Quino, Mafalda, y su visión del mundo actual

abril 16, 2019

Quino (Joaquín Salvador Lavado, Mendoza, Argentina- 1932) es un famoso humorista gráfico argentino muy conocido también en España, que practica un humor ácido, de enfoque más bien pesimista, con historias llenas de ternura referidas a la condición humana. Hijo de españoles, le pusieron ‘Quino’ para diferenciarlo de los muchos ‘Joaquín’ que había en su familia. Su personaje más conocido es Mafalda, una niña contestataria de seis años, inquieta, preocupada por la paz y los derechos humanos, y muy crítica con sus padres a los que tacha de conformistas. Con sus mensajes intemporales (sus ‘aventuras’ se desarrollan en el período 1964-73), Mafalda es una niña que se rebela contra el mundo que están ‘dejando’ sus mayores, poniendo en solfa los esquemas de los adultos con cuestionamientos morales en apariencia sencillos pero muy difíciles de rebatir que a nadie dejaban indiferentes. Su queja de niña, infantil, irónica, y de gran carga moral, uno de sus temas favoritos era la crítica social sobre el comportamiento del ser humano. Muy popular no solo en su país, sino también en toda Latinoamérica y muchos países de Europa, en España se convirtió en un icono al que muchas ciudades han dedicado esculturas como es el caso de Oviedo, donde ocupa un lugar preeminente en el parque San Francisco.

Cuando en una reciente entrevista le preguntaban a Quino sobre la opinión que tendría Mafalda acerca de la situación del mundo actual contestaba contundente: “Mafalda diría que el mundo hoy es un desastre y una vergüenza”. A continuación dejamos una interesante reflexión de Quino sobre este tema preocupante donde trasluce su humor sarcástico en plenitud.

Como dijo Quino“Sé que he puesto el dedito en una tecla que mueve muchas cosas. Me gustaría ser recordado como alguien que hizo pensar a la gente en las cosas que pasan”.

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Canciones con historia: “La bamba”. Ritchie Valens

abril 6, 2019

“La bamba” es una canción, un ‘son jarocho’, que triunfó en todo el mundo a ritmo de rock and roll interpretada por Ritchie Valens, cantautor y guitarrista estadounidense de ascendencia mejicana.

De autor anónimo, cuenta una leyenda que sus primeras letras y acordes tienen su origen en una composición de los trabajadores de Malibrán (Veracruz- Méjico) en la época de los piratas allá por los años 1500. Al menos así lo narra Concepción Díaz Cházaro, directora del archivo histórico del puerto de Veracruz y cronista de la ciudad: ”… llega una invasión de piratas y la condesa de Malibrán tenía muchos trabajadores y cuando ella se preocupa diciendo ‘hay que ver esos piratas que vienen’, ellos comienzan a cantar ‘ay tilín, tilín, tilán, que repiquen las campanas de Malibrán; ay tilín, ay tilín, tilín, que repiquen las campanas de Medellín”. Se decía entonces que la condesa solía mandar a su servidumbre a verificar la llegada de los piratas y que tarareaban una canción que improvisaban con estrofas donde decían que… “se armaría una ‘bamba’”.

Parece pues que de Malibrán, “donde se hacían e improvisaban los sones y se bailaba fandango”, salió el ‘son’ de la bamba, una música que a través de sucesivas generaciones fue alimentada con los recuerdos, frases pícaras y momentos importantes de la zona, ‘naciendo’ aquel famoso dicho de… “yo no soy marinero, yo no soy marinero por ti seré, por ti seré, por ti seré” que con el tiempo se convirtió en una estrofa popular jarocha reconocida por todos. Si bien hay que decir que otras fuentes, también con muchos defensores, sitúan el origen de “La bamba” en los últimos años del siglo XVII con una letra que satirizaba los esfuerzos a destiempo e ineficaces del virrey de Méjico para defender de los piratas a los ciudadanos del puerto de Veracruz, la Villa Rica de la Vera Cruz fundada por Hernán Cortés (1519) que se convertiría en un lugar estratégico para el comercio con España. Una ciudad rodeada de piratas que en 1683 se apoderan de la Villa encerrando a sus habitantes en la iglesia de la plaza mayor para así poder saquearla. Tras cuatro días de asedio, fue entonces cuando el Virrey de Méjico para prevenir nuevos ataques implantó una serie de normas con repiques de campana, alistamientos inmediatos y otras medidas que la población se tomó con gran sorna, y, según se cuenta, a partir de ahí comenzaron a surgir las estrofas de esta canción que fueron creciendo de manera espontánea.

