Canciones con historia: “Tous les garcons et les filles”. Francoise Hardy

julio 6, 2018

Corría el año 1962 cuando un auténtico boom arrasó en toda Francia. Era la primera canción de una chica de 18 años que irrumpía en el panorama musical con una fuerza arrolladora. Algo inédito hasta entonces. Una historia que se inició coincidiendo con un acontecimiento político tan importante como unas elecciones. Una noche en la que Francia decidía en un referéndum convocado por el presidente De Gaulle si la elección para ese cargo de la República se debería hacer por sufragio universal directo o por votación del Parlamento como hasta entonces. Entre dos espacios de la programación televisiva preparada para ese día, de pronto ‘apareció’ Françoise Hardy interpretando su canción “Tous les garcons et les filles”.

Fue tal el éxito alcanzado que al día siguiente todo el mundo la escuchaba por las emisoras de radio. En solo 48 horas se vendieron más de 100000 copias del disco. Una proeza entonces. Un triunfo que causó gran estupor entre los críticos: ¡Como si fuese un ‘milagro’! Surgir de golpe del anonimato no es nada normal: ni tuvo que luchar duro para abrirse paso, ni su belleza encajaba con el canon de la época. Era una muchacha de mirada triste, sonrisa tímida, cuyo entorno natural había sido los alrededores de la Universidad de la Sorbona (París). Acababa de abandonar sus estudios para dedicarse a la canción. Tan solo le hizo falta una intervención televisiva para catapultar su carrera con la canción que la aupó al primerísimo plano del incierto panorama musical de los años 60. Representante de un romanticismo revalorizado, su tema de palabras sencillas, sin recovecos comerciales, la convirtió en el gran ídolo de la canción francesa. Al preguntarle por su triunfo como cantante solía responder con esta simple frase: “Con palabras sencillas y a los muchacho de mi edad”. Así compuso “Tous les garcons et les filles” una de las canciones francesas más famosas de todos los tiempos. ¡Cumplía todos sus requisitos! Escrita con el apoyo del arreglista Roger Samyn, la letra nos habla de una muchacha que nunca conoció el amor, aunque espera encontrarlo algún día, también de desolación y esperanza, y lo hace de un modo juvenil como hasta entonces nadie había sabido expresar: el de una chica adolescente que va por la calle viendo felices parejas de enamorados, mientras continúa sola por la vida sin la oportunidad de poder experimentarlo.

“Tous les garcons et les filles”


Francoise Hardy interpretando “Tous les garcons et les filles”.

Françoise Madeleine Hardy nació en París en 1944. Debido a su gran timidez y una educación estricta en un colegio religioso vivió una infancia bastante solitaria. Su impulso vital siempre fue la música que solía escuchar en las emisoras de radio. Comenzó a cantar en su adolescencia tras regalarle su primera guitarra. Compaginó sus estudios universitarios en la Sorbona con los del Conservatorio. A los 17 años firmó su primer contrato con la discográfica Vogue. En 1962 aparece su primer EP que además de su ‘ópera prima’ contenía otros tres temas: ‘J’suis d’accord’, ‘Oh Oh Chéri’ y “Il est pati un jour’, todas melodías con un aire de tristeza, algo que caracterizó a la mayoría de sus discos. Convertido pronto en un clásico de la ‘chanson’ francesa, en un principio la firma Vogue no había considerado a “Tous les garçons et les filles” como su tema más comercial, pero gracias a su intervención en la televisión francesa la noche de las elecciones todo cambió. ¡Y se convirtió en un enorme éxito!

Francoise Hardy siempre ha sido la protagonista de sus discos, no solo por componer casi todos sus temas, sino porque colaboró en muchas ocasiones en su producción y arreglos. Su talento (también su belleza) llamó la atención de grandes figuras como Bob Dylan o Mick Jagger. Sin embargo, sus grabaciones en LP están llenas de altibajos; en buena parte debido a que el formato preferido a principios de los años 60, que fue su etapa dorada, era el single de dos o cuatro canciones. Para muchos, ‘Le Temps de l´Amour’, grabada a los 19 años, una balada romántica incluida en su primer LP, es la canción en la que mejor muestra las cualidades que le dieron fama. Incluso más que el propio “Tout les garcons et les filles”. Eso sí, lo que nadie pone en duda es que Francoise fue una de las primeras figuras de la música ye-ye, que como dijimos en nuestro post ‘La generación ye-ye en la España de los 60 ‘surgió’ de ‘Salut les copains’, un programa de radio de gran éxito entre el público quinceañero y con el que se identificaba la nueva generación de jóvenes. Un programa plataforma de cantantes y grupos que enseguida se encaramaron en las listas de éxitos de la música francesa como Johnny Hallyday, Claude François, Sylvie Vartan, Sheila o France Gall. Sin embargo, aún siendo un fenómeno de la música ye-ye, a Francoise Hardy también se la ha considerado una de las grandes figuras de la ‘chanson francesa’, género en el que se encuentran encuadrados grandes creadores como Georges Brassens, Jacques Brel o Serge Gainsbourg.

A la izquierda Francoise Hardy con Bob Dylan (1966) y a la derecha con Mick Jagger (1965).

Chica ye yé, mujer atormentada, musa de la canción francesa, de su descubrimiento cuando era una adolescente hasta su madurez actual hacía balance en una reciente entrevista. A continuación algunas vivencias interesantes de su evolución personal y artística:

Parece que siempre haya sido consciente sobre los aspectos más oscuros de la vida. A sus 17 años ya cantaba: ‘Voy sola por las calles / con el alma en pena / porque nadie me quiere”’
“Es un condicionamiento que tengo desde la infancia. Crecí entre una madre que me valoraba en exceso, porque no tenía a nadie más que a mí, y una abuela que era todo lo contrario: no dejaba de decirme que era muy fea y que terminaría sola. Crecí con el ego aplastado, sin confianza alguna en mí misma. Por una parte, sentía que nunca estaría a la altura de lo que mi madre esperaba de mí. Por la otra, que era indigna de gustar a quien fuera. La canción a la que se refiere, ‘Tous les garçons et les filles’, expresaba eso. En aquella época, estaba segura de que mi único futuro era hacerme monja”.

¿Lo dice en serio? Tuvo a medio mundo enamorado de usted, incluidos Mick Jagger, David Bowie, Bob Dylan y Nick Drake, de los que habla en sus memorias.
“Ahora lo puedo entender, pero entonces, no. En aquella época ni siquiera me veía a mí misma en la tele. Nunca me ha interesado mi imagen. Cuando me subía a un escenario hacía un esfuerzo especial y me vestía de Courrèges o de Paco Rabanne. Pero hacerme fotos nunca me ha gustado. Ahora, a mi edad, me molesta todavía más”.

¿Por qué cree que triunfó?
“Supongo que tenía carisma, o lo que entonces se llamaba ‘presencia’, que es una cualidad independiente de la voluntad y del mérito que pueda tener uno. Puedes ser espantoso en la vida real, pero cuando te subes a un escenario o te colocas frente a la cámara, se produce la magia. Es una forma de seducción, pero una totalmente inconsciente. En realidad, yo nunca he sido partidaria de la seducción. Siempre he tenido un problema con ese registro”.

Al principio de su carrera fue considerada una chica yeyé. ¿Supuso aquel movimiento una ruptura con las rígidas sociedades de los primeros sesenta?
“Era la primera vez que existían cantantes adolescentes que hablaban de los sentimientos propios de su edad. Cada cantante de aquella época encarnaba un personaje. Sylvie Vartan era la chica sexy. Sheila, la alegre y extrovertida. Yo fui la tímida, sentimental y acomplejada…”.

