

Aún existe alguna controversia sobre el lugar y fecha del nacimiento de Jesús. Para muchos, coincidiendo con la tradición, nació en Belén, sin embargo hay quien sostiene que lo hizo en Nazaret. Ni siquiera los exégetas (intérpretes de textos antiguos, en especial de las Sagradas Escrituras), se han puesto de acuerdo. Su infancia es una de las etapas menos conocidas de su vida. Incluso para los evangelistas. Su etapa de niño y adolescente apenas se menciona en los textos, si se exceptúa algún pasaje puntual. Lucas (2.7) hace una pequeña referencia al lugar de nacimiento: “En Belén, María dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el albergue”. O Mateo cuando dice: “Jesús nació en Belén de Judea, en los días del rey Herodes. Unos magos vinieron a Jerusalén… preguntando por el lugar del nacimiento del rey de los judíos. Lógicamente, los sacerdotes responden que en Belén, según la profecía de Miqueas”.

Tampoco la fecha está del todo clara. Xavier Picaza, teólogo español, uno de los mayores estudiosos del tema, en un artículo titulado “Jesús, nacido en Nazaret, oriundo de Belén” señala: “La tradición del evangelio sabe que nació en tiempos del César Augusto, cuando reinaba en Palestina Herodes el Grande, es decir, unos años antes de lo que supone la datación oficial, calculada de un modo equivocado. Debió nacer el 6 a. C., en los últimos años de Herodes, en un tiempo que empezaba a estar marcado por fuertes contrastes. Un monje escita, de comienzos del siglo VI d. C., calculó que Jesús había nacido el año 753 de la Fundación de Roma y esa fecha se ha impuesto, hasta el día de hoy, como ‘año cero’ de la era común. Pero los cálculos históricos modernos indican que se equivocó, de manera que Jesús nació unos 6 ó 4 años antes. La fecha de la media noche del 25 de diciembre es simbólica y está vinculada con el culto al Sol que celebraba su fiesta ese día”.

Dentro de todo este contexto, lo que si parece es que tras más de 2000 años todavía se conservan algunos vestigios o reliquias del nacimiento e infancia de Jesús. Desde la cuna al pañal, pasando por los Reyes Magos y los ángeles, los pastores, y algunos otros símbolos que forman parte de su historia. Así, por ejemplo, aunque en los Evangelios no se hace mención a ninguna cuna, en la basílica romana de Santa María la Mayor se veneran algunos listones de madera que la formaban y también una brizna de paja del heno del pesebre. La reliquia, en territorio de la Ciudad del Vaticano (todas las basílicas mayores de Roma lo son), fue donada por la Corona Española, muy vinculada a este templo del que el actual rey Felipe VI es canónigo honorífico.

La imagen de una madre que deja el delicado cuerpo de su hijo recién nacido en un pesebre fue la que emocionó al Papa Sixto III, que en el año 432 decide realizar dentro de la basílica de Santa María la Mayor una “gruta de la Navidad” parecida a la de Belén, convirtiéndose de esa manera en el primer pesebre de la historia objeto de devoción popular. Se hizo tan famosa que algunos fieles, cruzados y peregrinos a su vuelta de Tierra Santa, empezaron a ofrecer como regalo algunas reliquias que traían del portal de Belén, entre ellos los listones de madera de la cuna.

cuna-03Fue el Papa Gregorio XI, más de un siglo después de que se empezase a difundir la costumbre de celebrar el nacimiento de Jesús iniciada por San Francisco de Asís, quien tuvo la idea de colocar estos vestigios en el interior de un tabernáculo, especie de urna que se suele colocar en el altar mayor de las iglesias. Aunque dejaron los restos de la cuna, este relicario fue destruido, luego construido de nuevo, y finalmente robado, por las tropas de Napoleón durante la ocupación de Roma (1799). El actual existente, majestuoso, sostenido por cuatro querubines de oro y coronado por un Niño Jesús, sigue conservando los listones de madera y fue realizado por Giuseppe Valadier (1762-1839), arquitecto y orfebre, máximo exponente del neoclasicismo de la ciudad. Para que los fieles pudieran venerarlo, se solía exponer en la nave central durante las fiestas navideñas, pero con los años, debido al mal estado de conservación de los restos, solo se hace en contadas ocasiones como en la misa del Gallo.

Otras reliquias que aún se conservan son algunos restos pertenecientes a los pastores que acudieron al portal de Belén a adorar al Niño Jesús. Se encuentran enterrados bajo un altar en la iglesia de San Pedro y San Fernando en Ledesma, pueblo de Salamanca, un pequeño templo sobre el que gira una de las leyendas más divulgadas. Cuenta que pertenecieron a los Santos Pastores Isacio, Josefo y Jacobo. Su origen sigue siendo una incógnita. Como han recogido las crónicas a lo largo de la historia, pudieron ser traídos desde Tierra Santa hasta Ledesma en el año 1149, después de ocupar Jerusalén, por un caballero cruzado natural de la localidad, Micael Dominiquiz. A partir de ahí se suceden una serie de vicisitudes en las que no vamos a entrar, que terminan con su colocación en un arca cerrada en la iglesia de San Pedro, su destino final. Una noticia que se propagó rápidamente, llegando a oídos del Papa Inocencio XI, que le concedió el privilegio de una cofradía para salvaguardar el tesoro, permaneciendo ocultos durante siglos bajo sus muros en un antiguo cofre de madera hasta que fue descubierto durante unas obras a finales de 1965. “Los pastores fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre” (Lucas 2,16-17), así dice el Evangelio, y la tradición que sus restos se encuentran en Ledesma junto a sus zurrones y tijeras de esquilar.