Sobre lo que no hay duda es acerca de la procedencia de un ‘son jarocho’, una expresión musical que combina la danza zapateada y la poesía cantada, característico de la región del Sotavento mejicano, con el que a principios del siglo XIX se designaban a los distintos sonecitos del país que incorporaban el baile en las fiestas populares. Durante los siglos venideros, “La bamba” continuó siendo cantada y bailada, sobre todo en Veracruz donde se convirtió en un himno popular de la región, hasta que en 1958 Ritchie Valens grabó su versión a ritmo de rock and roll y la popularizó a nivel mundial convirtiéndola en un clásico del género.


“La bamba” cantada por Ritchie Valens.

“La Bamba”

Los versos con que se suele entonar “La bamba” son muy diversos: se canta a las mujeres, a los sentimientos, a las situaciones cómicas del pueblo (jarocho),… Aunque existen estrofas comunes en casi todas las versiones, lo cierto es que su contexto invita a introducir otras de forma espontánea. En la letra adjunta se han recopilado las más populares, entre ellas las del cantante José Feliciano que hizo una conocida versión distinta a la tradicional y que dice aquello de:

“Para subir al cielo, para subir al cielo
se necesita una escalera grande”,
una escalera grande y otra chiquita.
Ay, arriba y arriba, Y arriba y arriba
Por ti seré, por ti seré, por ti seré”.

En otra de las versiones, en España muy entonada, se incorporan unos versos que dicen:

“En mi casa me dicen, en mi casa me dicen
el inocente, porque tengo muchacha,
porque tengo muchacha de quince a veinte.
Ay, arriba y arriba, ay arriba y arriba
Arriba iré, por ti seré, por ti seré”.


José Feliciano y Trini López cantando “La bamba” en directo en San Antonio en 1974.

Ritchie Valens (Ricardo Esteban Valenzuela Reyes) (1941-1959) nació en California. Hijo de inmigrantes mejicanos, sus padres siempre le inculcaron el amor por las tradiciones y la música de su país. Algo que siempre llevó muy dentro y que pronto aderezó a ritmo de rock and roll, que en aquellos años arrasaba entre la juventud. Tras unas primeras incursiones como líder de un grupo llamado The Silhouettes, fue contratado con tan solo dieciséis años por Bob Kane, productor discográfico, que enseguida le vio como una figura en ciernes, un nuevo talento que en su primer single se situaba en el puesto Nº 42 de las listas. Poco después, su siguiente tema, ‘Donna’, una hermosa balada, confirmaba su futuro meteórico alcanzando el Nº 2, un triunfo que poco después llegaba de forma estruendosa con “La bamba” (1958), la canción que le daría fama universal.

Su carrera, tan exitosa como fulgurante, hizo que le contratasen para la gira ‘Winter Dance Party’ al lado de artistas consagrados como Buddy Holly, considerado uno de los pioneros del rock y a quien el crítico Bruce Eder calificó como: “La fuerza creativa más influyente en el temprano rock and roll”. Fue una gira con viajes agotadores, que recorría en autobús el Oeste americano en pleno invierno donde lo normal era alcanzar temperaturas hasta – 30º. En uno de ellos, durante el trayecto de 450 Km. que separaban Iowa de Minnesota, se estropeó la calefacción, suceso que cambiaría la historia del rock pues hizo que Buddy Holly decidiese que el siguiente viaje lo haría en un vuelo privado. Y así lo hizo. Alquiló una avioneta de tres pasajeros para él y otros dos miembros de su banda. Cuenta una leyenda que sus acompañantes se pusieron enfermos y Ritchie Valens, al igual The Big Booper, se ganó una de las plazas por sorteo tras lanzar una moneda al aire. La avioneta que despegó en medio de una tormenta de nieve terminó estrellándose a los pocos kilómetros en un campo de maíz muriendo todos los ocupantes. Era el 3 Febrero de 1959, un día al que más tarde se llamó ‘El día que murió la música’, término acuñado por Don McLean en su famosa canción ‘American Pie’ (1971) y que hace referencia a la historia del rock desde la muerte de Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper en 1959 hasta el año 1970.


“La bamba” interpretada por Los Lobos, tema central de la película (1987) del mismo nombre que narra la vida de Ritchie Valens.

Sólo dos canciones en español han logrado alcanzar el Nº 1 de las listas Bilboard USA y una de ellas fue la “La bamba” interpretada por Los Lobos en 1987, el tema de Ritchie Valens, para muchos el gran pionero del rock latino.


“Secretos imperfectos”. Hjorth & Rosenfeldt

marzo 27, 2019

“Secretos imperfectos” es una novela ‘negra’ muy entretenida. Con un argumento que engancha, bien construido, mantiene en todo momento la atención buscando a un culpable cambiante en la mente del lector tras un enmarañado intríngulis que los autores tejen con maestría.