Es curioso, porque la mayoría de yeyés fueron totalmente apolíticos, cuando no de derechas…
“Sí, es verdad. Johnny Hallyday nunca ha sido de izquierdas. Y Sylvie Vartan, que huyó de la Bulgaria del comunismo, menos todavía. Éramos hijos de familias humildes y algo derechistas, esas que votaban por el general De Gaulle. Por ejemplo, durante el Mayo del 68, Jacques y yo nos marchamos de París porque no me gustaban sus destrozos. Se dice que esa rebelión transformó la sociedad. Yo creo que es al revés: sucedió porque la sociedad ya se había transformado”.

¿Por qué sus canciones han envejecido tan bien?
“No lo sé. En realidad, siento cierta frustración. Yo estoy convencida de que las mejores son las de los últimos tres álbumes, pero nadie me habla nunca de ellas”.

¿Sus primeros temas ya no le gustan?
“No, los de los sesenta me gustan menos, con algunas excepciones. ‘L’amitié’ todavía me emociona, porque aún me reconozco en ella. ‘Des ronds dans l’eau’ también me gusta. O ‘Ma jeunesse fout l’camp’, una gran canción. Todavía me conmueve. Cómo no emocionarse cuando uno escucha: ‘Al ritmo de tus pasos / mi juventud se esfuma…’. Es algo con lo que me identifico todavía más ahora, claro”.

Aunque pasará a la historia como pionera de la música ye ye y una de las mejores representantes de la ‘chanson francesa’, para muchos Françoise Hardy es importante no solo por sus canciones, sino también por su gran personalidad, Su gran éxito “Tous les garçons et les filles”, una de las canciones  que nunca podía faltar en los guateques de los jóvenes de los 60, es todo un clásico del pop.

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Universidad Laboral de Tarragona: las Bodas de Oro, 50 años después

junio 21, 2018

Tarragona, ¡Ay, que lejana y tan cerca te siento,…! Así comenzaba un poema de Virginio Olivares, educador del centro, dedicado a los 25 años de la III Promoción de Peritos Industriales de la UL de Tarragona. Y una vez más se volvió a sentir en este 50 aniversario de una promoción que estableció tan fuertes lazos de unión que aún persisten en la lejanía y el tiempo. Unos lazos duraderos como quedó demostrado en la celebración de sus ¡Bodas de Oro! el mes de junio de 2016.

Hay cosas que apenas cambian, una de ellas son los reencuentros tras muchos años sin verse y donde los ritos casi siempre se repiten. En esta ocasión 25 años después para muchos y en algunos casos 50: ¡toda una eternidad! Lanzada por un grupo de entusiastas, la idea de festejar las Bodas de Oro pronto se comenzó a fraguar. Flotaba en el ambiente desde bastantes meses antes. Y como se esperaba, la respuesta fue… ¡inmediata! El comité organizador, alma Mater del evento, enseguida se puso a la tarea, justo cuando las luces alumbraban un nuevo año. Pronto comenzó a susurrar el tiempo de los recuerdos de aquellos maravillosos años y como decía el célebre tango ‘Volver’ de Carlos Gardel:
… Yo adivino el parpadeo/ De las luces que a lo lejos/ Van marcando mi retorno…
… Y aunque no quise el regreso/ Siempre se vuelve al primer amor…
… Volver con la frente marchita/ Las nieves del tiempo platearon mi sien/ Sentir que es un soplo la vida/ Que veinte años no es nada…
… Tengo miedo del encuentro/ Con el pasado que vuelve/ A enfrentarse con mi vida/ Tengo miedo de las noches/ Que pobladas de recuerdos/ Encadenan mi soñar.

Cena de bienvenida celebrada en el hotel Ciutat de Tarragona. PPP

Tras la celebración de los 25 años, fue el segundo gran reencuentro (hubo otros intermedios) de un grupo de compañeros y amigos que mantienen inalterable su espíritu de aquellos años. Localizados de nuevo…. ¡Los 100!, con una asistencia notable, más de 120 personas, incluidas sus parejas y varios profesores, disfrutaron de unos actos que comenzaron el 14 de junio de 2016 en el hotel Ciutat de Tarragona. ¡Allí se volvieron a encontrar! mientras se fundían en un efusivo abrazo y las frases de rigor: “¡Estás como siempre!”, “¡No pasan los años por ti””, “¡Parece que fue ayer…!”… Aunque a algunos… ¡costase un poco reconocerlos! Menos mal que la idea de la organización de dejar una tarjeta identificativa en cada habitación del hotel ‘ayudó’… ¡y de que manera!  Bastaba con observar ya en los saludos como más de una disimulada ojeada al nombre del compañero ‘salvaba’ la situación. Sin embargo, al poco rato, tal parecía que nos habíamos separado el día anterior. ¡Como en los viejos tiempos! Enseguida comenzaron a brotar las vivencias del ayer, las añoranzas compartidas en nuestra querida Uni, que fueron el gran tema de conversación en la cena de bienvenida.

Diversos momentos del acto académico celebrado en el teatro de la Uni que culminó con el brindis final y el canto del ‘Gaudeamus igitur’.

Al día siguiente, el más intenso del programa, el Día Grande del encuentro, se había programado la mañana para disfrutar de nuestra Universidad con una serie de actos, todos entrañables, que se iniciaron con un recordatorio de nuestros años 60 en un acto académico celebrado en el Teatro que comenzó con una emotiva evocación a los compañeros fallecidos y la proyección de una película con las vivencias de entonces. Siguió con una entrega de recuerdos y la actuación del cuarteto de cuerda ‘Caleidoscope’ que deleitó con su música. Finalizando con una ‘sorpresa’: con todos puestos en pie y una copa de cava en la mano para el brindis, acompañados del grupo musical, se entonó el ‘Gaudeamus igitur’ a pleno pulmón, un canto lleno de sentimiento y emoción, que hizo saltar las lágrimas a más de uno.

Exterior del colegio Balmes.
Comida celebrada en el Comedor de la Universidad.

En un día espléndido, que también quiso colaborar, a continuación se realizó un recorrido por las instalaciones de la Uni que a primera vista parecía se conservaban bien. ¡Apenas habían cambiado por fuera! Una visita que se inició por ‘nuestro’ colegio Balmes, que seguía con su jardín y sus árboles centrales, más añejos eso sí, pero igual de fuertes y refulgentes que entonces. Un paseo que continuó por otros lugares llenos de recuerdos como los campos de deporte, aulas y talleres, y con alguna pequeña decepción como fue el contemplar a nuestra querida playa bañada por el Mediterráneo, lugar de tantos paseos y conversaciones, ‘asaltada’ por una expansión industrial que en nombre del progreso tantas cosas se lleva por delante. Los actos de la mañana finalizaron con una comida de confraternización en el gran Comedor de la Uni. Tan majestuoso como siempre, bien conservado, con las mismas mesas, hizo entrar a todos en una fase nostálgica de recuerdos.

Cena de gala celebrada en el Club Náutico de Salou.

Tras un breve descanso en el hotel, horas más tarde nos dirigimos al Club Náutico de Salou donde se celebró la cena de gala que ponía colofón a los actos del 50 Aniversario. Serios, elegantes para la ocasión, disfrutando, primando la alegría y no faltando la diversión. Amenizada con música de los 60, incansables bailando sus ritmos, canciones eternas de la ‘década prodigiosa’ se acompañaron a coro con pasión. Con muchas ganas de pasarlo bien, anécdotas y recuerdos siguieron siendo centro de atención. Todo muy entrañable. ¡Un final perfecto para unas jornadas inolvidables!

III Promoción de Peritos Industriales 1963-66 delante del Comedor de la Uni.

