La posverdad, un neologismo de moda

septiembre 20, 2018

La posverdad es una palabra, un neologismo, que se está utilizando en los últimos tiempos a todos los niveles por una sociedad muy influenciada por las redes sociales y otros medios de gran inmediatez. Todos ellos muy insistentes en mantener sus tesis. De manera especial, está siendo aplicada por algunos políticos, también de nuestro país, que pretenden reescribir, esperemos que sin éxito, determinados acontecimientos de la historia. Se ha ‘introducido’ en nuestras conversaciones, en los medios de comunicación, en la calle, incluso ha conseguido hacerse un hueco en el diccionario de la RAE. Su origen proviene del vocablo ‘post-truth’, designado palabra del año 2016 por el diccionario de Oxford, cuyo significado (RAE) es: ‘distorsión deliberada de una realidad que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales’.

Recordando determinados acontecimientos ocurridos durante 2016, no es de extrañar que fuese el vocablo elegido. Fue un año en que el Brexit salió vencedor en el Reino Unido, el pueblo colombiano rechazó los acuerdos de paz con las FARC, Donald Trump elegido presidente de EEUU y en Italia rechazada la reforma constitucional propuesta por el primer ministro Mateo Renzi. Unos ‘sucesos’ donde la parte emocional, lo subjetivo, se adelantaba a la lógica y los hechos objetivos en las urnas. De ahí que a la posverdad se le llame también mentira emotiva. En cierta manera representa ‘el mundo al revés’ en la política, siendo muy utilizada para intentar explicar por ejemplo la elección de Trump o la salida del Reino Unido de la Unión Europea; dos fenómenos similares que se producen, como señala en un artículo publicado por la BBC, cuando “los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”.

Tan cierto es que la posverdad se nutre de mensajes como que los canales que hacen llegar estas informaciones a la opinión pública son indispensables. Sobre todo los canales alternativos que se imponen a los medios tradicionales ‘llegando a muchas más personas con muchos menos medios’. Resulta fácil comprobar como en Twitter, Facebook o Youtube no importan tanto los hechos, sino como se cuentan. Y es aquí donde entra en juego algo muy común al ser humano que por lo general suele recibir, y acoger, aquella versión que más se ‘adapta’ a su ideología. Está claro que para crear y/o dirigir la opinión pública es mucho más efectivo actuar sobre las emociones que sobre los propios hechos objetivos. Aunque la posverdad no se limita solo al campo político; se mueve en campos tan diversos como la publicidad o las grandes empresas, por ejemplo. Sus departamentos de comunicación se enfrentan a nuevos y grandes retos, a todo tipo de rumores, bulos o ‘fake news’ (noticias falsas) difundidos por las redes sociales, incluso por otros medios digitales que dejan a un lado su ética periodística en beneficio del llamado ‘enlace cebo’, pero falso, que les proporciona un aumento del tráfico en su red y por tanto en sus ingresos publicitarios.

En realidad, cuando se habla posverdad no se está haciendo referencia a una nueva práctica. Lo que si es más reciente es su intensidad, el acceso a la información, la inmediatez, su volumen, muy intrínseco con los tiempos actuales. Según un estudio llevado a cabo en 2016 en EEUU, 6 de cada 10 de sus ciudadanos utilizan las redes sociales para informarse y conocer la actualidad. El flujo y la cantidad de información a la que hoy estamos expuestos alcanzan límites máximos conocidos. Sin embargo, puede que estemos más desinformados que nunca al tratarse de un consumo para el que se ha desactivado el filtro de la capacidad crítica y autocrítica. Una capacidad que se diluye en tanto en cuanto ‘dejamos’ que las noticias nos puedan llegar a través de medios de dudosa procedencia y que a veces se toman como la excusa perfecta para permitir que se pongan en marcha medidas de otro tipo como iniciativas legislativas que por un lado criminalizan a todos los canales digitales, como determinados ‘globos sonda’ con los que se pretende impedir el anonimato en Internet o crear un Ministerio de la Verdad donde el gobierno de turno establezca lo que es cierto y lo que no. Por eso es tan necesario propugnar que el periodismo, los medios de comunicación y los distintos agentes de la cadena informativa, incluyendo las redes sociales, sean responsables en la no difusión de ‘noticias falsas’. Así como los distintos actores que están en el origen de los consejos directivos, que en muchas ocasiones son los propios partidos políticos. Se han detectado bastantes fenómenos de ‘fake news’ surgidas de las redes sociales o Webs poco fiables que luego el medio de comunicación tradicional convierte en noticia. Por lo tanto, la responsabilidad es de todos.

A.C. Grayling, autor y filósofo británico, contrario al Brexit, se muestra muy preocupado con la posverdad y sus consecuencias en caso de que se instale en la sociedad. Según dice proviene de cuando “el mundo cambió tras la crisis financiera después de 2008”. Ahí fue cuando se abrió aún más la brecha entre ricos y pobres. Además, añade un ingrediente clave: ¡la gran influencia de las redes sociales! “Todo el fenómeno de la posverdad es sobre: ‘Mi opinión vale más que los hechos’. Es sobre cómo me siento respecto de algo”, explica. Señala también que las “noticias falsas” (‘fake news’) se pusieron de moda tras las elecciones a la presidencia de EE.UU, después de que Donald Trump acusara directamente a los medios de publicarlas y advierte que el problema es una cultura en los diferentes medios sociales incapaz de distinguir entre realidad y ficción. “Todo es relativo. Se inventan historias todo el tiempo, ya no existe la verdad. Se puede ver cómo esto decantó directamente en la posverdad”. Sin querer pretenderlo se ha ‘abierto la puerta’  a un tipo de política que no se hace problema con la evidencia. “Esa gente se dio cuenta de que no necesitas hechos, simplemente puedes mentir”.

La posverdad o mentira emotiva distorsiona de forma deliberada la realidad con el fin de conformar la opinión pública e influir en nuestras actitudes. Los hechos objetivos tienen una menor influencia que las emociones o creencias de las personas y se puede resumir en: “el que algo parezca o aparente que es verdad es más importante que la propia verdad”. Supone el reconocimiento o confirmación de un nuevo eufemismo: ¡la posverdad: un neologismo que permite dejar de llamar mentira a la mentira!