Sinopsis
En una zona boscosa de Vasteras un joven de dieciséis años ha sido brutalmente asesinado. No hay pistas, la policía está perdida y no sabe por donde tirar. Pero un viejo conocido aparece de improviso: Sebastián Bergman, el mejor y más insufrible psicólogo criminal de Suecia, retirado del servicio desde hace algún tiempo.

Cuando Bergman descubre un hecho desconocido de su pasado que no puede ignorar, necesita tener acceso a los archivos policiales y se ofrece a ayudar a esclarecer el crimen para desesperación del equipo que investiga el caso, a cuyos integrantes humilla sin cesar. En Vasteras existe más de un secreto que saldrá a la luz.

Tremendamente adictivo, de un calado psicológico excepcional, “Secretos imperfectos” es el primer título de una serie que ha arrasado en toda Europa.

Michael Hjorth (1963) es uno de los más famosos productores de cine y televisión de Suecia y guionista reconocido con varias películas en su haber sobre el inspector ‘Wallander’ de Henning Mankel, famoso escritor por esa serie y uno de los principales artífices del auge de la novela negra en Europa.

Hans Rosenfeldt (1964) es el principal guionista de Suecia y creador de la serie de televisión de mayor éxito escandinavo de todos los tiempos, la policíaca ‘The Bridge’ que se ha emitido en más de 170 países.

En un principio “Secretos imperfectos” se concibió no como novela, sino como el guión de un capítulo ‘piloto’ para una nueva serie de televisión que finalmente no se llevó a cabo. Al final terminó convirtiéndose en la primera obra de una serie cuyo protagonista, Sebastián Bergman, es un personaje que a nadie deja indiferente: carismático, arrogante, atormentado por su pasado e inteligente a la par que brillante por sus análisis. Con una trama bien urdida, los secretos, las apariencias, también los engaños, son el núcleo central de un argumento que sorprende. El hecho de que sus autores sean guionistas hace que la historia se vuelva de gran visualidad con unos personajes coherentes a la vez que complejos. Cuando todos creen conocer al asesino, un final inesperado deja a muchos descolocados. ¡Merece la pena!


Inventos y experimentos que cambiaron el mundo (I): la rueda, la caída libre y la imprenta

marzo 17, 2019

Los inventos reflejan la historia del hombre y sus relaciones con la Ciencia y el mundo que le rodea. Una Ciencia que siempre ha tenido un papel preponderante en el desarrollo de la vida del ser humano. A continuación, de forma muy resumida, sin establecer ningún tipo de orden cronológico, iniciaremos esta sección con algunos de los inventos, experimentos o avances tecnológicos más importantes que cambiaron el mundo que hoy conocemos.

a) La rueda
Hace tanto tiempo que la rueda forma parte de nuestras vidas que se hace difícil pensar en una civilización que desconociera su origen. Sin embargo, las hubo, y muy importantes, como la inca o la azteca, a las que se deben otros grandes inventos. La rueda es uno de los inventos más importantes en la historia de la Humanidad. El conocimiento sobre su origen se pierde en el tiempo. La primera evidencia, o al menos la más antigua que se conoce, aparece hacia el año 3500 a.C. (antes de Cristo) en Mesopotamia (región que comprendía parte del actual Irak y Siria). Y en contra de lo que pudiera parecer la usaban solo los alfareros para aplicar lo que luego fue el principio del volante de inercia (energía acumulada en una masa giratoria, en este caso una rueda de piedra). Su función era acelerar el proceso de ‘mecanizado’, operación que hasta ese momento realizaban moviendo los tornos con sus manos o pies para girar la arcilla durante el proceso de fabricación de las vasijas de cerámica y otros objetos. Por tanto, su uso inicial nada tuvo que ver con el transporte, la aplicación más conocida de la rueda. Por los restos arqueológicos hallados, la primera incursión en este sentido de la que se tiene constancia es posterior y fue cuando los sumerios (parte sur de la antigua Mesopotamia, considerados la primera y más antigua civilización del mundo) desarrollaron el carro con ruedas. Bastante más tarde, los griegos, los romanos y los árabes utilizaron las ruedas hidráulicas para lograr la generación de energía utilizando una corriente de agua. En la Edad Media se concretó más esta técnica para mover molinos harineros y de fundición. Para aquellos interesados en la evolución de la rueda y sus múltiples usos posteriores se puede seguir en el siguiente vídeo:

Evolución de la rueda.

b) La velocidad de los cuerpos y la caída libre.