Cinco lustros separados, en algunos casos diez, ejerciendo nuestras vidas, este reencuentro permitió rememorar algo difícil de explicar, por lo profundo, que aún sigue anidando entre todos. Algo que creó nuestro carácter, que de alguna forma marcó nuestro destino. Algo real, pero insólito en estos tiempos, vivo y tan duradero que ha arraigado hasta en nuestros seres cercanos. Algo que debemos a Tarragona y nuestra Universidad Laboral y que recoge muy bien el poema completo cuya primera frase hemos citado al inicio:

¡Tarragona!, que lejana pero que dentro te siento.
Tú, también has crecido y cambiado.
En tu historia y en tus recuerdos estamos.
Como aquellos que te hicieron Imperial.
Sigues, en tu atalaya, sabia, paciente e impasible.
Viendo pasar la vida.
Tú diste cobijo a la Universidad.
Nuestra “Uni”, La Laboral.
Que ya es hermana de las Murallas y del Coliseum.
Ya no tienes patricios protectores.
Se han olvidado de tu hija.
La más bella y nuestra favorita.
Se ha quedado viuda y sin hijos.
Pero con ella nos hemos desposado.
Su foro está desierto y abandonado.
¡Tarragona! hemos vuelto.
La fidelidad nunca muere.
En el corazón de tus hijos adoptivos.
Salimos a conquistar otros imperios.

Un canto de despedida que volvió a renacer en las Bodas de Oro de la III Promoción de Peritos Industriales.
Es muy difícil que en un colectivo exista esta unión y persevere semejante amistad.
¡Hasta las Bodas de Diamante!


“Dispara, yo ya estoy muerto”. Julia Navarro

junio 11, 2018

“Dispara, yo ya estoy muerto”, obra de Julia Navarro, es una excelente novela cuyo argumento central gira alrededor del conflicto árabe-israelí. Narrado desde la visión de ambos lados, una vez más se demuestra que en estos casos la razón no se encuentra solo en una parte. Trata con ecuanimidad, y ayuda a comprender, un tema que sigue sin solución. A pesar de los múltiples intentos realizados, siempre hay algo que impide que llegue a buen término. Si bien no existe una solución óptima, ha habido ocasiones en las que se ha estado a punto de llegar a un acuerdo. Quizás el menos malo; a veces hasta el único posible en una guerra con familias y amigos separados y enfrentados, que tantas víctimas ha ido dejando por el camino. No se sabe muy bien por qué, o quizás si, al final casi siempre la política acaba interviniendo en la mala dirección. Muchos amigos y vecinos, con lazos fraternales desde su niñez, influidos por una ideología contrapuesta acaban siendo enemigos encarnizados en una lucha donde los sentimientos, y no la razón, pasan a ocupar la prioridad de sus vidas. Con unos diálogos profundos narra las causas de un conflicto donde los intereses personales y políticos están por encima de los propios ciudadanos. Un desenlace espléndido pone fin a una novela que no tiene ni un momento de respiro. Del desgarro emocional que provoca esta guerra lo expresa muy bien la propia autora en una nota a pie de página: “Los personajes de esta novela viven conmigo, me han enseñado mucho, forma parte ya de mi historia personal”.

Sinopsis
A finales del siglo XIX, durante la última etapa zarista, los Zuker, perseguidos por su condición de judíos, tienen que abandonar Rusia huyendo del horror. A su llegada a la Tierra Prometida, Samuel Zucker adquiere las tierras de los Ziad, una familia árabe encabezada por Ahmed. Entre él y Samuel nace un fuerte vínculo, una sólida amistad que, por encima de las diferencias religiosas y políticas se mantiene generación tras generación. Las vidas entrecruzadas de los Zucker y los Ziad plasman la gran aventura de vivir y convivir en un territorio marcado por la intolerancia. Varsovia, San Petersburgo, Jerusalén, París, Madrid o Toledo son algunos de los escenarios que conforman una historia llena de historias, una gran novela que esconde dentro muchas otras, ofreciendo un conjunto que arranca a finales del siglo XIX y llega hasta 1948.

Julia Navarro (Madrid, 1953), hoy escritora de éxito, dedicó más de 35 años de su vida al periodismo, profesión que en la actualidad apenas ejerce. Trabajó en grandes medios de comunicación como la SER, Cope, TVE o Telecinco. Una etapa que recuerda con entusiasmo, que comenzó cuando se iniciaba la Transición Española hacia la actual Constitución. Siempre ha sido reconocida su capacidad y prestigio como periodista y comentarista política, comenzando a escribir un poco por casualidad durante unas vacaciones de verano, Cuenta que su primera novela, ‘La Hermandad de la Sábana Santa’, surgió tras la lectura de un obituario. Publicada en el año 2004, se convirtió en un éxito internacional. A pesar de que sus obras se suelen encajar en el género histórico, no se encuentra muy de acuerdo con esta apreciación y suele decir: “Yo me rebelo cuando dicen que escribo novela histórica. Hay otros escritores donde de verdad el peso de la historia es muy importante. Lo que pasa es que tengo una obsesión porque los escenarios a los que subo a mis personajes estén bien construidos, respondan al momento histórico que están viviendo, y a la documentación le dedico mucho tiempo. Pero para mí la historia sólo es un escenario, no quiero contarla; lo que me interesan son los personajes”. Hasta el momento ha publicado seis novelas, todas muy bien acogidas por la crítica: ‘La Hermandad de la Sábana Santa’, ‘La Biblia de barro’, ‘La sangre de los inocentes, ‘Dime quién soy’, “Dispara, yo ya estoy muerto” (2013) e ‘Historia de un canalla’ (2016).

“Dispara, yo ya estoy muerto” es una de las obras más complejas de Julia Navarro. También una de las más ambiciosas, pues abarca desde finales del siglo XIX hasta 1948. Un período donde se mezclan historia y política y nos sumerge en la formación del estado de Israel con el nacimiento del panarabismo (ideología política que propone que todos los pueblos árabes conforman una única nación), los asentamientos de judíos en la Palestina entonces ocupada por los británicos y la formación de las milicias judías, todavía en embrión. Aspectos muy importantes que tanto influyeron en una época no tan lejana y convulsa y que aún persisten en la actualidad. Oriente Próximo es el escenario y judíos y árabes son sus protagonistas. Con más de medio siglo de violencia entre palestinos e israelíes, su historia arranca con una entrevista entre un hombre y una mujer que no se caen bien a primera vista; una trabajadora de una ONG, mujer madura, con una actitud beligerante contra la colonización israelí y un padre, ya anciano, de uno de los principales líderes de la política de asentamientos se muestran con sus sentimientos a flor de piel. Sin embargo, y a pesar de sus diferencias, poco a poco irán acercando sus posiciones a través de sus conversaciones. Aún manteniéndose firme en su compromiso israelí, en un momento determinado el padre señala una frase que encierra una gran verdad: “No soy partidario de que se construyan nuevos asentamientos. Defiendo el derecho de los palestinos a tener su propio Estado”.

En el fondo se trata de la apasionante historia personal de dos familias que persiguen sus sueños y que terminan luchando en un mundo lleno de intereses. La intensa vida de una saga familiar de personajes contrapuestos que entrelazan sus vidas por momentos en una existencia llena de contrasentidos. Como si se tratara de un enorme rompecabezas, una de las partes nos irá relatando la historia de una familia israelí, mientras que la otra ofrece la versión árabe de esas mismas vivencias. En realidad, “Dispara, yo ya estoy muerto”, historia llena de historias, es una gran novela que esconde muchas otras. Desde su enigmático título hasta su inesperado final mantiene las emociones siempre presentes.


Pequeña historia sobre los inicios del rock, el ritmo que lo cambiaría todo

mayo 26, 2018

El objetivo de este post no es hacer un recorrido por la extensa trayectoria del rock. Ni siquiera una breve semblanza a través de sus figuras. Tan solo pretende rememorar los inicios, su génesis, de un fenómeno musical y social que cambiaría todo lo establecido. En artículos anteriores hemos hecho referencia a diferentes movimientos, unos singulares, otros también sociales, que marcaron tendencia en las preferencias musicales de los jóvenes como la etapa de la contracultura, los hippies, la España ye-ye,… que en cierta medida pueden sintetizar la eclosión de este fenómeno de amplio espectro.