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Canciones con historia: “Sugar, sugar”. The Archies

septiembre 5, 2018

Esta es la historia, o más bien dos en una, de “Sugar, sugar”, una canción que alcanzó el Nº 1 en 1969 interpretada por The Archies, una conjunto que nunca ‘existió’, pues… ¡jamás dio concierto alguno! Llegó a la cima musical coincidiendo con la ‘invasión’ pop británica (con The Beatles y The Rolling Stones a la cabeza) en las voces de un misterioso grupo representado por los personajes de un comic que de forma enigmática ocupaban la portada del disco. Una semana antes de su lanzamiento, Don Kirshner, su productor, había iniciado una campaña publicitaria en televisión para anunciar el estreno de una serie de dibujos animados bajo el título ‘The Archie Show’, cuyos protagonistas eran precisamente sus intérpretes. Una banda musical de la que nunca se conoció concierto ni contacto alguno con la prensa o la TV. La realidad era que… ¡físicamente nunca existieron! ¡Eran músicos de estudio!

“Sugar, sugar” es un tema que pertenece al género ‘bubblegum pop’ (‘pop chicle’), música pop melódica, muy comercial, con gran ritmo, dirigido a los adolescentes. En aquella época los productores solían utilizar a cantantes desconocidos para crear un estilo ‘prefabricado’. En general, las canciones ‘bubbleggum’ se caracterizaban por su melodía pegajosa, un estribillo a varias voces, acordes bastante simples y ritmos muy bailables. Tras su edición, Don Kirshner se la entregó a los directivos de las emisoras de radio sin indicarles el nombre del grupo. Solo a raíz de las críticas favorables, y ver que caminaba hacia el éxito, les informó que había sido grabada para una serie de dibujos animados por un grupo de estudio.

“Sugar, sugar”


Vídeo original (1969) de “Sugar, sugar” interpretado por The Archies en la serie de dibujos animados.

The Archies fueron uno de los primeros conjuntos de ficción de la historia de la música pop. Eran la imagen de los personajes de la serie de animación ‘The Archie Show’. Gracias a la técnica ‘multipista’ (grabación que permite registrar varias fuentes sonoras por separado para luego unirlas con el ordenador formando un todo), un solo cantante, Ron Dante, grababa todas las voces masculinas. Lo mismo ocurría con las voces femeninas, que en sus inicios estuvo a cargo de la cantante Toni Wine. Como en la mayoría de los grupos de ‘bubblegum’, el resto de banda también estaba formada por músicos de estudio. En ningún momento se pretendió que fuesen una banda ‘real’.

La historia de “Sugar, sugar” con The Archies es un poco rocambolesca. A finales de 1967, Don Kirshner, productor y exitoso editor musical, había sido contratado para la serie ‘The Archie Show’. Se trajo con él a Jeff Barry (quien con Ellie Greenwich formaba uno de los equipos de compositores más importante de entonces), que a su vez poco después contrató al vocalista Andy Kim, también compositor) y a la cantante Toni Wine. El debut del programa fue todo un éxito y el primer sencillo del grupo, “Bang Shang-a-Lang”, estuvo a punto a punto de entrar en el top 20 a finales de 1968. Fueron Barry y Kim los que escribieron “Sugar, sugar”, pero lo que no todos conocen es que era un tema que en un principio Don Kirshner había ‘reservado’ para The Monkees, banda a la que algunos han llegado a comparar con los míticos The Beatles. Sin embargo, a pesar de la insistencia de Kirshner, que había sido su ‘creador’, el grupo rechazó su propuesta. Entonces fue cuando, pensando en la posibilidad de ahorrarse una nueva selección y otro tipo de conflictos, decidió incorporarla a la serie televisiva protagonizada por The Archies. Así fue como “Sugar, sugar” terminó convirtiéndose en el mayor éxito musical de 1969. Incluida en su segundo LP, Everything’s Archie’, se editó al tiempo como single con ‘Melody Hill’ en su cara B. Un auténtico boom que llegó al Nº 1 de las listas Bilboard (USA) donde permaneció 4 semanas y el primer disco de oro de la banda. El segundo éxito lo lograron con “Jingle Jangle’. Sin embargo, a pesar de un triunfo tan rápido, su popularidad comenzó a caer con rapidez. Su último top 40 lo consiguieron en la primavera de 1970 con ‘¿Quién es tu bebé?’ y poco después vino la desbandada de la mayoría de sus componentes.

Algunas secuencias de la serie de animación ‘The Archie Show’.

The Archies estaban formados por los siguientes personajes de la serie: Archie (guitarra principal), Reggie- ‘Carlos’ (guitarra), Jughead- ‘Torombolo’ (batería), Betty- ‘Pandero’ (percusión), Verónica (órgano y teclados) y Hot Dog (mascota). Vivían en un barrio residencial al este de Riverdale y solían reunirse en la casa de algún miembro del grupo para ensayar. Sus canciones iban ‘dirigidas’ principalmente al público adolescente, de manera especial a sus seguidores de la serie. Al menos esa fue la primera intención. Tan es así que los primeros singles se regalaron en cajas de cereales en el formato ‘flexi-disc’ (disco de vinilo de 7 pulgadas de distintas velocidades- 33, 45 o 78 rpm), un formato promocional que se reproducía con cierta dificultad en los tocadiscos de la época. Más de uno lo recordará, pues en España algunas firmas comerciales lo utilizaron para promocionar sus productos.

De “Sugar, sugar” se han hecho muchas versiones. Algunas por artistas tan reconocidos como Wilson Picket, Tom Jones o Ike & Tina Turner, sin olvidar a Bob Marley con su característico ritmo reggae. Sin embargo, fueron Ron Dante, Toni Wine, Jeff Barry, Andy Kim y otros músicos de estudio quienes la auparon a un triunfo inesperado convirtiéndola en el disco más vendido del año 1969. The Archies fueron un grupo ‘ficiticio’ para una canción ‘bluggegum’.


Bob Marley y su versión de “Sugar, sugar”.


Wilson Pickett interpretando “Sugar, sugar”.


Tom Jones y su versión de “Sugar, sugar”.


(Ike&) Tina Turner y su versión de “Sugar, sugar”.


“El silencio de la ciudad blanca”. Eva Gª Sáenz de Urturi

agosto 21, 2018

Entretenido thriller que engancha desde el inicio. En la búsqueda de un asesino desconcertante nos conduce por la interesante parte histórica de la ciudad de Vitoria. En ella son tantos los ‘presuntos’ culpables, que pronto dejan de serlo, que la hacen ‘envolvente’.

Sinopsis
Tasio Ortiz de Zárate, el brillante arqueólogo condenado por los asesinatos que aterrorizaron a Vitoria hace dos décadas, está a punto de salir de prisión cuando los crímenes se reanudan. En la Catedral Vieja, una pareja de veinte años aparece muerta por picaduras de abeja en la garganta. Pero solo serán los primeros.

Unai López de Ayala,’ Kraken’, un joven experto en perfiles criminales, está obsesionado con prevenir los asesinatos, una tragedia personal no le permite encararlos como uno más. Sus métodos enervan a Alba, la subcomisaria, con la que mantiene una ambigua relación marcada por los crímenes… pero el tiempo corre en su contra y la amenaza acecha en cualquier esquina. ¿Quién será el siguiente?

