Asturias y la sonoridad de su lenguaje. Pequeñas historias (I): “El Carbayón” y “La Escalerona”

agosto 6, 2018

Uso del aumentativo y diminutivo- I
“El Carbayón” de Oviedo y “La Escalerona” de Gijón.

La sonoridad del lenguaje asturiano suele resultar llamativa para las personas que vienen de fuera. Tanto que, además de sentirse atraídas, a veces se ‘atreven’ a pronunciar algunas palabras, incluso expresiones con mayor o menor fortuna, entre sonrisas de los presentes. Con este post iniciamos una serie de curiosas historias sobre algunos apelativos famosos a nivel popular con los que los asturianos se suelen referir a determinados personajes, lugares o cosas.

Comenzaremos por una de las costumbres más arraigadas como es la utilización del aumentativo y diminutivo, que permite a modo de ‘sonora’ conclusión enfatizar sobre el tamaño de las cosas. Es un hecho que el asturiano, lengua romance, tiene una particular capacidad para su uso. Un recurso de significado claro con implicaciones semánticas y no solo sintácticas. Así por ejemplo en Asturias no es lo mismo decir Aurelión, que el gran Aurelio o Aurelio el grande. Ni tampoco casona que casa grande. El sufijo, cuando se añade a un substantivo, es uno de los recursos más empleado en la formación de palabras nuevas; sin embargo, su contigüidad o añadido, como en el caso del asturiano, mantiene inalterable en su esencia al substantivo, al tiempo que lo califica incorporando un ‘matiz’ que en el caso del aumentativo ‘suena’ como algo inaccesible, si bien no expresa un tamaño medible sino que se refiere a cosas en cierto modo poco ‘abarcables’. Es decir, pasa de un sentido físico a otro más atribuible a la ‘imaginación’. En el lenguaje asturiano el añadido al substantivo de las partículas on-ona es la forma habitual del aumentativo, mientras que con in-ina se rige en los mismos términos en el caso del diminutivo.

A continuación iniciamos con dos pequeñas historias un ejemplo de aumentativos y diminutivos muy conocidos entre los asturianos.

1) “El Carbayón” de Oviedo.

Foto de “El Carbayón”de Jean Laurent en el año 1862. Copia en papel a la albúmina. Aún no existía, ni siquiera en proyecto, la calle Uría, ni por supuesto la nueva estación de ferrocarril.

Era uno de lo símbolos de de Oviedo. “Carbayón”, aumentativo de ‘carbayu’ (‘roble’ en asturiano) es el nombre con el que se conocía a un árbol centenario de gran presencia y tamaño situado en la C) Uría, principal arteria comercial del centro de la ciudad, al lado del ‘Campo de San Francisco’, parque muy frecuentado como lugar de recreo por los ovetenses.

Cuando en 1874 se construyó la estación de ferrocarril (‘Estación del Norte’) a poco más de 1 Km. del centro, se proyectó también una calle para unirlos, la C) Uría, una obligada necesidad para conectar a los viajeros y mercancías que llegaban en los trenes procedentes de la Meseta Central. Un proyecto que al pretender, como era lógico, mantener un trazado rectilíneo, bordeando el ‘Campo de San Francisco’ por su parte inferior, dejaba aislado del resto del parque a un roble enorme de más de 500 años, con una base de 12 m. de circunferencia, tronco (eran 2 principales) de 6 m., altura de 30 m. y una circunferencia máxima en su copa de 38 m. A la vista de la situación, en 1879, el Ayuntamiento decide reunirse para decidir que hacer con aquel árbol, que no era otro que “El Carbayón”, pues entorpecía, y mucho, la circulación por la calle. Los concejales se encontraban muy divididos: unos, los llamados ‘progresistas’, favorables a la tala, y los ‘conservadores’, contrarios a ella. Tras encendidas polémicas y dos votaciones nulas, en la tercera la comisión votó a favor de la tala por 14 votos contra 9. Hay que decir que tampoco había mucho acuerdo entre los propios jardineros municipales: mientras el jefe del grupo era favorable a la tala, no así muchos de sus compañeros, que incluso iniciaron una protesta el mes anterior a su derribo definitivo. Una de las razones esgrimidas para la tala fue el avanzado estado de la carcoma en su interior, que más tarde se confirmó y dificultó conocer su edad exacta. A pesar de que el 13 de septiembre de 1879 el jardinero municipal había manifestado la necesidad del derribo de “El Carbayón” (en su informe señalaba que el árbol estaba enfermo), no todos opinan de la misma forma. Es el caso de Carmen Ruiz-Tilve Arias, nombrada cronista oficial de Oviedo en 2002, que escribía: ”Lo real es que ocupaba parte de la acera de Uría y en lugar de modificar unos metros el trazado, ganó la chapuza como siempre”. Lo cierto es que al final, pese a la oposición de gran parte de los ciudadanos y en medio de una gran controversia, “El Carbayón” fue talado el 2 de octubre 1879, tras subasta previa por un importe de 192,50 pesetas (la puja partió de 75), desapareciendo en menos de un mes (la tala duró 4 días) con tantas prisas que impidieron un posible indulto y con sus raíces bien ancladas como correspondía a un árbol de 5 siglos.

Foto de “El Carbayón”, con sus dos troncos principales, y la calle Uría. Copia en papel a la albúmina de Fernando del Fresno. Al fondo se puede ver la estación de ferrocarril (‘Estación del Norte’) y a la izquierda del “Carbayón”, al otro lado de la calle, asoma el extremo inferior del parque del ‘Campo San Francisco’.

Tal era la fama de “El Carbayón” entre los ovetenses que dio nombre al gentilicio “carbayones” con el que se les conoce a nivel popular. Cuenta Carmen Ruiz-Tilve que antes de usarse tal gentilicio se les llamaba (a los hombres) ‘gatos del forno’: “A los paisanos se les llamaba así, las mujeres no teníamos ni nombre”. Tras el incendio que devastó Oviedo en 1521, los hornos de pan (‘fornos’) tuvieron que ser trasladados fuera del recinto de la ciudad e instalados en el camino de San Lázaro, justo en el trayecto que los hombres realizaban después de frecuentar las zonas de alterne: “Venían de los alrededores y muchas veces se encontraban la Puerta Nueva cerrada. Dormían al calor de los hornos, de ahí el apelativo”, explica Ruiz-Tilve. Más tarde, cuando Oviedo empezó a crecer, en el ‘Campo de San Francisco’ había muchos ‘carbayos’, la mayoría muy antiguos. “De ahí viene el gentilicio”, señala. Con el tiempo muchos fueron desapareciendo dejando al final al gran “Carbayón” solo y aislado.

A raíz de la pérdida de uno de los símbolos de la ciudad, se publicó un semanario, más tarde periódico, con el nombre de ‘El Carbayón’ (dejó de editarse el 18 de julio de 1936) que pretendía rememorar al famoso árbol y que en su primera edición le recordaba con estos versos:

Aquí estuvo el Carbayón,
seiscientos años con vida
y cayó sin compasión
bajo el hacha fratricida
de nuestra corporación.
Este pasquín respetad,
si sois buenos ovetenses,
y en su memoria llorad
todos los aquí presentes
por el que honró a la ciudad

Fermín Canella, escritor, catedrático y cronista asturiano entre otros del diario ‘El Carbayón’, tras un vendaval que se llevó por delante a más de 30 de árboles del ‘Campo de San Francisco’ en 1865, describía al popular árbol, insignia de la ciudad, de esta manera: “Cayó el negrillo, pero el Carbayón no caerá tan fácilmente: es el árbol secular y sagrado de la ciudad, testigo de todos los acontecimientos de nuestra historia, que, a más vivir con la savia de esta madre tierra, parece que vive con la savia de recuerdos antiguos y de nuestro cariño. Allí está; al extremo del Campo, tocando el pueblo de quien es patrono”.

En cualquier caso la premura en la ejecución de la tala de “El Carbayón” nunca consiguió ‘talar’ su ‘presencia’ en la ciudad. En 1949 el Ayuntamiento acordó poner una placa conmemorativa en el lugar exacto donde se ubicaba, que aún se puede leer en la C) Uría con la siguiente inscripción: “Aquí estuvo durante siglos el Carbayón, árbol simbólico de la ciudad, derribado el II de octubre de MDCCCLXXIX. La Corporación municipal acordó el XXIV de marzo de MCMXLIX la colocación de esta placa que perpetúe su memoria”. Y al año siguiente, en 1950, se plantó un roble en los jardines del Teatro Campoamor, al que se apodó cariñosamente “El Carbayín”, un ejemplo más de lo aficionados que son los asturianos al uso de aumentativos y diminutivos, en torno al cual se colocó una verja y un  letrero que decía: “Como continuador de aquel árbol simbólico que nos dio el título de carbayones, el Ayuntamiento plantó este roble el día XI de febrero del año de gracia de MCML”. Por desgracia, este roble no hundiría sus raíces tan profundas como el primero. De hecho pocos años después se secó, siendo sustituido en 1970 por otro que contaba con más de 100 años y que ahí sigue en la parte trasera del teatro y da nombre a la plaza que lo acoge.

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2) “La Escalerona” de Gijón.

Aspecto que presentaba “La Escalerona” al poco tiempo de su entrada en funcionamiento. Se puede apreciar la extraordinaria afluencia de bañistas a la playa de San Lorenzo, una de las razones más importantes por las que se decidió su construcción.

La playa de San Lorenzo, situada en pleno centro de Gijón, es una de las más emblemáticas de Asturias. Con forma de concha y una longitud de 1550 metros, se prolonga desde la escalera 0 (“La Cantábrica”), junto a la Iglesia de San Pedro, hasta la escalera 16 (“El Tostaderu”) en la desembocadura del río Piles, así llamada por ser la más expuesta al sol y resguardada al viento. La escalera 4, más conocida como “La Escalerona”, es la más concurrida por sus condiciones para el baño. También la más popular. Su apodo en aumentativo, tan dado a poner por los asturianos cuando algo se quiere resaltar por su presencia, cuenta también con su pequeña historia.

Cuando en 1907 se iniciaba la construcción del paseo que circunda la playa de San Lorenzo, más conocido como “El Muro”, con sus escaleras de acceso a la playa, los gijoneses no eran del todo conscientes que se iniciaba una de las operaciones urbanísticas más importantes de la ciudad, cuya consecuencia sería uno de los sitios más emblemáticos del Gijón contemporáneo, que luego se fue completando en los años siguientes con otras actuaciones entre las que destaca la llevada a cabo en 1933 al decidir Ayuntamiento la sustitución d la escalera 4 construida en 1915 por otra nueva y así solucionar los problemas que presentaba el masivo acceso al arenal. La anterior escalera, además de obsoleta, se había quedado pequeña, provocando en muchos días de verano una excesiva aglomeración de bañistas. Fue de esa manera como se comenzó a gestar “La Escalerona”, punto de encuentro de las muchas personas que se acercan a dar un paseo por la zona. En su diseño, además de moderno y funcional y resolver los problemas suscitados, se buscaba que también ‘resaltara’ el paseo del “Muro”. Pero había un problema importante: eran tiempos de precariedad económica y laboral. Es en ese contexto donde surge la figura del arquitecto municipal, José Avelino Díaz Fernández-Omaña, de su creatividad, quien tras las correspondientes refriegas políticas presenta varios bocetos para la futura “Escalerona”, la ‘escalera de abanico’ que siete meses después se hizo realidad. Eso si, no sin antes solventar algún que otro obstáculo como el desalojo de los bañistas, que si bien lo facilitaba, y mucho, contaba con el inconveniente de que su rampa en ‘abanico’ predisponía la entrada del agua del mar al paseo y el consiguiente perjuicio para los residentes. De ahí que Fernández-Omaña aportase tres tipos de soluciones: una la ya citada y las otros dos que incluían una base central y una meseta superior al nivel de la acera. Los diferentes proyectos fueron expuestos en el Ayuntamiento, que optó al final por una base central completada con una torre para albergar los distintos aparatos de medida: reloj, barómetro y termómetro.

A la derecha vista en planta del proyecto original de “La Escalerona” y a la izquierda foto de Constantino Suárez de agosto de 1933, al mes siguiente de su inauguración (15 de julo), donde se puede ver su frente desde la playa.