Para muchos, la generación beat es el origen de los movimientos contraculturales de antes y después de la década de los 60. Tras la 2ª Guerra Mundial la sociedad norteamericana se desarrolló en torno al llamado “American Way of Life”, un estilo de vida basado en el consumo como forma de realización personal, dejando en un segundo plano los valores culturales y espirituales, y potenciando como signos propios la exageración, la ostentación de la riqueza, incluso la grandiosidad. Más allá de las propias tradiciones, se empezó a crear una dependencia por las preferencias consumistas, convirtiendo al trabajo en una forma de obtener dinero para la consecución de los bienes de una cadena que se denominó ‘sociedad de consumo’. Es en ese contexto cuando nace la generación beat, nombre dado a un grupo de escritores de la década de los 50 y al fenómeno cultural al que dedicaron su obra en la que mostraban su rechazo a los valores norteamericanos clásicos, apoyando el uso de las drogas, la libertad sexual y el estudio de las filosofías orientales. En principio se conformaban con ser un movimiento literario en torno a un grupo de amigos que venían trabajando juntos desde mediados de los años 40 compartiendo la misma idea de cultura y aficiones musicales como el jazz. Sin embargo, a pesar del significado que le dieran sus mentores, el término beat está en sus propios orígenes; procede del argot utilizado por los músicos de jazz, siendo sin duda el rock el sitio ideal para transmitir sus ideas.

Bill Haley, primer gran impulsor del rock, con su grupo.

Se puede decir que el rock ‘nació’ en la década de los años 50 del siglo pasado. Catalogado como música más bien ruidosa, tenía visos de moda pasajera. Sin embargo, no solo permaneció con el transcurso de los años, sino que su inusitado crecimiento ha pasado a ser crónica ineludible como indicador del cambio social y signo de identidad de varias generaciones. ‘It’s Only Rock ‘N Roll, but I Like It’ (“Es sólo rock and roll, pero me gusta”), título de una canción de The Rolling Stones, podría resumir la grandeza de un movimiento musical que se convirtió en un fenómeno social creando corrientes de opinión, influencia en los comportamientos, arte popular y rey por su forma de comunicarse. Cuando se habla del rock se está haciendo referencia a uno de los fenómenos más importantes del siglo XX. Originario de EEUU, surge de las raíces más profundas de su música popular, en especial del blues y el country, también del gospel y el jazz, siendo los músicos de ‘color’ los primeros en sentar las bases. Sin embargo, y a pesar de sus vínculos con la música ‘negra’, no llegó a despegar con personalidad propia hasta que músicos ‘blancos’ lo asumieron como propio convirtiéndolo en un fenómeno de masas, lo que provocó más de un rechazo y conflictivas situaciones en años de fuerte segregación racial.

Para muchos fue Bill Haley quien en 1951 lanzó la primera canción de rock: ‘Rock the Joint’, un título que de forma premonitoria sería sinónimo de lo que pronto iba a suceder y que atrapó de forma inexorable al público juvenil. Dos años más tarde, en 1954, de nuevo Haley, acompañado por su banda The Comets, editó otras dos grabaciones de fuerza irresistible catalogadas de forma ‘oficial’ como los primeros discos de rock, que traspasaron fronteras y alcanzaron un gran éxito en todo el mundo. Una, ‘Shake, Rattle and Roll’, era un arreglo de un rhythm and blues interpretado por Joe Turner al que Haley cambió por completo. El segundo tema, ‘Rock around the clock’, fue el verdadero talismán que subió al rock and roll a la cima del éxito popular. ¡Arrolló! Si bien hay que decir, que a su triunfo contribuyó de forma notable su inclusión en la banda sonora de la película ‘The Blackboard jungle’. Le catapultó como himno de la juventud y a Bill Haley como la primera gran estrella del rock.

Elvis Presley, rey del rock y su piedra angular, durante una actuación en 1956 en Los Ángeles (California).

Pero al rock aún le faltaba algo para convertirse en un fenómeno de masas. Necesitaba una imagen que lo consolidase. No como un movimiento, que ya lo había conseguido, sino como un cambio imparable generador del impulso vital de la juventud. Su aparición llegó con Elvis Presley. ¡Toda una conmoción! La gran ola que envolvió a todas las capas de la sociedad. La figura carismática que amalgamó en su torno a un gran elenco de artistas. Dotado de un fuerte magnetismo, de gestos provocativos, era lo que la juventud necesitaba. Con Elvis el rock dio el gran salto y lo que en principio estaba destinado a ser un ritmo más, con una trayectoria acotada, al final se convirtió en una era cuya influencia sigue fresca en la actualidad.

En compañía del bajo Bill Black y el guitarrista Scotty Moore, Elvis Presley con solo 19 años se encierra en Memphis (Tennessee, USA) en el estudio de grabación de la firma Sun Records, propiedad de Sam Phillips, un productor que siempre había tenido clara la necesidad de una figura central capaz de combinar el blues ‘negro’ y el country ‘blanco’. Sucedió en 1954 con la grabación de ‘That’s alright mama’, una versión cargada de dinamismo, a la que una excelente interpretación acompañada de una gran sensualidad y presencia escénica harían de Elvis el ídolo tan deseado por y para los jóvenes. Una música que en realidad no era nueva, pues se tiene constancia, al menos, de discos editados en los años 30 para el mercado del rhythm and blues (música popular ‘negra’), el country y el western (música rural ‘blanca’) que si bien no lograron mayores éxitos hoy podrían pasar por rock and roll primitivo. La realidad es que los años 50 suponen el ‘inicio’ del triunfo del rock, su etapa gloriosa y Elvis Presley su piedra angular. A pesar de la riqueza musical marcada esos años por el jazz, el country y el rhythm & blues o las hermosas baladas, a partir de entonces todo cambió. Tiempos en los que brillaban estrellas como Tony Bennet, Perry Como o Louis Armstrong, o el esplendor de Paul Anka, Neil Sedaka, Chuck Berry, Little Richard, Ray Charles o Jerry Lee Lewis, se seguía echando en falta una gran estrella… ¡hasta que apareció… ¡Elvis Presley!

The Beatles y The Rolling Stones las dos mejores bandas de los años 60, la ‘década prodigiosa’, y seguramente de la historia de la música.

En las décadas siguientes el rock prosiguió su marcha exitosa. En los 60, la década prodigiosa, su triunfo fue arrollador a lo largo y ancho del mundo. Incuestionable. Surgieron figuras irrepetibles que no vamos a citar. Si acaso solo nombrar a las dos mejores bandas, quizá también de la historia de la música, cada una con un estilo distinto: The Beatles y The Rolling Stones. Los primeros enfocados hacia el pop rock y los segundos más a un rock más duro. Una década que fue la explosión de la creatividad con el rock implantado en el mundo y en la forma de vivir de la sociedad. Unos años donde su influencia se expandió por un horizonte sin fronteras. Los 70 fueron la etapa de su gran comercialización, lo que afectó de manera muy negativa al espíritu creativo, y ya metidos en los 80, el espectáculo, los sofisticados medios técnicos, ampliaron tanto su difusión que se puede decir que el rock pasó a ser casi un lema en la vida de muchas generaciones. Si Bill Haley ostenta con justicia el título de principal propulsor del mito del rock, con Elvis Presley no solo se cimentó, sino que se convirtió en el ritmo y la cultura que unió a los jóvenes de todo el mundo. Elvis era descaro, provocación, pero también alegría. ¡Sin inhibiciones! Una personalidad irrepetible. Con un mensaje intencionado, jugaba con su cintura, los gestos, la voluptuosidad de su voz, creando una imagen inigualable con su carisma y un clímax en sus actuaciones que desataba pasiones.