“Me fascinaba la extraña simetría de los acontecimientos. Víctimas pares, con edades acabadas en cero o cinco… Un asesino y un policía idénticos… Que los crímenes se detuviesen cuando Tasio entró en la cárcel, que los crímenes se reanudasen cuando estaba a punto de salir… Me fascinaba y me mantenía insomne, debo confesar…”

Una novela negra absorbente que mezcla mitología y leyendas, arqueología y secretos de familia. Elegante. Compleja. Hipnótica.

Eva Gª Sáenz de Urturi (1972, Vitoria), titulada en Optometría, ha ocupado diversos puestos de dirección en el sector óptico. Posteriormente desarrolló su carrera profesional en la Universidad de Alicante. En 2012 su novela ‘La saga de los longevos’ se convierte en un fenómeno de ventas, traduciéndose al inglés con gran éxito en Estados Unidos y Gran Bretaña. En 2014 publica ‘Los hijos de Adán y Eva’ y ‘Pasaje a Tahití’, una novela histórica. Estas tres obras han sido número uno en formato digital a nivel nacional. Su curso de Marketing- On line para escritores es uno de los mejor valorados. Conferenciante y experta formadora en escritura creativa, imparte numerosas ponencias en literatura y ‘social media’. Es una de las escritoras nacionales con más seguidores en la red. Jurado habitual en concursos literarios, colabora en la Cadena Ser.

En su cuarta publicación, ”El silencio de la ciudad blanca”, Eva Gª Sáenz de Urturi decide cambiar a la novela ‘negra’; un campo para el que previamente se preparado, de manera especial en el trabajo que rodea a una investigación criminal, matriculándose en unos cursos de acceso al cuerpo de Policía. Fue su base para adentrarse con rigor en el género. Dice de su experiencia: “Fue muy duro, porque trabajábamos con casos reales y tuve que examinar cuerpos destrozados, quemados, maltratados… “. Acerca de su novela señalaba en una reciente entrevista:

“No es una novela negra al uso, sino una novela policiaca del tipo ¿quién lo hizo? Es lo que más me interesaba en esta historia que he ligado a mi tierra. La novela trata sobre una serie de asesinatos que se cometen en lugares y edificios simbólicos de la historia de Álava y Vitoria, siguiendo un orden cronológico”.

“El libro tiene muchas capas y cada lector se puede quedar con la que prefiera. La más elemental es descubrir al asesino, pero también hay un mundo de enigmas, familias, y un recorrido por la historia de la provincia y sus mitos y misterios: el Sacamantecas, la maldición de Ochate, los amigos del cementerio de Santa Isabel, el eguzkilore (la flor del sol) y tantos otros mitos que aún sigue muy vivos en la memoria de la gente. Estas novelas exigían demasiada documentación, que a veces era muy ardua. Recuerdo que, mientras investigaba, empecé a leer género negro para airear un poco la cabeza. Y me gustó tanto la experiencia, me metí de tal modo en esas historias que, sin darme cuenta, ya se me había ocurrido la idea para una novela policíaca”.

”El silencio de la ciudad blanca” es una historia que se mueve entre la mitología y las leyendas, los secretos de familia y la psicología criminal. Un argumento que atrae sobre todo por sus personajes, sus problemas personales, y que se mezcla con herencias ancestrales. “Thriller, Historia, Kraken” así la define Eva Gª Sáenz de Urturi cuando le piden que lo haga en tres palabras. Con un buen ritmo de principio a fin, amena, se trata de una interesante novela negra.


Asturias y la sonoridad de su lenguaje. Pequeñas historias (I): “El Carbayón” y “La Escalerona”

agosto 6, 2018

Uso del aumentativo y diminutivo- I
“El Carbayón” de Oviedo y “La Escalerona” de Gijón.

La sonoridad del lenguaje asturiano suele resultar llamativa para las personas que vienen de fuera. Tanto que, además de sentirse atraídas, a veces se ‘atreven’ a pronunciar algunas palabras, incluso expresiones con mayor o menor fortuna, entre sonrisas de los presentes. Con este post iniciamos una serie de curiosas historias sobre algunos apelativos famosos a nivel popular con los que los asturianos se suelen referir a determinados personajes, lugares o cosas.

Comenzaremos por una de las costumbres más arraigadas como es la utilización del aumentativo y diminutivo, que permite a modo de ‘sonora’ conclusión enfatizar sobre el tamaño de las cosas. Es un hecho que el asturiano, lengua romance, tiene una particular capacidad para su uso. Un recurso de significado claro con implicaciones semánticas y no solo sintácticas. Así por ejemplo en Asturias no es lo mismo decir Aurelión, que el gran Aurelio o Aurelio el grande. Ni tampoco casona que casa grande. El sufijo, cuando se añade a un substantivo, es uno de los recursos más empleado en la formación de palabras nuevas; sin embargo, su contigüidad o añadido, como en el caso del asturiano, mantiene inalterable en su esencia al substantivo, al tiempo que lo califica incorporando un ‘matiz’ que en el caso del aumentativo ‘suena’ como algo inaccesible, si bien no expresa un tamaño medible sino que se refiere a cosas en cierto modo poco ‘abarcables’. Es decir, pasa de un sentido físico a otro más atribuible a la ‘imaginación’. En el lenguaje asturiano el añadido al substantivo de las partículas on-ona es la forma habitual del aumentativo, mientras que con in-ina se rige en los mismos términos en el caso del diminutivo.

A continuación iniciamos con dos pequeñas historias un ejemplo de aumentativos y diminutivos muy conocidos entre los asturianos.

1) “El Carbayón” de Oviedo.

Foto de “El Carbayón”de Jean Laurent en el año 1862. Copia en papel a la albúmina. Aún no existía, ni siquiera en proyecto, la calle Uría, ni por supuesto la nueva estación de ferrocarril.

Era uno de lo símbolos de de Oviedo. “Carbayón”, aumentativo de ‘carbayu’ (‘roble’ en asturiano) es el nombre con el que se conocía a un árbol centenario de gran presencia y tamaño situado en la C) Uría, principal arteria comercial del centro de la ciudad, al lado del ‘Campo de San Francisco’, parque muy frecuentado como lugar de recreo por los ovetenses.