Aunque en el Ayuntamiento siguieron las voces discordantes, no por el proyecto en sí, ni por la decisión tomada, sino porque un pequeño grupo de concejales creía que era más urgente construir una nueva Casa de Socorro, la obra salió a concurso público siendo adjudicada en 70.000 pesetas. Ejecutada en un tiempo record, a los pocos días de su inauguración (15 de julio de 1933), y a pesar de que en los registros municipales figure como escalera 4, ya se le empezó a conocer a nivel popular como “La Escalerona’’ por ser ‘muy grande’ (‘grandona’) y maciza. De esa manera culminó la historia de una escalera ‘monumental’ compuesta por tres tramos principales: el primero, inferior o basamento, casi siempre cubierto (en una parte) por la arena de las mareas; el segundo, que corresponde a su desarrollo, interrumpido en su eje central por un cuerpo cilíndrico que hace de mirador; y el tercero, la zona superior, donde se encuentra el esbelto pilar que incorpora la iluminación nocturna, los aparatos de medida y un mástil con la bandera de Gijón y una terraza circular que recuerda a la proa de un barco, conjunto cerrado por una barandilla que hace de excelente ‘observatorio’ para los viandantes. Y aunque ahora se dice que tiene un estilo clásico del siglo XX, en su época “La Escalerona” fue calificada como muy ‘moderna’.

Acceso en el paseo del “Muro” a la playa de San Lorenzo desde la parte superior de “La Escalerona”. También excelente ‘observatorio’ y ‘atalaya’ para los viandantes como se puede comprobar.

En próximos post seguiremos hablando de de aumentativos y diminutivos, cuando menos curiosos, de distintas personas y lugares muy conocidos entre los asturianos como ‘El Escorialín’ de Oviedo, ‘La Santina’ de Covadonga, ‘La Machucona’ y el ‘Pradón’ de La Felguera, ‘La Iglesiona’ de Gijón, ‘Xuanón’ de Cabañaquinta,… resaltando la historia de su nombre popular.

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Retazos de Asturias y su cultura (I): el hórreo, la ‘esfoyaza’ y la política sin sentido

abril 30, 2018

El hórreo asturiano está siendo objeto de un ataque frontal a su historia y a sus raíces a causa de una medida polémica que atenta a su idiosincrasia (modo de ser característico de un pueblo, persona o cosa). Todo ello aderezado en medio de una tormenta política que ha llegado hasta el Parlamento nacional con anécdota incluida que retrata la falta de ética, pues uno de sus representantes fue acusado de plagiar informaciones, siendo su única defensa la falta de tiempo a causa de encontrarse sometido a un gran estrés en su trabajo. Concebido hace más de 500 años como un bien mueble, pues se puede desmontar y mover con relativa facilidad, para Hacienda ha pasado a ser un bien inmueble (como lo son las viviendas) al que hasta ahora se le había ‘perdonado’ el IBI.

A la izquierda, partes principales de un hórreo y, a la derecha vista general de una panera.

Pero antes de seguir adelante con esta medida confiscatoria hagamos un poco de historia. El hórreo es una construcción destinada a guardar y conservar los alimentos y mantenerlos en las mejores condiciones para su consumo alejados de la humedad y de los animales (especialmente ratones y otros roedores). Su utilización, sobre todo en las zonas rurales, se explicaba antaño por la pronta llegada de un invierno, largo, frío y húmedo que obligaba a adelantar las cosechas. En la actualidad se pueden ver, aunque cada vez menos, por la zona norte, en especial en Asturias y Galicia, regiones lluviosas por excelencia. El significado más aceptado de la palabra ‘hórreo’ es el de granero para frutos y otro tipo de cereales. Se han encontrado referencias a su origen en graneros elevados y ventilados de los poblados celtíberos, antes de la llegada de los romanos, aunque no existe documentación que permita establecer una relación con el hórreo actual. Marco Terencio Varrón, que en el siglo I a.C. recorrió Hispania con Pompeyo, hablaba de forma ambigua de un tipo de graneros sobre tierra empleados por los galaicos. En la misma época también Marco Vitruvio, arquitecto y tratadista romano, alababa su conveniencia y lo recomendaba para la explotación agrícola. La primera prueba de la existencia de hórreos en España se encuentra en un documento del año 800 relacionado con la fundación del monasterio de Taranco, en el Valle de Mena (Burgos), si bien tampoco existe unanimidad entre los diversos autores sobre si se trata de un hórreo tal y como hoy lo conocemos. No es hasta el siglo XIII cuando se encuentra la primera representación gráfica. Su consolidación se produce en el siglo XVII a partir de los cambios en el cultivo del maíz (‘panoya’), que desplazará al maíz menudo (‘mijo’) como alimento primario de las clases populares, principalmente en Asturias y Galicia, asumiendo entonces los graneros elevados sobre el suelo la función de conservación de un cereal que necesita ventilación y secado para ser apto para la molienda.

Las peculiaridades de la propiedad de la tierra y la dispersión de la población permitieron que el hórreo mantuviera su razón de ser en Asturias. La primera descripción detallada la hizo en 1792 Gaspar Melchor de Jovellanos, asturiano, escritor, jurista y político reconocido, enumerando sus partes con una explicación de como construirlo. Compuesto de un cuerpo cúbico cerrado por tablones verticales y un tejado a cuatro aguas rematado en pico, cubierto normalmente con tejas, su estructura se levanta sobre cuatro o más pilares de piedra (‘pegollos’) con forma de tronco de pirámide de cuatro caras. Entre los ‘pegollos’ y la base se colocan unas losas horizontales más anchas (‘muelas’) para impedir la subida de roedores y protegerlo de la humedad. El acceso al hórreo se hace por medio de una escalera de piedra, separada a cierta altura de la entrada, cuya puerta está orientada al este o al sur para evitar en lo posible las inclemencias del tiempo. En la parte opuesta suele haber otra puerta con el fin de crear una corriente de aire y de esa manera ventilar mejor el interior cuando se considere necesario. En el hueco que queda bajo la estructura, abierto, protegido de la lluvia, se suelen colocar el carro, arados, rastrillos, leña y otros utensilios. El hórreo fue, ahora ya no tanto, de enorme utilidad en aquellas zonas rurales que no disponían de medios avanzados para la conservación de algunos alimentos caseros necesarios a lo largo del año (‘matanzas’, quesos, granos, harinas,…). Su proliferación ha ido disminuyendo a medida que las nuevas técnicas de conservación fueron apareciendo. Una de sus características, muy importante para sustentar determinadas tesis de este post, es que se puede trasladar de un lugar a otro con relativa facilidad, dado que se puede desmontar pues las piezas de madera se ensamblan sín utilizar ningún tipo de clavo o tornillo.

Imagen típica de una panera, uno de los tipos de hórreo, en la que se pueden contemplar sus partes más importantes, con las riestras de maíz colgadas y secando al aire y diversos utensilios bajo su estructura.

En Asturias predominan dos tipos de hórreo. El ‘clásico‘, el más extendido, de planta cuadrada, sostenido sobre cuatro pilares o ‘pegollos. En principio era exclusivo de las clases más acomodadas, para extenderse a partir de la época renacentista con el incremento de producción de la tierra. El otro tipo es la ‘panera’. Se empezó a utilizar en la segunda mitad del siglo XVI como consecuencia del fuerte aumento de la producción de maíz y, más tarde, en el siglo XVIII, de la patata. Ambas plantas, traídas de América, se adaptaron muy bien al clima atlántico, obligando para su almacenaje a una mayor necesidad de espacio bien dentro o colgando las riestras de maíz en las paredes o en el corredor exterior. En realidad, la panera es una evolución del hórreo con una superficie en planta rectangular en lugar de cuadrada, apoyada sobre seis ‘pegollos’ en lugar de cuatro y la cubierta rematada con una viga cumbrera y dos picos, manteniendo el tejado a cuatro aguas. Hay una tercera variante en la zona oeste asturiana, el cabazo, menos frecuente, de planta rectangular más estrecha, y más parecido al hórreo gallego.

Según la zona en que se encuentren, existen tres estilos de hórreos asturianos:
a) Estilo Villaviciosa.- Es el más antiguo. Se remonta a la Edad Media, siglos XV y XVI, con pinturas y tallas en las vigas y tablas en las paredes. Están concentrados en la zona de Villaviciosa, Piloña y Cabranes, aunque también hay alguno disperso por otros concejos del centro y este de Asturias.
b) Estilo Carreño.- Empezó a proliferar a partir del siglo XVIII, con la construcción de las grandes paneras en la zona costera del centro de Asturias, llegando hasta mediados del siglo XX. Su fachada está cubierta por tallas de florones, jarros y otras formas geométricas pintadas en llamativos colores.
c) Estilo Allande.- De la misma época que el estilo ‘Carreño’. Se puede ver en la zona de Allande y en general en todo el occidente de Asturias, Su decoración está basada en grandes discos tallados en las paredes.

La aparición del corredor exterior alrededor de la estructura del hórreo, con las típicas riestras de ‘panoyas’ (mazorcas) de maíz, cambia por completo su decoración, pues el adorno pasa a centrarse en el conjunto con las barandillas de columnas y balaustres torneados. Una decoración que nos da pie para hablar de la ‘esfoyaza’, una de las tradiciones más arraigadas durante siglos en la Asturias rural cuando el maíz era un sustento importante para las familias y, en menor medida, de los animales. Un trabajo que se hacía en comunidad por los vecinos en las distintas casas del pueblo. Todos participaban, pues no solo era trabajo, también era un lugar de encuentro, incluso de festejos, que finalizaba con un ‘convite’ con el que los dueños de la casa invitaban a los que les ayudaban degustando sabrosas tortillas y otros ‘menesteres, sin que faltase nunca la sidra.

Estampa de la ‘esfoyaza’ y una recreación actual.

Durante la ‘esfoyaza’ los vecinos se sentaban alrededor de los grandes montones de maíz recogidos y se ponían a la tarea de ‘esfoyar panoyas’ (deshojar mazorcas), quitándoles casi todas las hojas excepto dos o tres (las más fuertes) que dejaban para facilitar la labor de hacer las ‘riestras’ de maíz y llevarlas luego al hórreo o hasta en la propia casa. Otra utilidad de la ‘esfoyaza’ es que una vez concluida se recogían las mejores hojas para usar como relleno de los jergones, que era sustituido todos los años. Las ‘riestras’ permanecían colgadas en los corredores del hórreo o panera hasta que estuvieran totalmente secas para poder deshacer las ‘panoyas’, separando el grano del ‘tarucu’ (cuerpo de la ‘panoya’) que iba cayendo a unos sacos que luego se llevaba a moler. Algunas familias tenían sus propios molinos, pero el resto lo hacían en los molinos del pueblo, normalmente comunitarios. Como ya hemos dicho, en la ‘esfoyaza’ había momentos para todo, era un espacio de trabajo, pero también de diversión, incluso hasta de cortejo, también de baile, donde se contaban leyendas, chismes y cuentos y se cantaban canciones populares.

Gaspar Melchor de Jovellanos, al que ya hemos mencionado, haciendo referencia a la ‘esfoyaza’ contaba en uno de sus diarios:
“…Síguese a ésto, la operación de la esfoyaza, que se hace por turnos en las casas de los labradores, concurriendo los mozos de la redonda a ella: las mujeres desenvuelven las hojas, descubriendo el grano de la mazorca, separando las inútiles y dejando tres o cuatro, y los hombres tejen estas hojas unas a otras formando riestras (ristras) de cuatro o cinco varas de largo, a las que llaman piñones cuando son más cortas. Esta operación es de mucha alegría; se canta mucho; se tiran unos a otros las panoyas; se retoza y se merienda tortillas de sardinas o jamón con boroña, precisamente caliente, queso y peras o manzanas cocidas con la misma boroña. En otras partes, en lugar de merienda, se da a cada uno un panecillo como de media libra, y en otras garulla, esto es corbates y peras manzanas crudas. Esta esfoyaza es siempre de noche, y acaba a la una o las dos. Entonces los galanes acompañan a las mozas hasta sus casas, que suelen ser distantes, y al amanecer están en el trabajo”.

Sin  embargo, un reciente ‘disparate‘ está a punto de acabar con el hórreo: la última revisión catastral de Hacienda ha abierto la puerta a los ayuntamientos asturianos para cobrar el impuesto de bienes inmuebles (IBI). Una medida que podría ser el final a una tradición de más de 500 años. De hecho, algunos la han querido aplicar de de inmediato. ¡Todo sea por la recaudación! Xuan Ignaciu Llope, etnógrafo y escritor, señala: “Es la típica medida hecha desde la ignorancia y la desinformación. Los ayuntamientos buscan sacar dinero de donde sea… sin medir las consecuencias. Es la sentencia de muerte a cientos de hórreos. El hórreo es hoy día un trasto inútil para los paisanos: les estorba en la ‘corrada’ (corral), les estorba en el centro del pueblo, no tiene ninguna funcionalidad salvo como almacén de trastos, y ni eso. Si encima empezamos a cobrarles, pues pasa lo que pasa: que los hórreos se derrumban misteriosamente por las noches, como ocurre donde yo vivo (Tineo), que ya se han caído unos cuantos. ¡Qué mala suerte! Un paisano del medio rural que cobra 600 euros de pensión y paga 200 de IBI por su casa, que aquí las casas son enormes, ¿crees que va a pagar encima 70 u 80 euros de IBI por su hórreo? ¿Cuánto tiempo va a tardar ese hórreo en desaparecer? Van a caer por cientos”. Y añade: “Digan lo que digan, el hórreo es un bien mueble, igual que una silla, porque se puede trasladar. Según el derecho consuetudinario asturiano, no es necesario que el propietario del suelo y el propietario del hórreo sean la misma persona. Los hórreos se pueden desmontar, trasladar y volver a montar, algo que tiene que ver con su uso tradicional como graneros”.