El rock acompañó y puso música a los años de descontento, frustración y rebeldía de la juventud occidental. Desde 1954 ha sido la voz y expresión de muchas generaciones que manifestaban así la crisis de la identidad adolescente. Aunque manipulado por una industria discográfica que encontró en el público juvenil un campo abonado para sus operaciones comerciales, no quita para que sea la historia del logro de los jóvenes de los años 50, de su madurez y conciencia de si mismos y sus problemas. Un mensaje que, por las presiones de la industria, pudo ser distorsionado y confuso, pero muy válido. Si hemos de quedarnos con una frase sencilla que lo defina, sin meterse en otro tipo de disquisiciones, quizás sea la citada al principio del post: “Tan sólo es rock and roll, pero… me gusta”. Una música popular que ha sabido adaptarse al cambio de los tiempos. No solo un simple baile o una moda, sino verdadera música elevada a categoría. Aunque su apariencia exterior siga cambiando… ¡Larga vida al rock! El ritmo que iba a cambiar el mundo.


Velocidad, tiempo y distancia, el cocodrilo y la cebra

mayo 11, 2018

Con el fin de estimular la creatividad, en esta sección se suele plantear el enunciado de un problema para a continuación exponer la solución del anterior publicado. Solo ha habido una excepción (“El camino más corto entre la araña y la mosca”) donde su planteamiento y la solución se han dispuesto en un mismo post. Un problema en apariencia sencillo que en realidad no era así; de ahí que para no provocar el desánimo se optase por hacerlo en conjunto.

Desde siempre a muchas personas les atraen los ‘problemas curiosos’; aquellos que suelen despertar interés bien por un entretenido enunciado o lo ingenioso de la solución que no coincide con la más ‘lógica’ a primera vista. Un tipo de planteamientos que, además de servir de distracción, ejercitan, y mucho, la inteligencia. Aunque por distinto motivo, este es el caso que nos ocupa. Un problema de solución compleja que requiere ciertos conocimientos matemáticos, no muy habituales en esta sección más enfocada a supuestos sencillos, apenas cálculos, que hagan ‘pensar’ en cualquier ‘dirección’. Si bien hay que decir, y esta es la razón de fondo, que en el expuesto a continuación ha habido de todo: ¡hasta quienes han llegado a la solución correcta mediante simples conocimientos de geometría! Eso si, una respuesta que, por las circunstancias y controversias que ha generado, ha sido objeto de mucho debate. Se cuenta que fueron unos estudiantes escoceses quienes tuvieron que enfrentarse a este complicado ejercicio en su prueba de Selectividad (Scottish Qualificarions Authority- SQA) y no les resultó nada fácil, pues la nota mínima se tuvo que bajar hasta un 3,4 sobre 10 según señala la BBC. Dice así:

“Los protagonistas son un cocodrilo y una cebra a la que quiere dar caza, que está situada a 20 metros de distancia en el otro lado de un río.
Nota.- Como es sabido, los cocodrilos se mueven a una velocidad diferente según lo hagan por tierra (son más rápidos) que por agua.

El tiempo que el cocodrilo necesita para alcanzar a su presa puede reducirse si nada ‘X’ metros corriente arriba hasta un punto ‘P’. El tiempo que tarda, ‘T’, se mide en décimas de segundo y está definido por la fórmula T (x) = 5 v36+x2+ 4 (20-x).

Las preguntas son las siguientes:
1- Calcula cuanto tiempo necesita el cocodrilo si no va por tierra
2- Calcula el tiempo que necesita el cocodrilo si nada el mínimo posible.
3- ¿De acuerdo con estos dos extremos, cuál es el valor de X que da el tiempo mínimo posible para alcanzar la presa?”

Como información complementaria que ayude en la búsqueda de la solución decir que:
a) Se debe tener en cuenta que si se minimiza el tiempo en el agua se recorrerán 20 metros a la máxima velocidad, aunque la distancia será la máxima recorrida por el cocodrilo.
b) Si por el contrario se hace todo por el agua, el cocodrilo recorrerá la distancia mínima, pero a una velocidad menor.

SOLUCIÓN

Ya se indicó que no es un problema fácil; de ahí que se pueda dar por válido con solo un planteamiento correcto. Como se ha señalado, el principal interés viene motivado por las muchas controversias generadas. Tantas que no todos están de acuerdo en cual es la solución correcta.

Imaginamos que habrá habido muchas dudas a la hora de su enfoque: unos se habrán quedado ‘atascados’, otros ‘llegado’ a un planteamiento más o menos correcto, y alguno habrá conseguido, suponemos, completar la solución. Una respuesta bastante ‘compleja’ a tenor de los resultados. En primer lugar por los propios alumnos escoceses objeto del examen. Aunque insistimos: ¡lo más importante es haber sido capaces de llegar al planteamiento! Con ello uno se puede dar por satisfecho.

Para los interesados en la resolución completa, en este blog se difunde paso a paso. El secreto está en que si se reduce el tiempo en el agua (recorrido por los catetos) se pueden cubrir 20 metros a velocidad máxima; en cambio, si se hace todo sobre el agua la distancia sería minima, pero a una velocidad menor.

En el siguiente vídeo se explica otra alternativa.


Retazos de Asturias y su cultura (I): el hórreo, la ‘esfoyaza’ y la política sin sentido

abril 30, 2018

El hórreo asturiano está siendo objeto de un ataque frontal a su historia y a sus raíces a causa de una medida polémica que atenta a su idiosincrasia (modo de ser característico de un pueblo, persona o cosa). Todo ello aderezado en medio de una tormenta política que ha llegado hasta el Parlamento nacional con anécdota incluida que retrata la falta de ética, pues uno de sus representantes fue acusado de plagiar informaciones, siendo su única defensa la falta de tiempo a causa de encontrarse sometido a un gran estrés en su trabajo. Concebido hace más de 500 años como un bien mueble, pues se puede desmontar y mover con relativa facilidad, para Hacienda ha pasado a ser un bien inmueble (como lo son las viviendas) al que hasta ahora se le había ‘perdonado’ el IBI.

A la izquierda, partes principales de un hórreo y, a la derecha vista general de una panera.

Pero antes de seguir adelante con esta medida confiscatoria hagamos un poco de historia. El hórreo es una construcción destinada a guardar y conservar los alimentos y mantenerlos en las mejores condiciones para su consumo alejados de la humedad y de los animales (especialmente ratones y otros roedores). Su utilización, sobre todo en las zonas rurales, se explicaba antaño por la pronta llegada de un invierno, largo, frío y húmedo que obligaba a adelantar las cosechas. En la actualidad se pueden ver, aunque cada vez menos, por la zona norte, en especial en Asturias y Galicia, regiones lluviosas por excelencia. El significado más aceptado de la palabra ‘hórreo’ es el de granero para frutos y otro tipo de cereales. Se han encontrado referencias a su origen en graneros elevados y ventilados de los poblados celtíberos, antes de la llegada de los romanos, aunque no existe documentación que permita establecer una relación con el hórreo actual. Marco Terencio Varrón, que en el siglo I a.C. recorrió Hispania con Pompeyo, hablaba de forma ambigua de un tipo de graneros sobre tierra empleados por los galaicos. En la misma época también Marco Vitruvio, arquitecto y tratadista romano, alababa su conveniencia y lo recomendaba para la explotación agrícola. La primera prueba de la existencia de hórreos en España se encuentra en un documento del año 800 relacionado con la fundación del monasterio de Taranco, en el Valle de Mena (Burgos), si bien tampoco existe unanimidad entre los diversos autores sobre si se trata de un hórreo tal y como hoy lo conocemos. No es hasta el siglo XIII cuando se encuentra la primera representación gráfica. Su consolidación se produce en el siglo XVII a partir de los cambios en el cultivo del maíz (‘panoya’), que desplazará al maíz menudo (‘mijo’) como alimento primario de las clases populares, principalmente en Asturias y Galicia, asumiendo entonces los graneros elevados sobre el suelo la función de conservación de un cereal que necesita ventilación y secado para ser apto para la molienda.