Cuando en 1874 se construyó la estación de ferrocarril (‘Estación del Norte’) a poco más de 1 Km. del centro, se proyectó también una calle para unirlos, la C) Uría, una obligada necesidad para conectar a los viajeros y mercancías que llegaban en los trenes procedentes de la Meseta Central. Un proyecto que al pretender, como era lógico, mantener un trazado rectilíneo, bordeando el ‘Campo de San Francisco’ por su parte inferior, dejaba aislado del resto del parque a un roble enorme de más de 500 años, con una base de 12 m. de circunferencia, tronco (eran 2 principales) de 6 m., altura de 30 m. y una circunferencia máxima en su copa de 38 m. A la vista de la situación, en 1879, el Ayuntamiento decide reunirse para decidir que hacer con aquel árbol, que no era otro que “El Carbayón”, pues entorpecía, y mucho, la circulación por la calle. Los concejales se encontraban muy divididos: unos, los llamados ‘progresistas’, favorables a la tala, y los ‘conservadores’, contrarios a ella. Tras encendidas polémicas y dos votaciones nulas, en la tercera la comisión votó a favor de la tala por 14 votos contra 9. Hay que decir que tampoco había mucho acuerdo entre los propios jardineros municipales: mientras el jefe del grupo era favorable a la tala, no así muchos de sus compañeros, que incluso iniciaron una protesta el mes anterior a su derribo definitivo. Una de las razones esgrimidas para la tala fue el avanzado estado de la carcoma en su interior, que más tarde se confirmó y dificultó conocer su edad exacta. A pesar de que el 13 de septiembre de 1879 el jardinero municipal había manifestado la necesidad del derribo de “El Carbayón” (en su informe señalaba que el árbol estaba enfermo), no todos opinan de la misma forma. Es el caso de Carmen Ruiz-Tilve Arias, nombrada cronista oficial de Oviedo en 2002, que escribía: ”Lo real es que ocupaba parte de la acera de Uría y en lugar de modificar unos metros el trazado, ganó la chapuza como siempre”. Lo cierto es que al final, pese a la oposición de gran parte de los ciudadanos y en medio de una gran controversia, “El Carbayón” fue talado el 2 de octubre 1879, tras subasta previa por un importe de 192,50 pesetas (la puja partió de 75), desapareciendo en menos de un mes (la tala duró 4 días) con tantas prisas que impidieron un posible indulto y con sus raíces bien ancladas como correspondía a un árbol de 5 siglos.

Foto de “El Carbayón”, con sus dos troncos principales, y la calle Uría. Copia en papel a la albúmina de Fernando del Fresno. Al fondo se puede ver la estación de ferrocarril (‘Estación del Norte’) y a la izquierda del “Carbayón”, al otro lado de la calle, asoma el extremo inferior del parque del ‘Campo San Francisco’.

Tal era la fama de “El Carbayón” entre los ovetenses que dio nombre al gentilicio “carbayones” con el que se les conoce a nivel popular. Cuenta Carmen Ruiz-Tilve que antes de usarse tal gentilicio se les llamaba (a los hombres) ‘gatos del forno’: “A los paisanos se les llamaba así, las mujeres no teníamos ni nombre”. Tras el incendio que devastó Oviedo en 1521, los hornos de pan (‘fornos’) tuvieron que ser trasladados fuera del recinto de la ciudad e instalados en el camino de San Lázaro, justo en el trayecto que los hombres realizaban después de frecuentar las zonas de alterne: “Venían de los alrededores y muchas veces se encontraban la Puerta Nueva cerrada. Dormían al calor de los hornos, de ahí el apelativo”, explica Ruiz-Tilve. Más tarde, cuando Oviedo empezó a crecer, en el ‘Campo de San Francisco’ había muchos ‘carbayos’, la mayoría muy antiguos. “De ahí viene el gentilicio”, señala. Con el tiempo muchos fueron desapareciendo dejando al final al gran “Carbayón” solo y aislado.

A raíz de la pérdida de uno de los símbolos de la ciudad, se publicó un semanario, más tarde periódico, con el nombre de ‘El Carbayón’ (dejó de editarse el 18 de julio de 1936) que pretendía rememorar al famoso árbol y que en su primera edición le recordaba con estos versos:

Aquí estuvo el Carbayón,
seiscientos años con vida
y cayó sin compasión
bajo el hacha fratricida
de nuestra corporación.
Este pasquín respetad,
si sois buenos ovetenses,
y en su memoria llorad
todos los aquí presentes
por el que honró a la ciudad

Fermín Canella, escritor, catedrático y cronista asturiano entre otros del diario ‘El Carbayón’, tras un vendaval que se llevó por delante a más de 30 de árboles del ‘Campo de San Francisco’ en 1865, describía al popular árbol, insignia de la ciudad, de esta manera: “Cayó el negrillo, pero el Carbayón no caerá tan fácilmente: es el árbol secular y sagrado de la ciudad, testigo de todos los acontecimientos de nuestra historia, que, a más vivir con la savia de esta madre tierra, parece que vive con la savia de recuerdos antiguos y de nuestro cariño. Allí está; al extremo del Campo, tocando el pueblo de quien es patrono”.

En cualquier caso la premura en la ejecución de la tala de “El Carbayón” nunca consiguió ‘talar’ su ‘presencia’ en la ciudad. En 1949 el Ayuntamiento acordó poner una placa conmemorativa en el lugar exacto donde se ubicaba, que aún se puede leer en la C) Uría con la siguiente inscripción: “Aquí estuvo durante siglos el Carbayón, árbol simbólico de la ciudad, derribado el II de octubre de MDCCCLXXIX. La Corporación municipal acordó el XXIV de marzo de MCMXLIX la colocación de esta placa que perpetúe su memoria”. Y al año siguiente, en 1950, se plantó un roble en los jardines del Teatro Campoamor, al que se apodó cariñosamente “El Carbayín”, un ejemplo más de lo aficionados que son los asturianos al uso de aumentativos y diminutivos, en torno al cual se colocó una verja y un  letrero que decía: “Como continuador de aquel árbol simbólico que nos dio el título de carbayones, el Ayuntamiento plantó este roble el día XI de febrero del año de gracia de MCML”. Por desgracia, este roble no hundiría sus raíces tan profundas como el primero. De hecho pocos años después se secó, siendo sustituido en 1970 por otro que contaba con más de 100 años y que ahí sigue en la parte trasera del teatro y da nombre a la plaza que lo acoge.

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2) “La Escalerona” de Gijón.

Aspecto que presentaba “La Escalerona” al poco tiempo de su entrada en funcionamiento. Se puede apreciar la extraordinaria afluencia de bañistas a la playa de San Lorenzo, una de las razones más importantes por las que se decidió su construcción.

La playa de San Lorenzo, situada en pleno centro de Gijón, es una de las más emblemáticas de Asturias. Con forma de concha y una longitud de 1550 metros, se prolonga desde la escalera 0 (“La Cantábrica”), junto a la Iglesia de San Pedro, hasta la escalera 16 (“El Tostaderu”) en la desembocadura del río Piles, así llamada por ser la más expuesta al sol y resguardada al viento. La escalera 4, más conocida como “La Escalerona”, es la más concurrida por sus condiciones para el baño. También la más popular. Su apodo en aumentativo, tan dado a poner por los asturianos cuando algo se quiere resaltar por su presencia, cuenta también con su pequeña historia.