Uno de los experimentos más importantes que ha hecho cambiar la Física se debe a Galileo Galilei (1564-1642), célebre filósofo y físico italiano, que en uno de sus postulados defendió la siguiente idea: ‘Los tiempos de caída de las cuerpos no dependen de su peso’. Y lo hizo en el siglo XVI, cuando en Italia todavía dominaban las teorías científicas emanadas de la Antigua Grecia. Galileo irrumpió con fuerza con su teoría, entrando en una gran controversia con lo que siglos antes había afirmado el filósofo y científico griego Aristóteles (384 a.C.-322 a.C): “Los objetos caen a distinta velocidad según su peso y cuanto más pesados, más rápida será la caída”.

Galileo demostró que Aristóteles estaba equivocado. Cuenta la leyenda que para confirmar su tesis se subió a la torre de Pisa y, una vez allí, dejó caer desde lo alto varias bolas de distinto peso, comprobando que todas llegaban al suelo en el mismo tiempo. Aunque no todos los historiadores se muestran de acuerdo con que ésta fuese la prueba realizada para verificar su hipótesis. Hay quien afirma que no la pudo llevar a efecto debido a la dificultad de medir el tiempo. Sin embargo, todos piensan que pudo llegar a la misma conclusión haciendo rodar las bolas por ‘planos inclinados’, ya que sobre este tipo de superficie los cuerpos se mueven más lentos lo que le permitiría medir el tiempo de caída con más fiabilidad con la clepsidra o reloj de agua. Galileo también explicó las razones por las que una pluma de ave, por ejemplo, tarda más en caer desde lo alto que otro objeto más pesado, y que no tiene nada que ver con su peso, sino con la resistencia que le opone el medio (aire,…) en el que se mueve.

En cualquier movimiento de un cuerpo intervienen diversos factores como su forma y el medio por el que se desplaza (aire, agua, ‘vacío’,…). Se conoce como ‘caída libre’ al movimiento de un cuerpo sometido a la acción exclusiva de un campo gravitatorio. Cuando ésta se produce en un medio que no ofrece resistencia (‘vacío’) se denomina ‘caída libre ideal’ (es decir sin rozamiento o en el ‘vacío’). Pues bien, dos objetos cayendo en estas condiciones llegarán al suelo al mismo tiempo tal y como afirmó Galileo, un experimento muy difícil de llevar a cabo en la Tierra con toda exactitud. De hecho, una de sus comprobaciones se realizó en la Luna confirmando que Galileo tenía razón. Fue durante la misión espacial del Apolo XV cuando los astronautas lanzaron un martillo y una pluma comprobando como caían al mismo tiempo en un medio que no ejercía resistencia alguna.

En la actualidad, con los grandes avances tecnológicos, ya es posible realizar el experimento de Galileo en nuestro planeta al disponer de cámaras de vacío de altura suficiente para contrastar con total fiabilidad su teoría. Una de las últimas comprobaciones fue llevada a cabo por Brian Cox (1968), físico británico, en las instalaciones de Space Power Facility de la NASA donde se encuentra la mayor cámara de vacío del mundo y donde también se prueban las naves espaciales simulando las condiciones que se van a encontrar en el espacio exterior. Construida en los años sesenta del siglo pasado para probar sistemas nucleares de propulsión, fue necesario antes transformarla para poder hacer el vacío recubriendo su revestimiento de aluminio con una vasija de hormigón, atenuando y controlando la radiación, que además actuaba de elemento resistente a la presión exterior. Para conseguir el ‘vacío’ en la cámara es necesario extraer unas 30 toneladas de aire (se tarda unas 3 horas) hasta dejar solo unos 2 gramos. En el siguiente vídeo se puede seguir toda la secuencia de operaciones del experimento:


El video pertenece al capítulo 4 de Human Universe de la BBC. Brian Cox visits the world’s biggest vacuum chamber.

El experimento de Galileo (aparte del gran valor en si mismo) adquiere todavía mayor importancia porque a partir de entonces impondría una de las condiciones que marcarían el futuro de la ciencia: ¡Las teorías, hipótesis o postulados tienen que demostrarse a través de experimentos!

c) La imprenta

El final de la Edad Media coincide con otro gran invento: la imprenta. Toda una revolución en el campo de la cultura. Iniciada de forma artesanal, con su implantación industrial se convertiría en elemento indispensable de nuestra vida cotidiana, si bien antes fue necesario mejorar la calidad del papel y otro tipo de accesorios porque la imprenta es un invento mecánico destinado a reproducir textos e imágenes consistente en aplicar una tinta a unas piezas metálicas (‘tipos móviles’) que la transfieren mediante presión al papel.