Pintura al óleo del autor de este artículo. Paisaje típico de una zona rural asturiana en el que se puede ver un hórreo ‘clásico’.

Y es que al hórreo asturiano se le marginó y olvidó durante mucho tiempo. Solo comenzó a tomar de nuevo protagonismo con su revalorización popular y cultural. Como integrante del patrimonio etnográfico, actualmente dispone de un régimen específico de protección recogido por ley del Principado de Asturias. Además, desde 1863 la jurisprudencia le había catalogado como un bien mueble, sin embargo la última revisión del Catastro le considera un bien inmueble y por tanto sujeto al pago de impuestos. ¡Toda una contradicción!  Por una parte se imponen medidas para conservar el patrimonio y por otra se potencia dejar ‘caer’ los hórreos para evitar el pago del IBI. Como bien señala la abogada Yolanda González Huergo: “Los dueños suelen ser gente mayor, jubilados, que ya no viven del campo. Muchos optan por dejar caer los hórreos dada la gran cantidad de trámites para su conservación y traslado. No permiten nuevos usos, solo puedes almacenar una cosecha que ya no tienes, y para colmo ahora tienes que pagar el IBI. No puede ser que el hórreo sea una carga imposible de llevar”.

El hórreo es un bien cultural que identifica al paisaje asturiano. Aunque algunos han denunciado la situación actual con más o menos fortuna, a ningún partido político le interesa que se le asocie con una medida tan poco popular. La mayoría piensa que es un ataque a la tradición. De ahí que se muestren de acuerdo en que hay que frenar el IBI. A pesar de que haya ayuntamientos que lo hayan empezado a cobrar (por cierto, gobernados por esos mismos partidos), se están empezando a tomar medidas que eximen su pago no solo a aquellos hórreos con más de cien años de antigüedad (ya lo tenían por ley), sino que muchos concejos están aplicando bonificaciones para aminorar el impacto del impuesto (por ejemplo en Oviedo se puede optar hasta un 90 %). Ahora bien, aunque la medida fiscal entraría en vigor a todos los efectos a partir del año 2018, no todos los ayuntamientos tienen clara su posición: los hay partidarios de cobrar el IBI, aunque son las excepciones. Todo un sin sentido.

Por suerte parece que se atisba una vía de solución después de que el pasado mes de junio la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados haya aprobado una proposición no de ley para eximir del pago del IBI a los hórreos, paneras y cabazos de Asturias y Galicia. Una medida de choque que evitaría la continua degradación de este patrimonio histórico que siempre ha sido un bien mueble, aunque ahora la ley los considere un bien inmueble por otro tipo de conveniencias. Una afirmación de simple sentido común (se pueden transportar) a la que no es de recibo se opongan ‘complejas’ razones jurídicas que solo enmascaran un afán recaudatorio. El cobro del IBI es un auténtico disparate, que solo puede llevar a la desaparición del hórreo. Un signo de identidad de Asturias y una tradición popular.


La Felguera, la Asociación La Salle y el futbol sala

junio 12, 2015

En los años 60 en La Felguera no existía el futbol sala,… ni se le esperaba. Tampoco en el resto de España. A nivel federado ni se le había oído nombrar. A lo sumo se jugaba un sucedáneo en los patios de los colegios en un “todos contra todos”. Solo el futbol reinaba en su esplendor.

Conocido en sus inicios como futbito, se cree que tuvo su origen en los años 30 del siglo pasado en Uruguay tras ganar su selección el campeonato del mundo de futbol. Se desencadenó tal fervor en el país, que los niños, sin apenas campos en los que jugar, ocupaban las calles y plazas para dar rienda suelta a su pasión. En 1952 Brasil elaboró el primer reglamento y en 1971 se creó la primera Federación Internacional. En España, que no se llegó a integrar en la misma, el futbol sala se empezó a practicar a principios de esa década, aunque solo por diversión. Y así siguió hasta 1979 cuando se celebró el primer campeonato de clubs gracias al impulso de dos periodistas deportivos de renombre: José María García y Juan Manuel Gozalo, que además lo practicaban en sus equipos Interviú- Hora 25 (primer campeón) y Unión Sport.  Compuestos en su mayor parte por jugadores brasileños y famosos futbolistas retirados como Amancio y Peinado (R. Madrid) o Adelardo y Ufarte (At. Madrid), su sola presencia contribuyó en gran medida al rápido crecimiento y auge de este deporte. Es en 1989 cuando la FIFA, que había puesto fuertes trabas a su expansión y reconocimiento, viendo que su ascenso era imparable decide dar un paso adelante y hacerse con su control.

Colegio La Salle 03Edificio del antiguo colegio La Salle. En primer término, puerta de entrada a la Asociación de Antiguos Alumnos (AA).

Pues bien, en los años 60, mucho antes de que el futbol sala fuese reconocido en nuestro país, en La Felguera, un pueblo asturiano de la cuenca minera, al igual que en el Uruguay de sus inicios, había un lugar donde también se practicaba de manera muy “sui géneris”; sin muchas reglas (si acaso el número de jugadores, 5 o 6 por equipo), un pequeño y pesado balón (fue evolucionando en el tiempo), un árbitro (tan solo a veces, las menos), un par de porterías (similares al balonmano, con su marco adherido a la pared), y… muy poco más. Casi todas las tardes de verano un grupo de entusiastas acudía al patio del antiguo colegio La Salle situado en pleno centro a practicar su deporte favorito en un terreno de juego ‘singular’: ¡basta con ver el dibujo, pues no tiene desperdicio! De forma irregular; esquinas, paredes, frontón, y otros accesorios “ad hoc”, formaban un conjunto solo apto para los virtuosos del balón. Si a eso le añadimos unas escaleras de entrada a las aulas que hacían de gradas improvisadas siempre abarrotadas, daban a aquel conglomerado un aire entre especial y expectante.

Miembros de la Asociación de Antiguos Alumnos (AA) del colegio y otros que no lo eran competían a diario en unas muy cualificadas “partidas”, porque aunque suene raro a cada equipo así se le denominaba: “partida”. Sus integrantes eran elegidos de manera popular tras toda una parafernalia repetida tarde a tarde. Al inicio se decidía un “líder” para cada uno de los equipos (bastantes a tenor de los jugadores presentes), y a continuación los ‘elegidos’ lanzaban una moneda hasta una raya trazada a cierta distancia (era normal en los primeros años usar una de 10 céntimos de peseta, en Asturias conocida como “perrona”). Aquel que quedaba más cerca tenía la opción de escoger en primer lugar al jugador que consideraba más destacado. Y así se seguía hasta completar todos los equipos por el orden resultante. El juego se iniciaba por los dos equipos seleccionados también por sorteo y cada vez que se marcaba un gol el perdedor tenía que abandonar la cancha para ceder su sitio al siguiente. Una fórmula original, equilibrada, para unos conjuntos integrados por jóvenes y veteranos ilusionados por practicar el deporte del balón hasta el anochecer en aquellos veranos de los 60. ¡Puro espectáculo!

Sin título-3Dibujo del patio del antiguo colegio La Salle, ‘singular’ terreno de juego donde se celebraban las famosas ‘partidas’, embrión de lo que años más tarde fue el futbol sala.

Si algo caracteriza al futbol sala es la habilidad y el dominio del balón; también los gestos técnicos y la velocidad y precisión en la ejecución. Un deporte en el que no hay tiempo para aburrirse; un juego atractivo con muchos goles donde el ritmo nunca decae; y siempre con la diversión asegurada para el público y el disfrute del jugador al máximo: ¡a menudo más que en el propio fútbol! Todo esto ocurría en el patio del colegio La Salle, incluso aumentado pues se precisaba además de otro “arte”. ¡Y no es exageración! Bastaba observar las ‘carambolas’, paredes, y otras filigranas, ejecutadas en aquel campo para entenderlo. Con otro añadido más: siempre procurando evitar, ¡eso si que era habilidad!, una posible rotura de cristales en las ventanas del edificio ocupado por los Hermanos Lasalianos, blanco de los disparos en una de las porterías que, aunque con una malla protectora metálica, no siempre iban bien dirigidos. Había veces que fallaba la puntería y algún balón, pocos, se escapaba hacia lo alto en la dirección no correcta. Ahora bien la calidad del juego merecía la pena correr algunos riesgos, que a decir vredad siempre fueron bien aceptados.

Por aquel recordado escenario pasaron muchos y muy buenos jugadores; bastantes lograron un merecido reconocimiento en el futbol regional y nacional. Realizar una lista pormenorizada no tendría sentido, ni tampoco el objetivo, pero si dar unas pinceladas de los que por su calidad, profesionales o no, destacaron por su técnica e ingenio en un ¡patio! donde paredes, frontón, la capilla, amén de las escaleras, y a veces hasta el tejado, jugaban,… ¡y de que manera!.  No había límites establecidos: ¡Todo valía, con tal de arrancar el aplauso! ¡No digamos nada del rebote: diversión y máximo virtuosismo!

Fiestas de Lada 1964. TininAño 1964. Equipo formado para festejar uno de los actos de las fiestas de Lada, pueblo cercano a La Felguera. Integrado por bastantes profesionales del futbol, también se encuentran algunos de los jugadores más destacados del ‘embrión’ de futbol sala que se practicaba en el patio del colegio La Salle. Entre otros, Valentín Piquero, Lolo del Bosque, Miro y alguno más.

Vaya por delante un merecido reconocimiento para aquellos que en los comienzos, siempre difíciles en cualquier actividad, impulsaron con entusiasmo aquel peculiar deporte que más tarde se llamó futbito y hoy se conoce como futbol sala. Todos asiduos practicantes en las tardes de verano de los 60 donde los más veteranos, algunos muy curtidos en las ligas regionales de futbol, con su astucia, codos, y también calidad, trataban de hacer frente a una juventud pujante que a nada se descuidasen les sacaban los colores. Entre los primeros, y como en Asturias se es muy dado al apelativo, queremos recordar a Luis “El Roxiu” y Mario Canga “Cangona”, sino por su juego si por su empeño, Jorge “El de la Madreñona”, buena técnica y un adelantado en su tiempo en jugar al primer toque, Santirso, un defensa “purasangre”, Avelino “El Toriau”, que no le iba a la zaga, Joaquín “El Indio”, fino estilista, un artista pisando la pelota con ambas piernas, capaz de driblar sin moverse en un palmo de terreno, Cholo “El Piringüelu””, ex jugador del Círculo Popular y luego reconocido cantante de “Los Juvachos”, Miro, veloz extremo, y de manera especial a Valentín Piquero, ex jugador del Círculo Popular, y Lolo del Bosque, ambos sentaron cátedra como grandes conocedores del patio y sus trucos. Sin olvidar a los porteros, puesto clave; de sus cualidades aunque el juego no fuese satisfactorio dependía muchas veces que un equipo permaneciese mayor tiempo imbatido en la cancha. De ahí que una buena elección ocupase lugar preferente en el sorteo de las “partidas”. Por citar solo a algunos de los grandes cancerberos, recordar en los inicios a Egocheaga “Ego”, y más tarde a Iglesias Luelmo, hoy reconocido escultor. Ambos marcaron tendencia con sus diferentes estilos, en un caso la practicidad y en el otro la agilidad y reflejos. Más o menos como ahora, pues para gustos… están los colores.

Ahora bien, el núcleo principal estaba formado por jugadores en edad juvenil y veinteañeros, muchos de gran calidad; incluso algunos participaban al tiempo en las competiciones oficiales de futbol. Resultaba curioso ver como componentes de equipos juveniles de la comarca, como Cruz Blanca (campeón de Asturias 1963) y Alcázar, aún a costa de sufrir inoportunos “chivatazos” (tenían prohibida su práctica por el riesgo de lesiones), les era muy difícil resistir la tentación de competir en aquel apasionado ambiente. ¡Era una forma también de demostrar sus cualidades! Aunque no todos lo conseguían: la calidad individual y el dominio del esférico, tan importantes en el futbol-sala, no son fáciles, ni siempre se presuponen. Destacados jugadores del futbol nacional de alto nivel años más tarde hicieron allí alguna vez sus pinitos, como Junquera “Pinón”, portero del Real Madrid, ganador del Trofeo Zamora , Severino, en el mismo club, Falito, en el Granada, Dolfi, en el Celta de Vigo, y varios más de una amplia lista.