Cuando en 1907 se iniciaba la construcción del paseo que circunda la playa de San Lorenzo, más conocido como “El Muro”, con sus escaleras de acceso a la playa, los gijoneses no eran del todo conscientes que se iniciaba una de las operaciones urbanísticas más importantes de la ciudad, cuya consecuencia sería uno de los sitios más emblemáticos del Gijón contemporáneo, que luego se fue completando en los años siguientes con otras actuaciones entre las que destaca la llevada a cabo en 1933 al decidir Ayuntamiento la sustitución d la escalera 4 construida en 1915 por otra nueva y así solucionar los problemas que presentaba el masivo acceso al arenal. La anterior escalera, además de obsoleta, se había quedado pequeña, provocando en muchos días de verano una excesiva aglomeración de bañistas. Fue de esa manera como se comenzó a gestar “La Escalerona”, punto de encuentro de las muchas personas que se acercan a dar un paseo por la zona. En su diseño, además de moderno y funcional y resolver los problemas suscitados, se buscaba que también ‘resaltara’ el paseo del “Muro”. Pero había un problema importante: eran tiempos de precariedad económica y laboral. Es en ese contexto donde surge la figura del arquitecto municipal, José Avelino Díaz Fernández-Omaña, de su creatividad, quien tras las correspondientes refriegas políticas presenta varios bocetos para la futura “Escalerona”, la ‘escalera de abanico’ que siete meses después se hizo realidad. Eso si, no sin antes solventar algún que otro obstáculo como el desalojo de los bañistas, que si bien lo facilitaba, y mucho, contaba con el inconveniente de que su rampa en ‘abanico’ predisponía la entrada del agua del mar al paseo y el consiguiente perjuicio para los residentes. De ahí que Fernández-Omaña aportase tres tipos de soluciones: una la ya citada y las otros dos que incluían una base central y una meseta superior al nivel de la acera. Los diferentes proyectos fueron expuestos en el Ayuntamiento, que optó al final por una base central completada con una torre para albergar los distintos aparatos de medida: reloj, barómetro y termómetro.

A la derecha vista en planta del proyecto original de “La Escalerona” y a la izquierda foto de Constantino Suárez de agosto de 1933, al mes siguiente de su inauguración (15 de julo), donde se puede ver su frente desde la playa.

Aunque en el Ayuntamiento siguieron las voces discordantes, no por el proyecto en sí, ni por la decisión tomada, sino porque un pequeño grupo de concejales creía que era más urgente construir una nueva Casa de Socorro, la obra salió a concurso público siendo adjudicada en 70.000 pesetas. Ejecutada en un tiempo record, a los pocos días de su inauguración (15 de julio de 1933), y a pesar de que en los registros municipales figure como escalera 4, ya se le empezó a conocer a nivel popular como “La Escalerona’’ por ser ‘muy grande’ (‘grandona’) y maciza. De esa manera culminó la historia de una escalera ‘monumental’ compuesta por tres tramos principales: el primero, inferior o basamento, casi siempre cubierto (en una parte) por la arena de las mareas; el segundo, que corresponde a su desarrollo, interrumpido en su eje central por un cuerpo cilíndrico que hace de mirador; y el tercero, la zona superior, donde se encuentra el esbelto pilar que incorpora la iluminación nocturna, los aparatos de medida y un mástil con la bandera de Gijón y una terraza circular que recuerda a la proa de un barco, conjunto cerrado por una barandilla que hace de excelente ‘observatorio’ para los viandantes. Y aunque ahora se dice que tiene un estilo clásico del siglo XX, en su época “La Escalerona” fue calificada como muy ‘moderna’.

Acceso en el paseo del “Muro” a la playa de San Lorenzo desde la parte superior de “La Escalerona”. También excelente ‘observatorio’ y ‘atalaya’ para los viandantes como se puede comprobar.

En próximos post seguiremos hablando de de aumentativos y diminutivos, cuando menos curiosos, de distintas personas y lugares muy conocidos entre los asturianos como ‘El Escorialín’ de Oviedo, ‘La Santina’ de Covadonga, ‘La Machucona’ y el ‘Pradón’ de La Felguera, ‘La Iglesiona’ de Gijón, ‘Xuanón’ de Cabañaquinta,… resaltando la historia de su nombre popular.


La contraseña y el contrasentido

julio 21, 2018

Otro problema de lógica (en este caso más sencillo que el último planteado) que atrae a los muchos seguidores del ’pensamiento lateral’ entre los que genera a veces fuertes controversias. Se trata de un acertijo en el que el ‘sentido común’ y la ‘imaginación’ también son una parte importante. Dice así:

“Un grupo de policías investiga el cuartel general de unos delincuentes que trafican en un local que se encuentra muy bien custodiado. Quieren infiltrarse, pero necesitan la contraseña. Así que para intentar averiguarla vigilan desde un coche camuflado su entrada. Observan como un cliente se acerca, llama a la puerta y desde el interior le dicen: ’18’, a lo que el cliente contesta: ‘9’. Entonces, la puerta se abre y le dejan pasar. Los policías se miran. Creen tener la respuesta. No obstante, deciden aún esperar para confirmar su intuición. A continuación, llega otro. Le dicen: ‘8’ y contesta: ‘4’. También le dejan entrar. ‘¿Lo veis?’ dice uno de ellos. Llega entonces un tercero, al número ’14’ contesta: ‘7’ y le abren también la puerta.

Los policías creen haber dado con la clave: ¡sólo hay que dividir por dos el número que les digan! Así pues, deciden enviar a un agente de incógnito. Llama a la puerta y le dicen ‘0’. El policía se queda al principio ‘parado’ y, después de breves segundos, contesta: ‘0’. La puerta no sólo no se abre, sino que se oye una ráfaga de disparos y le matan. Los agentes que aguardan dentro del coche se quedan muy sorprendidos, pero lo vuelven a probar con otro agente. Desde dentro se oye: ‘6’, a lo que el policía muy convencido contesta: ‘3’. La puerta tampoco se abre y se oye de nuevo una ráfaga de disparos que acaba con el agente y muere.

¿Por qué? ¿Cuál es el error que cometieron los policías?”

La solución en un próximo post.

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A continuación mostramos la solución al problema planteado en el post: “La isla de los ojos azules, un atractivo juego de lógica”.