Ya en tiempos de los romanos (440 a.C) se fabricaron sellos que imprimían inscripciones en objetos de arcilla, aunque la imprenta se cree que fue inventada por los chinos. El problema era no tanto cómo imprimir, que también, sino como disponer de papel barato y en cantidad suficiente. En ese aspecto se adelantaron a Occidente donde todavía se escribía sobre gruesos pergaminos. Lo hicieron en el primer siglo de nuestra era (1041) utilizando una técnica basada en la obtención de una pasta del bambú que luego extendían y alisaban sobre un entramado de caña para formar hojas flexibles y lisas. Fueron también los chinos los que inventaron los primeros ‘tipos móviles’ a base de porcelana, piezas que contienen un carácter o un símbolo en relieve para su aplicación al papel. Aunque tenían un defecto: absorbían mal la tinta y no soportaban un uso intensivo. Una tinta que tiene un precedente en los egipcios que ya usaban el pigmento ‘negro de humo’ para preparar un líquido de color negro-azulado intenso que ha resistido milenios sin perder su calidad como prueban los papiros que aún se conservan. Se cree que su descubrimiento se remonta al año 3000 a.C.

Aunque aún existe alguna discrepancia, la invención de la imprenta moderna en Occidente se atribuye a Johannes Gutenberg (1400-1468) hacia el año 1450. Sus ideas y la iniciativa de unirse a un equipo de impresores le apoyan como el inventor de la tipografía. Existe documentación al respecto a pesar de que su nombre no figura en ningún impreso conocido. Una edición que data del año 1502 en Maguncia (Alemania), realizada por Peter Schöffer, uno de sus colaboradores, constata: “… Este libro ha sido impreso en Maguncia, ciudad donde el arte admirable de la tipografía fue inventado en 1450 por el ingenioso Johannes Gutenberg y luego perfeccionado a costa y por obra de Johann Fust y de Peter Schöffer… entre otros…”.

Hasta el año 1450 los libros se difundían en copias manuscritas por amanuenses, muchos de ellos monjes y frailes, que tardaban mucho tiempo en su elaboración, incluso años, según el tipo de encargo. Fue entonces cuando Gutenberg afirmó que era capaz de hacer varias copias de la Biblia en menos de la mitad del tiempo que tardase en copiar una el más rápido de los monjes. Para ello confeccionó unos moldes en madera de cada una de las letras del alfabeto, luego los rellenó con plomo, creando así los primeros ‘tipos móviles’ modernos que luego ‘montó’ en un ingenioso artilugio. Aunque no pudo finalizar su trabajo por falta de dinero (quedó totalmente arruinado), fue Peter Schöffer, su colaborador, quien terminó el trabajo iniciado por su maestro con las Biblias vendidas a muy buen precio a los altos cargos del clero, incluida la Santa Sede. La rapidez de ejecución fue el detonante para su expansión inmediata. En la actualidad se conservan muy pocas Biblias de Gutenberg, también conocida como  ‘Biblia de 42 líneas’ por ser ese el número de líneas impresas en cada página. En España existen dos: una completa en Burgos y otra, con solo el Nuevo Testamento, en Sevilla. Para Gutenberg, que en 1449 ya había impreso su primer libro llamado ‘El Misal de Constanza’, la Biblia no fue únicamente su segundo libro, sino que, además, fue el más perfecto y el que impulsó la imprenta como un gran invento.


El hombre del ascensor y su ‘mecánica’

marzo 7, 2019

Se trata de uno de los acertijos más conocidos, un clásico. Nos servirá para hacer una breve introducción sobre Paul Sloane, ingeniero británico, uno de los mayores expertos en redes sociales sobre innovación, famoso en los años 90 por su obra ‘Ejercicios de pensamiento lateral’ con la que inició una exitosa serie basada en ese tipo de pensamiento aplicado por el psicólogo Edward de Bono para la resolución de determinados planteamientos matemáticos. Aunque lo normal es que cada uno lo intente por su cuenta, con el fin de fomentar al máximo la creatividad una sugerencia de Sloane para estos casos  es hacerlo siempre que se pueda en grupo dirigidos por lo que denomina un ‘maestro de acertijo’. Un referente que puede ser cualquiera del mismo quien, conocida previamente la respuesta, hará el planteamiento del ejercicio. A las distintas preguntas del grupo solo podrá contestar con una de estas tres respuestas: ‘Si’, ‘No’ y ‘No importa’. Esa será su única intervención salvo que el grupo se quede atascado, en cuyo caso acudirá en su ayuda mediante las ‘claves’ que considere oportunas.