Los Reyes Magos también forman parte de esta pequeña historia de las reliquias. Así narra el evangelista Mateo (2.11) su llegada al pesebre. “Vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas le rindieron homenaje; luego abrieron sus cofres y como regalos le ofrecieron oro, incienso y mirra”. Si bien el Evangelio no indica cuántos eran, sí dice que llevaron tres regalos y viajaron desde Oriente hasta Belén intrigados por una estrella que anunciaba el nacimiento de un rey. Su visita causó la desconfianza de Herodes que les ruega averigüen el sitio del nacimiento de Jesús, pues lo veía como un gran peligro para su reinado y pretendía acabar con él. Los Magos, que no sospechaban nada, encontraron al Niño, lo adoraron y le obsequiaron con sus regalos. Después, un ángel les previno sobre las intenciones del rey decidiendo regresar a sus países por un camino distinto. Es entonces cuando Herodes, fuera de sí, monta en cólera y ordena matar a todos los niños menores de dos años, aunque ya antes San José había sido avisado en sueños de que debía huir a Egipto con su familia.

Las figuras de los Reyes Magos aparecen ya en las catacumbas de Priscila, cementerio romano-paleocristiano que se encuentra en la Vía Salaria, uno de los más antiguos de la ciudad de Roma. En uno de los frescos de sus paredes del siglo II-III se pueden ver tres figuras con vestiduras persas que se acercan a la Virgen María y al Niño Jesús. Muchos han buscado sus tumbas a lo largo de los tiempos. Parece que fue la emperatriz Elena, madre del emperador romano Constantino, entusiasta de las reliquias religiosas, quien en el año 300 las encontró en Saba, cerca de la actual Teherán. De inmediato ordenó el traslado de sus restos a Constantinopla (hoy Estambul) donde permanecieron tres siglos en una capilla ortodoxa. Más tarde, en tiempos de la Segunda Cruzada, San Eustorgio, obispo de Milán, durante la visita que hizo al emperador para que aceptara su nombramiento como era preceptivo, recibió como regalo las veneradas reliquias que fueron trasladadas a su diócesis. Allí fue donde las encontró después Federico I, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, apodado Barbarroja por el color de su barba, que tras saquear la ciudad las donó a su vez a Reinaldo de Dassel, arzobispo de Colonia en 1164, donde reposan hasta hoy, en su catedral, en un espléndido sarcófago de oro, plata y madera que se tardó 45 años en construir. El último peregrino ilustre que las visitó fue el anterior Papa Benedicto XVI en el año 2005, pocos meses después de ser elegido. En su libro “La Infancia de Jesús”, donde dedica un capítulo a los Reyes Magos, además de señalar que pertenecían a la casta sacerdotal persa y verlos como sabios o filósofos en su sentido más literal, dice: “Son personas que van en busca de la verdad y del verdadero Dios”.Fueron los primeros no judíos que reconocieron al Niño Jesús como Dios.

relicario-tres-reyes-magos-01Relicario de los tres Reyes Magos en la catedral de Colonia.

Podríamos seguir contando más historias acerca de otros vestigios o reliquias relacionadas con el nacimiento de Jesús. Citaremos de forma somera solo algunas como las plumas de los ángeles dispersas por varios sitios, unas pertenecientes a los que se aparecieron a los pastores y otras atribuidas al arcángel San Gabriel cuando anunció a María que iba a ser madre de un niño. Aunque se le ha perdido la pista, esta última, considerada una de las reliquias más apreciadas en la Edad Media, estuvo durante bastantes años en el monasterio de El Escorial. También existe otro relicario en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, donde como ya hemos dicho están también los listones de la cuna. Se trata de un trozo de tela de los pañales que utilizó la Virgen para envolver al Niño. Aunque el más famoso de estos trozos, del que solo quedan tres hilos, se encuentra en Lérida y parece estar dotado de poderes especiales, pues se decía que curaba las enfermedades de aquel que lo colocaba en su cabeza. Muy venerado por reyes y Papas durante siglos, fue donado a la catedral en 1297 por un comerciante leridano que lo halló viajando desde Jerusalén a Túnez. Durante la Guerra Civil se perdió casi por completo, quedando solo los hilos citados. Existen otras reliquias sobre las que no nos vamos a extender para no hacer más extenso el artículo como el prepucio del Niño Jesús, su cordón umbilical, piedras del portal,…

Hasta aquí esta pequeña historia acerca del nacimiento de Jesús del que el actual Papa Francisco ha dicho en una audiencia reciente: “No conocemos apenas nada de la infancia de Jesús. Las raras indicaciones que poseemos hacen referencia a la imposición del nombre después de ocho días de su nacimiento. Sabemos poco del Niño Jesús, pero podemos aprender mucho de Él, si miramos la vida de los niños”. Un año más, cumpliendo con la tradición, se montará un pequeño Belén en muchas casas. Una pequeña aportación a una Navidad más íntima. Una celebración de bondad, de deseos de paz y sosiego, en un mundo complicado. Una reliquia más que sobrevive en el tiempo. Un tema eterno que cada año parece distinto. Pocas cosas han cambiado desde nuestra niñez hasta hoy. La Navidad llama a nuestra puerta.