Está claro que en el momento en que la persona que llega a la isla exclama: “¡Qué bueno es ver al menos una persona con ojos azules!, al menos uno de sus habitantes los tiene. Es entonces, una vez confirmado, cuando se pueden plantear los distintos supuestos:

a) Si sólo hubiera una persona (A) con ojos azules, ésta lo sabría puesto que vería que los 99 restantes los tienen marrones. Por tanto se marcharía.

b) Si hubiera dos (A y B), la primera (A) podría pensar que se refiere a la segunda (B) y que ‘sólo’ existe una. Ahora, bien, a la inversa, B pensaría lo mismo que A. Cuando una de ellas, cualquiera, observa que el otro no deja la isla el primer día, sólo puede deducir que él también tiene los ojos azules. Por tanto ambos se tendrán que marchar al segundo día.

c) Algo similar sucedería si hubieran sido tres (A, B y C) los habitantes con los ojos azules. A vería que B y C no dejan la isla el primer día y pensará entonces que él también los tiene. Al segundo día A seguirá viendo que ni B ni C se han ido, lo que confirmará su razonamiento. Lógicamente será el mismo que se estarán haciendo B y C, lo que llevará a la conclusión de que los tres necesariamente se irán al tercer día. ¡Nunca antes, pero tampoco después!

¡Y así hasta que se vayan todos los habitantes que tengan los ojos azules! ¡Sean ‘éstos’ los que sean!

Una respuesta que nos podría llevar a la interesante reflexión planteada por el matemático Adrián Paenza:

“Todo esto que figura más arriba parece un juego. En realidad lo es, pero no tanto. Hasta que llegó el visitante todo el mundo veía el color de ojos de todo el mundo y eso no cambió. Pero el dato adicional, que esta persona proporcionó, cambió totalmente el escenario de la isla. No sólo ahora todos saben que al menos uno tiene ojos celestes, sino que a medida que van pasando los días, en la medida que nadie abandone la isla, se va conociendo cuántos son los que los tienen de ese color. Y no solo eso, obviamente tiene que llegar un momento en el que se tengan que ir todos ellos.

En la vida cotidiana no alcanza con saber algo. Importa también saber qué es lo que saben los demás y poder descubrir no sólo cómo usarlo en beneficio propio sino también saber descubrir qué hará el otro con ese conocimiento que tiene. Esto es lo que se llama el ‘conocimiento común’: no bien el visitante habló y les comunicó a todos que había al menos un habitante que tenía ojos celestes, esa información pasó a ser de público conocimiento y cambió todo el escenario.

Aunque no lo parezca, aprender a razonar de esta forma es ‘hacer matemática’ también. En todo caso, es una lástima que este hecho no sea de ‘conocimiento común’.

(1) La versión que figura aquí es una de las más sencillas que ofrece la literatura. Hay muchísimas fuentes que hablan sobre el ‘conocimiento común’ o compartido. Cualquier libro que profundice un poco en la Teoría de Juegos tiene un capítulo dedicado al problema de los Ojos Celestes en la Isla.

(2) No hace falta que sean 100 habitantes. Elegí un número cualquiera, pero el razonamiento que se usa para encontrar la solución transforma en irrelevante el número inicial de personas que habitan la isla.

(3) Una variante interesante del problema es imponer como condición que no sólo abandonen la isla aquellos que descubren que tienen ojos celestes, sino también todos aquellos que descubran el color de ojos que tienen, sea éste marrón o celeste”.


Canciones con historia: “Tous les garcons et les filles”. Francoise Hardy

julio 6, 2018

Corría el año 1962 cuando un auténtico boom arrasó en toda Francia. Era la primera canción de una chica de 18 años que irrumpía en el panorama musical con una fuerza arrolladora. Algo inédito hasta entonces. Una historia que se inició coincidiendo con un acontecimiento político tan importante como unas elecciones. Una noche en la que Francia decidía en un referéndum convocado por el presidente De Gaulle si la elección para ese cargo de la República se debería hacer por sufragio universal directo o por votación del Parlamento como hasta entonces. Entre dos espacios de la programación televisiva preparada para ese día, de pronto ‘apareció’ Françoise Hardy interpretando su canción “Tous les garcons et les filles”.

Fue tal el éxito alcanzado que al día siguiente todo el mundo la escuchaba por las emisoras de radio. En solo 48 horas se vendieron más de 100000 copias del disco. Una proeza entonces. Un triunfo que causó gran estupor entre los críticos: ¡Como si fuese un ‘milagro’! Surgir de golpe del anonimato no es nada normal: ni tuvo que luchar duro para abrirse paso, ni su belleza encajaba con el canon de la época. Era una muchacha de mirada triste, sonrisa tímida, cuyo entorno natural había sido los alrededores de la Universidad de la Sorbona (París). Acababa de abandonar sus estudios para dedicarse a la canción. Tan solo le hizo falta una intervención televisiva para catapultar su carrera con la canción que la aupó al primerísimo plano del incierto panorama musical de los años 60. Representante de un romanticismo revalorizado, su tema de palabras sencillas, sin recovecos comerciales, la convirtió en el gran ídolo de la canción francesa. Al preguntarle por su triunfo como cantante solía responder con esta simple frase: “Con palabras sencillas y a los muchacho de mi edad”. Así compuso “Tous les garcons et les filles” una de las canciones francesas más famosas de todos los tiempos. ¡Cumplía todos sus requisitos! Escrita con el apoyo del arreglista Roger Samyn, la letra nos habla de una muchacha que nunca conoció el amor, aunque espera encontrarlo algún día, también de desolación y esperanza, y lo hace de un modo juvenil como hasta entonces nadie había sabido expresar: el de una chica adolescente que va por la calle viendo felices parejas de enamorados, mientras continúa sola por la vida sin la oportunidad de poder experimentarlo.

“Tous les garcons et les filles”


Francoise Hardy interpretando “Tous les garcons et les filles”.

Françoise Madeleine Hardy nació en París en 1944. Debido a su gran timidez y una educación estricta en un colegio religioso vivió una infancia bastante solitaria. Su impulso vital siempre fue la música que solía escuchar en las emisoras de radio. Comenzó a cantar en su adolescencia tras regalarle su primera guitarra. Compaginó sus estudios universitarios en la Sorbona con los del Conservatorio. A los 17 años firmó su primer contrato con la discográfica Vogue. En 1962 aparece su primer EP que además de su ‘ópera prima’ contenía otros tres temas: ‘J’suis d’accord’, ‘Oh Oh Chéri’ y “Il est pati un jour’, todas melodías con un aire de tristeza, algo que caracterizó a la mayoría de sus discos. Convertido pronto en un clásico de la ‘chanson’ francesa, en un principio la firma Vogue no había considerado a “Tous les garçons et les filles” como su tema más comercial, pero gracias a su intervención en la televisión francesa la noche de las elecciones todo cambió. ¡Y se convirtió en un enorme éxito!