Las peculiaridades de la propiedad de la tierra y la dispersión de la población permitieron que el hórreo mantuviera su razón de ser en Asturias. La primera descripción detallada la hizo en 1792 Gaspar Melchor de Jovellanos, asturiano, escritor, jurista y político reconocido, enumerando sus partes con una explicación de como construirlo. Compuesto de un cuerpo cúbico cerrado por tablones verticales y un tejado a cuatro aguas rematado en pico, cubierto normalmente con tejas, su estructura se levanta sobre cuatro o más pilares de piedra (‘pegollos’) con forma de tronco de pirámide de cuatro caras. Entre los ‘pegollos’ y la base se colocan unas losas horizontales más anchas (‘muelas’) para impedir la subida de roedores y protegerlo de la humedad. El acceso al hórreo se hace por medio de una escalera de piedra, separada a cierta altura de la entrada, cuya puerta está orientada al este o al sur para evitar en lo posible las inclemencias del tiempo. En la parte opuesta suele haber otra puerta con el fin de crear una corriente de aire y de esa manera ventilar mejor el interior cuando se considere necesario. En el hueco que queda bajo la estructura, abierto, protegido de la lluvia, se suelen colocar el carro, arados, rastrillos, leña y otros utensilios. El hórreo fue, ahora ya no tanto, de enorme utilidad en aquellas zonas rurales que no disponían de medios avanzados para la conservación de algunos alimentos caseros necesarios a lo largo del año (‘matanzas’, quesos, granos, harinas,…). Su proliferación ha ido disminuyendo a medida que las nuevas técnicas de conservación fueron apareciendo. Una de sus características, muy importante para sustentar determinadas tesis de este post, es que se puede trasladar de un lugar a otro con relativa facilidad, dado que se puede desmontar pues las piezas de madera se ensamblan sín utilizar ningún tipo de clavo o tornillo.

Imagen típica de una panera, uno de los tipos de hórreo, en la que se pueden contemplar sus partes más importantes, con las riestras de maíz colgadas y secando al aire y diversos utensilios bajo su estructura.

En Asturias predominan dos tipos de hórreo. El ‘clásico‘, el más extendido, de planta cuadrada, sostenido sobre cuatro pilares o ‘pegollos. En principio era exclusivo de las clases más acomodadas, para extenderse a partir de la época renacentista con el incremento de producción de la tierra. El otro tipo es la ‘panera’. Se empezó a utilizar en la segunda mitad del siglo XVI como consecuencia del fuerte aumento de la producción de maíz y, más tarde, en el siglo XVIII, de la patata. Ambas plantas, traídas de América, se adaptaron muy bien al clima atlántico, obligando para su almacenaje a una mayor necesidad de espacio bien dentro o colgando las riestras de maíz en las paredes o en el corredor exterior. En realidad, la panera es una evolución del hórreo con una superficie en planta rectangular en lugar de cuadrada, apoyada sobre seis ‘pegollos’ en lugar de cuatro y la cubierta rematada con una viga cumbrera y dos picos, manteniendo el tejado a cuatro aguas. Hay una tercera variante en la zona oeste asturiana, el cabazo, menos frecuente, de planta rectangular más estrecha, y más parecido al hórreo gallego.

Según la zona en que se encuentren, existen tres estilos de hórreos asturianos:
a) Estilo Villaviciosa.- Es el más antiguo. Se remonta a la Edad Media, siglos XV y XVI, con pinturas y tallas en las vigas y tablas en las paredes. Están concentrados en la zona de Villaviciosa, Piloña y Cabranes, aunque también hay alguno disperso por otros concejos del centro y este de Asturias.
b) Estilo Carreño.- Empezó a proliferar a partir del siglo XVIII, con la construcción de las grandes paneras en la zona costera del centro de Asturias, llegando hasta mediados del siglo XX. Su fachada está cubierta por tallas de florones, jarros y otras formas geométricas pintadas en llamativos colores.
c) Estilo Allande.- De la misma época que el estilo ‘Carreño’. Se puede ver en la zona de Allande y en general en todo el occidente de Asturias, Su decoración está basada en grandes discos tallados en las paredes.

La aparición del corredor exterior alrededor de la estructura del hórreo, con las típicas riestras de ‘panoyas’ (mazorcas) de maíz, cambia por completo su decoración, pues el adorno pasa a centrarse en el conjunto con las barandillas de columnas y balaustres torneados. Una decoración que nos da pie para hablar de la ‘esfoyaza’, una de las tradiciones más arraigadas durante siglos en la Asturias rural cuando el maíz era un sustento importante para las familias y, en menor medida, de los animales. Un trabajo que se hacía en comunidad por los vecinos en las distintas casas del pueblo. Todos participaban, pues no solo era trabajo, también era un lugar de encuentro, incluso de festejos, que finalizaba con un ‘convite’ con el que los dueños de la casa invitaban a los que les ayudaban degustando sabrosas tortillas y otros ‘menesteres, sin que faltase nunca la sidra.

Estampa de la ‘esfoyaza’ y una recreación actual.

Durante la ‘esfoyaza’ los vecinos se sentaban alrededor de los grandes montones de maíz recogidos y se ponían a la tarea de ‘esfoyar panoyas’ (deshojar mazorcas), quitándoles casi todas las hojas excepto dos o tres (las más fuertes) que dejaban para facilitar la labor de hacer las ‘riestras’ de maíz y llevarlas luego al hórreo o hasta en la propia casa. Otra utilidad de la ‘esfoyaza’ es que una vez concluida se recogían las mejores hojas para usar como relleno de los jergones, que era sustituido todos los años. Las ‘riestras’ permanecían colgadas en los corredores del hórreo o panera hasta que estuvieran totalmente secas para poder deshacer las ‘panoyas’, separando el grano del ‘tarucu’ (cuerpo de la ‘panoya’) que iba cayendo a unos sacos que luego se llevaba a moler. Algunas familias tenían sus propios molinos, pero el resto lo hacían en los molinos del pueblo, normalmente comunitarios. Como ya hemos dicho, en la ‘esfoyaza’ había momentos para todo, era un espacio de trabajo, pero también de diversión, incluso hasta de cortejo, también de baile, donde se contaban leyendas, chismes y cuentos y se cantaban canciones populares.

Gaspar Melchor de Jovellanos, al que ya hemos mencionado, haciendo referencia a la ‘esfoyaza’ contaba en uno de sus diarios:
“…Síguese a ésto, la operación de la esfoyaza, que se hace por turnos en las casas de los labradores, concurriendo los mozos de la redonda a ella: las mujeres desenvuelven las hojas, descubriendo el grano de la mazorca, separando las inútiles y dejando tres o cuatro, y los hombres tejen estas hojas unas a otras formando riestras (ristras) de cuatro o cinco varas de largo, a las que llaman piñones cuando son más cortas. Esta operación es de mucha alegría; se canta mucho; se tiran unos a otros las panoyas; se retoza y se merienda tortillas de sardinas o jamón con boroña, precisamente caliente, queso y peras o manzanas cocidas con la misma boroña. En otras partes, en lugar de merienda, se da a cada uno un panecillo como de media libra, y en otras garulla, esto es corbates y peras manzanas crudas. Esta esfoyaza es siempre de noche, y acaba a la una o las dos. Entonces los galanes acompañan a las mozas hasta sus casas, que suelen ser distantes, y al amanecer están en el trabajo”.