Cruz Blanca 1963. Del HoyoCruz Blanca, campeón juvenil de Asturias año 1963, en cuyas filas formó Junquera (primero a la izquierda), más tarde portero del Real Madrid, y otros jugadores destacados a nivel nacional, como Lavandera en el Celta de Vigo y Sporting de Gijón.

En algunas facetas del juego de aquel singular futbito había apreciados “especialistas” capaces de de desequilibrar la balanza de un partido. Sabido es que acciones inesperadas, difíciles de ejecución, pueden desembocar en gol a pesar de que el contrario esté dominando el juego. Sucedía con el rebote entre paredes, pero también con los poseedores de un gran disparo, aunque ésta fuese su única cualidad (la voluntad siempre se presupone). Fue el caso de Juan “Raco”, quien pese a sus gafas de muchas dioptrías tenía una zurda impresionante; en un quítame allá esas pajas era capaz de mandar al otro equipo a tomar las Villadiego. También el de Jorge “Reija”, personaje singular, quien, con la misma pierna que Raco, ‘pegaba’ unos zapatazos de aquí te espero; no siempre bien dirigidos, pues alguno se ‘escapaba’, incluso a la espinilla de enfrente. Ocurría algo similar con los jugadores técnicos y habilidosos capaces de arrancar en su portería y llegar hasta la contraria sorteando uno a uno a sus rivales. Como Javier Granda, al que era muy difícil quitarle el balón de los pies; también Manolo Palacios, buen jugador y dominador de la técnica; o muchos de los componentes del equipo juvenil Cruz Blanca como Jamart, Frani, Tinín, Fonso, Honorino o Fueyo.

Escuela de Maestría 1966. SenénEquipo de la Escuela de Maestría Industrial de La Felguera, campeón de los Juegos Laborales Nacionales de 1966, del que formaban parte destacados jugadores años más tarde como Falito (Granada), Nieves (Zaragoza), Dolfi (Celta de Vigo), y otros pertenecientes al equipo juvenil Cruz Blanca como Jamart, Fonso, Tinín, Fueyo,… muchos de ellos asiduos participantes en los partidos veraniegos de futbol sala en el patio del colegio La Salle.

Seguro que quien lea este artículo tendrá suficientes razones para pensar que faltan otros grandes jugadores, incluso mejores que los citados, pero la memoria es selectiva y los recuerdos también. De ahí el intento de reflejar solo ciertos hechos destacables sin otro ánimo que ensalzar un deporte en ciernes como el futbol sala que ya despuntaba en La Felguera en la década de los 60. Bastantes años antes de lograr el reconocimiento popular. Años espléndidos los de aquellas tardes de verano en que el patio del antiguo colegio La Salle, ¡el ‘patio’ por excelencia!, se convertía en centro neurálgico del balón, dominio de la técnica, habilidad en el rebote, donde se jugaba sin límites como si las paredes no existieran. Años de adolescencia y juventud y también de recuerdos.


“Asturias, patria querida”, La Felguera y Rimsky-Korsakov

enero 9, 2015

Alguien se preguntará por la relación entre el gran compositor Rimsky-Korsakov, La Felguera y el himno de Asturias. La verdad es que en su conjunto: no mucha, sin embargo analizada la frase con detalle tienen un nexo común: la música. Hasta no hace tanto tiempo, el origen de “Asturias, patria querida” se acercaba a la leyenda; algo que aún persiste entre Rimsky-Korsakov, Asturias y su himno a La Felguera, un pueblo de la cuenca minera. Pero vayamos por partes.

“Asturias patria querida”, himno del Principado desde el año 1984, es una canción que siempre se entona con gran emoción por todos los asturianos. Y si es a pie de calle, rodeado de amigos, y acompañado de unas botellas de sidra… mucho mejor. Porque escuchar el himno de Asturias “presta” mucho, pero cantarlo es todo un sentimiento. Canción muy arraigada, popular, festiva, y al tiempo solemne, su origen según las investigaciones realizadas por el folklorista Fernando de la Puente Hevia se encuentra en Cuba. Algo que aún hoy muchos desconocen. Fue Ignacio Piñeiro, músico cubano, quien la compuso en homenaje a su padre, Marcelino Rodríguez, natural de Grado, un emigrante asturiano que había decidido marcharse a su tierra para morir y que desde muy temprana edad le había inculcado a su hijo el amor por la patria de sus amores cantándole esa tonada. El apellido Piñeiro tan solo lo había adoptado Ignacio para su carrera musical como fundador, director y destacado contrabajista de la famosa orquesta “Septeto Nacional” de La Habana. Aunque en realidad, y ahora lo explicaremos, si bien “Asturias, patria querida” es el fruto de un canto nacido de la emigración, los orígenes de su música y su letra son distintos.

Septeto Nacional 01
Conjunto del “Septeto Nacional”, fundado por Ignacio Piñeiro, en el pabellón de Cuba de la Feria de Sevilla, año 1929. Fuente: Cubarte.

Como ya hemos dicho la letra expresa el canto de un hijo al padre que se ha marchado, que ha abandonado Cuba, para regresar a su querida tierra asturiana. Ignacio Piñeiro, también cantante de boleros y pionero de la rumba, empezó a tocarla en las fiestas de la colonia asturiana en La Habana al compás del son cubano, un ritmo que su “Septeto Nacional” popularizó y puso de moda. Más tarde, en 1929, a los pocos años de irse su padre, inicia una gira por España con su grupo con una sola condición: poder encontrarse en Asturias con su progenitor, y así se lo hace firmar a la compañía que le trae. Un deseo que no puede ver cumplido porque al llegar a la zona de Grado se encuentra conque éste había fallecido. Aparte de Asturias, durante su periplo musical recorre diversas ciudades españolas, actuando en la Feria de Sevilla, luego se marcha a Galicia y pasa finalmente por Santander donde decide entonar “Asturias patria querida” con una nueva letra en la que habla de la mujer asturiana y la tierra que acaba de conocer. No es hasta 1930 cuando Piñeiro deja registrada su canción de forma oficial.

Esta es la historia de su letra, pero falta la de su música que en un principio se creía procedía de un son cubano. Es Fernando de la Puente Hevia quien cuenta como pudo “deshacer el entuerto” tras una investigación en Cuba: ”Cuando volvimos a Asturias teníamos la confirmación del origen de la letra pero nos faltaba rastrear la melodía, ya que en principio ‘Asturias, patria querida’ era un son cubano. De forma circunstancial me llega la información de que músicos polacos residentes en Asturias señalan que la melodía de nuestro himno se cantaba mucho en Polonia”. Y hasta tierras polacas se fue Hevia, pues sabía que entre Asturias y Polonia siempre ha habido muchos intercambios. En especial cuando mineros polacos se asentaron en tierras asturianas en el siglo XIX, para más tarde retornar a su país a la zona de Silesia. Es en esta región donde por fin Hevia pudo hallar la base musical de “Asturias patria querida” en un tema cuya letra era una mezcla de la canción de Piñeiro y otra entonada en Asturias durante la revolución de 1934.


“Asturias patria querida” interpretada por la Coral Cima de Parres de Arriondas.

Se puede decir que el himno de Asturias es hijo de la emigración. Por una parte de los polacos que vinieron a Asturias y por otra de los asturianos que se fueron a Cuba. La hipótesis más verosímil es que mineros polacos llegados a Asturias con su cultura y su música se encontraron con una letra de “Asturias, patria querida” procedente de un son cubano, un ritmo nuevo que en aquel tiempo todavía no “llegaba” a la gente. De ahí que lo más normal, sigue contando Puente Hevia, y esta es su hipótesis, fuese que: “los mineros polacos asentados en la cuenca minera asturiana trajesen la melodía, que luego juntan con la letra que antes había llegado de Cuba”. Para contrastar que estaba en lo cierto no dudó en marcharse a Polonia y allí intentar confirmar que la melodía estaba documentada antes de 1920. Algo que al final consigue. El director de la Academia de Música de Cracovia, Mieczylaw Szlezer, le ratifica que se trata de una melodía tradicional de Opole, capital histórica de la Alta Silesia, de mediados del siglo XIX. Luego, la casualidad le proporciona la confirmación definitiva. Se la dan unos músicos callejeros, bastante mayores, a los que en uno de sus paseos encuentra tocando un estribillo muy parecido a “Asturias, patria querida”. Son ellos quienes le aseguran que esa música la habían aprendido de su madre y que más tarde corrobora con expertos musicólogos con los que estaba citado.

Sin título-2En cuanto a la letra, “Asturias patria querida” ha sufrido algunos cambios a lo largo del tiempo. Es posible que el padre de Ignacio Piñeiro, asturiano, que ya la conocía de su tierra, se la tararease a su hijo en Cuba, quien luego la adaptó a ritmo del son. Esa primera versión no grabada por Piñeiro, solo la llegó a cantar, parece que puede ser la génesis de la letra del actual himno asturiano. Según Fernando de la Puente, éste al conocer en Asturias que su padre había muerto, después de actuar en Oviedo, Cangas de Narcea y Grado, decidió grabar una segunda versión a su paso por Madrid, también en clave de son, pero con un ritmo distinto a la melodía original y una letra que solo coincide en una frase: “Asturias patria querida”. Se trata sobre todo de un canto de tristeza, que quedará registrado en la Habana en 1930, al año siguiente de regresar de su gira por España. Sin embargo, la canción original volverá de nuevo a Asturias gracias a los emigrantes.

Más tarde, en 1934, se pudo escuchar otro texto distinto durante la Revolución de Octubre. Los milicianos la entonaban con un estribillo que decía “Asturias, tierra bravía; Asturias, de luchadores; no hay otra como Asturias, para las revoluciones”, convirtiéndose así en un himno con dos mensajes: “Asturias, patria querida” y “Asturias, tierra bravía”, que comparten protagonismo durante un tiempo hasta que años después retorna de nuevo a su origen. En la década de los años 50 ya se canta en toda en la región como algo propio, y en 1958 Dionisio de la Huerta, alma mater de la conocida prueba deportiva “Descenso del Sella”, animará a todos los participantes y seguidores a entonar momentos antes de la salida “Asturias, patria querida”, quedando institucionalizado desde entonces como himno de la “Fiesta de la Piraguas”. Una popularidad que se consolidará aún más cuando el 27 de abril de 1984 es designada como himno oficial del Principado de Asturias.

Algo similar ha sucedido, con distinto desenlace a día de hoy, con el genial músico Rimsky-Korsakov (1844-1908) y su himno a La Felguera. En este caso se acerca más a una leyenda, pues está solo documentado de forma colateral. Gran compositor y director de orquesta, miembro del grupo de compositores rusos conocido como “Los Cinco”, está considerado un maestro de la orquestación. Entre sus obras más conocidas figura el “Capricho español” basado en melodías de nuestro país. El propio Rimsky-Korsakov lo reflejaba así en su autobiografía “Crónicas de mi vida musical”: “Los temas españoles, más que nada de carácter danzante, me proporcionaron ricos materiales para conseguir algunos efectos orquestales“. Una música que descubrió, en parte, en sus viajes por el mundo como oficial de la marina rusa, con la que hizo al menos una parada técnica en las costas asturianas de la que existe constancia escrita. El “Capricho español” consta de cinco movimientos, de los que cuatro están basados en melodías asturianas. El primero y el tercero recogen una alborada para gaita, que expresa el optimismo de la salida del sol tras la noche de bodas, y en el segundo es bien reconocible la “Danza Prima” que se canta en Asturias alrededor de la hoguera de San Juan. Pero sobre todos sobresale el “Fandango asturiano”, un baile vivo también para gaita con el que concluye la obra.

Rimsky-Korsakov. Retrato de Valentín Seróv, 1898. 01Rimsky-Korsakov, músico ruso autor del “Capricho español”. Retrato de Valentín Seróv, 1898.

En el libro “Aires da Terra. La poesía musical de Galicia”, José Luis Calle dice lo siguiente:
“Según el P. Luis Mª Fernández Espinosa, no sólo Felipe Pedrell le pidió temas para su colección, sino que Rimsky-Korsakov compuso su ‘Capricho Español’ con melodías cedidas a tal efecto por Perfecto Feijoo, siendo intermediario Ramón de Arana. A decir verdad, Korsakov nunca desveló el origen de los temas de su ‘Capricho’, limitándose a afirmar que eran materiales del auténtico folklore español. En realidad están extraídos del cancionero de José Inzenga. La ‘Alborada’ (primera y tercera parte de la obra) y las ‘Variazioni’ (segunda parte) se corresponden con una alborada asturiana para gaita y con una danza prima del mismo origen. La ‘Scena e canto gitano’ (cuarta parte) es una canción en 6/8 tomada de la sección dedicada a Andalucía en el mismo cancionero. Finalmente, el ‘Fandango Asturiano’ procede de una pieza para gaita que también se encuentra en la colección de Inzenga. Estos datos se hicieron públicos por primera vez en el ámbito de la música culta gracias al artículo publicado por la investigadora E. Gordeieva en el número de junio de 1958 de la revista Sovietskaia Muzika”.