Francoise Hardy siempre ha sido la protagonista de sus discos, no solo por componer casi todos sus temas, sino porque colaboró en muchas ocasiones en su producción y arreglos. Su talento (también su belleza) llamó la atención de grandes figuras como Bob Dylan o Mick Jagger. Sin embargo, sus grabaciones en LP están llenas de altibajos; en buena parte debido a que el formato preferido a principios de los años 60, que fue su etapa dorada, era el single de dos o cuatro canciones. Para muchos, ‘Le Temps de l´Amour’, grabada a los 19 años, una balada romántica incluida en su primer LP, es la canción en la que mejor muestra las cualidades que le dieron fama. Incluso más que el propio “Tout les garcons et les filles”. Eso sí, lo que nadie pone en duda es que Francoise fue una de las primeras figuras de la música ye-ye, que como dijimos en nuestro post ‘La generación ye-ye en la España de los 60 ‘surgió’ de ‘Salut les copains’, un programa de radio de gran éxito entre el público quinceañero y con el que se identificaba la nueva generación de jóvenes. Un programa plataforma de cantantes y grupos que enseguida se encaramaron en las listas de éxitos de la música francesa como Johnny Hallyday, Claude François, Sylvie Vartan, Sheila o France Gall. Sin embargo, aún siendo un fenómeno de la música ye-ye, a Francoise Hardy también se la ha considerado una de las grandes figuras de la ‘chanson francesa’, género en el que se encuentran encuadrados grandes creadores como Georges Brassens, Jacques Brel o Serge Gainsbourg.

A la izquierda Francoise Hardy con Bob Dylan (1966) y a la derecha con Mick Jagger (1965).

Chica ye yé, mujer atormentada, musa de la canción francesa, de su descubrimiento cuando era una adolescente hasta su madurez actual hacía balance en una reciente entrevista. A continuación algunas vivencias interesantes de su evolución personal y artística:

Parece que siempre haya sido consciente sobre los aspectos más oscuros de la vida. A sus 17 años ya cantaba: ‘Voy sola por las calles / con el alma en pena / porque nadie me quiere”’
“Es un condicionamiento que tengo desde la infancia. Crecí entre una madre que me valoraba en exceso, porque no tenía a nadie más que a mí, y una abuela que era todo lo contrario: no dejaba de decirme que era muy fea y que terminaría sola. Crecí con el ego aplastado, sin confianza alguna en mí misma. Por una parte, sentía que nunca estaría a la altura de lo que mi madre esperaba de mí. Por la otra, que era indigna de gustar a quien fuera. La canción a la que se refiere, ‘Tous les garçons et les filles’, expresaba eso. En aquella época, estaba segura de que mi único futuro era hacerme monja”.

¿Lo dice en serio? Tuvo a medio mundo enamorado de usted, incluidos Mick Jagger, David Bowie, Bob Dylan y Nick Drake, de los que habla en sus memorias.
“Ahora lo puedo entender, pero entonces, no. En aquella época ni siquiera me veía a mí misma en la tele. Nunca me ha interesado mi imagen. Cuando me subía a un escenario hacía un esfuerzo especial y me vestía de Courrèges o de Paco Rabanne. Pero hacerme fotos nunca me ha gustado. Ahora, a mi edad, me molesta todavía más”.

¿Por qué cree que triunfó?
“Supongo que tenía carisma, o lo que entonces se llamaba ‘presencia’, que es una cualidad independiente de la voluntad y del mérito que pueda tener uno. Puedes ser espantoso en la vida real, pero cuando te subes a un escenario o te colocas frente a la cámara, se produce la magia. Es una forma de seducción, pero una totalmente inconsciente. En realidad, yo nunca he sido partidaria de la seducción. Siempre he tenido un problema con ese registro”.

Al principio de su carrera fue considerada una chica yeyé. ¿Supuso aquel movimiento una ruptura con las rígidas sociedades de los primeros sesenta?
“Era la primera vez que existían cantantes adolescentes que hablaban de los sentimientos propios de su edad. Cada cantante de aquella época encarnaba un personaje. Sylvie Vartan era la chica sexy. Sheila, la alegre y extrovertida. Yo fui la tímida, sentimental y acomplejada…”.

Es curioso, porque la mayoría de yeyés fueron totalmente apolíticos, cuando no de derechas…
“Sí, es verdad. Johnny Hallyday nunca ha sido de izquierdas. Y Sylvie Vartan, que huyó de la Bulgaria del comunismo, menos todavía. Éramos hijos de familias humildes y algo derechistas, esas que votaban por el general De Gaulle. Por ejemplo, durante el Mayo del 68, Jacques y yo nos marchamos de París porque no me gustaban sus destrozos. Se dice que esa rebelión transformó la sociedad. Yo creo que es al revés: sucedió porque la sociedad ya se había transformado”.

¿Por qué sus canciones han envejecido tan bien?
“No lo sé. En realidad, siento cierta frustración. Yo estoy convencida de que las mejores son las de los últimos tres álbumes, pero nadie me habla nunca de ellas”.

¿Sus primeros temas ya no le gustan?
“No, los de los sesenta me gustan menos, con algunas excepciones. ‘L’amitié’ todavía me emociona, porque aún me reconozco en ella. ‘Des ronds dans l’eau’ también me gusta. O ‘Ma jeunesse fout l’camp’, una gran canción. Todavía me conmueve. Cómo no emocionarse cuando uno escucha: ‘Al ritmo de tus pasos / mi juventud se esfuma…’. Es algo con lo que me identifico todavía más ahora, claro”.

Aunque pasará a la historia como pionera de la música ye ye y una de las mejores representantes de la ‘chanson francesa’, para muchos Françoise Hardy es importante no solo por sus canciones, sino también por su gran personalidad, Su gran éxito “Tous les garçons et les filles”, una de las canciones  que nunca podía faltar en los guateques de los jóvenes de los 60, es todo un clásico del pop.


Universidad Laboral de Tarragona: las Bodas de Oro, 50 años después

junio 21, 2018

Tarragona, ¡Ay, que lejana y tan cerca te siento,…! Así comenzaba un poema de Virginio Olivares, educador del centro, dedicado a los 25 años de la III Promoción de Peritos Industriales de la UL de Tarragona. Y una vez más se volvió a sentir en este 50 aniversario de una promoción que estableció tan fuertes lazos de unión que aún persisten en la lejanía y el tiempo. Unos lazos duraderos como quedó demostrado en la celebración de sus ¡Bodas de Oro! el mes de junio de 2016.