El acertijo dice así:
“Un hombre vive en el décimo piso de un edificio. Cada día toma el ascensor hasta la planta baja para dirigirse al trabajo o ir de compras. Cuando regresa, siempre sube en el ascensor hasta el séptimo piso y luego sube por la escalera los tres pisos los restantes hasta su apartamento en el décimo.
¿Por qué lo hace?”

La solución en un próximo post

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A continuación mostramos la solución al problema planteado en el post: “Las cuatro tuberías y la taza de café”.

Si se observa con atención el circuito por donde puede circular el café, se puede comprobar como los posibles vasos comunicantes no todos son tales. Es entonces cuando el enigma se convierte en algo muy simple pues… tres de las cuatro tuberías se encuentran bloqueadas. De ahí a confirmar la única vía posible solo es un paso: ¡el café solo puede circular por la tubería que desemboca en el lugar 5!

Una vez más, nuestro cerebro, al tratar de interpretar lo que ‘vemos’, a veces le da un ‘sentido’ que trata de confundirnos.


Asturias, breve intrahistoria de la fabada, comida por excelencia

febrero 25, 2019

A nadie se le escapa que la fabada, al igual que la sidra (a la que hemos dedicado otro post), son dos importantes referencias de Asturias: la sidra, su bebida tradicional, y la fabada, su comida típica, el yantar por excelencia.

De la fabada se ha dicho de todo y casi todo bueno. De ahí que este artículo solo pretenda dar unas pequeñas pinceladas de esta estupenda comida de la gastronomía asturiana. Hablar de la fabada es ‘encontrarse’ con su paisaje y los familiares y amigos que nos rodean. Demasiado apetitosa en cualquier época, lo es de manera especial cuando llegan las brumas y las lluvias otoñales. En esos momentos no hay mejor yantar que una fabada bien compartida. Mientras ‘reconfortan’ el estómago y ‘animan’ el espíritu, ‘les fabes’ con su correspondiente ‘compangu’ (acompañamiento) nos transportan a otro ‘mundo’ en una mezcla perfecta con los productos del ‘gochu’ (cerdo). La fabada es la tradición culinaria de Asturias. Su esencia.

En el pregón realizado por Carlos Cuesta, presidente de la ASPET (Asociación Asturiana de Periodistas y Escritores de Turismo), en la ‘Feria de Les Fabes 2006’, se señalaba: “Hablar de la fabada es referirse a la esencia de Asturias en toda su dimensión… Somos lo que comemos y cómo lo comemos”. A lo que Falo Faes, procurador de los tribunales, contestaba con un soneto titulado “De la faba a la fabada”:

Qué más puedo decir de esta legumbre / tan blanca, rechoncha y ovalada, / convirtiéndose en épica fabada / al calor amoroso de la lumbre.
Y si hay alguien que a la misma encumbre / la deje en el todo o en la nada: el compango que a ella se le añada y elimine la pena o pesadumbre.
Con la oreja, el tocino y el chorizo cualquier buen cocinero riza el rizo con el rabu de gochu y la morcilla. Y después de cocer en la cazuela / se sirva al final en la escudilla y ya está la fabada pa comela.

La fabada es un plato que no se puede calificar de ‘antiguo’, sino relativamente ‘’joven’. La primera referencia escrita parece ser que data de 1884. Fue un 24 de julio cuando el periódico ‘El Comercio’ publicó un anuncio de Justa ‘La Bartola’ que decía: ‘…la tradicional fabada en la no menos tradicional romería de Granda a 2,50 pesetillas el cubierto’. Aunque su origen no está del todo claro, según las últimas evidencias documentales todo apunta a que su receta surgió a mediados del siglo XIX, cronología que es posible cambie a medida que aparezcan nuevos escritos. Paco Ignacio Taibo, escritor, gastrónomo e historiador, en su ensayo ‘Breviario de la fabada’ confirma que eso no quiere decir que antes de la fecha citada no hubiera ‘fabes’ en Asturias, ni tampoco ‘compangu’, sino que nadie era tan dispendioso como para comérselo todo de un solo golpe. Y así era. Ya Jovellanos en 1811, antes de que apareciera el término ‘fabada’, comentaba que había ‘pucheros de faves’. Y antes, en 1783, otro asturiano, Manuel Rubín de Celis, decía que existían pocas cosas que les gustasen más a los asturianos que ‘las fabiquinas con tocín’. Más tarde, en 1843, se publicaba una queja en la revista ‘La Risa’ porque algunos se habían atrevido a señalar que en Asturias a las habas se les llamaba alubias, a lo que un enojado lector contestaba con una especie de poema reivindicando ‘les fabes’ mientras rogaba a Dios diciendo…: ‘Que nos fartuque de elles, ye nos llene bien lles pances, ye nos dea per sustentu en ñuestres necesidades fabes, tocin ya morciella, morciella, tocin ya fabes’.