Es casi seguro que las partituras originales del “Capricho Español” salieron del cancionero armonizado “Ecos de España” del músico madrileño José Inzenga. Sin embargo, en Asturias circuló la teoría de que las melodías asturianas del “Capricho” podrían venir de una relación epistolar con el también compositor asturiano Anselmo González del Valle; aunque, que se sepa, no ha quedado nada escrito. Del Valle era un gran coleccionista de partituras de todos los géneros de finales del siglo XIX y primeros del XX y su biblioteca musical estaba considerada una de las más importantes de España. De su posible relación con Korsakov recoge algo el diario “El Carbayón” de 20 febrero de 1895, cuando comentando la interpretación de la Sociedad de Conciertos de Madrid del “Capricho español” afirmaba que la partitura de esta obra fue donada por González del Valle a la citada Sociedad. De ahí que se pueda llegar a entender que una obra de esa esencia sea proclive a crear todo un mito a su alrededor. La pura realidad es que la mejor pieza orquestal de música asturiana, o al menos la más conocida, fue compuesta por Rimsky-Korsakov. Se habla incluso de una supuesta estancia suya en Asturias. Una leyenda que llega hasta pueblo de La Felguera, en el concejo de Langreo, donde cuentan que recaló para alejarse del mundanal ruido acompañando a Pedro Duro, fundador de Duro Felguera, una de las empresas siderometalúrgicas más importantes de España. Parece que dos circunstancias podrían sustentar esta afirmación: un himno dedicado a La Felguera y una casa conocida como el “Palacio de Villa”, en la localidad de Riaño, cerca de La Felguera, al pie del monte “Picu Villa”, un paraje muy hermoso entonces, posible testimonio de lo que fuera una pequeña estancia temporal y que aún hoy algunos siguen llamando “La casa de Rimsky”.

Palacio de Villa 01Palacio de Villa en Riaño, perteneciente a Francisco Bernaldo de Quirós, marqués de Camposagrado, donde cuentan que descansó durante una temporada el conocido músico ruso Rimsky-Korsakov. Al fondo se puede ver el hermoso paraje del “Picu Villa”.

Ha quedado claro que Ignacio Piñeiro, músico cubano, es el autor reconocido de “Asturias, patria querida”, una canción de letra sencilla, popular, que identifica a los asturianos y enciende sus sentimientos. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de Rimsky-Korsakov y su himno a La Felguera. Sea o no una leyenda, pues no ha quedado constancia escrita, el gran compositor ruso siempre estará ligado a Asturias por su música. Tal y como expresa un dicho: “En Asturias se entra siempre deprisa para estar el mayor tiempo posible y se sale con dificultad por su hechizo”. 

 


La Felguera, la mina y el himno a Santa Bárbara

septiembre 2, 2014

En el post “Los bolos en Asturias…”, dedicado a este deporte tradicional asturiano y a sus grandes campeones, hicimos referencia a la dura y peligrosa vida de los mineros. La Felguera y la Cuenca del Nalón, zona que conozco por razones personales, han vivido durante mucho tiempo de la riqueza generada por esta arriesgada profesión. Un pueblo, La Felguera, unido a sus aldeas cercanas por pozos mineros, así se conoce el acceso en vertical a las minas subterráneas, tan singulares como Molinucu en Riparape, Rufina en Campanal o Respineo en la aldea del mismo nombre, y de manera muy especial por los pozos Santa Eulalia, Candín o “El Cabritu”, el segundo más profundo de Asturias (693 m.) y Lláscares o Candín 2, unidos ambos en 1973 por su cota base. Un pozo, “El Cabritu”, también llamado “El Pradón” cuando yo lo conocí, situado junto al río Candín en la zona de los valles del Candín y Pajomal, del que aún se conservan los primeros estudios realizados en el siglo XVIII por Gaspar Melchor de Jovellanos, conocido escritor y político, subdelegado de Caminos, cuando la explotación del carbón de hulla todavía se realizaba de manera muy primaria. Unos pozos, los Candín, a los que se unió el pozo Fondón, de la localidad limítrofe de Sama de Langreo, cruzando el río Nalón a 388 m. de profundidad. Su encuentro se produjo con una desviación de pocos centímetros tras un acertado cálculo de la topografía y orografía del otro lado de la ladera de la montaña, en la que también se hallan minas tan emblemáticas como el pozo María Luisa, famoso por un trágico suceso ocurrido en sus entrañas y una canción, himno y estandarte reivindicativo. Todos ellos pertenecientes al Valle del Nalón, cuenca minera que por desgracia está escribiendo sus últimos coletazos.

Pozo Candín- Santa Eulalia 03Castillete del pozo San Eulalia, el segundo más profundo de Asturias, situado entre los valles de Candín y Pajomal, a las afueras de La Felguera.

Antes de seguir adelante, quizás convenga retrotraerse un poco y conocer el origen de su historia minera. En el siglo XIX, Asturias, al igual que la mayor parte de España, basaba su economía en el sector primario. Con una orografía complicada, comunicaciones deficientes, y una falta de inversiones por estos y otros condicionantes, era sin embargo muy rica en yacimientos de carbón, fuente indispensable para el desarrollo industrial. Sus empresas fueron las primeras en utilizar el ferrocarril, no solo como ayuda a la extracción, sino también para llevarlo hasta los puertos y fábricas. A partir de las redes mineras se crea entonces una industria y comercio que pronto se convertirá en el núcleo central de su desarrollo económico. La primera línea de tren de Asturias, y cuarta de España, fue la Gijón-Langreo construida en el período 1852-56, que transportaba el carbón desde los yacimientos de la cuenca del Nalón hasta el puerto de Gijón, sustituyendo, o mejor complementando, a la carretera “La Carbonera” que desde 1842 unía La Felguera con Gijón.

La historia de la minería y la industria del concejo de Langreo, del que La Felguera es su población más importante, se inicia en el último cuarto del siglo XVIII. A pesar de los métodos rudimentarios de extracción del carbón, una de las mayores desventajas a la hora de competir, que persistieron durante mucho tiempo por el tipo de explotación, la actividad minera se convirtió en la gran impulsora de su economía. Al igual que en otros valles mineros, pues eso es en realidad una cuenca, otro de sus problemas era el transporte a los distintos centros industriales. Para solucionarlo, aún no había hecho su aparición el ferrocarril, se pensó en varios sistemas, y con el fin de hacer su coste rentable al final se barajaron solo dos: por carretera, como pretendía Jovellanos, o a través de la canalización del río Nalón. Debemos hacer hincapié que cuando se plantearon estas dos posibilidades en 1791 nada hacía presuponer la revolución que estaba por llegar y que solo cien años más tarde vería al ferrocarril cruzar Asturias de parte a parte y al automóvil circular por sus carreteras, convirtiendo la navegación fluvial en un recuerdo del pasado. Pero la importancia del carbón era ya tan evidente para la economía nacional que se hacía necesario solucionar el grave problema del transporte.  Jovellanos 01

Fue Jovellanos quien propuso abrir una nueva carretera “carbonera” de 35 Km., que suponía acortar el trazado en un 60%, manteniendo a Gijón, uno de los puertos más importantes del Cantábrico, como punto de destino. Una visión profética, y más viniendo de un firme partidario de la apertura de canales en España. ¡¡Pero no en este caso!! Gijonés de nacimiento, conocía muy bien los ríos asturianos y sabía que se trataba de una obra de enormes dificultades. Por eso proponía la solución por carretera.

Sin embargo, aunque el plan de Jovellanos se acabó realizando, el Estado se decidió en un principio por lo que creía la propuesta más ambiciosa: hacer navegable el río Nalón para el transporte de grandes barcazas, conocidas como chalanas, hasta su desembocadura en San Esteban de Pravia (65 Km.). Un proyecto muy caro y de grandes dificultades, pues a las propias de canalizar el río había que sumarle la apertura de caminos que bordeasen su curso para dar servicio y apoyo a las embarcaciones cuando tuviesen que ir a contracorriente, además de la necesaria adaptación del puerto de San Esteban. Las primeras chalanas salieron en noviembre de 1793 y pronto se comprobó que el caudal del río era ingobernable. A las grandes crecidas sucedían períodos de sequía, lo que unido a la poca capacidad de las chalanas y el grave perjuicio causado a los campesinos de las riberas, con el que nadie había contado, dieron al traste con los resultados esperados. Fue un verdadero fracaso. Para colmo, en 1801 una riada se llevó por delante todo el trabajo realizado y nadie se preocupó por volver a reconstruirlo. Una empresa que nació muerta económicamente mucho antes y que obligó a esperar bastantes años para confirmar que el carbón podía ser una actividad rentable.

Hasta aquí pues la breve historia del arranque de la industria minera en la Cuenca del Nalón, que siguió con su buena marcha hasta la llegada de la crisis de los años 60, a la que se añade en 1966 la incorporación de Duro Felguera a Uninsa (Unión de Siderúrgicas Asturianas), posteriormente Ensidesa, y que terminó con el desplazamiento de la actividad productiva y mucha parte de la población hacia Avilés y Gijón. Finalmente, en 1967 el patrimonio minero se integra en Hunosa, y a partir de los años 80 y 90 comienzan los cierres de pozos mineros, que poco a poco están provocando el declive de una cuenca y todo su entramado industrial.

Jaula 01 Mineros saliendo de la “jaula”, cajón de forma rectangular, abierto por las dos caras laterales más pequeñas opuestas, con uno o varios pisos y vías en cada piso, utilizado para el transporte de personal, materiales y mineral. Sobre las vías se colocan los vagones, que normalmente suben llenos y bajan vacíos a la mina. La “jaula” está dotada de cierres en los laterales abiertos y topes para retener los vagones cuando está en movimiento.

Pero la industria minera, siendo muy importante, es algo más que un resultado económico. Están también, y sobre todo, los mineros, un colectivo que con su entrega, compañerismo, y a veces heroísmo, dignifican a esta dura y peligrosa profesión, que venera a su patrona, Santa Bárbara, cada 4 de diciembre. Esta santa peculiar, patrona de las tormentas, pasó a serlo también de los oficios vinculados a los explosivos, y aunque su culto se inicia en el siglo VII, no llegará a España hasta después del impulso dado a la minería por Carlos III. Cuenta la tradición que:
“Un acaudalado noble pagano llamado Dióscoro tenia una hija, Bárbara, admirada por su virtud y belleza, y ferviente creyente. Bárbara entregó su corazón a Dios, rechazando a ilustres patricios que le habían solicitado matrimonio. Debiendo emprender viaje, Dióscoro, bien sea por quitarle a su hija sus influencias cristianas, bien por infringirle un castigo, mandó erigir una torre con dos ventanas y un baño romano adosado con el fin de encerrarla. Bárbara, deseosa de honrar a la Santísima Trinidad, ordenó entonces abrir una tercera ventana, y adosar una cruz en un muro del baño como símbolo de su fe cristiana. Cuando el padre regresó de su largo viaje, viendo el arraigo de su hija cristianizada, enfureció y quiso ejecutarla. Colérico, la arrastró ante el pretor de la provincia y, condenada por un juez, fue conducida al suplicio. El exaltado padre, para mayor escarnio y ejemplo de justicia, exhibe a su torturada hija ante una población aterrada. Pese a las súplicas de Bárbara, el cielo responde velando con nubes oscuras y densa niebla el lugar. La tragedia se cierra con la decapitación de la joven por su propio padre, que acto seguido es fulminado por un rayo”.

Procesión Santa Bárbara 01 Procesión en honor a Santa Bárbara.

Santa Bárbara, no solo es la patrona de los mineros asturianos, es también su himno: “Santa Bárbara bendita”, estandarte de la canción reivindicativa, que vive desde hace mucho tiempo en las profundas y estrechas galerías que recorren las minas asturianas. Es la santa a la que la mayoría se encomendaba cada día antes de partir hacia el tajo, plegaria que se recuerda en los momentos difíciles, y a quien rezar en las iglesias y nombrar en los funerales. Pero es también una canción emblemática, una de las más repetidas en las “marchas negras” de protesta en busca de un futuro mejor para la minería. Pese a su carácter dramático y de protesta, sin embargo se se cree que en su origen fue una alegre melodía interpretada en fiestas y tabernas a finales del siglo XIX o principios del XX. No se sabe con exactitud. Lo que si está claro es que fueron los mineros asturianos quienes cambiaron su letra y la utilizaron como un himno que cuenta una historia trágica: “el regreso a casa de un minero que relata a su mujer, Maruxina, como un accidente en una galería le costó la vida a varios compañeros. Un relato habitual, por desgracia durante décadas, en las cuencas mineras asturianas y de otras regiones. Un minero que narra como llega a su domicilio con una herida en la cabeza y la camisa ensangrentada”. Una versión que pasó a llamarse “En el pozo María Luisa”, en referencia y recuerdo al trágico accidente ocurrido en esta mina situada en la Cuenca del Nalón, en Ciaño, un pueblo muy cercano a La Felguera.