Sin  embargo, un reciente ‘disparate‘ está a punto de acabar con el hórreo: la última revisión catastral de Hacienda ha abierto la puerta a los ayuntamientos asturianos para cobrar el impuesto de bienes inmuebles (IBI). Una medida que podría ser el final a una tradición de más de 500 años. De hecho, algunos la han querido aplicar de de inmediato. ¡Todo sea por la recaudación! Xuan Ignaciu Llope, etnógrafo y escritor, señala: “Es la típica medida hecha desde la ignorancia y la desinformación. Los ayuntamientos buscan sacar dinero de donde sea… sin medir las consecuencias. Es la sentencia de muerte a cientos de hórreos. El hórreo es hoy día un trasto inútil para los paisanos: les estorba en la ‘corrada’ (corral), les estorba en el centro del pueblo, no tiene ninguna funcionalidad salvo como almacén de trastos, y ni eso. Si encima empezamos a cobrarles, pues pasa lo que pasa: que los hórreos se derrumban misteriosamente por las noches, como ocurre donde yo vivo (Tineo), que ya se han caído unos cuantos. ¡Qué mala suerte! Un paisano del medio rural que cobra 600 euros de pensión y paga 200 de IBI por su casa, que aquí las casas son enormes, ¿crees que va a pagar encima 70 u 80 euros de IBI por su hórreo? ¿Cuánto tiempo va a tardar ese hórreo en desaparecer? Van a caer por cientos”. Y añade: “Digan lo que digan, el hórreo es un bien mueble, igual que una silla, porque se puede trasladar. Según el derecho consuetudinario asturiano, no es necesario que el propietario del suelo y el propietario del hórreo sean la misma persona. Los hórreos se pueden desmontar, trasladar y volver a montar, algo que tiene que ver con su uso tradicional como graneros”.

Pintura al óleo del autor de este artículo. Paisaje típico de una zona rural asturiana en el que se puede ver un hórreo ‘clásico’.

Y es que al hórreo asturiano se le marginó y olvidó durante mucho tiempo. Solo comenzó a tomar de nuevo protagonismo con su revalorización popular y cultural. Como integrante del patrimonio etnográfico, actualmente dispone de un régimen específico de protección recogido por ley del Principado de Asturias. Además, desde 1863 la jurisprudencia le había catalogado como un bien mueble, sin embargo la última revisión del Catastro le considera un bien inmueble y por tanto sujeto al pago de impuestos. ¡Toda una contradicción!  Por una parte se imponen medidas para conservar el patrimonio y por otra se potencia dejar ‘caer’ los hórreos para evitar el pago del IBI. Como bien señala la abogada Yolanda González Huergo: “Los dueños suelen ser gente mayor, jubilados, que ya no viven del campo. Muchos optan por dejar caer los hórreos dada la gran cantidad de trámites para su conservación y traslado. No permiten nuevos usos, solo puedes almacenar una cosecha que ya no tienes, y para colmo ahora tienes que pagar el IBI. No puede ser que el hórreo sea una carga imposible de llevar”.

El hórreo es un bien cultural que identifica al paisaje asturiano. Aunque algunos han denunciado la situación actual con más o menos fortuna, a ningún partido político le interesa que se le asocie con una medida tan poco popular. La mayoría piensa que es un ataque a la tradición. De ahí que se muestren de acuerdo en que hay que frenar el IBI. A pesar de que haya ayuntamientos que lo hayan empezado a cobrar (por cierto, gobernados por esos mismos partidos), se están empezando a tomar medidas que eximen su pago no solo a aquellos hórreos con más de cien años de antigüedad (ya lo tenían por ley), sino que muchos concejos están aplicando bonificaciones para aminorar el impacto del impuesto (por ejemplo en Oviedo se puede optar hasta un 90 %). Ahora bien, aunque la medida fiscal entraría en vigor a todos los efectos a partir del año 2018, no todos los ayuntamientos tienen clara su posición: los hay partidarios de cobrar el IBI, aunque son las excepciones. Todo un sin sentido.

Por suerte parece que se atisba una vía de solución después de que el pasado mes de junio la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados haya aprobado una proposición no de ley para eximir del pago del IBI a los hórreos, paneras y cabazos de Asturias y Galicia. Una medida de choque que evitaría la continua degradación de este patrimonio histórico que siempre ha sido un bien mueble, aunque ahora la ley los considere un bien inmueble por otro tipo de conveniencias. Una afirmación de simple sentido común (se pueden transportar) a la que no es de recibo se opongan ‘complejas’ razones jurídicas que solo enmascaran un afán recaudatorio. El cobro del IBI es un auténtico disparate, que solo puede llevar a la desaparición del hórreo. Un signo de identidad de Asturias y una tradición popular.


Canciones con historia: “Great balls of fire”. Jerry Lee Lewis

abril 14, 2018

Una de las esencias del nacimiento del rock fue que en cuanto aparecieron sus primeras figuras enseguida surgían otras a disputarles la fama. Tal fue la cantidad de estrellas que alumbró el nuevo ritmo que el público creía encontrarse en un continuo oasis musical. De todas ellas, sin embargo, para la mayoría, una fue ¡”El Rey”!, ¡El genial Elvis Presley! y otra estuvo a punto conseguirlo: Jerry Lee Lewis. Un personaje caótico que tocaba el piano con destreza de forma muy ‘peculiar’, estrambótica para algunos, con sus piernas, cabeza y codos en posturas indescriptibles. Apodado “The Killer” (‘El Asesino’), dotado de una fuerte personalidad, aderezaba la escena hasta límites insospechados. De todos los grandes mitos del rock, Chuck Berry, Little Richard, Carl Perkins,… que intentaron ponerse a la altura de Elvis, Jerry fue de uno de los pocos en acercarse.

La historia de “Great balls of fire” (‘¡Grandes bolas de fuego!’) comienza de forma un tanto curiosa. Corría el año 1957 cuando Jerry Lee Lewis consiguió su primer gran triunfo con “Whole Lotta Shakin’ Going on”, una canción de alto contenido sexual que tuvo serios problemas para ser editada en una sociedad poco permisiva. Con ritmo de rock, aunque basada en el ‘boogie-boogie’, ese primer éxito sirvió para que Otis Blackwell, compositor que había trabajado con Elvis, le enviase un tema en la misma línea con una letra llena de metáforas. Un ‘detalle’ que la hacía parecer más ‘liviana’ a la posible interpretación del público, si bien hay que decir que Lewis no se encontraba muy conforme por su experiencia anterior. Además coincidió con una época en la que el cantante se había casado en secreto con su prima de 13 años, menor de edad, situación que en cuanto trascendió a la prensa y público provocó un escándalo monumental.

Se cuenta que fue Sam Phillips, propietario de la discográfica Sun Records, quien convenció a Jerry Lee Lewis para que no tuviese miedo a la censura ni a su propia familia, muy religiosa, y grabase un tema que le encumbraría para siempre. Pero no fue sencillo. Tanto que al principio le desequilibró durante los primeros ensayos; aunque al final aceptó y puso todo su arte en una interpretación magistral que ha pasado a la historia de la música en medio de grandes polémicas y alabanzas. Y es que su título (‘¡Grandes bolas de fuego!’) emana de una frase muy usada en el Sur de EEUUU relacionada con la fiesta de Pentecostés en la que los católicos celebran la llegada del Espíritu Santo. Muchos fueron, en especial los más exaltados, los que quisieron ir más allá de su intención aduciendo que, poseída por el ‘diablo’, era una especie de culto al sexo, con estrofas de alto voltaje que podían ‘alterar’ a una parte importante de la sociedad. Sin embargo, a pesar de todas las críticas, nada impidió que “Great balls of fire” consiguiese una popularidad desbordante y en un par de semanas alcanzase el Nº 2 en las famosas listas Bilboard con más de un millón de copias vendidas. Fue un triunfo sonado que tardó poco en extenderse al resto del mundo donde llegó al Nº 1 en varios países europeos.


Jerry Lee Lewis interpretando “Greats Balls Of Fire” en 1957, el año de su lanzamiento.