La realidad es que ‘les fabes’ llegaron al Nuevo Mundo, al continente americano, tres siglos antes que la fabada se popularizase en Asturias. Hasta entonces predominaba la llamada ‘comida de subsistencia’, la mínima necesaria para vivir, a base de potaje de castañas, patatas, ‘fabes de mayo’ (distintas a las traídas de América) y mucha ‘fariña’ (harina). Es muy posible que la fabada apareciese con la mejora de la situación económica en respuesta a la época anterior de mucha precariedad. Sin embargo, aún hoy se sigue manteniendo la tradición de sus orígenes con una preparación muy simple a base de ‘fabes de la granja’ (que se producen exclusivamente en Asturias) y el ‘compangu’ de chorizo asturiano casero, morcilla asturiana también casera, lacón, tocino y algún otro pequeño ingrediente. ¡Nada más, ni… nada menos! Eso si: ¡todo en su punto! Hay que ser fieles a la tradición, sobre todo si el ‘fruto’ es bueno. ¡Lo mejor! Un plato que no admite ‘innovaciones’, aunque siempre haya quien se quiere hacer ‘notar’. Y es que la receta de la fabada, la más segura, la mejor, es… ¡la de siempre!

La Felguera, pueblo que siempre ha destacado por su apoyo a la fabada, es famosa en todo el Principado de Asturias por sus jornadas gastronómicas. Desde hace muchos años, va por la 38 edición, se viene celebrando el concurso regional que pronto será declarado fiesta de Interés Turístico. En las fotos se pueden ver distintos momentos de la fiesta con el jurado del concurso deliberando, personas observando los platos cocinados, comensales degustando una suculenta fabada en un restaurante de la zona y público en general saboreando la sidra que corre a raudales esos días.

Muchas personas conocen aquello de ‘el yin y el yang’, dos conceptos del taoísmo para referirse a la dualidad, a las dos fuerzas principales, opuestas y complementarias, que suelen encontrarse en todas las cosas. Un principio que sostiene la idea de que cada ser, objeto o pensamiento tiene un complemento del que depende para su existencia y que a su vez se encuentra dentro de si mismo. Es decir, nada hay en estado puro ni en absoluta quietud, sino en una continua transformación. El yin representa el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción, mientras el yang es el masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración. Pues bien, hablando de la fabada hay quien dice que es el ‘yang’ y la sidra, el otro referente asturiano por excelencia, el ‘yin’. La fabada el ‘cuerpo’ y la sidra el ‘alma’… la tierra y el mar, y así en una continua comparación. La fabada es encontrarse con los valores de Asturias, con su idiosincrasia, con ese conjunto de comportamientos y actitudes propios de una persona o grupo humano que les identifica. En una palabra… ¡su esencia! Hablar de la fabada es hablar de Asturias.

Corría el mes de septiembre de 1965 y, como se decía en una crónica del diario ‘La Voz de Asturias’, durante la fiesta y comida popular celebrada en uno de los barrios de Oviedo:
“La musiquilla sonando. Son las dos y media. Hace calor y quizá sea la fabada el plato menos apetecible. Pero es igual. Hoy manda la tradición. Indiscretamente, nos asomamos a la cocina. Late todo a un ritmo trepidante. Afuera, en las mesas, en mangas de camisa, corbata floja, con una botella de vino, enfrente, cientos de personas esperan el momento de sentarse. Una gran hermandad es aquello. Mesas largas, corridas, unos al lado de otros, es la fiesta. Y es la fabada. Dos cosas tan nuestras que no tienen más remedio que hermanar, aunque no se quiera. La cocina está caliente. Hay fuentes enteras de morcillas. Y de chorizo. Y de llacón. Y una gran perola. Enorme. Y llena. Toda llena. Oviedo pasa por allí a comer la fabada. Es obligada. Hay mucha gente. La barra está llena de gente que con unos ‘culinos’ de sidra espera una mesa libre. Es todo así. La musiquilla de las barracas sigue sonando. Las botellas de vino corren. Y no es extraño, porque bajo un sol que ‘pica’ y una buena fabada no hay quien se resista. ¿A como la ración? A cuarenta pesetas, pero mire, mire usted que ración. La miramos y nos vamos, porque nuestra boca no es ya agua, sino fuente entera. Es verdad la frase de un amigo: ‘La fabada, huele que alimenta”.

La fabada es el plato tradicional de la gastronomía asturiana, su comida por excelencia y es verdad que… ¡huele que alimenta! ¡Buen provecho!