“Santa Bárbara bendita”- “En el pozo María Luisa”
Sin título-2


Coro minero de Turón interpretando “En el pozo María Luisa” en TV.

En el año 1949 se escribió una de las páginas más dolorosas de la minería asturiana: 16 mineros perdieron la vida en el pozo María Luisa tras una explosión de grisú. A partir de entonces, a “Santa Bárbara bendita”, que ya era su himno, se le incorporó una estrofa que cuenta lo sucedido. Los propios mineros decidieron “bautizarla” como “En el pozo María Luisa”, quizás uno de los tres himnos, junto a “Asturias Patria Querida” y “Chalaneru”, más entonados de Asturias. La minería ha hecho correr ríos de tinta casi siempre por circunstancias difíciles. Basta con “sentir” lo que un hijo le dice a su madre en la canción “A la madre del mineru” que suena de fondo en el video final, o lo dicho en el post “Los bolos en Asturias…”: “… Finalizada su jornada de trabajo, para los mineros siempre había una obligación antes de ir a ‘echar la partida a los bolos’: lo primero era pasar por sus casas para decir ¡¡aquí estamos, seguimos ‘vivos’!! Tan grande era, y sigue siendo, el peligro de la mina que existían unos ritos previos de obligado cumplimiento”. Tal vez sea el momento de prometerle a Santa Bárbara que no solo nos vamos a acordar de ella cuando truena, sino también cuando la emoción nos embarga. Como cuando entonamos “Maruxina”, “Santa Bárbara bendita” o “En el pozo María Luisa”. Una canción de culto y profundamente arraigada.


Precioso video dedicado a los mineros, madres y esposas, con la emotiva canción “A la madre del mineru” sonando de fondo, interpretada por Anabel Santiago. Así dice su letra:
“Un guaje decia a so madre; madre, yo voy pa la mina, yo quiero ser picaor, aunque me cueste la vida. El guaje a la mina fue y na mina se murió, cuando diba pa la mina, el cantaba esta canción: “En na mina canto yo, pa la mina voy cantando, cuando vengo de la mina, topo a mio madre llorando”. Y la madre del chaval, bien sabìa por que lloraba, lloraba porque aquel fìu, que na mina traballaba, pe la mañana temprano, el so lámpara empuñaba, pela galerìa alantre, ella sabìa que cantaba: “La mina ye una trinchera, los mineros los soldaos, el grisù la bayoneta, los derrabes cañonazos”. Al subìr al colaeru, un tallu se derrababa, y envueltu ente la madera y tambièn entre el carbòn, cola angustia de la muerte, el clamiaba un picaor, y un picaor valiente, de coraje y energìa, fizo todo lo que pudo, por salvai a él la vida y ya con voz de agonìa, deciai al picaor, dile a mio madre querida, que ya muero sin cumplir, la deuda que le ofrecìa y aquel picaor valiente, abrazándose al chaval, con sollozu na garganta, entonaba esti cantar: “Todos los mineros llevan grabau en el corazòn, nel corazòn, Santa Bàrbara bendita, con el polvo del carbón”.


Canciones con historia: “Son tus perjúmenes mujer”. Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina

marzo 4, 2014

Canción autóctona del folklore de Nicaragua, fue el primer tema grabado en España por Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina. Recopilada su letra por “Los Bisturices Armónicos”, un grupo formado por tres prestigiosos médicos, de ahí el término “bisturices”, Mejía Godoy hizo los arreglos musicales que hoy conocemos. De línea divertida, romántica, y ritmo melódico, muy distinta a sus canciones testimoniales contra la dictadura de Anastasio Somoza, irrumpió con fuerza en el panorama discográfico español. Todo un boom comercial en el verano de 1977.

Sin título 01En ese año 1977 en España también se cerraba una época. No solo política, sino también musical. En casi todos los campos el espíritu imperante parecía ser el de “borrón y cuenta nueva”. Algo que por ansiado y reivindicado no tendría que resultar extraño, en cierto modo había cogido a la mayoría por sorpresa. A partir de entonces la llamada “canción del verano” no volvería a ser la misma. Grupos y cantantes que habían logrado la consolidación de un género se encontraron en un aparente callejón sin salida: !!de repente, las preferencias del público habían cambiado¡¡ Pronto se dieron cuenta que las baladas italianas, las canciones desenfadadas de Georgie Dann o Raffaella Carrá y la música “dance” se estaban imponiendo con fuerza. En ese marco surgen los grandes éxitos como “El último guateque” (Laredo), homenaje, a la par que despedida, a los hits de los sesenta: ¡¡el guateque ha muerto, viva la discoteca!!, y un amplio espectro formado, entre otros, por “Enséñame a cantar” (Micky), “Mi cafetal” (Georgie Dann), “Gavilán o paloma” (Pablo Abraira), “Credo” (Elsa Baeza), “Te amo” (Umberto Tozzi), “Yes sir I can boggie” (Báccara), “Linda” (Miguel Bosé) o “Fiesta” (Raffaella Carrá). También los muy discotequeros “My Baker” (Boney M), “Fiebre del sábado noche” (The Bee Gees), “Hotel California” (Eagles), o los siempre actuales “We will rock you” y “We are the champions” (Queen). Y justo ahí, en ese contexto, es donde debemos situar a “Son tus perjúmenes mujer” para valorar su triunfo en aquel verano del 77.

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Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina en 1977 interpretando “Son tus perjúmenes mujer” en TVE.

“Son tus perjúmenes mujer” es una canción muy relacionada, en cierta manera, con La Felguera y Tuilla, dos localidades cercanas de Asturias. Recién aterrizados, y antes de acudir a los estudios de grabación de la firma CBS en Madrid, Mejía Godoy y su grupo decidieron hacerle primero una visita en su pueblo de Tuilla a su amigo el sacerdote Carlos García Laviana, misionero, y más tarde guerrillero contra la dictadura de Somoza. Un pueblo que aún presume de ser el primer sitio de España donde Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina entonaron aquello de los “perjúmenes” antes de que se hicieran famosos. Así lo cuenta el propio Mejía Godoy en un foro dedicado de su amigo:

En la primavera de 1977 fui testigo de su última visita a Asturias. Yo había hecho ya contactos con la casa de discos, pero la canción “Son tus perjúmenes mujer” no había empezado a sonar aún. Hubo una misa campesina en la parroquia de Tuilla, en Langreo. Lo recuerdo todo clarito. Recuerdo que hacía un tiempo precioso, aquel verdor, la gente. En el cántico de despedida había una frase que se refería al Gaspar campesino. Me volví a mirarle y él me guiñó el ojo como diciendo: ”Ese soy yo”.

Fue muy hermosa aquella misa, su eucaristía de despedida, y fue lindo porque después fuimos con su familia a beber sidra y a comer gambas. Una escena que nunca olvidaré fue cuando me presentó a su madre: “La asturiana más guapa de esta tierra”, me dijo. La tomó en brazos y la señora gritaba: “Gaspar, Gaspar, me vas a matar, me vas a quebrar los huesos”, y Gaspar la besaba como a una niña. Me emocionó muchísimo y me hizo recordar a mi madre, que afortunadamente aún vive.

Después bajamos a visitar la mina. Su padre había sido minero y parte de su familia también había trabajado en el pozo. Fue muy impresionante. Nos pusimos los cascos y Gaspar me decía que no había tanto peligro como antaño, que ahora había medidas de seguridad. A la salida nos hicimos una foto.

Se sentía gozoso de regresar a Nicaragua todo su espíritu batallador y con todo ese cristianismo militante fortísimo, como un verdadero soldado de Cristo. Gaspar García ha sido un ejemplo para toda mi vida, a pesar de que mi militancia política se fue diluyendo por todos los acontecimientos transcurridos en Nicaragua. Yo me separé del Frente Sandinista, pero no me separé del sandinismo, que es donde yo me encuentro con Gaspar y siento su presencia, su palabra viva, su ejemplo. Veo a Gaspar diciéndome: “Carlos, agarra bien la guitarra, agarra bien el acordeón, vos tenéis que seguir dando testimonio por la justicia de este pueblo”.

Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina 01Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina durante una de sus actuaciones “improvisadas” a pie de calle.

En otro artículo recuerda también como en el mes de abril de ese mismo año 1977, para celebrar el contrato con la CBS y el lanzamiento de su primer disco, recibieron la visita de otro amigo sacerdote, Victoriano Arizti, con el que habían coincidido en Nicaragua, que se había desplazado desde Vitoria hasta Madrid para apoyarles en su aventura española:

La viejita de Mozambique
Homenaje al P. Victoriano Arizti después de su muerte”.
Aquella mañana soleada de abril de 1977, íbamos los Palacagüina, mi esposa Evelyne y yo como en una lata de sardinas a bordo del Seat que conducía el sacerdote Victoriano Arizti. El cura vasco había bajado de Vitoria a Madrid, para celebrar con nosotros el contrato con la CBS para el lanzamiento de nuestro primer disco internacional.

-¿Veis aquellos picos nevados?- preguntó Victoriano señalando las montañas del norte madrileño. –Hacia allá nos dirigimos, para que estos indios nicaragüenses conozcan la nieve-. El cura enrumbó su carrito hacia Navacerrada, pero al pasar por Plaza España nos relató una anécdota, que yo jamás olvidaré.
-Este es el monumento a Cervantes. Ahí está el escritor sentado. Tras él, cada uno en su cabalgadura, los dos personajes de su famosa novela: Don Quijote y Sancho. Pues bien –prosiguió Arizti- aquí me detuve hace algunos años y, con una bolsa plástica y una cuchara, recogí unos gramos de tierra para llevarlos a una mujer española, que desde hace cuarenta años vive Mozambique. Esa anciana madrileña posiblemente jamás regresará a su país y me pidió que le llevara esa “tierrita” para que se la pongan junto a su féretro el día que muera.

Todos quedamos impactados por aquella historia estremecedora. Pero, a partir de ese momento, cierto cantor somoteño no tuvo sosiego. Hurgué en mis bolsillos un trozo de papel y empecé a aliñar el primer verso de una nueva canción:
“Yo soy Victoriano, trotamundo vasco
Llegué a Mozambique buscando una flor…”
En Navacerrada, mientras los Palacagüina añoraban una botella de sirope de tamarindo para prepararse un mega-raspado, yo me retiré a seguir escribiendo lo que en un inicio me parecía un tango y, al final, resultó un valsesito de pura cavanga. Aquella noche, después de la cena, diseñamos la sorpresa. Mi esposa Evelyne preparó las condiciones idóneas. Invitamos a Victoriano a tomar un coñac en nuestra habitación y sin mayores preámbulos me puse el acordeón y le dije al cura: ¿Te suena esto, hermano? El padre Arizti tenía los ojos húmedos al escuchar su historia convertida en canción. Así nació este homenaje a un hombre extraordinario, que –desde la más lejana galaxia- sigue amando a Nicaragua.

Misa solemne en la iglesia parroquial de La Felguera el día de su patrono San Pedro. Templo donde en 1977 Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina celebraron su fiesta cantando la “Misa Campesina”.

Pocos meses más tarde, a principios del verano, Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina actuaron en La Felguera, en sus fiestas patronales de San Pedro. Pueblo cercano al de su amigo Gaspar, allí también dejaron huella “Son tus perjúmenes mujer” a punto de convertirse en el gran boom musical. Muchos felguerinos aún recuerdan al grupo nicaragüense, no solo por su actuación en las fiestas, sino también por su desinteresada colaboración en la misa celebrada en la Iglesia Parroquial para honrar a su patrono donde entonaron su famosa “Misa Campesina”. Y no solo eso, durante aquellos días se divirtieron con todo el pueblo en los distintos actos programados, y de forma muy especial de su Jira de Castandiello, una romería tradicional a la que acude gran cantidad de gente hasta una pradera cercana (“El Prau de la Jira”) para disfrutar de una merienda campestre y diversos actos típicos. Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina nunca se olvidaron de La Felguera (siguieron repitiendo años más tarde), y siempre participaron en las costumbres de un pueblo que los trataba como a unos felguerinos más.