Jerry Lee Lewis durante su actuación en el primer programa emitido (15 de febrero 1958) del famoso show de Dirk Clark (‘Dick Clark’s Saturday Night Beechnut Show’). Un espectáculo semanal de variedades musicales transmitido por la cadena de televisión ABC patrocinado por Beechnut Gum. En su estreno, que se realizaba en directo en el Little Theatre de Manhattan (Nueva York), también intervinieron entre otros Pat Boone y Connie Francis.

“Great balls of fire”

Jerry Lee Lewis nació en Louisiana en 1935. Comenzó a tocar el piano, su gran pasión, desde muy joven, estando siempre muy influenciado por la música popular entonces representada por el country, rhythm and blues, boogie-woogie y gospel. En 1952, un año del que datan sus primeras grabaciones, contrae matrimonio con solo 16 años, una época donde en el sur de EEUU no era anormal hacerlo a edad tan joven. En 1956, tras leer un artículo sobre Elvis Presley, se traslada a Memphis a probar suerte con la firma Sun Records, la misma de su ídolo, produciéndose entonces un hecho, hoy considerado histórico, no conocido hasta años después. Ocurrió en la sede de la propia discográfica cuando de forma improvisada junto a Elvis Presley, Carl Perkins y Johnny Cash grabaron varios temas. Cuarteto que fue inmortalizado en una foto bajo el nombre de ‘Million Dollar Quartet’ (‘El cuarteto del millón de dólares’) en un artículo de prensa publicado más tarde, su grabación no llegó a ser editada y solo salió a la luz pública décadas después.

De izquierda a derecha, Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Elvis Presley (al piano) y Johnny Cash inmortalizados como el famoso “Cuarteto del millón de dólares” cuyas grabaciones nunca fueron editadas al público.

Como ya hemos dicho, en 1957 Jerry Lee Lewis alcanzó su primer éxito con “Whole Lotta Shakin’ Goin’ On”. En un principio Sam Phillips, su productor, no estaba muy convencido de editar una canción de tan alto contenido sexual, creía que se adaptaba más al gusto del público negro. Sin embargo, causó sensación cuando Lewis la cantó por primera vez en directo en un bar de Arkansas con un público totalmente entregado que le obligó a repetirla 25 veces esa misma noche. Una canción que estuvo censurada por inmoral en muchos programas de radio y televisión. Si bien hay que decir que a pesar de no ser tampoco ‘admitida’ en el famoso ‘The Ed Sullivan Show’ si lo hizo su competidor Steve Allen, alcanzando el Nº 1 de las listas country y R&B y el Nº 3 de las listas pop. Un triunfo que precedió al que poco después sería el mayor éxito de su carrera: “Great Balls of Fire”. Todo ello en una etapa que coincidió la más conocida de las muchas anécdotas protagonizadas por Lewis a lo largo de su carrera como artista problemático y que dio origen a su apodo “The Killer” (‘El asesino’). Se cuenta que durante una actuación en el ‘Brooklyn Paramount Theatre’ ‘de Nueva York, tras serle asignado el puesto de telonero de Chuck Berry, en señal de protesta subió al escenario con una botella de coca-cola rellena de gasolina y en el momento de interpretar “Great Balls of Fire” no se le ocurrió otra cosa que prenderle fuego al piano, finalizando su actuación, dirigiéndose a Berry, con un estridente: “¡…Supera esto, negro! Su fama como cantante fue creciendo con tal rapidez que en el verano de 1958, se había convertido en el músico del momento. Sin embargo, con sus canciones en lo más alto de las listas de éxito, de pronto, su carrera sufre un grave traspié del que nunca, o al menos durante mucho tiempo, llegó a recuperarse. Sucedió al salir a la luz pública un hecho que escandalizó a la sociedad de entonces. En 1956, con 22 años, viajó a Memphis donde conoció a Myra Gale Brown, hija de su primo, el bajista J.W. Brown, con que la mantuvo un romance, casándose en secreto a finales de ese año, pues aún no se había divorciado de su segunda esposa. Además Myra era menor de edad (contaba solo 13 años). Permanecieron así durante un tiempo, hasta que en 1958, y aunque le habían recomendado que su esposa no lo hiciese, llegó a Inglaterra acompañado de su familia. Fue en el aeropuerto de Londres donde un periodista descubre al matrimonio y al preguntarle por la edad de su mujer Lewis contesta que tiene 15 años, armándose un escándalo mayúsculo al ‘destapar’ la prensa su edad real. A partir de entonces su popularidad sufrió un daño irreparable y tras algunos conciertos con poca audiencia, su gira es cancelada y deportado de Inglaterra. Un escándalo que prosiguió nada más llegar a EEUU, que termina con su práctica postergación del panorama musical.

Jerry Lee Lewis, el ‘salvaje’ del rock, ‘The Killer’, en una de sus actuaciones encarnando con sus impulsos más temerarios un espíritu indomable que entusiasmaba al público.

Jerry Lee Lewis casi siempre se movía por sus caprichos o ‘locuras’, gozando la mayoría de las veces de total impunidad. Basta recordar algunos de sus muchos ‘episodios’. Como el ocurrido en 1976 cuando en mitad de la noche, armado con una pistola, estrelló su coche contra la verja de la mansión de Elvis Presley! sin apenas o ninguna consecuencia. Persona escurridiza, estuvo a punto de ser atrapado por evasión de impuestos, escapándose en el último momento a Irlanda, país entonces bastante permisivo con los artistas que tenían establecido allí su domicilio fiscal. No pudo regresar a EEUU hasta que no consiguió pactar un acuerdo con la Hacienda americana. Nunca fue un ciudadano ejemplar. Pero si un cantante que, entregado a un público entusiasmado, se transformaba encima del escenario hasta límites indescriptibles. De manera especial con sus maravillas alrededor del piano, al que ‘maltrataba’ como si fuese el peor objeto, que hacía en las posturas más insospechadas. ¡No había canción que se le resistiese! Eric Clapton, el genial guitarrista y uno de los músicos rockeros más influenciados por Lewis, llegó a decir, hablando de su importancia en la historia del rock: “Mi primer contacto con el rock and roll fue una tarde en que vi por televisión a Jerry Lee Lewis. Fue algo que me dejó muy sorprendido, y es que para mí él era de otro planeta”.

Dotado de una personalidad altanera, ¡Jerry Lee Lewis fue el primer rebelde del rock! Con su presencia ‘salvaje’, llevó su música  a una sociedad muy conservadora. Su presencia, comportamiento y actitudes poco habituales hicieron que los medios de su país le empezasen a apodar “The Killer” (‘El Asesino’). Pero a pesar de su irrupción fulgurante, algo haría cambiar todo. ¡Su momento más duro! Fue la polémica por el matrimonio con su prima, menor de edad, cuando se encontraba en lo más alto de la popularidad, lo que unido a su abuso en el mundo de las adiciones le condujeron poco a poco al ostracismo. Solo el paso del tiempo hizo que muchos grupos y solistas empezaran a darse cuenta de que más allá de sus muchas ‘trifulcas’, su música gran calidad tenía algo que la hacía especial. Aunque su figura ha sido en cierto modo rehabilitada en las últimas décadas, se suele afirmar que Jerry Lee Lewis resume todo lo que de malo existe en el rock y uno de sus tipos más salvajes. “Great Balls of Fire” fue su mayor triunfo, un éxito sorprendente, y hoy está considerada uno de los himnos del rock.


Jerry Lee Lewis y Tom Jones en 1969 interpretando un popurrí de canciones rockeras.


Jerry Lee Lewis en 1989 durante un concierto celebrado en el ‘Hammersmith Apollo’ de Londres (Jerry Lee Lewis And Friends) donde interpretó sus temas clásicos, entre ellos su ‘Great Balls Of Fire’. Junto a él una larga lista de invitados como Van Morrison, Brian May, Stuart Adamson Dave Davies. Una vez más dio muestra de sus habilidades al piano.