Canciones con historia. “Ramona”. Los Blue Diamonds

febrero 15, 2019

Hablando de la buena música en uno de los post dedicados a la Universidad Laboral de Córdoba se citaba a “Ramona” y Los Blue Diamonds como uno de los boom musicales en la España de comienzos de la década de los 60. Así se describían aquellos ‘sueños de juventud’:

“En algún lugar de nuestro cerebro se asocian con facilidad los recuerdos de nuestra vida en la Uni con la música que se escuchaba entonces: ¡¡la música de los 60!, ¡¡la década prodigiosa!! Nuestros compañeros de la emisora de radio seleccionaban las canciones que triunfaban. Se oían por todas partes: en las habitaciones, en los pasillos, en los recibidores, en las salas de estudio,… Comenzaba muy temprano, para despertarnos, entremezclada a veces con una voz que decía: “¡¡rápido, todos arriba, levántense!!”. Sonaba a casi todas horas en los ratos libres. Era una maravilla escuchar la nueva ‘revolución’ musical. Una mezcla de pop, rock, orquestas, coros, guitarras y baterías dominaba por doquier. ¡¡Todo empezaba a cambiar!! Eran los nuevos tiempos de Elvis Presley (‘El rock de la cárcel’, ‘Love me tender’), The Beatles (‘She loves you’, ‘Please please me’), Domenico Modugno (‘Volare’), Cliff Richard (‘The young ones’), The Shadows (‘Apache’), The Everly Brothers (‘Bye bye love’), El Dúo Dinámico (‘Quince años tiene mi amor’, ‘Perdóname’), The Animals (‘La casa del sol naciente’), The Beach Boys (‘Surfin’ USA’), Bob Dylan (‘Blowin’ in the wind’), Los Mustang (‘Quinientas millas’), Ray Charles (‘What I´say’), Roy Orbison (‘Oh Pretty Woman’), Paul Anka (‘Adán y Eva’), The Blue Diamonds (‘Ramona’), Los Pekenikes (‘Los cuatro muleros’), Little Richard (‘Tutti frutti’), Neil Sadaka (‘Oh Carol’), The Rolling Stones (‘Satisfaction’), Los Brincos (‘Flamenco’), y tantas canciones más. Día tras día la música marcaba una jornada nueva: la hora de saltar de la cama, los descansos,… para finalizar a la noche cayendo una vez más en los sueños de Morfeo”.

“Ramona” se grabó en 1960 a ritmo de un rock and roll que empezaba a hacer furor en todo el mundo. Fue el primer gran triunfo internacional de Los Blue Diamonds y aún sigue perdurando en el recuerdo. Tema muy antiguo era ya conocido desde que lo interpretó a ritmo de vals la actriz mejicana Dolores del Río (1928) en la película del mismo nombre basada en una novela de Helen Hunt Jackson. El film narra la historia de Ramona, una huérfana adoptada por una rica familia que se enamora de un esquilador que trabaja en su rancho, un indio a cuyo matrimonio se oponen con todas las fuerzas. Cuenta los amores prohibidos de una pareja que para vivir su amor se ve obligada a huir en busca de un destino marcado por el estigma de la raza.


Los Blue Diamonds cantando “Ramona” en español.

“Ramona”

Los Blue Diamonds, dúo formado por los hermanos Ruud y Riem de Wolff, eran originarios de Batavia (antigua Yakarta), Indonesia, país donde iniciaron su carrera musical con temas que combinaban la música popular y el rock estadounidense. Pronto se trasladaron a Holanda (Indonesia era su colonia) donde prosiguieron su carrera en una línea marcada por la influencia de The Everly Brothers a los que profesaban gran admiración, grabando una estupenda versión de su hit ‘Bye, bye, love’. Hasta que registraron sus propias versiones de canciones populares, como otros grupos de la época consiguieron muchos de sus éxitos con temas de otros cantantes. A lo largo de su carrera grabaron varios LP’s en español con canciones tan conocidos como ‘Mona Lisa’, ‘Sukiyaki’, ‘Siboney’, ‘María Dolores’,… Su gran triunfo internacional “Ramona” se colocó rápidamente en las listas Billboard USA, logrando el Nº 1 en España, Méjico y otros países de habla hispana y en Holanda y Alemania. Entre las versiones editadas por grupos españoles destacan las realizadas por el Dúo Dinámico y Los Pekenikes (su primer disco grabado).

La buena música no tiene fecha de caducidad y “Ramona” y Los Blue Diamonds son un buen ejemplo.


El Dúo Dinámico interpretando “Ramona” en TVE.


Los Pekenikes cantando “Ramona” en su primer EP grabado en 1961.


Dolores del Río cantando “Ramona” a ritmo de vals en la película del mismo nombre (1928).