Un año más tarde, en 1978, se volvieron a encontrar en La Felguera con su amigo Gaspar García Laviana por última vez. Lo comenta así Mejía Godoy:

A mediados del año 1978, cuando recorríamos todas las regiones y provincias de España, recibimos la noticia: Gaspar García Laviana ha regresado a su tierra natal, Asturias. Pero no viene a pasar vacaciones, como otras veces. Viene a despedirse de su familia y de sus amigos, ya que ha tomado la firma decisión de integrarse a las fuerzas guerrilleras que combaten en el Frente Sur. Hablé con nuestro manager para suspender tres galas en Extremadura y viajar a Asturias, donde el Padre García Laviana venía a celebrar su última misa. Ya para entonces, nuestra obra era ampliamente conocida en la Península Ibérica.

Y en la iglesia parroquial de La Felguera, frente a la cuenca minera de Tuilla, con la participación de un orfeón de niños asturianos, Gaspar cantó con nosotros la más hermosa Eucaristía que hemos celebrado. En la Homilía, el sacerdote leyó aquella emotiva estampa en la que Cristo expulsa a latigazos a los mercaderes del templo. Basándose en dicho pasaje, Gaspar explica que él únicamente seguirá el ejemplo de Jesús, integrándose a la lucha de todo un pueblo. Y mientras entonábamos, “con un torozón en la garganta”, el Canto de despedida, centenares de familiares, vecinos y amigos de Gaspar desfilaron ante el altar para darle un abrazo y desearle lo mejor en su heroico desafío. Muchos derramaron lágrimas. Gaspar lucía su mejor sonrisa, como si se preparaba para una fiesta. Y tenía razón. Porque la lucha libertaria es la más hermosa de todas.

1Carlos Mejía Godoy nació en 1943 en Somoto, Madriz (Nicaragua). Compositor y cantante, en sus temas siempre ha estado presente un fuerte compromiso social y político. Desde muy joven se involucró en el proceso revolucionario que acabaría con la dictadura de Anastasio Somoza. Derrochando picardía y buen humor, le gustaba recurrir al lenguaje popular para celebrar personajes como “Panchito Escombros”, “María de los Guardias” o “Quincho Barrilete”, en un tono de denuncia y a veces con fina ironía. Su álbum “Misa Campesina” (1975), en el que funde la liturgia cristiana, el lenguaje misquito (propio de los indígenas de la parte atlántica de su país) y la música tradicional fue un rotundo éxito. Dos de sus canciones, “El Cristo de Palacagüina” y “Credo”, se hicieron muy populares en España en la voz de Elsa Baeza.

En 1977 recala en nuestro país, siendo su primera colaboración musical “María de los Guardias” (incluida en el álbum “Carabina 30-30” de Massiel). Ese mismo año su canción “Quincho Barrilete”, interpretada en esta ocasión por Eduardo González, resultó ganadora del festival de la OTI. Sus éxitos como compositor se suceden con rapidez y piensa que ha llegado el momento de retomar su faceta de intérprete con su grupo Los de Palacagüina. Les ficha la firma CBS y editan  “Son tus perjúmenes, mujer”, su primer sencillo, canción que arrasa en las listas de ventas., al que se suman, además de los ya citados antes, otros como “Clodomiro el Ñajo” y una versión más pop de su “Misa Campesina” en la que colaboraron grandes voces del panorama musical español como Víctor Manuel y Ana Belén, Sergio y Estíbaliz, Laredo, Elsa Baeza y Miguel Bosé.

Al estallar la revolución nicaragüense en el verano de 1979, pese a gozar de una gran popularidad en España, deciden regresar a su país para estar al lado de su gente. Una vez finalizada la contienda, aunque reducen bastante sus grabaciones, continúan con sus actuaciones en directo con giras por diferentes países. El nombre de Carlos Mejía Godoy ha trascendido fronteras hasta convertirse hoy en un personaje popular que conjuga facetas tan variadas como la danza y la pintura y, como no, su querida y admirada música. Al lado de sus inseparables Los de Palacagüina, siempre que sus compromisos artísticos se lo permiten, sigue actuando en La Casa de los Mejía Godoy en su país, mientras continua forjando un sentido de identidad inspirado en su música popular.


Carlos Mejía Godoy en la actualidad cuenta y canta la historia de su obra.

Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina no eran grandes artistas, pero tenían mucha fuerza y toda una historia detrás. En la España del 77, recién salida a la democracia e iniciada la Transición, sus canciones sonaban alegres y comerciales, y su música, instrumental y vocal, dejaba una alegría contagiosa. “Son tus perjúmenes mujer”, canción cadenciosa y festiva, fue el gran éxito de aquel verano donde la juventud tomó por bandera su verbo “sulibeyar”..


Los bolos en Asturias en los años 50 y 60. La Felguera y los ases de la “cuatreada”

junio 3, 2013

Los bolos son un deporte que me retrotrae a la niñez. No en vano mi padre fue uno de los ases de la “cuatreada” en las décadas 50 y 60. Modalidad por excelencia en Asturias eran el juego de distracción de todas las clases sociales. En especial obreros y campesinos y sobre todo mineros; aunque para éstos, finalizada su jornada de trabajo, siempre había una obligación primera antes de ir a “echar la partida”: pasar por sus casas para decir… ¡¡aquí estamos, seguimos “vivos”!! Tan grande era, y sigue siendo, el peligro de la mina que había ritos de obligado cumplimiento. Después, tras una buen ‘aseo’ y reponer ‘fuerzas’, ya llegaría el momento de relajarse. Y para ello que mejor que darse una vuelta por los ‘chigres’ del entorno y, acompañados por los amigos y unas sabrosas botellas de sidra, jugar una partida a los bolos, a las cartas o a la llave.

Concurso de bolos en Villamayor 1915Concurso de bolos celebrado en Villamayor (Piloña). Foto Modesto Montoto 1915

En los primeros años del siglo XX en Asturias ya había un gran ambiente bolístico. Estamos hablando de unos años en que los deportes “tradicionales” son el auténtico entretenimiento, ¡¡no había otros!!, pues apenas se notaba el llamado deporte “moderno”. Tan grande era la afición por los bolos que hasta los emigrantes los llevaron por tierras de América a sus Centros Asturianos. ¡¡Una forma de añorar la “tierrina” que tanto costaba dejar!!

Los primeros Campeonatos Provinciales de bolos, con valiosos trofeos e importantes cantidades de dinero en premios, se comenzaron a organizar en los años 30. Concursos, retos y apuestas estaban a la orden del día, aunque por encima de todo primaba el entretenimiento y la diversión. En muchos establecimientos las apuestas entre los jugadores consistían en los famosos “vales” que se daban en pago al vencedor de la “partida” para luego consumir en el bar.

Quinteto La Prueba. La FelgueraEquipo de bolos de la peña “La Prueba” (La Felguera) formado por Manolín “Canal”, Celedonio, José Gundes, Felipe, Tino y Aquilino subcampeones y campeones de Asturias en 1931 y 1932

Fueron unos años donde la proliferación de peñas bolísticas incrementó la pasión por el juego y los campeonatos por quintetos alcanzaron un gran éxito. De las muchas peñas de gran calidad destacaron entre otras “La Ideal Rosales” de Oviedo, con los hermanos Poloncio I y II, y “La Prueba” de La Felguera, campeón y subcampeón de Asturias en 1931 y 32 y varias más campeón de Langreo, con Felipe de Barros y un joven Manolín “Canal” que iniciaba su andadura como uno de los mejores pulgaristas habidos en este deporte. La Guerra Civil truncó, aunque fuese de manera temporal, esta gran expansión de los bolos. Un tiempo bastante más largo que la propia contienda. La clase trabajadora fue la que sufrió las mayores consecuencias, pues bastante tenía con recuperarse moral y físicamente de las grandes secuelas sufridas. Las ganas por divertirse habían pasado a un segundo plano. De ahí se dice que nació una frase que se oye mucho en Asturias: ¡¡desarmose la bolera!!, cuando alguien quiere poner énfasis a un mal resultado en circunstancias difíciles.

Es a partir de los años 40 cuando se vuelven a recuperar las ilusiones por proseguir con una vida “normal”. El juego de los bolos inicia un gran despegue que duraría hasta bien entrados los 70. Fueron más de 30 años de esplendor, la actividad popular por excelencia que alcanza su punto álgido en las décadas 50 y 60. Creció mucho el número de jugadores y peñas bolísticas, se multiplicaron los torneos, campeonatos y concursos, y la prensa escrita dedicaba secciones enteras a su seguimiento. Grandes impulsores con sus crónicas fueron Buforn, habitual comentarista para toda Asturias del diario Región, y Antonio Salazar, cronista local para la zona de Langreo. Los bolos se convertían de nuevo en un deporte totalmente enraizado en la sociedad y un hecho cultural relevante.

Canal. Bolera Florin- La Felguera 01Entrega de trofeos en uno de los campeonatos de la zona de Langreo celebrado en la bolera Florin. Entre los premiados se encuentran reconocidos jugadores como Canal, gran figura de los bolos, El Zurdo de La Moral, Mel II y Casero. En la parte superior de la imagen, a la derecha, se puede ver también a Buforn, cronista del periódico Región, diario ya desaparecido

Langreo, y en especial La Felguera, fue uno de los lugares que con más pasión vivió este auge. Muchos de los mejores encuentros entre los grandes campeones se disputaron en sus boleras. Gran cantidad de aficionados venidos de toda Asturias se daban cita para presenciar las partidas de estos ases del deporte. Boleras como ”Casa Florín”, “Casa Vaqueros” o “El Molín de Argüelles”, en La Felguera, “El Piringüelu” en Pando, y Casa Miguelón en Sama, por citar algunas, concitaban toda la atención de los bolos en muchas de sus partidas.

La bolera Florín, en el barrio del Frontón de La Felguera, sin duda fue la más importante y una de las mejores boleras de toda la provincia. Dotada de los mayores “adelantos” técnicos para la época, pionera en la implantación del marcador electrónico, algo impensable, y recogida automática de bolas, fue también una de las primeras boleras cubiertas de Asturias. Hasta disponía de un complejo lúdico con grandes espacios para juegos como la llave o la rana y zonas de entretenimiento para niños y mayores, no faltando lugares de descanso para las familias poder disfrutar de una magnífica merienda. Su dueño y mentor, Florentino Alonso Granda, “Florín de La Felguera”, uno de los mejores organizadores que ha tenido la “cuatreada”, fue un gran impulsor de los bolos con competiciones tan emblemáticas como el Campeonato de Ases, el Torneo de Aficionados, el Trofeo 18 de Julio o la Copa del Ministro de Trabajo.

Bolera Florin. Ana Mariscal. Antonio Salazar y BufornGran premio de bolos de las Fiestas de San Pedro de La Felguera celebrado en Casa Florín. En la foto se pueden ver al propio Florín, en el castro de la bolera y con chaleco blanco, y en la mesa de la organización, aparte de los directivos de la Sociedad de Festejos, a la actriz y directora de cine Ana Mariscal, que dirigió entre otras la película “Hola muchacho” rodada en la Universidad Laboral de Córdoba, y Antonio Salazar, cronista de prensa local

Fueron años de grandes concursos y torneos dirigidos por los Comités Bolisticos de zona (Oviedo, Gijón, Langreo, etc.), la Obra Sindical de Educación y Descanso, las Comisiones de Fiestas de los Ayuntamientos, y los propios hosteleros, muy involucrados también en el deporte de los bolos. Por citar algunos: en 1947 la Obra Sindical de Educación y Descanso organiza el Primer Trofeo Ministro de Trabajo; en 1949, Florín pone en marcha el Campeonato de Ases, una final entre los campeones designados por las Peñas Bolísticas; más tarde, en 1953, se celebra el Trofeo Provincial de Hogares del Productor y el Trofeo de Empresas, y ese mismo año se crea el Campeonato Provincial de Aficionados.

Algunos de esos torneos se jugaban por el sistema de eliminatorias por zonas, con una gran final a celebrar en la magnífica bolera cubierta ovetense de “La Ideal Rosales”, y en más de una ocasión también en “Casa Florín”. Grandes quintetos ganadores fueron la propia “Peña Florín” de La Felguera, la Fábrica de Armas de Oviedo, el Hogar del Productor de  Oviedo, el Hogar del Productor de Begoña (Gijón), Hulleras de Turón, el Hogar del Productor de Barros, Carbones de Langreo y la Mina Mosquitera. De sus componentes merece la pena destacar a figuras como Canal, Madera, Gerardo, Mel, Faeo y Felipe de la “Peña Florín”, Carrete y alguno de los anteriores de “Carbones de Langreo” (trabajadores del pozo minero Santa Eulalia, también conocido por “El Cabritu”), todos de la zona de Langreo, Magdalena de Gijón, Poloncio II y Manolin de Rita de Oviedo y Máquina y Florín de Turón, entre otros.