Hay cosas que apenas cambian, una de ellas son los reencuentros tras muchos años sin verse y donde los ritos casi siempre se repiten. En esta ocasión 25 años después para muchos y en algunos casos 50: ¡toda una eternidad! Lanzada por un grupo de entusiastas, la idea de festejar las Bodas de Oro pronto se comenzó a fraguar. Flotaba en el ambiente desde bastantes meses antes. Y como se esperaba, la respuesta fue… ¡inmediata! El comité organizador, alma Mater del evento, enseguida se puso a la tarea, justo cuando las luces alumbraban un nuevo año. Pronto comenzó a susurrar el tiempo de los recuerdos de aquellos maravillosos años y como decía el célebre tango ‘Volver’ de Carlos Gardel:
… Yo adivino el parpadeo/ De las luces que a lo lejos/ Van marcando mi retorno…
… Y aunque no quise el regreso/ Siempre se vuelve al primer amor…
… Volver con la frente marchita/ Las nieves del tiempo platearon mi sien/ Sentir que es un soplo la vida/ Que veinte años no es nada…
… Tengo miedo del encuentro/ Con el pasado que vuelve/ A enfrentarse con mi vida/ Tengo miedo de las noches/ Que pobladas de recuerdos/ Encadenan mi soñar.

Cena de bienvenida celebrada en el hotel Ciutat de Tarragona. PPP

Tras la celebración de los 25 años, fue el segundo gran reencuentro (hubo otros intermedios) de un grupo de compañeros y amigos que mantienen inalterable su espíritu de aquellos años. Localizados de nuevo…. ¡Los 100!, con una asistencia notable, más de 120 personas, incluidas sus parejas y varios profesores, disfrutaron de unos actos que comenzaron el 14 de junio de 2016 en el hotel Ciutat de Tarragona. ¡Allí se volvieron a encontrar! mientras se fundían en un efusivo abrazo y las frases de rigor: “¡Estás como siempre!”, “¡No pasan los años por ti””, “¡Parece que fue ayer…!”… Aunque a algunos… ¡costase un poco reconocerlos! Menos mal que la idea de la organización de dejar una tarjeta identificativa en cada habitación del hotel ‘ayudó’… ¡y de que manera!  Bastaba con observar ya en los saludos como más de una disimulada ojeada al nombre del compañero ‘salvaba’ la situación. Sin embargo, al poco rato, tal parecía que nos habíamos separado el día anterior. ¡Como en los viejos tiempos! Enseguida comenzaron a brotar las vivencias del ayer, las añoranzas compartidas en nuestra querida Uni, que fueron el gran tema de conversación en la cena de bienvenida.

Diversos momentos del acto académico celebrado en el teatro de la Uni que culminó con el brindis final y el canto del ‘Gaudeamus igitur’.

Al día siguiente, el más intenso del programa, el Día Grande del encuentro, se había programado la mañana para disfrutar de nuestra Universidad con una serie de actos, todos entrañables, que se iniciaron con un recordatorio de nuestros años 60 en un acto académico celebrado en el Teatro que comenzó con una emotiva evocación a los compañeros fallecidos y la proyección de una película con las vivencias de entonces. Siguió con una entrega de recuerdos y la actuación del cuarteto de cuerda ‘Caleidoscope’ que deleitó con su música. Finalizando con una ‘sorpresa’: con todos puestos en pie y una copa de cava en la mano para el brindis, acompañados del grupo musical, se entonó el ‘Gaudeamus igitur’ a pleno pulmón, un canto lleno de sentimiento y emoción, que hizo saltar las lágrimas a más de uno.

Exterior del colegio Balmes.
Comida celebrada en el Comedor de la Universidad.

En un día espléndido, que también quiso colaborar, a continuación se realizó un recorrido por las instalaciones de la Uni que a primera vista parecía se conservaban bien. ¡Apenas habían cambiado por fuera! Una visita que se inició por ‘nuestro’ colegio Balmes, que seguía con su jardín y sus árboles centrales, más añejos eso sí, pero igual de fuertes y refulgentes que entonces. Un paseo que continuó por otros lugares llenos de recuerdos como los campos de deporte, aulas y talleres, y con alguna pequeña decepción como fue el contemplar a nuestra querida playa bañada por el Mediterráneo, lugar de tantos paseos y conversaciones, ‘asaltada’ por una expansión industrial que en nombre del progreso tantas cosas se lleva por delante. Los actos de la mañana finalizaron con una comida de confraternización en el gran Comedor de la Uni. Tan majestuoso como siempre, bien conservado, con las mismas mesas, hizo entrar a todos en una fase nostálgica de recuerdos.

Cena de gala celebrada en el Club Náutico de Salou.

Tras un breve descanso en el hotel, horas más tarde nos dirigimos al Club Náutico de Salou donde se celebró la cena de gala que ponía colofón a los actos del 50 Aniversario. Serios, elegantes para la ocasión, disfrutando, primando la alegría y no faltando la diversión. Amenizada con música de los 60, incansables bailando sus ritmos, canciones eternas de la ‘década prodigiosa’ se acompañaron a coro con pasión. Con muchas ganas de pasarlo bien, anécdotas y recuerdos siguieron siendo centro de atención. Todo muy entrañable. ¡Un final perfecto para unas jornadas inolvidables!

III Promoción de Peritos Industriales 1963-66 delante del Comedor de la Uni.

Cinco lustros separados, en algunos casos diez, ejerciendo nuestras vidas, este reencuentro permitió rememorar algo difícil de explicar, por lo profundo, que aún sigue anidando entre todos. Algo que creó nuestro carácter, que de alguna forma marcó nuestro destino. Algo real, pero insólito en estos tiempos, vivo y tan duradero que ha arraigado hasta en nuestros seres cercanos. Algo que debemos a Tarragona y nuestra Universidad Laboral y que recoge muy bien el poema completo cuya primera frase hemos citado al inicio:

¡Tarragona!, que lejana pero que dentro te siento.
Tú, también has crecido y cambiado.
En tu historia y en tus recuerdos estamos.
Como aquellos que te hicieron Imperial.
Sigues, en tu atalaya, sabia, paciente e impasible.
Viendo pasar la vida.
Tú diste cobijo a la Universidad.
Nuestra “Uni”, La Laboral.
Que ya es hermana de las Murallas y del Coliseum.
Ya no tienes patricios protectores.
Se han olvidado de tu hija.
La más bella y nuestra favorita.
Se ha quedado viuda y sin hijos.
Pero con ella nos hemos desposado.
Su foro está desierto y abandonado.
¡Tarragona! hemos vuelto.
La fidelidad nunca muere.
En el corazón de tus hijos adoptivos.
Salimos a conquistar otros imperios.

Un canto de despedida que volvió a renacer en las Bodas de Oro de la III Promoción de Peritos Industriales.
Es muy difícil que en un colectivo exista esta unión y persevere semejante amistad.
¡Hasta las Bodas de Diamante!