En los años 50 y 60 también alcanzaron gran popularidad los campeonatos individuales y por parejas. Fueron las décadas por excelencia de los grandes “roscadores” de la “cuatreada” como Magdalena y Titi de Gijón, los hermanos Poloncio, Reinerio y Llaneza de Oviedo, Canal de La Felguera, “El Portu” de Barros, Alvarín de Molledo, Moro, Rogelio y Morica de Siero, Florín de Turón, “El Roxu” de Olloniego y Otilio y Desiderio de Pumarabule.

Canal. Peña Florin- La Felguera. Campeones de AsturiasEquipo de la Peña Florín, campeón de Asturias por quintetos. En la foto se puede ver a Canal, Madera, Gerardo, Mel y Faeo. También está el propio Florín, agachado, a la izquierda de la imagen

Al igual que en otros deportes, alrededor de las partidas de bolos han sucedido anécdotas muy curiosas. Unas protagonizadas por los grandes campeones y otras por el expectante público que les seguía con pasión. Son muchas las que han pasado a formar parte de la leyenda. Citaré solo algunas, comenzando por Cajetilla, para muchos el mejor jugador de la historia, que asombró allá por los años 30 no solo con su juego, sino también por lo todo lo que rodeaba a sus partidas de bolos. Hay quien sostiene que su nombre o apodo se debe a que en una ocasión retó a un compañero a ver quien “pegaba” con la bola a una cajetilla de cigarrillos colocada en el castro de la bolera. Cuentan que, al tiempo que el envoltorio iba rodando de un lado para otro, Cajetilla casi siempre acertaba a la primera.

Raimundo Sánchez Suárez, Cajetilla, posiblemente la máxima leyenda de la “cuatreada”, como muchos mitos tuvo una vida corta, falleciendo en 1949. Figura indiscutible, dicen que era capaz de “cuatriar” en blanco a la pequeña y llevar el biche sin tirar el bolo mayor.Cajetilla Las pocas veces que perdió casi siempre había apuestas por el medio. De ahí que los “viejos” aficionados aún afirmen que era porque había tongo. Algunos testimonios señalan que en la bolera de Miguelón en Sama hubo personas que llegaron a saltar al castro con una pistola, gritándole: “Si te vendes te pegamos cuatro tiros”. Contaba Florín, el gran organizador de La Felguera, testigo de sus actuaciones, que antes de empezar solía ir al castro a tocarlo con el pie y que algunos aficionados, al verlo, le decían: ¡¡ni te arrimes ahí!!. Creían que quería manipularlo para colocar bien la bola y buscar sus efectos. Su comportamiento, su forma de jugar y su estilo, contribuyeron sin duda a acrecentar el mito.

No era raro ver a Cajetilla acudir a un concurso y tras sacar un record de bolos vender la marca a cualquier aficionado que quisiera comprarla, que al ser muy alta entendía que nadie la superaría. Hay testimonios que afirman que llegó a cambiar alguna de sus tiradas por un habano y que incluso ganó más de un certamen importante después de haber vendido hasta tres puntuaciones. Algún veterano aficionado aún cuenta que en un concurso sus competidores le recriminaron por tirar solo con sus bolas. En aquellos tiempos estaba permitido que cada jugador pudiese utilizar sus propias bolas en los concursos. Las llevaba en un pequeño saco de tela y decían que tenían dos agujeros para colocar los dedos y dar más efecto en el tiro. Como iba ganando con mucha claridad, las protestas arreciaban por momentos. Al final, a Cajetilla se le hincharon tanto las narices que cambió sus bolas por las sus contrincantes, y… ganó una vez más.

Sus desafíos tras la Guerra Civil contra Magdalena fueron apoteósicos, forman parte de las partidas más relevantes en la historia de los bolos. En los años 40 se vive el mejor momento de sus grandes duelos mano a mano. Eran retos a cuatro partidas que llegaron a mover a miles de aficionados por las boleras de Asturias. Hasta se fletaban trenes. Cajetilla siempre estaba lanzando retos, jugando desafíos o participando en todo tipo de concursos. La gente acudía sólo por verle entrenar y llenaba las boleras buscando el mejor sitio para el “espectáculo”. Para muchos fue el mejor jugador de bolos de todos los tiempos, ídolo de jugadores y aficionados y protagonista indiscutible de una época en la que compartió cartel con su gran rival Magdalena, quizás la gran figura de los años 50.

Canal. Bolera Florin- La Felguera 02Entrega de trofeos en uno de los grandes premios celebrados en Casa Florín. Entre los ganadores se puede ver a Castro y Suárez de Sotrondio, acompañados por otras grandes figuras de los bolos como Canal y El Roxin. También se encuentra Buforn, cronista especializado en el deporte de los bolos

Otro protagonista de un rosario de anécdotas tanto dentro como fuera de las canchas, gran jugador de bolos, fue Alvarín, más conocido por “Alvarín de Molleo”, y también por “La atómica del pulgar”, su mano “buena” y una de las mejores de todos los tiempos. Anécdotas muy divertidas que dichas por el propio protagonista le dan un mayor grado de verosimilitud. Aparte de gran campeón, Alvarín era un personaje habitual en los desafíos. Cuenta Alvarín: “Jugábamos perres (dinero), los lunes en Casa Miguelón en el Parque de Sama, los martes en Pola de Siero en boleras Moro y los jueves en Pola de Laviana, en Casa Fefa, primero, y más tarde en el Hogar. Si tenía un poco de tiempo esos días no fallaba. Llegabas y concertabas partidas con Florín, Colunga, Riesgo o los Poloncios”. A costa de sus famosas zapatillas que traían grabado: campeón de Asturias, comenta de forma jocosa: “Jugué con ellas la final del Vereterra contra Morica y perdí, me sentí ridículo con las dichosas zapatillas”. Cuando en 1959 se clasifica para la final del campeonato de Ases celebrada en la bolera de Caveda, que perdió contra Llaneza, gran dominador del momento, se explayó diciendo una vez terminado: “Venía de ganar a Rubén en semifinales. Se jugaba a doble partida, por la mañana gané pero luego comí una fabada y por la tarde no podía moverme. Siempre recuerdo lo mal que me sentaron aquelles fabes”.

Alvarín y su amigo “El Tordín de Frieres”, famoso cantante de la tonada asturiana, fueron inseparables en sus correrías por las boleras, antes, y sobre todo después, de cada partida. Una de sus pasiones era la canción, que por cierto hacía muy bien, así que cada cual se imagine como acababa todo al final. Reconocido como uno de los mejores, sino el mejor pulgarista que ha habido en el juego de la “cuatreada”, uno de los rasgos que sus rivales más recuerdan de Alvarín era que siempre tenía una explicación para las derrotas: “les fabes de Caveda” o “los bolos de la peña Reculta que eran muy grandes” son dos de las muchas de este gran personaje. A su gran juego para el pulgar le acompañaban unas condiciones innatas para la tonada y el monólogo festivo. Se puede decir que su estrella aumentaba hasta límites insospechados cuando cantaba junto a “El Tordín” días y noches por las boleras. Muchos jugadores y veteranos aficionados sostienen que: “si se hubiera cuidado sólo un poco habría podido ser uno de los mejores jugadores de bolos de todos los tiempos”. Hay quien asegura, y esto si que es leyenda, “que le vio jugar disfrazado de mujer en un Carmín de la Pola”.

Los grandes torneos de bolos celebrados en “Casa Florín” sirvieron no solo de consagración de los ases de la “cuatreada”, sino de promoción para muchos jóvenes campeones en ciernes. Ese fue el caso de Alvarín (Álvaro Palacio). Se proclamó campeón de Langreo con tan solo 16 años en una gran final ganada a Faeo de Barros, veterano y excelente jugador de la zona. Años más tarde, cuando ya era una gran figura, el propio Florín escribía en el periódico El Comercio, bajo la firma de Granda: “Alvarín es uno de los grandes valores que crecieron en el torneo de aficionados de Langreo”. Campeón en dos ocasiones del Torneo de Ases de Caveda y cuatro años campeón de Asturias por equipos con la peña Magdalena, marcó una época en los años 50 a 70.

Canal. Bolera El Piringüelu- Pando. Con subtítulo 02Después de una etapa de esplendor, los años 70 dieron paso a una decadencia paulatina de los bolos. Unos años dominados por otra gran figura, Castro, jugador  que ya había destacado en la década anterior. Sus partidas siempre levantaban expectación. Sigue siendo muy recordada la final que en 1972 ganó a Alvarín en la Semana Bolística de La Felguera, uno de los grandes campeonatos regionales. El diario Región la calificaba de “broche de oro y sensacional mano a mano entre dos colosos de nuestro deporte”. Buforn, el reconocido cronista de bolos, decía: “Uno de los mayores llenos de esta I Gran Semana Bolística de La Felguera, para ver en la última jornada a los grandes especialistas de nuestro deporte: Castro, con el máximo título de la especialidad, y Alvarín, el gallito provincial. Los aficionados esperaban una buena lucha pero no ha sido así ya que Castro, como un coloso, se impuso sacando una ventaja de diez juegos de diferencia que dicen bastante de la forma arrolladora del campeón de España”.

Raro era el torneo en el que Castro no aparecía en el podium de vencedores. Durante años llenó páginas y páginas en la prensa escrita. De sus viajes a México, donde sus partidas siempre despertaban gran interés, el propio Castro recuerda una curiosa anécdota: “Me quedaba la pequeña para ganar, lancé y antes de que la bola posara ya estaban aplaudiendo. ¡¡La hice!!. Un señor que estaba allí, en primera fila, salió al castro y, con un cayau, tiró los bolos diciendo que aquella jugada valía dos mil pesos, y mientras hablaba me tendía el dinero. ¡¡Esto es más difícil que cualquier penalty de los que mete Di Stéfano!!”, aseguraba.

No quiero terminar este artículo sin hacer mención a Magdalena, Manuel Magdalena Cocaño, seguramente el mejor jugador de las décadas 50 y 60 y gran rival de Cajetilla. Inició su carrera con tan solo 14 años y se mantuvo en la cumbre de manera ininterrumpida más de cuarenta. Sus triunfos son innumerables. Amén de muchos otros, fue dos veces ganador del Torneo de Ases de Caveda, considerado el campeonato de Asturias, ocho veces campeón de Gijón, varias de los Trofeos 18 de julio y San Pedro en La Felguera en la bolera Florin, y ganador de infinidad de concursos. Protagonista de grandes retos con otros jugadores famosos, pasó por todas las boleras de Asturias acompañado siempre de su conducta y nobleza como persona. Nunca faltó a las partidas anunciadas. Cuando no disponía de medios de locomoción, incluso llegó a recorrer a pie muchos kilómetros para cumplir con sus compromisos.Magdalena Fue tan grande su reconocimiento que un grupo de aficionados fundó una peña en su honor (Peña Deportiva Magdalena), que siguió paseando su nombre y el buen sabor de los bolos por toda Asturias.

Las partidas de bolos de Magdalena no dejaban a nadie indiferente. Sobre todo las celebradas contra su gran rival Cajetilla. Seguidas por miles de personas, con las boleras llenas hasta los topes, se cruzaban fuertes apuestas, muchas a su favor. Aunque Cajetilla era el mito, perdió bastantes veces contra Magdalena, que ya en los años 40 estaba siempre arriba en los campeonatos. En competiciones por equipos también ganó casi todo. Es muy recordada la final del campeonato del Ministro de Trabajo, con Artillero, Valentín, Saturno y Chema de compañeros, que ganaron al gran quinteto formado por Canal, Madera, Carrete, Agustín y Pachicón, algunos de ellos campeones de Asturias varias veces en equipos tan renombrados como la Peña Florín y Carbones de Langreo.

En el juego de los bolos ha habido especialistas excepcionales tanto para la mano como para el pulgar. De los años 50 a primeros de los 70, los hermanos Poloncio I y II y “Portu”, el Huracán de Langreo, fueron muy buenos manistas. Los grandes pulgaristas como Canal, Alvarin y Otilio tiraban al sobaquillo, postura hoy casi desaparecida; clásica de los buenos roscadores, era muy elegante, pero difícil de ejecutar. Es muy difícil decir quien ha sido el mejor jugador en la historia de los bolos. Cada época, cada década, hasta cada año, ha tenido sus figuras. Pero si tuviéramos que hacer una lista de grandes campeones, aparte de Cajetilla y Magdalena, dos verdaderos mitos, no podrían faltar nombres como  Alvarín, Llaneza, Canal, Titi, Poloncio I y II, Colunga, Riesgo, Otilio, Desiderio, Reinerio, Máquina, Florín de Turón, “El Roxu”, Morica, Moro, Rogelio, Belisario, Morán, Castro, Isidro,…

Exceptuando a Cajetilla, he tenido la suerte de ver jugar en mi niñez a la mayoría de los campeones citados. Acompañé a mi padre, que formó parte de esos ases de la cuatreada, a muchas de las grandes partidas de bolos celebradas en “Casa Florin”. Sirva este corto relato como un pequeño homenaje a todos ellos.